La Orquestra de Cámara de la UPF, una ‘rara avis’ en el ámbito universitario
La Orquestra de Cámara de la UPF, una ‘rara avis’ en el ámbito universitario

Cuando Marta Fort se incorporó a la Orquestra de Cámara de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), Sara y Víctor aún no habían nacido. “Siempre he necesitado la música”, afirma. Con solo 11 años ya participaba en orquestas locales, y pronto empezó los estudios de violín en una escuela de música. Licenciada en Biología por la UPF, inició la etapa universitaria en el curso 2003-2004. “Los primeros meses en Barcelona estaba tan desbordada con la carrera que ni siquiera sabía que la Pompeu tenía una orquesta”, recuerda.
En el tercer trimestre, ya con menos asignaturas, vio un cartel colgado en los tablones de información: buscaban violinistas. “Pensé que era una señal”, sonríe. Llamó y dijo: “Toco el violín y he visto los carteles”. Ese mismo día le confirmaron la incorporación. “En dos días había concierto y hacía medio año que no tocaba”, subraya. Aun así, no lo dudó. Todavía sigue, como la miembro más veterana en activo de la orquesta (solo hizo una pausa el año pasado por baja de maternidad). “Una de las razones por las que me gusta venir es porque me mantiene viva musicalmente”, añade.
Marta, integrante de la Orquestra de Cámara de la UPF desde hace más de veinte años: “Una de las razones por las que me gusta venir es porque me mantiene viva musicalmente”
“Marta es un caso excepcional”, confiesa el director de la Orquestra de Cámara, Diego Miguel-Urzanqui. Desde 1998, Miguel-Urzanqui ha forjado una sólida trayectoria musical que lo ha llevado a escenarios de Europa, África, Asia y Estados Unidos. También ejerce como director invitado en el Rencontre Internationale de Guitare Classique de Niza (Francia). Actualmente, se encarga de la dirección artística y musical de la Orquestra de Cámara, así como de los ensayos, que se celebran cada lunes por la tarde en la sala Aranyó del campus del Poblenou de la UPF.
En este espacio, amplio y de forma ovalada, Víctor Ortiz y Sara López, ambos estudiantes de grado en la UPF, desenfundan la viola y el violonchelo, respectivamente. Se sientan formando un semicírculo con sus compañeros mientras afinan los instrumentos y preparan las partituras que practicarán en esta sesión. Para formar parte de la orquesta, es necesario superar una prueba de admisión y el único requisito indispensable es haber completado, como mínimo, el grado profesional —o un nivel equivalente— de un instrumento orquestal, además de comprometerse a asistir a los ensayos y conciertos durante todo el curso académico.
Sara, alumna del grado en Periodismo desde el curso 2023-2024, participa por segundo año consecutivo. A diferencia de Marta, descubrió la orquesta a través de una búsqueda en Google. “Cuando me matriculé, quería continuar con la música porque siempre me ha aportado mucho y me fascina”, explica. Recuerda, entre risas, que su prueba de acceso “dejó un poco que desear”, pero la superó.
Para ella, la orquesta es mucho más que una actividad extracurricular. “A mí me sirve para desconectar, pero también me exige mucho”, afirma. Cuando termina de estudiar, a menudo dedica los ratos libres a repasar partituras y practicar con el violonchelo. “Los horarios universitarios son exigentes, pero si te lo propones, se puede compaginar”, asegura.
Diego Miguel-Urzanqui, director de la Orquestra de Cámara: “No solo dedican el 100% a su carrera universitaria, sino que también asumen una actividad que exige estudio y concentración”
Miguel-Urzanqui lo corrobora con admiración: “Ella lo ha dicho con mucha poesía, pero realmente es un perfil muy especial. No solo dedican el 100% a su carrera universitaria, sino que también asumen una actividad que exige estudio y concentración. Para tocar en una orquesta, aunque seas amateur, tienes que usar las mismas herramientas que un músico profesional”. Esta exigencia y compromiso son, según el director, una de las claves del éxito de la orquesta.
Víctor se ha incorporado este año. Estudiante del grado en Ingeniería Audiovisual Computacional, completó el grado profesional en la Escuela Municipal de Música de Santa Coloma de Gramenet. Para él, uno de los grandes valores de formar parte de la orquesta es la dimensión social: “Es una manera de conocer gente con intereses similares y visiones afines. De hecho, era uno de los motivos principales por los que me apunté. Y creo que, en general, hay muy buen ambiente entre todos”.
La orquesta, un proyecto vivo gracias a los estudiantes
Las historias de Marta, Sara y Víctor son tres ejemplos entre los más de 300 estudiantes que han pasado por la orquesta durante las últimas tres décadas. Aunque la mayoría provienen de la UPF, también han venido de otras universidades como la UAB, la UB, Blanquerna, la UPC, Centros Superiores de Música como la ESMUC o el Conservatorio Superior del Liceo, e incluso de centros internacionales que aprovechan la estancia Erasmus para formar parte de ella.
El proyecto nació en 1994, como conjunto instrumental, bajo la batuta de Alicia Coduras, con el objetivo de ser un espacio abierto a cualquier miembro de la comunidad universitaria que tocara un instrumento, fuera cual fuera el nivel. “Este conjunto era un grupo de instrumentos que interpretaba obras arregladas especialmente para el contexto de cada curso”, puntualiza Miguel-Urzanqui. El formato se mantuvo durante la dirección de Xavier Casademunt (1999-2001). Cuando Miguel-Urzanqui asumió la dirección, se conservó el espíritu inicial hasta que, en el curso 2006-2007, llegó un punto de inflexión: la Orquesta de Cámara.
