Un estudio de la UPF muestra cómo las mujeres mayores que su pareja tienen un riesgo mucho mayor de sufrir violencia machista reiterada

Tras un primer episodio, las mujeres que superan a su pareja en más de diez años vuelven a sufrir violencia un 42% más rápido que en las parejas donde el hombre es entre uno y cuatro años mayor.
29.05.2026

Imatge inicial -

Una investigación pionera en Cataluña liderada por la Universidad Pompeu Fabra, pone de manifiesto un patrón hasta ahora poco explorado en la violencia de género: las mujeres que son mayores que sus parejas masculinas tienen un riesgo significativamente mayor de sufrir nuevamente violencia después de un primer episodio. El resultado de la investigación realizada a partir del análisis de más de 3.200 casos oficiales, es contundente: las mujeres que superan a su pareja en más de diez años tienen un tiempo de protección sin nueva violencia un 41,8% más corto que las parejas donde el hombre es entre uno y cuatro años mayor (el grupo de referencia). Por el contrario, las mujeres que son mucho más jóvenes (más de diez años menos que su pareja) disfrutan de un tiempo de protección sin nueva violencia hasta un 57% más largo.

El estudio demuestra que la edad relativa en la pareja heterosexual es un factor de riesgo clave para la revictimización, especialmente cuando la mujer supera al hombre en edad. Contra lo que podría sugerir la intuición -que los hombres mayores ejercen mayor control sobre mujeres jóvenes-, concluye que el riesgo de revictimización no aumenta cuando el hombre es mucho mayor, sino todo lo contrario: el peligro se dispara cuando la mujer es mayor, y aumenta cuanto más amplia es la diferencia de edad a favor de ella.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Journal of Interpersonal Violence, con un equipo investigador liderado por Jorge Rodríguez-Menés, profesor Serra Húnter del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF y coordinador del Grupo de Investigación en Sociodemografía (DemoSoc) de la Universidad, ha analizado durante ocho años el seguimiento de 3.247 parejas heterosexuales en las que el hombre había sido condenado por un delito de violencia machista y la mujer tenía una orden de protección.

El equipo de investigación, del que también forman parte Fatimah Saadi (investigadora predoctoral del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF) y Carlos Palomo Lario (Universidad de Mannheim, Alemania) explotó los registros judiciales del Departamento de Justicia de la Generalitat de Catalunya. Seleccionaron a todos los hombres condenados por violencia machista entre enero de 2010 y octubre de 2014, y los vincularon con sus víctimas —mujeres que habían solicitado y obtenido órdenes de protección. A partir de estos datos, reconstruyeron las trayectorias completas de delincuencia y victimización hasta marzo de 2019, y aplicaron modelos estadísticos de supervivencia (basados ​​en el período temporal sin sufrir violencia) para determinar qué factores aceleran o retrasan la reincidencia.

La investigación valida la teoría de la inconsistencia de estatus

Con su investigación, y tras analizar otras tres teorías, los investigadores dieron validez a la teoría de la inconsistencia de status, que se ajustó a los datos disponibles. Esta teoría, arraigada en el feminismo postestructuralista, defiende que los hombres responden con violencia cuando perciben que la mujer desafía las normas tradicionales de género, por ejemplo, superándolos en recursos o estatus.

En el caso de la edad, una mujer mayor que su pareja rompe el esquema patriarcal que asocia el poder al hombre de mayor edad. Esto generaría una amenaza a la masculinidad, que algunos hombres intentan restaurar mediante el control y la violencia. En palabras de los investigadores: "Los hombres pueden utilizar la violencia para reafirmar su dominio cuando se sienten amenazados por una mujer que tiene mayor edad, más recursos o más autonomía".

Otro factor agravante es el “hombre violento especialista”. Los resultados muestran que los hombres jóvenes vinculados a mujeres mayores acumulan un historial específico de violencia machista, no de delincuencia violenta en general. Esto, según los investigadores, apunta a un doble problema: por un lado, el doble estándar de envejecimiento —que valora al hombre que envejece mientras devalúa a la mujer envejecida— reduce el mercado de pareja de las mujeres mayores. Por otra parte, esta escasez las empuja a relacionarse con hombres más jóvenes que ya son problemáticos, como son los especialistas en violencia de género. En palabras de los investigadores: "El riesgo elevado no es tanto que los hombres jóvenes sean más violentos, sino que existe una sobrerrepresentación de agresores reincidentes en el mercado de pareja disponible para mujeres mayores".

Los autores del estudio pusieron a prueba otras tres grandes teorías, pero que no pudieron validar: la primera (complementariedad) predice que las diferencias de edad reducen la violencia porque las parejas atípicas se comprometen más. La segunda (incompatibilidad) sostiene lo contrario. La tercera (dependencia/intercambio) afirma que el riesgo es mayor cuando la mujer es joven y depende económicamente del hombre mayor. Pero sólo la cuarta teoría -la de la inconsistencia de estatus- es la que pudieron demostrar y se ajustó a los datos.

Un cambio de mirada sobre la edad y la violencia machista

La investigación promueve un cambio de mirada necesario sobre la edad y la violencia machista. Hasta ahora, la mayoría de estos estudios se centraron en la edad absoluta (las mujeres jóvenes son más vulnerables, los hombres jóvenes más violentos). Esta investigación, en cambio, demuestra que el desequilibrio relativo —quien es mayor dentro de la pareja— puede ser tan o más importante que la edad en números absolutos.

"Nuestros resultados destacan la necesidad de intervenciones que aborden las dinámicas de poder y los desequilibrios de recursos en las relaciones con diferencia de edad, para reducir el riesgo de revictimización, y deben servir para desmontar los estereotipos rígidos de edad y de género en toda la sociedad", señalan los autores.

Reorientar las políticas públicas

Las conclusiones tienen implicaciones directas para las políticas públicas y la actuación policial y judicial. Por una parte, sería deseable incorporar la edad relativa como factor de riesgo en los protocolos de evaluación del peligro. “Habría que diseñar apoyo específico para mujeres mayores en relaciones hipógamas, que a menudo sufren estigma y aislamiento”, afirman los investigadores. Por otra parte, "deberían incorporarse a los programas educativos módulos que cuestionen el doble estándar de envejecimiento y promuevan relaciones igualitarias, independientemente de la edad".

Los autores reconocen diversas limitaciones del estudio. La muestra sólo incluye casos con condena y orden de protección, y por tanto no refleja la violencia no denunciada. Además, no dispone de datos sobre el consumo de sustancias o la duración de la relación, factores que podrían modular el efecto de las diferencias de edad. También admiten que no pueden distinguir por completo entre la teoría de la inconsistencia de estatus y la teoría de la oportunidad (mercado de pareja restringido).

Artículo de referencia: Rodríguez-Menés, J., Palomo Lario, C. & Saadi, F. (2026). "Show Me Respect! Age Differences and Women's Risks of Revictimization From Their Intimate Partners". Journal of Interpersonal Violence, 1-32.

https://doi.org/10.1177/08862605251412372