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¿Qué nos hace humanos?

¿Qué nos hace humanos?

En el próximo B·Debate, expertos internacionales se reunirán para descifrar las bases genéticas de la singularidad en humanos. Jaume Bertranpetit y Elena Bosch, investigadores del Instituto de Biología Evolutiva, son los directores de esta edición que tendrá lugar los días 17 y 18 de julio.

14.07.2017

Pòster B·Debate¿Qué es lo que nos hace propiamente humanos? Este es el punto de partida de la próxima edición de B·Debate, dirigido por Jaume Bertranpetit y Elena Bosch, ambos investigadores principales del Instituto de Biología Evolutiva (IBE, UPF-CSIC). Los días 17 y 18 de julio, investigadores internacionales de alto nivel se reunirán en el Palau Macaya para intentar entender las bases genéticas de nuestra singularidad como seres humanos y la diferencia entre grandes grupos de poblaciones.

Hay características que son propias de la especie humana. Algunas son el lenguaje, las capacidades cognitivas y el hecho de caminar derechos. ¿Pero qué claves biológicas se esconden tras estos rasgos propios de los seres humanos? Todos los elementos distintivos de nuestra especie se deben a unos genes que han sido potenciados por la selección natural durante miles de años.

Por ejemplo, los humanos y los chimpancés compartimos un 99% de la parte del genoma directamente comparable o que se puede alinear. Aunque un 1% pueda parecer poco, este porcentaje se traduce en un mínimo de 30 millones de diferencias genéticas entre una especie y otra, y esto implica un campo muy amplio de estudio científico. Incluso entre un humano y otro hay 3 millones de diferencias de base genética.

Las alteraciones genéticas que nos hacen humanos

Los humanos modernos aparecieron hace unos 200.000 años en África, desde donde se diseminaron hace 100.000 años en diferentes zonas de todo el planeta, desde regiones tropicales hasta lugares con mucha altitud en los que se han adaptado a lo largo de miles de años. Los científicos han descrito varias adaptaciones evolutivas que nos definen como especie.

¿Por qué hay poblaciones que a pesar de vivir en regiones situadas en grandes altitudes sobreviven con menos oxígeno? La explicación se encuentra en una colección de variantes genéticas propias de estos individuos, que los hacen estar mejor adaptados a la falta de oxígeno. Los científicos han descrito estos rasgos en poblaciones del Himalaya, Etiopía y los Andes. En las dos primeras regiones son variantes diferentes del mismo gen, y en el caso de la cordillera andina el gen que regula esta adaptación es uno diferente.

Los científicos también son capaces de deducir a través del material genético de poblaciones actuales los genes de resistencia que como humanos hemos desarrollado para determinadas enfermedades, sobre todo las infecciosas. Muchas personas llevan escrito en sus genes la supervivencia a episodios de la humanidad como la peste negra que arrasó Europa durante la Edad Media. O la malaria, hasta hace pocas décadas presente en nuestro país. Hasta ahora los investigadores han identificado unas 8 mutaciones en genes diferentes que nos ayudan a vencer la malaria. Pero no todo es blanco o negro para que la misma alteración que ofrece resistencia contra una enfermedad infecciosa puede suponer otras desventajas para la salud. De hecho, la misma alteración que nos da resistencia contra la malaria nos hace más susceptibles de desarrollar una anemia.

Otro caso lo encontramos en las poblaciones inuit de Canadá, Alaska y Groenlandia, que se han adaptado a los ambientes fríos y oscuros del entorno del Ártico. En esta región del planeta, los investigadores han encontrado que los individuos están adaptados a una alimentación alta en grasas porque el pescado está muy presente en su dieta, que es muy rica en omega-3.

La selva tropical es uno de los ambientes más duros donde vivir por las altas temperaturas y humedad, así como la abundancia de parásitos y otros patógenos. Las poblaciones que viven en estas zonas suelen tener una esperanza de vida corta, una característica que influye de forma directa en su éxito reproductivo y supervivencia, y la que se ha sugerido podría haber favorecido un desarrollo sexual más rápido en las poblaciones pigmeas para reproducirse -y consecuentemente parar de crecer- antes.

Pero éstas no son las únicas alteraciones adaptativas. Los seres humanos somos los únicos mamíferos que seguimos alimentándonos con leche animal durante la vida adulta porque somos capaces de romper las moléculas de la lactosa y aprovechar los nutrientes, sobre todo las grasas. Este rasgo surgió hace 5.000 años y se preservó porque supuso una ventaja selectiva muy grande, como por ejemplo en situaciones de escasez de alimentos.

El IBE se une, una vez más, a Biocat y a La Caixa en la iniciativa B·Debate, ciclos de debates científicos de vanguardia entre expertos internacionales sobre temas concretos. Los acontecimientos B · Debate tienen como objetivo fomentar el debate, la colaboración y el intercambio abierto de conocimiento entre expertos de reconocido prestigio nacional e internacional para afrontar retos complejos de alto interés para las ciencias de la vida.

El programa de B·Debate Natural Selection in Humans: Understanding our adaptations (Selección natural en humanos: entendiendo nuestras adaptaciones) está disponible en este enlace.