La Orquesta de Cámara se fundó inicialmente, como Conjunto Instrumental, en 1994 bajo la dirección de Alicia Coduras, como un espacio para los músicos de la Universidad
“Cada vez teníamos más instrumentistas de cuerda, y a menudo se repetían los mismos instrumentos de viento: muchas flautas, clarinetes, saxos... Era inviable. El repertorio era muy limitado. Entonces dijimos: ‘¿por qué no hacemos una orquesta de cámara?’”, rememora. Optaron por una estructura más estable, coherente con los recursos disponibles y enfocada al repertorio específico de este tipo de formación con cuerdas y viento.
“Ahora, la mayoría de los músicos tienen el grado profesional, que, con la normativa actual, suelen completar al acabar segundo de bachillerato. No significa que sean músicos profesionales, pero sí que han seguido un itinerario muy exigente”, matiza Miguel-Urzanqui.
Un espacio de formación musical único
“En España, o te dedicas profesionalmente a la música o existe la posibilidad de dejar de tocar cuando entras en la universidad”, lamenta Miguel-Urzanqui. “En cambio, en países como Alemania, Francia, Suiza o Austria, es habitual mantener una actividad musical amateur exigente a lo largo de toda la vida.” Este modelo, dice, ha empezado a arraigar también en el estado español, pero lo hace de manera desigual y reciente.
“No es nada común que una universidad pública tenga una orquesta con este nivel de continuidad y exigencia. La mayoría de las formaciones musicales amateurs y en muchas universidades, son corales, porque son más fáciles para encontrar cantantes y no requieren tener instrumentos ni una formación tan específica”, afirma. Y, aun así, la Orquesta de Cámara de la UPF ha conseguido perdurar durante más de treinta años, combinando rigor musical con una naturaleza inclusiva y pedagógica.
Diego Miguel-Urzanqui, director de la Orquesta de Cámara: “No es nada común que una universidad pública tenga una orquesta con este nivel de continuidad y exigencia”
Una de las claves de esta longevidad es, según el director, la convicción de que la práctica musical debe tener un espacio digno dentro de la universidad. “Aquí no se trata de llenar tiempos muertos. Estamos ofreciendo una formación a jóvenes que han dedicado una parte muy importante de su vida a la música. Es una actividad seria pero integradora, que les permite seguir creciendo musicalmente aunque estudien una carrera que no esté relacionada con la música”, concluye Miguel-Urzanqui.
En este sentido, la orquesta no solo es una continuidad, sino también una escuela de vida colectiva. “En una orquesta, no estás solo. Debes escuchar, responder, adaptarte. No puedes tocar como si fueras el único que suena”.
Temporada 2024-2025: siete conciertos y una vocación formativa
El curso 2024-2025 ha sido intenso para la Orquesta de Cámara de la UPF, con un total de siete conciertos repartidos entre dos cuatrimestres. El primer ciclo, bautizado como Trompetas de cumpleaños, contó con la participación de los solistas Joan Alós y Marta Torres, de la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), como solistas invitados en audiciones abiertas al público. Las actuaciones se llevaron a cabo en la Sala Aranyó del campus del Poblenou, en la Iglesia de Sant Medir (Barcelona) y en el Centro Penitenciario Brians 1, en el marco de la XI Jornada Música, espacio de encuentro. Esta última experiencia, que tiene lugar cada febrero, acerca la música clásica a los internos del centro penitenciario, quienes comparten un fin de semana con los integrantes de la orquesta en un entorno de convivencia y escucha activa.
Durante el segundo cuatrimestre, el programa Un paseo por Europa —con el guitarrista Álvaro Guerra Acuña, también de la ESMUC, como solista— ha ofrecido tres conciertos más, los días 29, 30 y 31 de mayo, nuevamente en la Sala Aranyó, en el Centro Cívico Ateneu Fort Pienc y en el Centro Cívico La Sedeta (barrio de Gracia). El ciclo se cerrará, a finales de junio, con un concierto de música de cámara en el campus de la Ciudadela, en el marco del IV Programa Anual de Música de Cámara, con un repertorio que incluye obras de Pierné, Händel, Demillac, Falla y Fauré.
Esta estructura en dos etapas —de octubre a febrero y de febrero a finales de mayo— responde a las particularidades del calendario académico trimestral de la UPF, que, según Miguel-Urzanqui, “hace difícil trabajar con continuidad solo por trimestres”.
En el primer concierto del segundo cuatrimestre, en la Sala Aranyó —situada en el sótano del edificio Tánger del campus del Poblenou—, el público va llenando el espacio con la expectativa de disfrutar de una audición de música clásica en directo. Las entradas están agotadas. Comienza la interpretación y los instrumentos de cuerda (violines, contrabajo, violonchelos y violas…), resuenan con fuerza contra las paredes del recinto. El ambiente desprende complicidad y espíritu colaborativo; cada intérprete se mantiene atento a la partitura, pero nunca pierde de vista al director de la orquesta, que marca el compás con precisión. La escena es el resultado de un trabajo colectivo y de semanas de ensayos que culminan en un fin de semana de conciertos, una muestra del buen momento que atraviesa la agrupación.