Nueces, avellanas, almendras, anacardos, piñones y pistachos son solo algunos de los frutos secos más conocidos. Se llaman así porque, a diferencia de otras frutas de árbol, contienen menos de un 50% de agua. También se incluyen los cacahuetes –aunque en realidad son leguminosas–, las pipas de girasol y las de calabaza, y otras nueces más exóticas, como las de Macadamia, de Pecan y de Brasil.

Los frutos secos en conjunto gozan de muy buena prensa. En los últimos años han proliferado las noticias y reportajes que ensalzan sus propiedades nutritivas y los asocian con diversos beneficios para la salud. Uno de los más ampliamente atribuidos a su consumo habitual es la reducción del riesgo cardiovascular. Estos son algunos ejemplos recientes de artículos periodísticos que han difundido este y otros mensajes sobre los efectos beneficiosos de los frutos secos en la salud:

Evaluación

El mensaje: “El consumo habitual de frutos secos reduce el riesgo cardiovascular” es probablemente cierto

El mensaje se considera probablemente cierto porque el consumo habitual de frutos secos se asocia con una reducción del riesgo de sufrir un infarto, un ictus y otras enfermedades cardiovasculares. Esta asociación es consistente porque ha sido confirmada en numerosos estudios; además, estas investigaciones han puesto de manifiesto que el beneficio es dependiente de la dosis. Asimismo, se ha comprobado que el consumo frecuente de estos alimentos se asocia con una reducción de la mortalidad cardiovascular y por todas las causas.

La evaluación de este mensaje se basa solo en estudios observacionales, ya que no de dispone de ensayos clínicos (estudios de intervención) de suficiente calidad que hayan estudiado si añadir frutos secos a la dieta aporta algún beneficio para la salud.

El estudio PREDIMED (PREvención con DIeta MEDiterránea) es un ensayo clínico realizado en España que analizó el posible beneficio de la dieta mediterránea en la prevención de enfermedades cardiovasculares en pacientes de alto riesgo cardiovascular. Para ello se compararon los efectos de una dieta mediterránea complementada con frutos secos (nueces, almendras y avellanas), una dieta mediterránea complementada con aceite de oliva virgen extra y una dieta baja en grasas. Aunque este ensayo clínico mostró que la dieta mediterránea complementada con frutos secos es beneficiosa respecto a la dieta baja en grasas, no es posible saber si este beneficio debe atribuirse a los frutos secos o a la dieta mediterránea.