¿Puede un puñado de frutos secos disminuir en un 21% el riesgo de enfermedades cardiovasculares?

Los estudios observacionales indican que consumir habitualmente frutos secos puede reducir el riesgo cardiovascular, pero los resultados de este tipo de estudios no ofrecen mucha confianza. ¿Qué hacer entonces? El dietista-nutricionista e investigador Eduard Baladía analiza cómo interpretar la evidencia para sacar conclusiones

22.06.2021

 

Según algunas revisiones sistemáticas y una evaluación de Nutrimedia de 2018, es probable que el consumo de 28 gramos diarios de frutos secos disminuya el riesgo de enfermedades cardiovasculares (ECV). De hecho, actualmente si tuviéramos en cuenta una nueva revisión publicada en 2019 en la revista Nutrition Reviews llegaríamos a las mismas conclusiones.

 

 

Los datos sugieren que las personas que consumen 28 gramos al día de frutos secos tendrían un 21% menos de riesgo de padecer un episodio cardiovascular. Al respecto, los autores de la revisión sentenciaron en 2016: “Si las asociaciones observadas fueran causales, se estima que 4,4 millones de muertes prematuras en América, Europa, el sudeste de Asia y el Pacífico occidental serían atribuibles a una ingesta de frutos secos por debajo de 20 gramos por día en 2013”

Pero realmente ¿se podrían haber evitado 4,4 millones de muertes con un puñado diario de frutos secos? ¿Qué significa que es probable? ¿Por qué los autores ponen en duda que exista una relación causa-efecto entre el consumo de frutos secos y la prevención de enfermedades cardiovasculares?

Y quizás la pregunta más importante: ¿Debo o no añadir 28 gramos al día de frutos secos a mi alimentación?

A vueltas con la incertidumbre

A pesar de que uno espera que las investigaciones científicas ofrezcan certeza sobre algún aspecto sobre el que nos realizamos preguntas, en realidad la incertidumbre es una parte normal de la ciencia. A su vez, tener cierto grado de incertidumbre tampoco significa que no sepamos nada o que los resultados no tengan ningún valor. Cada estudio cuenta para modular el grado de certeza que tenemos sobre un tema, y el grado de confianza que podemos depositar en sus resultados y conclusiones.

“Cada estudio cuenta para modular el grado de certeza que tenemos sobre un tema, y el grado de confianza que podemos depositar en sus resultados y conclusiones"

El origen de esta incertidumbre puede ser de diferente índole. En el caso de los frutos secos y la prevención de enfermedades cardiovasculares, la incertidumbre llega por el tipo de investigación usada para contestar esta pregunta. La mayoría de las investigaciones publicadas son de tipo “observacional”, lo que significa que raras veces podremos inferir con seguridad que la causa de la disminución del riesgo cardiovascular sea realmente los frutos secos, más bien sólo podremos sospecharlo.

¿Y por qué no hay estudios experimentales? En realidad, sí que los hay. De hecho, una revisión Cochrane de 2015, recogió los cinco estudios experimentales realizados hasta la fecha, los llamados ensayos controlados de asignación aleatoria. Desgraciadamente, todos estos estudios experimentales fueron muy pequeños (con pocos participantes), cortos (poco seguimiento de los sujetos) y con un riesgo incierto de que sus resultados se alejen de la realidad, lo cual tampoco hace aumentar nuestra confianza en sus resultados y conclusiones.

De hecho, la revisión Cochrane concluyó que “hay una falta de pruebas de los efectos del consumo de frutos secos en los eventos clínicos de ECV en la prevención primaria y pruebas muy limitadas de su impacto en los factores de riesgo de ECV”.

