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La igualdad no es cosa de tiempo. Ester Oliveras

La igualdad no es cosa de tiempo. Ester Oliveras

Ester Oliveras, profesora del Departamento de Economía y Empresa de la UPF.

20.11.2020

 

Hace 10 días empecé a trabajar gratis. Las mujeres trabajan 51 días sin remunerar en relación a los hombres. En 2006 fue el 8 de noviembre y, en 2020, es el 11 de noviembre. Para aquellas personas que argumentan que la igualdad es cosa de tiempo, hagamos los cálculos: 3 días en 15 años, igualdad para el año 2275.

Las estadísticas también muestran que, a menor formación, más brecha salarial, y que ésta desciende, pero no desparece con niveles educativos más altos, por lo que se podría desprender que el remedio es más educación para las mujeres. Pues bienvenida es la educación, pero hombres y mujeres tienen derecho a cobrar lo mismo, en la misma categoría, independientemente del nivel educativo. Faltaría más. En niveles más elevados, hay menor brecha salarial, pero la discriminación continúa existiendo, más sutil y subterránea. Las mujeres tienden a hacerse cargo de más tareas de poca visibilidad o “encargos envenenados” con poco apoyo, de los que es imposible salir con éxito. Y esto afecta su progresión profesional y el acceso a cargos superiores.

En 2006 fue el 8 de noviembre y, en 2020, es el 11 de noviembre. Para aquellas personas que argumentan que la igualdad es cosa de tiempo, hagamos los cálculos: 3 días en 15 años, igualdad para el año 2275.

La educación verdaderamente necesaria es una educación transversal del género, para todos y todas. Formar a personas responsables que puedan reconocer el sesgo cognitivo al que muchos —hombres y mujeres— tendemos de manera inconsciente, el que hace que “lo que dice o produce” una mujer tienda a valer menos. Muchas generaciones de hombres han salido con ventaja y, desde una posición de altura, ganada con pequeños y grandes privilegios basados exclusivamente en su sexo y no en una inteligencia o talento extraordinarios, se permiten decir que las acciones positivas no tienen sentido. Que la que vale, vale, y la que no, que mejore. Cuánto cinismo.

Pero estas estadísticas son solamente un reverso de la moneda. La esfera pública. Y no hay cara sin cruz. Esfera pública y esfera privada. Miremos como se reparte el trabajo en casa, ¿quién asume más tareas del hogar? ¿quién asume la mayor carga durante la maternidad y la crianza? ¿quién cuida más de las personas mayores? Lo que podemos llamar el “no trabajo”. Las estadísticas de usos del tiempo indican que la carga recae en mayor proporción sobre las mujeres. La Organización Mundial del Trabajo calcula que las mujeres en el mundo trabajan 4 horas y 25 minutos al día en tareas no reconocidas como trabajo, mientras que los hombres lo hacen 1 hora y 23 minutos. La encuesta sobre usos del tiempo durante el confinamiento del Centro de Estudios de Opinión también puso de relevancia el reparto desigual del trabajo de cuidados. En otro artículo, Kyle Myers y otros autores muestran cómo las mujeres científicas, con niños y niñas al cargo, han podido dedicar mucho menos trabajo a la investigación comparado con sus compañeros hombres. Esto tiene efectos, a medio y largo plazo, en promociones y en acceso a financiación.

La Organización Mundial del Trabajo calcula que las mujeres en el mundo trabajan 4 horas y 25 minutos al día en tareas no reconocidas como trabajo, mientras que los hombres lo hacen 1 hora y 23 minutos.

Ante esta situación hay dos soluciones: o se reparte el peso del “no trabajo” a partes iguales, o se empiezan a equiparar el “trabajo” y el “no-trabajo”. Repartir el “no trabajo” se basa en potenciar la corresponsabilidad de hombres y mujeres ante el cuidado. La dificultad de esta solución es que se trata de un valor, por lo que es difícil de imponer. Requiere de mucha educación y sensibilización. Ciertamente, las políticas de conciliación pueden ayudar, pero si son sólo las mujeres las que se acogen a ellas, se perpetua el patrón. La otra opción, valorar el “no-trabajo” o las actividades de la esfera privada, es uno de los postulados de la economía feminista e implica dar un vuelco al marco económico actual basado en que lo que añade valor económico es solamente lo que supone un intercambio monetario. ¿Podemos imaginar una sociedad en la que tuviera valor fuera el cuidado de las personas y que el trabajo fuera sólo el medio para conseguirlo? Yo no. Es lo que tiene haberse educado en una economía basada en valores androcentristas.

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