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De Lo bello y lo siniestro a Filosofía del futuro

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Turner, Rain, Steam and Speed: the Great Western Railway, 1844

" De pronto sucedió lo que se presentía y temía, un aguacero, un chaparrón, truenos, relámpagos, al tiempo que la luz se oscurecía y la diligencia zarandeaba a sus huéspedes, que se cuidaron de ajustar las ventanillas y las cortinas para no sufrir las intemperancias del viento huracanado y de la lluvia"

 

 

("Un viaje en diligencia hacia paisajes imposibles", Lo bello y lo siniestro)

 

EL LUGAR DE LA ESTÉTICA. Lo siniestro como rúbrica del largo camino del pensamiento estático en Occidente.

En Drama e identidad se formulaba de manera fugaz el lugar de la estética, en la encrucijada final que planteaba el libro, se abría el lugar de una "razón estética", en mitad del campo de fuerzas en que se definían los conflictos del discurso  contemporáneo. Justo en ese lugar aparecía el juego y el papel del arte: "razón estética que no actúa como mediación, cual sucede en Kant, sino como confirmación del hiato irremediable...en virtud de la razón estética, el pensamiento, lo mismo que la acción se convierte en juego, puzle mental y ruleta de la vida" (Drama e identidad, p. 202). Y en la séptima meditación de Meditación sobre el poder, se planteaba una idea nueva sobre arte y creación, la reflexión sobre el estilo propio, del que fue muy consciente Eugenio Trías, del estilo en el sentido de un modo literario y estético de trazar la escritura. Esta conciencia del propio estilo la encontraremos en toda su obra en estrecha relación con el modo de decir filosófico, en referencia a la filosofía como arte, al arte de la filosofía: "hago de la palabra arte...con el fin de liberar a esas palabras de su aceptación restrictiva y reducida, abrir su potencial semántico y cobrar de esa apertura una Idea que permite fundar una reflexión de largo alcance". Finalmente, en Tratado de la pasión se adelantaba una idea crucial para el arte: el rechazo de una historia del arte como museo de inscripciones ya realizadas, a favor de una historia del arte como acontecimiento. Rechazo de una estética formal y objetual, contemplativa e intelectualista, y la consiguiente búsqueda de una comprensión del arte como producción de relaciones, de relaciones pasionales.

            Estos apuntes sobre la estética se abren definitivamente en el libro Lo bello y lo siniestro. En el curso del texto, antes de alcanzar la formulación de una estética del límite, que se trazará más tarde, se recorre una historia de la estética, de la reflexión estética de la cultura occidental, al final de la cual se establece la última de las categorías estéticas, la categoría extrema de lo siniestro. Trías realizaba así el gesto de colocar esta última pieza, para lo cual se apoyaba en argumentos freudianos y en las últimas sugerencias de los románticos: quiso probablemente rubricar de este modo el largo camino del arte occidental y de sus posibilidades de futuro.

            Lo bello y los siniestro fue, quizá, el primer texto realmente comprometido con una estructura histórica, pues aunque desordenaba las piezas en un sentido cronológico, conseguía establecer un curso temporal y explicar el crescendo de la interrogación estética, la cada vez más clara incursión en territorios incógnitos. En sintonía con la definición de esta concepción de la historia, con la apertura de estos territorios incógnitos, y de difícil tránsito, en el umbral del libro aparece una anécdota sobre la creación de la pintura de Turner y sobre la extraña captación de la realidad que explica, de manera privilegiada, el cuadro "Rain, Steam and Speed". Una realidad más fiel que nunca a sí misma, el paisaje desdibujado por el temporal, la velocidad y el vapor, que sólo puede ver el ojo adiestrado, para obtener el poder definitivo de desvelar lo aparentemente invisible.

 

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Vértigo: "el abismo que sube y se desborda"

Lo bello y lo siniestro encierra en el centro de su trama argumental las reflexiones que alimentan la categoría naciente de lo siniestro. En este punto, la imagen privilegiada para realizar la aproximación a esta idea es la película Vértigo de Hitchcock, cuya interpretación y lectura aparece en la tercera parte del libro titulada "El abismo que sube y se desborda". La forma en que Trías conduce la exploración de la película delata una intención que refuerza la idea de la pasión contemplativa, de la componente erótica y sensual que el arte requiere al lado de la inteligencia. Experiencia sensual e intelectual del arte que disfruta su espacio de libertad al final del libro, al dejar huir de él, como una emanación, ese rumor de infinito oculto en la obra barroca, especialmente en la música.

