"Adoption of a Societal Perspective in Economic Evaluations of Musculoskeletal Disorders: A Conceptual Paper". Reseña por Antoni Gilabert
"Adoption of a Societal Perspective in Economic Evaluations of Musculoskeletal Disorders: A Conceptual Paper". Reseña por Antoni Gilabert
"Adoption of a Societal Perspective in Economic Evaluations of Musculoskeletal Disorders: A Conceptual Paper". Reseña por Antoni Gilabert
Resumen
El artículo defiende la adopción de la perspectiva social en las evaluaciones económicas de las intervenciones para trastornos musculoesqueléticos (MSK), que son una causa importante de discapacidad y absentismo laboral en todo el mundo. Aunque las perspectivas más habituales en estas evaluaciones son la del pagador, la sanitaria y la social, el artículo argumenta que sólo la perspectiva social captura todos los costes y beneficios, incluyendo los costes indirectos como la pérdida de productividad. Como puntos más relevantes, destaca que los trastornos MSK tienen un alto coste económico, tanto directo (tratamientos, dispositivos médicos) como indirecto (absentismo, baja productividad). Las evaluaciones económicas que sólo adoptan la perspectiva sanitaria pueden subestimar el valor real de las intervenciones. El artículo presenta casos de estudio (como la reparación quirúrgica del manguito de los rotadores) que muestran cómo la inclusión de los costes sociales puede cambiar una intervención de ser costosa a ser más eficiente. Varias guías internacionales recomiendan la perspectiva social, pero muchas agencias de evaluación tecnológica sanitaria (HTA) aún no adoptan esta perspectiva más amplia. Se recomienda que las evaluaciones económicas prioricen también la perspectiva social.
Comentario
Las perspectivas más utilizadas en la evaluación económica incluyen la perspectiva sanitaria o del pagador y la perspectiva social. La perspectiva adoptada determina los tipos de costes y efectos incluidos en las evaluaciones económicas. La perspectiva sanitaria y/o del pagador considera los costes que se acumulan dentro del sector sanitario, como los costes de diagnóstico y tratamiento. La perspectiva social considera todos los costes y efectos que se acumulan, independientemente de quien los experimente. Así pues, la adopción de perspectivas alternativas en la evaluación económica de innovaciones en salud como la perspectiva social puede tener implicaciones importantes.
Concretamente la perspectiva social adopta una mirada más completa del valor. Incluye costes y beneficios más allá del sistema sanitario (productividad, cuidadores, transporte, etc.), ofreciendo una visión más holística del valor de una intervención. En este sentido, puede mejorar la toma de decisiones para la sociedad, posibilitando identificar intervenciones que pueden ser costosas para el sistema sanitario pero muy beneficiosas para la sociedad (ej. reducción de bajas laborales). También fomenta la inversión en prevención ya que a menudo tiene un gran impacto en la productividad y calidad de vida, pero normalmente quedan infravaloradas si sólo se considera el gasto sanitario directo.
Dicho esto, parecería claro pues qué perspectiva debería adoptarse a la hora de hacer una evaluación económica de una determinada intervención o incorporación de una innovación. Sin embargo, esta perspectiva no es la que se acostumbra a adoptar desde el sistema sanitario y menos desde el pagador. Por un lado, la complejidad metodológica de estimar los costes indirectos y por otro lado la mirada de los sistemas de salud públicos centrada en los presupuestos sanitarios hace que la perspectiva social sea muy atractiva conceptualmente pero poco utilizada en las decisiones sanitarias.
Aunque muchas Guías y algunas Agencias de evaluación de tecnologías apelen a esta perspectiva social e incluso la incluyan en algunas evaluaciones económicas, esto no es suficiente para que los pagadores las tengan en cuenta. Para un pagador incluir la perspectiva social significa asumir con su presupuesto unos beneficios que no repercuten directamente sobre su gestión del sistema sanitario. Además, incorporar esta perspectiva suma complejidad a la metodología de evaluación con criterios e indicadores muchas veces difíciles de cuantificar y de evaluar. En definitiva, el pragmatismo y la visión limitada al ámbito de quien debe tomar la decisión se impone a pesar de las evidencias que puedan aportar los estudios académicos y/o las recomendaciones de Guías y Agencias.
Aun así, hay iniciativas que se podrían tener en cuenta e intentar potenciar. Un ejemplo que se debería que poner en valor es el que adoptó el CatSalut en el año 2014 en su Guía recomendaciones para la realización y presentación de evaluaciones económicas y análisis de impacto presupuestario de medicamentos en el ámbito del Catsalut (https://catsalut.gencat.cat/web/.content/minisite/catsalut/proveidors_professionals/medicaments_farmacia/farmaeconomica/caeip/gaeip_publica_catala_octubre2014_catsalut.pdf). Esta Guía elaborada por la Comisión de Evaluación Económica y de Impacto Presupuestario (CAEIP), desgraciadamente abolida en el año 2018, incorporaba también la perspectiva social además de la sanitaria, pero presentada por separado.
Ante la dificultad de que los pagadores utilicen en la evaluación de intervenciones la perspectiva social no parece un mal menor optar, como en este caso, por tenerla en cuenta pero separada de la evaluación económica elaborada desde la perspectiva sanitaria. Es decir, aunque la perspectiva del pagador sea la priorizada, tener también cuantificada la perspectiva social puede ayudar a empezar a incorporar aspectos como la productividad o los efectos sobre las familias y cuidadores en las decisiones sanitarias.
Adoptar perspectivas alternativas como la social puede enriquecer la evaluación económica y mejorar la toma de decisiones, pero hay que hacerlo con criterios claros, transparencia metodológica y conciencia de los límites. Una buena práctica puede ser presentar resultados desde múltiples perspectivas (social, sanitaria, del pagador) para ofrecer una visión más completa y equilibrada.
Aunque los autores del artículo defienden la adopción de la perspectiva social en las evaluaciones económicas de intervenciones para trastornos musculoesqueléticos (MSK), la realidad española sigue estando lejos de ese ideal. A pesar de que algunas guías técnicas como la del CatSalut en 2014 ya contemplaban esta perspectiva, su aplicación práctica ha sido marginal y, en muchos casos, simbólica.
A pesar de los avances en España de las políticas sociales, especialmente en el ámbito de la dependencia y la discapacidad, con mensajes que promueven una atención más centrada en la persona y el entorno comunitario, estos avances no se han traducido en una integración sistemática de la perspectiva social en las evaluaciones económicas de tecnologías sanitarias. Los decisores siguen priorizando la perspectiva del pagador y rara vez se cuantifican o se consideran decisivos los costes indirectos como la pérdida de productividad o el impacto sobre cuidadores en la toma de decisiones.
Este desfase entre la evidencia académica y la práctica institucional refleja una resistencia estructural: los presupuestos sanitarios siguen siendo compartimentados y cortoplacistas, lo que dificulta asumir costes que benefician a otros sectores (como el laboral o el social). Además, la falta de herramientas metodológicas estandarizadas para medir estos impactos sociales añade una barrera técnica que muchos decisores utilizan como excusa para no avanzar.
En este contexto, España se encuentra en una encrucijada: o bien continúa con una visión estrecha que subestima el verdadero valor de las intervenciones sanitarias, o bien apuesta por una transformación valiente que incorpore la perspectiva social de forma sistemática, transparente y operativa. La evidencia está sobre la mesa. Lo que falta es voluntad política y coordinación intersectorial para convertir esa evidencia en política pública efectiva.
Antoni Gilabert
Junio 2025