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Nueva etapa, es el turno de las empresas. Fernando G. Benavides.

Nueva etapa, es el turno de las empresas. Fernando G. Benavides.

Fernando G. Benavides es catedrático de Salud Pública en la UPF e investigador del Centro de Investigación en Salud Laboral (CiSAL: UPF-IMIM).

22.06.2020

 

 

Artículo publicado en El Periódico el 21 de junio de 2020.

Parar la economía, induciendo un coma artificial, como dicen algunos economistas con jerga sanitaria, fue una decisión acertada. Con dudas, algo tarde y sin estar preparados, hoy  podemos afirmar más allá de toda duda razonable que se actuó correctamente. Alternativas como la sueca, la brasileña o la británica han o están demostrando sus limitaciones. Tiempo habrá para hacer estas valoraciones con la profundidad académica necesaria. También de refrendar o no a los que tomaron las decisiones políticas. Ciencia y política tienen cada una sus propias reglas de juego.

Todos sabemos que, tras unas primeras semanas caóticas, con un alto coste para los trabajadores esenciales, especialmente los sanitarios que debían atender a los enfermos, la curva epidémica se ha aplanado y el sistema asistencial ha aguantado espectacularmente. Hoy nuestro sistema sanitario está más preparado para hacer frente a nuevas epidemias. Era el objetivo principal en esta primera fase. Nuestro comportamiento como ciudadanos ha sido ejemplar, mayoritariamente impecable. Los aplausos de las ocho de la tarde eran también para darnos ánimos, a nosotros y a nuestros vecinos.

Es en este proceso de vuelta a los lugares de trabajo, a las empresas, donde aparecen los mayores riesgos de nuevos brotes, como hemos visto estos días en Alemania o aquí en España.

Ahora toca enfrentar la segunda curva, la de la crisis económica. No olvidemos que la crisis económica puede provocar más daños que la propia crisis sanitaria. Para ello, lo inmediato es volver a los lugares de trabajo. Esto significa ir retirando los respiradores artificiales como los ertes o el apoyo a los autónomos por cese de actividad. Es en este proceso de vuelta a los lugares de trabajo, a las empresas, donde aparecen los mayores riesgos de nuevos brotes, como hemos visto estos días en Alemania o aquí en España. Un brote de este tipo que se extendiera a una región o una ciudad, como ha estado a punto de ocurrir en China, supondría un golpe muy fuerte, con incalculables consecuencias sanitarias, económicas y políticas. Es difícil de imaginar.

Por ello, y hasta que llegue la vacuna, además de seguir como hemos aprendido con la distancia física y la higiene de las manos principalmente, es imprescindible disponer de equipos de profesionales de epidemiología de campo.

Por ello, y hasta que llegue la vacuna, además de seguir como hemos aprendido con la distancia física y la higiene de las manos principalmente, es imprescindible disponer de equipos de profesionales de epidemiología de campo. Estos, bien coordinados con la atención primaria y los servicios de prevención de riesgos de las empresas, han de identificar con la mayor rapidez posible los casos nuevos y aíslen a estos y sus contactos estrechos, confirmando mediante las pruebas diagnósticas adecuadas si son o no portadores del virus. Para esto, una ayuda fundamental es que los servicios de prevención de riesgos laborales, que todas las empresas deben tener incorporados a sus estructuras, evalúen en cada puesto de trabajo el riesgo de contagio de cada trabajador, tal como nos recomienda la Organización Internacional del Trabajo, adoptándose las medidas preventivas más adecuadas, empezando por las de carácter organizativo y colectivo.

Después de la extraordinaria experiencia vivida, ahora que viene la segunda curva, la de la crisis económica, los remedios son diferentes, y la prevención en los lugares de trabajo es la garantía para seguir adelante. Ahora le toca el turno a las empresas, y a sus servicios de prevención.

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