El único experimento con una muestra suficientemente grande (casi 7.500 sujetos), el estudio español “Prevención con Dieta Mediterránea” (PREDIMED), en realidad evalúa el impacto de los frutos secos añadidos a la dieta mediterránea en un grupo en comparación con otro grupo con dieta mediterránea y aceite de oliva, ambos grupos con alto riesgo cardiovascular, lo cual tampoco nos ayuda a esclarecer exactamente la pregunta que nos formulamos.

Resumiendo

Por un lado, los estudios observacionales apuntan de forma consistente a que el consumo de un puñado de frutos secos disminuiría el riesgo de padecer algunos eventos cardiovasculares, sin embargo, este tipo de estudio no nos permite tener mucha certeza en los resultados. Por otro lado, del tipo de estudio que nos podría dar mayor seguridad, los estudios experimentales, existe una cantidad limitada de estudios demasiado pequeños como para aportar dicha confianza.

En consecuencia, actualmente, para esclarecer si un puñado de frutos secos disminuye o no el riesgo de enfermedades cardiovasculares, necesitamos un nuevo ensayo experimental (ensayo controlado de asignación aleatoria), uno bien grande y bien diseñado, con seguimiento de los sujetos de muchos años.

De lo que ahora podemos estar seguros es de que no nos hacen falta más estudios observacionales que nos digan que un puñado de frutos secos tiene un impacto positivo en las enfermedades cardiovasculares. De estos ya tenemos suficientes, y tampoco necesitamos más estudios experimentales pequeños y de dudosa calidad, porque a la vista está que tampoco nos han servido de mucho. Quizás, para aquellos que insistan en estas líneas, deberíamos empezar a hablar de un posible caso de despilfarro en la investigación. ¡Así es la ciencia o así son los científicos!  

Seguramente podríamos formular más deseos, pero la gente también pide recomendaciones en relación con el consumo de frutos secos y la salud cardiovascular. ¿Y qué podemos recomendar finalmente? ¿Debemos esperar que añadir un puñado de frutos secos tenga un impacto tan grande en la prevención de eventos cardiovasculares? 

Expectativas en relación con la salud

La conducta alimentaria es compleja, y la evaluación del impacto de esta lo es aún más. De momento, es mejor no tener tantas expectativas con los frutos secos. Es posible que un puñado de frutos secos no disminuya en un 21% el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Resulta más plausible que los efectos observados sean debidos a un patrón dietético complejo que incluye frutos secos, a que dichos efectos se puedan atribuir puramente a este grupo de alimentos. También es plausible pensar que la inclusión de frutos secos en un patrón de alimentación saludable, especialmente cuando evite o reemplace el consumo de otros alimentos menos sanos, se traduzca en un impacto positivo en nuestra salud.

Dicho de otra forma. Es más plausible que el consumo de frutos secos contribuya a construir un patrón de alimentación saludable, y en consecuencia tenga un impacto positivo en la salud, que esperar que añadir un puñado de frutos secos a nuestra alimentación (sin cuidar el resto de esta) tenga un impacto tan grande en la salud como el descrito en la literatura.

La conclusión, que nace de una visión crítica del estado del conocimiento actual, quizás les resulte una perogrullada, o quizás les parezca que tiene sentido:

  • fomentar un patrón de alimentación saludable que incluya un puñado de frutos secos podría tener un impacto positivo en la prevención de enfermedades cardiovasculares,
  • sin embargo, es posible que no sea adecuado esperar que, añadiendo un puñado de frutos secos a su alimentación poco cuidada, vaya a tener un impacto positivo en el riesgo cardiovascular.

Este artículo, aunque no modifica el sentido de las conclusiones de la evaluación de Nutrimedia de 2018, sí que las matiza, y también trata de aportar algo de luz sobre cuál debería ser el futuro de la investigación en materia de frutos secos para poder tener mayor confianza en las recomendaciones que ofrecemos.

 

 

Eduard Baladia es dietista-nutricionista, investigador de la Academia Española de Nutrición y Dietética y coordinador de la Red de Nutrición Basada en la Evidencia.  @EBaladia

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