El Aula de Teatro de la UPF celebra 35 años de historia: “Es una experiencia vital para la comunidad universitaria”
El Aula de Teatro de la UPF celebra 35 años de historia: “Es una experiencia vital para la comunidad universitaria”

Cuando Anna Sahun comentó a sus padres que quería ser actriz, la decisión no les acabó de convencer. “Entonces me dijeron: ‘¿Por qué no haces primero una carrera y te sacas una licenciatura? Y luego, si todavía tienes ganas, ya harás lo que quieras’”, recuerda la intérprete. Sahun aceptó el pacto, pero el mismo día que se matriculó en la licenciatura en Humanidades, también se apuntó al Aula de Teatro de la UPF. Lo hizo motivada por un anuncio colgado en un tablón informativo que animaba a los futuros estudiantes a hacer teatro en la Universidad. Hacía años que se movía entre bastidores como actriz amateur, pero aquella fue su primera experiencia con jóvenes de su edad y con profesionales del sector. “Me encantaba, y esperaba los viernes por la tarde con ilusión; para mí era como un club social”, confiesa.
Anna Sahun, actriz: “Me encantaba (el Aula de Teatro de la UPF), y esperaba los viernes por la tarde con ilusión; para mí era como un club social”
Durante aquella etapa, a mediados de los años noventa, Sahun coincidió con Julio Manrique, licenciado en Derecho por la UPF y actual director del Teatre Lliure. “Me pasaba la semana esperando que llegara el viernes por la tarde para hacer las cuatro horas en el Aula de Teatro”, explica. El Zitzània, el local que acogió los primeros cursos de interpretación del Aula y que actualmente es el Teatre Lliure de Gràcia, se convirtió en la cuna de sus carreras escénicas. “Fue un lugar para experimentar y para descubrir mi vocación”, añade.
Una exposición para conmemorar los 35 años del Aula de Teatro en el campus de la Ciutadella
Como ella y él, una cincuentena de integrantes y exintegrantes del Aula de Teatro, así como diversos miembros de la comunidad universitaria, se reunieron el pasado lunes 31 de marzo en el patio del edificio Roger de Llúria del campus de la Ciutadella para inaugurar la exposición que conmemora los 35 años del Aula de Teatro de la UPF. La muestra, que se podrá visitar hasta el 30 de abril y que se trasladará al campus del Poblenou del 5 al 20 de mayo y posteriormente al campus Mar, reivindica y demuestra el éxito de una iniciativa que ha servido de trampolín para más de 600 estudiantes y alumni, muchos de los cuales han hecho carrera como actores, directores, dramaturgos y escenógrafos.
Al frente de las primeras generaciones estuvo Guillem-Jordi Graells, impulsor del Aula de Teatro en el curso 1990-1991 y director hasta 1995, año en que fue sustituido por el director teatral Josep Maria Mestres, quien asumió la dirección hasta 1999. Graells, que abrió el turno de parlamentos, rememoró el proceso fundacional del Aula: “Hace 35 años, Alfred Font i Barrot, ponente de Cultura de la UPF, vino al Teatre Lliure a pedirnos si podíamos ayudarles a poner en marcha un Aula de Teatro. Nos hicimos cargo de ella de forma modesta, a través del Zitzània, en el que yo participaba”.
En este sentido, destacó que aquel inicio, aparentemente anecdótico, que vinculaba a la UPF con el Teatre Lliure, se cierra ahora “como si fuera obra del destino” con un alumni, Julio Manrique, como director, y un catedrático de la Universidad, Guillem López Casasnovas, como presidente.
La nostalgia y los agradecimientos marcaron la tónica general del acto. El actual director del Aula de Teatro, Pep Anton Gómez, que también había sido profesor desde los inicios, subrayó el apoyo constante de la UPF a esta iniciativa. “No es habitual que una universidad dé tanta importancia a la cultura, y esto es de agradecer”, destacó.
Pep Anton Gómez, director del Aula de Teatro: “No es habitual que una universidad dé tanta importancia a la cultura, y esto es de agradecer”
A continuación, Anna Sahun se dirigió al público (formado mayoritariamente por antiguos y actuales alumnos del Aula) con un mensaje de esperanza: “Ojalá podáis seguir disfrutando de este punto de encuentro entre jóvenes y profesionales, y que sigáis ilusionándoos con las artes escénicas”. Por su parte, Julio Manrique reivindicó “el papel del arte y la cultura, más necesarios que nunca para hacer frente a discursos que parecían enterrados”, mientras recordaba su paso por la Universidad. “Cuando estudiaba Derecho, presentía que no acabaría siendo abogado”, bromeó.
La rectora de la UPF, Laia de Nadal, puso punto y final al acto con una última intervención, destacando el vínculo de la Universidad con el Aula de Teatro como “prueba irrefutable de que este proyecto forma parte del ADN” de la Pompeu. En su opinión, esta iniciativa es un ejemplo de la importancia de la educación humanista de la Universidad “como una formación que va más allá de las aulas y que ofrece espacios para que los estudiantes puedan explorar sus inquietudes, independientemente de si provienen del campo del derecho, la biomedicina o las ingenierías”.
