Cuando el mono encontró al zorro: la traición sin fin
Bienvenidos a la exposición Cuando el mono encontró al zorro: la traición sin fin, una invitación a reflexionar sobre cómo la humanidad ha renunciado a su propia animalidad y ha degradado a los individuos de otras especies a una categoría inferior, convirtiéndolos en simples objetos al servicio de las necesidades y deseos humanos.
Los artistas Ruth Montiel Arias y Carlos Alba nos presentan esta separación y discriminación como una traición que, como todas las traiciones, conlleva una carga de vergüenza e incomodidad que a menudo nos lleva a esconderla o negarla. Sin embargo, esconder una traición no detiene sus consecuencias negativas; al contrario, las intensifica, ya que la falta de reconocimiento impide abordar sus causas y reparar el daño causado. Esta exposición pretende, precisamente, revelar esta traición para destaparla, anular el efecto del silencio que la perpetúa y abrir caminos para reflexionar y transformar nuestra relación con los demás animales.
Para ello, los artistas nos invitan a establecer un diálogo entre dos narrativas visuales y conceptuales que, aunque puedan parecer diferentes, están profundamente conectadas, especialmente en el contexto de la explotación y la interdependencia entre animales humanos y no humanos. EL 2% de Ruth Montiel Arias e I’ll Bet The Devil My Head de Carlos Alba exploran la capacidad potencial de superar los límites de las relaciones de poder y las jerarquías entre especies, cuestionando las fronteras entre humanos y animales.
En EL 2%, Ruth Montiel Arias ofrece un análisis de la explotación sistemática de los animales, centrado en los primates no humanos. A través de una serie de intervenciones visuales y narrativas, la artista altera las dinámicas de dominación y estabilidad, obligando a los espectadores a reflexionar sobre nuestras relaciones con los individuos de otras especies. Así, se nos presenta una herramienta para cuestionar la normalización de las economías de explotación y la dominación cultural interespecie.
Por su parte, Carlos Alba, en I’ll Bet The Devil My Head, utiliza métodos autobiográficos y documentales para construir una narrativa que explora las estructuras sociales que configuran nuestras percepciones y relaciones con otros animales, en este caso, con los zorros. Alba retrata las relaciones entre humanos y no humanos en entornos urbanos, mostrando cómo estas interacciones están condicionadas por oportunidades, conexiones culturales y barreras sistémicas.
Lo que tienen en común estos dos proyectos es su capacidad para revelar las complejidades de la explotación animal y la responsabilidad humana desde diferentes perspectivas. Montiel Arias aborda estas cuestiones desde una perspectiva macro, mientras que Alba lo hace desde una perspectiva micro, observando experiencias específicas como reflejos de sistemas más amplios. Juntas, sus obras invitan al público a habitar un espacio de contemplación compartida, donde historias personales y paisajes globales se entrelazan, cuestionando las nociones de dominación y coexistencia entre animales no humanos y humanos.
Aquí reunimos, pues, las aportaciones de dos artistas y activistas en defensa de los animales que abren un territorio discursivo que nos desafía no solo como público, sino también como participantes de las estructuras sociales, económicas y políticas que sostienen este sistema de dominación y explotación.
El silencio y el olvido que hasta ahora han rodeado esta dominación y explotación —esta traición que la exposición denuncia— han contribuido a perpetuar un sistema que las sucesivas etapas de la historia de la humanidad no han hecho más que exacerbar. Para los demás animales, las consecuencias son terribles. Pero para los animales humanos, también.
Para los demás animales, este sistema de explotación consume la vida de billones de seres cada año a través de la industria alimentaria, la experimentación científica, el entretenimiento, la moda, el tráfico de especies exóticas, la caza o la medicina tradicional, entre otros. Los dos ejemplos de esta exposición son reflejos claros de este sistema. En el caso de los primates no humanos, esto implica la destrucción de sus hábitats, la caza, el confinamiento, la exhibición y la experimentación, principalmente. En cuanto a los zorros, históricamente perseguidos y estigmatizados por razones culturales, económicas y simbólicas, ahora, además, son criminalizados por acercarse demasiado a nosotros, entrando en las ciudades.
Para la especie humana, este acto de traición hacia los animales ha moldeado profundamente nuestra relación con el mundo natural y con nosotros mismos. Esta relación destructiva tiene consecuencias devastadoras, como la destrucción medioambiental, el aumento de los problemas de salud pública y el fomento de la violencia. También nos confronta con un grave problema de conciencia.
Enfrentar las divisiones jerárquicas y discriminatorias que hemos creado entre animales humanos y no humanos nos lleva a plantearnos cuestiones profundas sobre el lugar que ocupamos y el impacto que tenemos en todas las formas de vida. De aquí surge una oportunidad: una oportunidad para adoptar una mirada abierta, crítica y reflexiva, y para unirnos a una conversación que afecta no solo a los animales, sino también a los valores y la ética que definen nuestra sociedad.
Os invitamos a adentraros en este viaje de reflexión y descubrimiento, con la esperanza de transformar no solo la manera en que vemos a los demás animales, sino también cómo nos vemos a nosotras mismas.
Núria Almiron, UPF-Centre for Animal Ethics