Los márgenes
Los márgenes
Cuando pensamos en la delincuencia juvenil durante la transición española, lo primero que viene a la mente es el “quinqui”, ese antihéroe que se convirtió en mito generacional. Representaba a una juventud rebelde, marginada y excluida, que rechazaba la familia, el trabajo y las promesas de una democracia que no les ofrecía futuro. El cine los mostró como antihéroes sin salida, atrapados en la pobreza, el crimen y la drogadicción.
Pero la delincuencia femenina plantea otras preguntas. ¿Existieron “quinquilleras” en el cine? ¿Qué crímenes cometían y cómo influía su género en la representación de la marginalidad? La prostitución fue la práctica delictiva más frecuente asociada a las mujeres, no solo en el cine quinqui, sino también en las comedias eróticas y el cine del destape (enlace video Veronica Forque). Incluso personajes que no ejercen directamente la prostitución, como Maite en 27 horas, usan su cuerpo como recurso para sobrevivir, mostrando que la sexualidad femenina se convierte en moneda de cambio en un entorno hostil.
La drogadicción femenina también aparece en estas películas, pero con matices. En muchos casos, las mujeres consumen sustancias junto a sus parejas o las rechazan, como Ángela en Deprisa, deprisa.
Deprisa, deprisa (1981)
La maternidad o la sexualidad femenina funcionan a menudo como límites, un modo de proteger su cuerpo y proyectar un futuro dentro de una sociedad que todavía imponía la sumisión patriarcal.
Narrativamente, estas películas muestran tensiones constantes. Por un lado, entre explotación sexual y agencia femenina; por otro, entre obediencia a los roles de género y subversión de estos; y, finalmente, entre criminalidad femenina y cuidado de su propio cuerpo y futuro. Estos elementos revelan cómo las mujeres buscaban autonomía incluso dentro de un entorno que las explotaba.
Barcelona Sur (1981)
Deprisa, deprisa (1981)
Además, el cine quinqui femenino resalta la importancia de la complicidad y las redes de apoyo entre mujeres que forman su propia banda y disfrutan de libertades relacionales y sexuales. Estas películas representan nuevas feminidades capaces de reapropiarse de su subjetividad en un momento histórico en el que la domesticidad dictatorial comenzaba a desvanecerse y todo parecía todavía posible.
Perras callejeras (1985)
Este texto incorpora y resume contenidos del capítulo “Quinquilleras: las mujeres de los márgenes” de Mireia Trias Alguacil, del libro Cuando las actrices soñaron la democracia. (Madrid: Cátedra, 2025), publicado en el marco de este mismo proyecto de investigación.