Los alumnos, la razón de estar aquí
A lo largo de estas tres décadas y media, el Aula de Teatro ha construido una sólida trayectoria con el estreno de 68 espectáculos, numerosas colaboraciones en actos institucionales de la UPF y un compromiso continuado con la Bienal de Teatro Universitario de la Xarxa Vives de Universidades.
El Aula de Teatro ha construido una sólida trayectoria con el estreno de 68 espectáculos, numerosas colaboraciones en actos institucionales de la UPF y la participación en la Bienal de Teatro Universitario de la Xarxa Vives de Universidades.
Para formar parte, es necesario superar un proceso de selección. “Con los años, el Aula se ha profesionalizado”, destaca el actual director, Pep Anton Gómez. El programa se divide en dos niveles, comenzando con un curso de iniciación centrado en aspectos básicos de la puesta en escena, como el desbloqueo en el escenario, la conciencia corporal y el trabajo de la voz. Los alumnos de este primer nivel participan en diversos actos institucionales de la Universidad y reciben formación de la mano de los profesores Lluís Villanueva y Susanna Garachana.
El segundo nivel, de perfeccionamiento, se centra en el proceso de creación de un montaje teatral. “Del Aula han salido ya varios actores y actrices, directores, escritores... Diría que entre 40 y 50 profesionales en activo han pasado por aquí, pero siempre insisto en que no lo planteo como una actividad profesional: es una experiencia vital para la comunidad universitaria”, concluye Gómez.
Este año, los estudiantes de este nivel están preparando una obra a partir de textos de Mercè Rodoreda. “Cada año se produce un fenómeno curioso. Tengo algunos alumnos veteranos, otros que suben del primer nivel y, a veces, alguno que entra directamente al grupo de perfeccionamiento. Pero solo los veteranos conocen la última fase del proceso, que es la más deslumbrante”. Gómez se refiere a la etapa final del curso, en la que el Aula se transforma para ofrecer una experiencia teatral completa: se alquila un equipo técnico, se realizan pruebas de vestuario y se pulen los detalles de las interpretaciones de cada actor y actriz.
“Cuando asumí la dirección del Aula, pasamos de hacer una o dos funciones a hacer ocho. Este año, están previstas siete, pero siempre nos movemos entre siete y ocho funciones”. Esta repetición forma parte del proceso pedagógico: “En la primera función están nerviosos, en la segunda se equivocan, en la tercera ya cogen el tono... y en la séptima tienen esa sensación de haber recorrido un camino. Esto también es aprender a hacer teatro”.
Marimar Ramon compagina sus estudios en Humanidades con los ensayos para preparar la obra. Apasionada de la cultura y el teatro, entró directamente al segundo nivel tras destacar en las pruebas de selección. “Este año hemos querido ir un paso más allá y estamos preparando una parte cantada que se quiere hacer con el Coro de la UPF”. Al igual que ella, Pau López, estudiante de tercer curso del grado en Comunicación Audiovisual, también ha participado en el Aula, pero este año, debido al Erasmus, no ha podido repetir la experiencia. “El curso que viene me vuelvo a presentar”, matiza, tras reconocer que disfrutó mucho de la primera estancia.
Una buena hornada
En aquel local de Gràcia, el Zitzània, Anna Sahun recuerda sus primeros pasos como alumna del nivel de iniciación, cuando trabajaban con pequeños sketches. “Compartíamos el espacio con Rigola, Sánchez y Joel”, evoca. Ese primer contacto dio pie a una oportunidad inesperada: “Después coincidí con el segundo ciclo. Ese año se hacía Las Troyanas, y me propusieron hacer una sustitución. Faltaba una Andrómaca y me dijeron: ‘Escucha, ¿quieres venir a hacerla? Nos ha fallado la actriz que la hacía’”.
Esa entrada repentina la situó en un grupo más veterano que el suyo, con nombres que con el tiempo también destacarían en el panorama teatral. “Allí coincidí con Julio Manrique, Helena Fortuny, Alaia Martí... todos ellos después fueron al Instituto del Teatro”, recuerda Sahun con una sonrisa.
Para Julio Manrique, el Aula de Teatro no solo es un vivero de talento, sino también un espacio de resistencia y de sentido. “La universidad debe ser un lugar de formación de personas”, defiende. En un mundo que avanza hacia la digitalización acelerada y el individualismo, reivindica el valor del teatro como experiencia colectiva y transformadora: “Compartir una misma vivencia con otras personas, hacerse preguntas sobre quiénes somos, sobre las heridas que no terminan de cicatrizar… Eso nunca pasará de moda”. Para él, la cultura y las artes escénicas no solo son expresiones creativas, sino maneras de construir discursos humanistas en tiempos inciertos. Y el Aula de Teatro, con más de treinta y cinco años de historia, sigue siendo una excelente trinchera.
