José Ángel Valente
(Orense, 1929 – Ginebra, 2000)
A José Ángel Valente se le debe, sin duda, una obra poética excepcional, pero también un conjunto de valiosísimos ensayos que no es posible desligar de aquella, pues por vías distintas desarrolla una consistente exploración de los límites de lo decible. En la exacerbada exigencia de su palabra creativa se conjugan múltiples tradiciones que van desde la mística centroeuropea y española, la lírica sufí, el budismo zen, el romanticismo alemán o el simbolismo francés hasta las rupturas vanguardistas, y esa misma confluencia es objeto de reflexión a lo largo de su producción ensayística. Aunque sus primeros libros (A modo de esperanza, de 1955, y Poemas a Lázaro, de 1960) lo ubican en la generación de los años cincuenta, Valente se distanciará de la poética del realismo y el testimonio para acabar adoptando una poética contrapuesta, la del lenguaje como territorio incógnito en el que indagar sobre lo que escapa a la experiencia ordinaria. El punto de ruptura entre una y otra se halla a finales de los años sesenta y se refleja en el poemario El inocente (1970) y en algún ensayo de por entonces, como «La hermenéutica y la cortedad del decir». Uno de sus primeros acercamientos extensos al discurso de la mística se encuentra en el Ensayo sobre Miguel de Molinos, que sirvió de prólogo, en 1974, a la Guía espiritual de Molinos. No obstante, el escritor estimó que el cambio de ciclo de su obra tuvo lugar entre 1976 (año de Interior con figuras) y 1978 (Material memoria), momento a partir del cual hace girar toda su escritura alrededor de lo que llamará «experiencia abisal», la búsqueda incesante de los límites donde el lenguaje logra expresar lo inexpresable.
En ese árido camino, que pasa por libros como Mandorla (1982), El fulgor (1984), Nueve poemas (1986), Al dios del lugar (1989), No amanece el cantor (1992) y el póstumo Fragmentos de un libro futuro (2000), Valente esencializa su escritura poética hasta acercarla a la depuración de la mística. En busca de una vía de expresión que trascienda la palabra, el poeta colaboró con pintores y fotógrafos en obras conjuntas como Emblemas (1978) con Antonio Saura, Calas (1980) con la fotógrafa Jeanne Chevalier, El péndulo inmóvil (1982) con Antoni Tàpies o Raíz de lo cantable (1991) con Jürgen Partenheimer.
Su primer libro de ensayos, Las palabras de la tribu (1971), recogía escritos de quince años que permitían recorrer la reflexión sobre el sentido de la poesía y la obra de un escogido grupo de poetas que desemboca en una concepción de la poesía como oscura alternativa cognoscitiva, lejos de la poesía como comunicación defendida por muchos creadores de los años sesenta. De Antonio Machado (en un texto de 1959) a Lezama Lima, Rilke, Cavafis o Lautréamont, Valente hilvana su genealogía literaria hasta 1970. Pero los ensayos en los que se adentra en el terreno de la razón y la dicción para deslindar el uso instrumental del lenguaje del misterio de su uso poético-místico son posteriores y fraguan, primero, en La piedra y el centro (1983) y después en Variaciones sobre el pájaro y la red (1991). (En 2000 se reunirían ambos en un solo volumen.) En esos libros la experiencia creativa del poeta está ya equiparada con la experiencia trascendente del místico en una convergencia similar a la que, entre pensamiento y poesía, se produce en la obra de María Zambrano, con la que tanto tiene en común. Esta línea de reflexión conduce a los ensayos reunidos póstumamente en La experiencia abisal (2004), muchos de ellos publicados primero en periódicos y revistas y en los que se aborda la experiencia de la nada, el don de la ligereza o la pasividad, el sentido del exilio en poesía, pero también asuntos de actualidad como la configuración del canon o la obra de Tabucchi.
JG y DRdM
El libro más completo sobre Valente se debe a la colaboración de tres autores, Claudio Rodríguez Fer, Marta Agudo y Manuel Fernández Rodríguez, Valente vital (Galicia, Madrid, Oxford) (Universidad de Santiago de Compostela, 2012). Siguen siendo valiosas las páginas de María Zambrano, «La mirada originaria en la obra de José Angel Valente» (Quimera, 4 (1981): 39-42); y los libros de Santiago Daydi-Tolson, Voces y ecos en la poesía de José-Ángel Valente (SSSAS, Lincoln, NE, 1984); Miguel Mas, La escritura material de José Ángel Valente (Hiperión, Madrid, 1986); los estudios reunidos por Claudio Rodríguez Fer en José-Ángel Valente (Taurus, Madrid, 1992) y en Material Valente (Júcar, Madrid, 1994); la colectánea editada por Teresa Hernández El silencio y la escucha (Cátedra, Madrid, 1995); el volumen En torno a la obra de José-Ángel Valente (Alianza, Madrid, 1996) y el de Carlos Peinado, Unidad y trascendencia: estudio sobre la obra de J.A.V. (Alfar, Sevilla, 2002). Andrew P. Debicki tiene acertadas observaciones en Poesía del conocimiento: La generación española de 1956-1971 (Júcar, Madrid, 1987).
