Ángela Molina
Ángela Molina
Ángela Molina irrumpió en el cine español de los setenta con una imagen inicial de joven ingenua y pura, como en su debut en No matarás (1975), un papel marcado por la pasividad que encajaba con el molde comercial de la época. Sin embargo, muy pronto rompió con ese destino prefabricado. Tras firmar un contrato para tres películas, decidió no rodar la última y, armada solo con sus fotos, recorrió productoras buscando nuevas oportunidades. Esta decisión temprana marcó su independencia artística y personal.
La primera etapa de su carrera es, en realidad, una fuga: el rechazo a seguir siendo solo un cuerpo cándido y deseable, y la apuesta por un cine más complejo, colaborando con directores como Luis Buñuel, Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Borau o Jaime Chávarri. En pocos años, Molina se sumerge en un imaginario más oscuro, atravesado por la violencia política y las inquietudes estéticas del final de la dictadura. Filmes como Camada negra o Ese oscuro objeto del deseo dialogan con un clima de atentados, sombras y tensiones, donde el erotismo y la política se entrelazan.
Camada negra (1977)
Ese oscuro objeto del deseo (1977)
Para la actriz, el cine siempre tuvo algo de revelación. Recuerda que en su primera escena, en la que debía beber agua de una fuente, vio cómo el sol se reflejaba en el agua y sintió que todo el equipo estaba reunido para compartir esa belleza. En ese instante supo que quería dedicarse a mostrar la vida y que, en esa libertad para hacer las cosas a su manera, había encontrado su lugar.
En esta etapa, su trabajo como actriz no se limita a ser objeto de deseo frente a la cámara. Empieza a construir, con su cuerpo y su energía, un lenguaje propio. La transformación pasa por encontrar un nuevo ritmo, por liberarse de imágenes heredadas que la limitan, y por explorar el territorio entre el control y la improvisación, entre el método y la pulsión. Esa capacidad de desviarse hacia lo inesperado, de dejar que la vibración y el deseo guíen la escena, otorga a sus interpretaciones un impulso vital que rompe con la previsibilidad y las lleva hacia un terreno más salvaje y libre.
Video Fragmentos:
- Camada negra (Manuel Gutiérrez Aragón, 1977)
- Cet obscur objet du désir (Ese oscuro objeto del deseo, 1977)
- La sabina (Borau, 1979)
- Lola (Bigas Luna, 1985)
Este texto incorpora y resume contenidos del capítulo “Ángela Molina: pulsión rítmica” de Gonzalo de Lucas, del libro Cuando las actrices soñaron la democracia. (Madrid: Cátedra, 2025), publicado en el marco de este mismo proyecto de investigación.