La mujer trabajadora

La mujer trabajadora

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La mujer trabajadora

Frente a la escasa visibilidad del trabajo, especialmente del femenino, Numax presenta… se inscribe en un grupo de producciones de la Transición que muestran la amplia participación de las mujeres en fábricas y movimientos obreros. En Numax presenta…, las trabajadoras no son simples fondos de la historia. El trabajo se convierte en eje de reflexión sobre la vida cotidiana, la resistencia y la subjetividad femenina, funcionando como un archivo de experiencias subalternas que muestra cómo la autonomía y la resistencia se articulan frente a las normas sociales y laborales. 

 


Numax presenta… (1979)

Aunque la presencia femenina no era nueva en la historia ni en el cine, en los años setenta adquirió un nuevo significado al recuperar la legitimidad y visibilidad que había perdido durante décadas. 

La autonomía económica de las mujeres, que permitía relaciones entre géneros consideradas impúdicas, chocaba con corrientes higienistas que promovían el modelo de ama de casa como ideal deseable. Durante el franquismo, la domesticidad femenina se reforzó con medidas paternalistas y un ideal nacionalcatólico, de modo que las mujeres debían centrarse en la familia y la maternidad, y cuando trabajaban fuera del hogar, sus empleos se limitaban a áreas “aceptables” como enfermería, enseñanza o secretariado. Este contexto explica la escasez de imágenes de mujeres trabajadoras en el cine de la época. 

Algunas películas, sin embargo, incorporaban la realidad femenina en el trabajo, aunque de manera dramática. Por ejemplo, Surcos (1951) y Españolas en París (1971) (enlace a minuto de Ana Belén españolas en paris) muestran la precariedad de los empleos femeninos y la migración laboral, donde el trabajo doméstico aparece desvalorizado mientras el empleo remunerado se vuelve clave para la autonomía femenina.


Surcos (1951)


Españolas en París (1971)

En películas dirigidas por mujeres, el trabajo femenino se convierte en eje de la narrativa y de la autonomía. En Vámonos, Bárbara (Cecilia Bartolomé, 1978) la protagonista asegura que su hija podrá elegir su destino gracias a su empleo; en Gary Cooper, que estás en los cielos (Pilar Miró, 1980) (enlace a Gary Copper min. Carmen Maura) el trabajo se fusiona con el deseo, simbolizado en la dedicación al cine; y en Función de Noche (Josefina Molina, 1981) el trabajo creativo permite a la protagonista redescubrir su potencia y autonomía. 

 
¡Vámonos, Bárbara! (1978)

Estas películas revelan la tensión entre la nostalgia por la erosión de la clase trabajadora y la posibilidad de nuevas formas de autonomía femenina, ofreciendo más allá de su valor histórico una visión crítica de la relación entre trabajo, género y representación cinematográfica, anticipando debates sobre empleo e identidad femenina en el cine contemporáneo.


Este texto incorpora y resume contenidos del capítulo “La subjetividad de la mujer trabajadora en el cine de la transición. Reflexiones en torno a Numax presenta... (Joaquín Jordá, 1979)” de Nuria Araüna Baró, del libro Cuando las actrices soñaron la democracia (Madrid: Cátedra, 2025), publicado en el marco de este mismo proyecto de investigación.

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