¿Cómo transformar el sentido de las imágenes con música y sonido?: el reto de crear bandas sonoras en el aula
¿Cómo transformar el sentido de las imágenes con música y sonido?: el reto de crear bandas sonoras en el aula

Un hombre corre por un paraje boscoso. Rodeado de frondosos árboles, esquiva como puede las ramas que le bloquean el paso. Toma impulso y salta un charco. El terreno se vuelve más pantanoso y le cuesta mantener el ritmo. Los zapatos se le hunden en el barro, como si llevara un lastre en cada pie. No puede más. Se detiene y se tumba en el suelo. Respira con dificultad, como si hubiera hecho un esfuerzo sobrehumano. En la última escena, el individuo vuelve a aparecer. Ahora corre por una carretera, ya más calmado. Se acaba el vídeo; la imagen se funde a negro.
“El reto es crear una banda sonora para este cortometraje desde cero”, explica Manuel Garin, profesor de la asignatura Music for Audiovisual Media, optativa de tercer y cuarto curso del grado en Comunicación Audiovisual de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). “Durante esta asignatura, los alumnos trabajan sobre un found footage de 5 minutos de duración, con diferentes escenas de un personaje corriendo, extraídas de la película La soledad del corredor de fondo de Tony Richardson”. Esta técnica audiovisual, a menudo utilizada en el cine de terror y los falsos documentales, consiste en reutilizar imágenes preexistentes, editarlas y montarlas de nuevo para construir una nueva pieza original.
“Esto da mucho juego, porque ofrece múltiples posibilidades para construir un relato: ¿quién es este personaje?; ¿dónde se encuentra?; ¿es realmente humano?”, comenta el docente. A partir de ahí, los alumnos, distribuidos en grupos, trabajan para que su banda sonora cuente una historia diferente sobre el corredor a través de la música y el sonido. Dicho de otra manera, aunque trabajan sobre las mismas imágenes, al añadir bandas sonoras distintas, cada grupo produce un cortometraje con una intencionalidad específica.
La asignatura Music for Audiovisual Media se divide en dos bloques bien diferenciados: una parte teórica, que los alumnos realizan en línea a través de vídeos explicativos; y otra práctica, la más importante, que se lleva a cabo de manera presencial en los espacios habilitados para la producción musical en el campus del Poblenou.
Entre enero y marzo de 2025, han cursado esta asignatura 40 alumnos, cubriendo la totalidad de plazas disponibles, cinco de las cuales corresponden a estudiantes internacionales de intercambio (Erasmus). La teoría se imparte íntegramente en inglés, un aliciente tanto para los estudiantes locales, que pueden practicar este idioma, como para los internacionales, que aportan una visión diversa al trabajo creativo.
"Cualquier persona puede cursar la asignatura sin dificultades. En conjunto, la materia está concebida como una introducción y como una vía para canalizar los diversos talentos musicales y sonoros presentes en el aula", añade Garin.
Alumnos con y sin conocimientos musicales previos, y con diferentes talentos y habilidades, trabajan en grupo para crear la banda sonora.
Al inicio del trimestre, el alumnado responde a una encuesta personalizada para configurar los ocho equipos que crearán las bandas sonoras. A partir de las respuestas sobre su relación con la música (si tocan algún instrumento, si saben componer melodías con software digital o cuál es su género musical preferido) se forman los grupos.
"Hay un poco de todo —confiesa el profesor—. La mitad de los equipos tocan instrumentos, uno o dos trabajan con secuenciadores y un par más se estrenan en el mundo de la creación musical. Por ejemplo, si un integrante del grupo domina una aplicación, el resto, con menos experiencia, asume otras tareas, como grabar sonidos ambientales o crear paisajes sonoros".
La creación de una banda sonora en directo
De camino a la Sala Aranyó, situada en el sótano del edificio Tánger del campus del Poblenou, ya se intuye que algo se está cocinando. A medida que uno se acerca a la puerta de acceso, la intensidad de los instrumentos aumenta. El sonido constante de una guitarra eléctrica se funde con el de un piano y resuena contra las amplias paredes del recinto.
Una vez dentro, el ambiente desprende complicidad y espíritu colaborativo. Cada intérprete escucha con atención al resto para conseguir la mejor cohesión sonora. La escena refleja la dimensión práctica de la asignatura, donde la composición y el arreglo se convierten en un ejercicio colectivo, esencial para dar forma a la banda sonora final.