El texto se inicia en una revisión de la categoría de lo sublime tal y como aparece en la última de las críticas kantianas que en palabras de Trías "levanta acta inaugural del romanticismo: abre el núcleo ideológico que lo hace posible". Sigue una directa exposición de la definición que hace Freud del término de lo siniestro en su Das Unheimliche (1919), con amplias citas del cuento de E.T.A. Hoffmann, "Der Sandmann" ("El hombre de arena"). El hilo de la lectura va sumergiendo al lector en el inquietante país de lo siniestro, con pinceladas de oscuridad que son como un presagio de la futura aventura filosófica que aguarda para ser desarrollada en los años siguientes. En cierto modo, la categoría de lo siniestro, adelanta la ahora la reflexión sobre el límite que caracterizará los trabajos que siguen, en los que se dará un giro definitivo hacia la filosofía. A partir de ahora se adentrará Eugenio Trías, en realidad, de modo más radical en una filosofía propia, cosa que no supone un abandono de la reflexión sobre el arte, sino que delimitará el lugar de la estética en la nueva estructura de su pensamiento.

Lo bello y lo siniestro tiene origen y fin, de momento, en otra idea, la idea de infinito, del infinito como anhelo de la obra artística, como horizonte hacia el que se expande su significado y su posibilidad de ser. Origen del libro en el infinito que incorpora la reflexión estética kantiana y que se dirige hacia un final, la quinta parte, "Escenificación del infinito", donde se propone explorar "interpretar" el tiempo del arte barroco, de la obra barroca como cuerpo inconsciente en que se manifiesta el gran siglo de las ciencias de la naturaleza, el siglo XVII. El final de este texto, en forma de fuga barroca, vuelve a recurrir a la música, a la música barroca, entendida como fluido que nunca quiere, y apenas puede, cortar su vuelo.

 

Las alegorías de Botticelli:
Los misterios paganos del Renacimiento

            Dentro de los límites del libro queda sugerido ese momento culminante de la estética clásica que es el Renacimiento. Trías ve este momento de la cultura y de la historia como un instante de luz, un remanso perfecto, aunque no carente del acecho de lo siniestro. Este momento está representado por las alegorías de Sandro Botticelli, basadas en los textos de Ovidio, que se encontraron, según Vasari, en la Villa Medici de Castello. Siguiendo el análisis iconográfico de Edgar Wind en Los misterios paganos del Renacimiento, Trías descifra las escenas de Botticelli como fruto de una concepción estática, aparentemente armónica, que estuviera ya asediada por la presencia de lo siniestro. Lo siniestro no ha sido desvelado aún en estas obras, que lo conjuran y detienen, en la representación alegórica de los misterios. Pero la minuciosa exploración del cuadro permite comprender la proximidad de un suceso que nunca llega a ser desvelado, un tercer cuadro que nunca fue pintado.

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Botticelli, La Primavera. 1477 (Galería

Lo bello y lo siniestro es el más escenográfico de los libros de Trías. En él dejará atrás temporalmente el hábito de centrarse en obras de arte, aunque no dejará de mostrarlas para proseguir su camino filosófico. En los últimos libros dedicados a la música y al cine, reaparecerá con fuerza el hilo que une las obras de arte a la reflexión filosófica. Pero antes, un año más tarde, aparecerá un libro que hará de puente hacia el territorio de esta nueva etapa centrada en el singular proyecto de una nueva filosofía, Filosofía del futuro. Un libro en que, a partir del recuerdo y de la evocación del vértigo, ya puro vértigo de la interrogación filosófica, y a partir de un examen de la misma constitución en el sujeto de la pregunta filosófica y de su modo de ser conducida según el principio de variación, trazará el camino de un proyecto distinto al de la formulación de una estética. Porque su misma filosofía se transformó hondamente en los años y los libros que siguen hasta alcanzar esa marca y distintivo radicalmente propios que constituye el proyecto de una filosofía del límite.