“Tenemos que contar la historia de un joven que tiene un trauma familiar y corre para escapar de él, pero ese trauma lo persigue constantemente y no puede dejarlo atrás”, relata Jana Vallcorba, estudiante de tercer curso del grado en Comunicación Audiovisual y portavoz del grupo.
La sala, amplia y de forma ovalada, está reservada para los ensayos de su equipo, formado por seis miembros. Alan, con su guitarra eléctrica, marca el ritmo; Jana Samuell aporta el contrapunto a los graves de la guitarra con las notas agudas del piano; Paula complementa la composición con el violonchelo, mientras que Jana Vallcorba y Arnau se alternan en el violín. También está Albert, que hace foley, sonidos y paisajes sonoros en directo, pero no toca ningún instrumento.
Paula también se encarga de controlar la mesa de sonido y de activar la proyección del vídeo. Un metrónomo digital marca el compás. Mientras la pantalla muestra las primeras imágenes del corto (el hombre corriendo por el paraje boscoso), comienzan a sonar los acordes de la guitarra de Alan. Poco después se agrega el piano de Paula y de manera sucesiva todos los instrumentos. “Tocamos en acústico. A veces improvisamos; no tenemos una partitura fija”, admite Vallcorba.
Jana Vallcorba, estudiante: “Tocamos en acústico. A veces improvisamos; no tenemos una partitura fija.”
Después de unos cuantos intentos, la melodía comienza a tomar una forma armónica, los errores van desapareciendo y todos clavan las notas. Las caras de incertidumbre se transforman en pequeños sonrisas de satisfacción. Hay aún más complicidad. “Ninguno de nosotros había creado nada antes en grupo, y bueno, aún tenemos algunos problemas de vez en cuando, pero ya empieza a salir algo,” reflexiona Vallcorba, a una semana de acabar el trimestre.
Se abre la puerta de la sala. Es Manuel Garin. Los alumnos lo esperan para recibir los últimos consejos antes de presentar la pieza definitiva en el concierto-proyección final de la asignatura. Cada año, y para resaltar el esfuerzo y la dedicación de los estudiantes hacia la optativa, los 40 alumnos se reúnen en una audición conjunta donde cada grupo presenta la banda sonora en la que ha estado trabajando durante nueve semanas (y donde intentan adivinar los objetivos narrativos de los otros grupos que desconocen). Para llegar a este momento, sin embargo, aún tienen que pasar unos días.
Compondre amb mitjans digitals
En la planta baja del edificio la Nau, un antiguo almacén textil reconvertido en un espacio de investigación e innovación en el campus del Poblenou de la UPF, una luz roja indica que una de las cabinas de producción musical está en pleno funcionamiento. Dentro, tres estudiantes trabajan en la creación de una nueva pieza sonora para el mismo cortometraje.
En este caso, el equipo de Roger, Paula, Èlia, Berta y Mònica tiene que representar que el corredor es un sacerdote que acaba de escaparse del convento y está poseído por los espíritus terroríficos del bosque, inmerso en una experiencia casi onírica.
Para transmitir esa sensación, no requieren ningún instrumento físico: todo el material necesario para la composición está disponible en un software especializado en creación musical. “Lo hacemos digitalmente porque nos ofrece posibilidades infinitas y no estamos limitados a saber tocar un instrumento”, comenta Èlia Serra, que también estudia tercer curso del grado en Comunicación Audiovisual y habla en representación de todo el grupo.
En Roger seu davant la taula de so. Absort, no aparta la mirada de l’ordinador portàtil mentre, a la pantalla superior, es desplega un editor d’àudio amb diverses pistes obertes. L'espai, utilitzat habitualment per la Fundació Phonos, està equipat amb programari específic, altaveus professionals, un piano vertical, i diversos teclats electrònics.
Èlia Serra, estudiante de la asignatura: “Lo hacemos [la composición] digitalmente porque nos ofrece posibilidades infinitas y no estamos limitados a saber tocar un instrumento.”
“Trabajamos con un DAW, el Logic Pro, que es como se llama a un software especializado en producción musical. Nos permite editar tanto grabaciones analógicas como instrumentos digitales. Nosotros hemos optado por un enfoque más digital, pero siempre intentamos mantener la calidez de los instrumentos tradicionales, como los violines, las violas y otros instrumentos de cuerda”, explica Roger. La idea, especifican los cinco integrantes, es construir una pieza melódica y armónicamente sólida, que encaje bien con la narrativa del corto.
Primeros pasos en la composición sonora
En una pequeña sala revestida con paneles acústicos, en el Área Talleres, cuatro estudiantes se inclinan frente a una pantalla. Hace tres meses, todos los integrantes del grupo desconocían los fundamentos básicos de la composición musical. Ahora, gracias a un programa gratuito que viene instalado de fábrica en los portátiles de Apple, Garage Band, se atreven a crear su primera banda sonora.
Con la ayuda intensiva del profesor de la asignatura y del equipo de técnicos audiovisuales de la UPF, han aprendido a manejar un teclado MIDI, herramienta indispensable para generar y modular sonidos musicales. “Por ejemplo, les hemos enseñado cómo asociar un canal a un instrumento”, concreta uno de los miembros del equipo técnico, que desempeña un papel fundamental en el desarrollo de esta asignatura.
El ambiente denota concentración e inquietud. Queda una semana para entregar el proyecto y todavía no acaba de tomar forma. Reina el silencio. Tienen que crear una atmósfera sonora capaz de retratar a un hombre que corre porque está muy enfermo y necesita reconectar con su niño interior. “En cuanto al input que teníamos, me parecía muy interesante. Lo único que me cuesta es explicarlo con música. Además, también estamos trabajando un poco en el diseño sonoro para añadir un sentido más realista y dar más estímulos al personaje”, destaca Nil de Paz, estudiante de Comunicación Audiovisual.
Una asignatura con 30 años de historia
Los conocimientos y habilidades para elaborar bandas sonoras se han integrado en el currículo de los estudios de Comunicación Audiovisual de la UPF desde sus inicios en 1994 bajo distintas formas hasta llegar a la configuración actual de la asignatura. Inicialmente, formaban parte de una asignatura teórica y obligatoria dentro de la licenciatura en Comunicación Audiovisual, pero, con el paso del tiempo, fueron incorporando una dimensión más práctica.
Manuel Garin, profesor de la asignatura: “El sonido transforma la experiencia visual”
Manuel Garin, con una amplia formación musical y doctorado en Historia del Cine, asumió la dirección de la asignatura en 2012, tras finalizar su tesis sobre el gag visual. “El primer cambio que hice fue introducir una parte práctica, con algo de teoría, pero sobre todo centrada en la práctica y en aprender a partir del proceso de creación”, especifica el docente. En 2018, la optativa dio el salto internacional con la docencia en inglés, adoptando el nombre Music for Audiovisual Media y abriéndose a nuevos estudiantes internacionales.
“El sonido transforma la experiencia visual”, destaca Garin. La asignatura no solo enseña a componer bandas sonoras, sino también a comprender cómo el audio amplifica las emociones y moldea la percepción narrativa.
La audición final
Ha llegado el gran día. La Sala Aranyó se llena de estudiantes el miércoles 19 de marzo, con motivo del concierto final que pondrá punto final a la asignatura y donde los diferentes grupos compartirán los resultados de su trabajo. En un pequeño escenario, Garin actúa como maestro de ceremonias, agradeciendo la participación y la implicación del alumnado. A continuación, da paso a los grupos que presentarán sus bandas sonoras.
El grupo de acústica toca en directo en la Sala Aranyó durante la audición final. Fotografía cedida
Los primeros acordes resuenan por la sala. A medida que cada proyecto se presenta, se hace evidente cómo una misma secuencia puede adoptar múltiples lecturas según la música que la acompaña: desde el drama introspectivo hasta la tensión de un thriller o la atmósfera etérea de un sueño. Los estudiantes observan con atención, algunos sonríen, otros escuchan con los ojos cerrados, inmersos en las músicas de sus compañeros.
Hay mucha expectación por el equipo que toca en acústico, el de Jana Vallcorba, Albert, Alan, Jana Samuell, Paula y Aranu. Se juegan todo en una actuación en directo. Deben contar la historia de un joven que tiene un trauma familiar y lo persigue por el bosque. Este es el resultado:
Por otro lado, el equipo de Roger, Paula, Èlia, Berta y Mónica representan musical y sonoramente la historia del sacerdote que corre para escaparse del convento, creada con software digital:
Por último, el último grupo que también ha utilizado software gratuito (la aplicación Garage Band de los ordenadores MacBook de Apple) y relata cómo el corredor es un hombre que necesita reconectar con su niño interior:
En nueve semanas, han pasado de ser espectadores a convertirse en creadores de sonidos y emociones. Y quizás, para algunos, esta no será la última banda sonora que compondrán.