Manuel Sacristán
(Madrid, 1925 – Barcelona, 1985)
Aunque madrileña, su familia se instala tras la Guerra Civil en Barcelona, donde Manuel Sacristán residiría hasta su muerte. A pesar de padecer condiciones laborales particularmente adversas, mantuvo con la ciudad y algunas de sus instituciones vínculos esenciales para la cultura española, en particular por lo que toca a la universidad y a la industria editorial. El tercer pilar de su biografía es su activismo de partido en el PSUC-PCE, en la clandestinidad y fuera de ella.
Subrayar esta triple proyección del escritor implica consignar su participación activa en la pedagogía política del universitario y su formación ideológica, a través de cursos y muy frecuentes conferencias, de donde la influencia decisiva de Sacristán en la formación intelectual de muchas promociones universitarias. Pero significa también recomponer su trabajo editorial no ya como traductor forzoso sino como introductor, desde la editorial Grijalbo, de la tradición marxista (con las obras de Marx, Engels, la estética de Luckács o textos de Gramsci, de quien preparó una antología todavía hoy reeditada) y, ya desde la editorial Ariel (donde aparece en 1960 Revolución en España, de Marx y Engels, o Prismas, de Adorno, en 1962), de la lógica, la analítica y el pensamiento social moderno, con autores como Adorno, Quine, Carnap, Galbraith y Marcuse. Queda, por fin, anotar un sostenido ejercicio de actualización del pensamiento político comunista y de sus estrategias de acción, tanto mediante su presencia, bajo distintos seudónimos, en publicaciones de partido, como Nuestras Ideas, Realidad (impresa en Roma) o Nous Horitzons, como también por la tarea desempeñada durante esos dos años exactos que duraría la revista Materiales (1978-1979), fundada por él mismo junto con su mujer, Giulia Adinolfi, o, en el mismo año de 1979, en torno a otra revista que habría de heredar el espíritu de esta, Mientras Tanto, testimonio todavía hoy —y desde el manifiesto editorial de su primer número— de la aportación ecologista y pacifista a un marxismo de base irrenunciable.
Sacristán es autor además de obras estrictamente filosóficas, como su tesis doctoral sobre Las ideas gnoseológicas de Heidegger (de 1959, reeditada en 1995 con estudio de Francisco Fernández Buey, y en polémica con el pensador alemán que no abandonaría desde entonces) o su temprana Introducción a la lógica y al análisis formal, de 1964. Sus inicios ideológicos falangistas se reflejan en publicaciones menores de los años cuarenta, en tanto que la primera madurez del intelectual aún premarxista tiene su mejor reflejo en el sarcástico y lúcido Sacristán de la revista Laye (1951-1954), donde puede estar la prosa más vivaz y libre del futuro pensador (incluida la pluralidad humanista de sus intereses, desde el teatro de Thornton Wilder y E. O’Neill o el ensayo de Simone Weil hasta la narrativa de Pedro Salinas o el Alfanhuí de Sánchez Ferlosio). Su curiosidad se vio alimentada por el intento de aplicar perspectivas de raigambre marxista nada dogmática y esencialmente inteligente a autores tan distintos como Goethe o Heine —a quienes dedicaría excelentes estudios globales, reunidos en Lecturas: I. Goethe, Heine (1967)—, pero también a poetas o artistas en apariencia tan alejados de sus intereses teóricos como Joan Brossa y Raimon (del mismo modo que pudo traducir Persecución y asesinato de Jean Paul Marat de Peter Weiss en 1966 o una selección de textos de Ulrike Meinhof diez años después). Una amplia antología de su obra apareció en los años ochenta en diversos volúmenes bajo el subtítulo común de Panfletos y materiales, mientras que ha sido particularmente valiosa y regular la recuperación de sus materiales inéditos o nuevas antologías como la que, entre muchas otras, preparó Salvador López Arnal en 2003, M.A.R.X.: Máximas, aforismos, reflexiones con algunas variables libres, o el valioso volumen que reunía entrevistas del autor en Acerca de Manuel sacristán (1996) o las que recogieron Fernández Buey y López Arnal en De la primavera de Praga al marxismo ecologista (2004).
JG y DRdM
Un buen número monográfico sobre Sacristán, publicado con motivo de su muerte en 1985, fue el que le dedicó la revista Mientras Tanto (1987), ampliado diez años después con otra entrega de la misma revista con trabajos de Laureano Bonet y Francisco Fernández Buey, además de diversos inéditos y una entrevista sobrecogedora por lo confidencial y autocrítico (Mientras Tanto, 1995), y poco después otro Homenaje a Manuel Sacristán se dedica a sus escritos sindicales y de política educativa (Universidad de Barcelona, 1997). Al menos dos de los libros de Laureano Bonet, La revista Laye (Península, Barcelona, 1988) y El jardín quebrado (Península, Barcelona, 1994), se ocupan del autor, como lo hace Jordi Gracia en Estado y cultura (Anagrama, Barcelona, 2006) y La resistencia silenciosa (Anagrama, Barcelona, 2004), y con más reticencias Francesc-Marc Àlvaro en Els assassins de Franco (Los Libros de la Esfera, Madrid, 2005), mientras Fernández Buey preparó una excelente edición de Las ideas gnoseológicas de Heidegger (Crítica, Barcelona, 1995) y trae información de interés la autobiografía de Juan Carlos García Borrón, España siglo xx: recuerdos de observador atento (Barcelona, Ediciones del Serbal, 2004). Al espléndido documental de Xavier Juncosa Integral Sacristán le acompañó un volumen de testimonios, Del pensar, del vivir, del hacer (El Viejo Topo, Barcelona, 2006), mientras que la biografía intelectual y política más completa es la de Juan Ramón Capella, La práctica de Manuel Sacristán (Madrid, Trotta, 2005), y son varias las obras colectivas que han estudiado su obra con detenimiento: Donde no habita el olvido, publicado en el cuadragésimo aniversario de su Introducción a la lógica y el análisis formal (Montesinos, Barcelona, 2005) o el tomo que reúne los materiales de un congreso dedicado a El legado de un maestro (Fundación de Investigaciones Marxistas, Madrid, 2007), el mismo año en que Trotta reedita a cargo de Albert Domingo Lecturas de filosofía moderna y contemporánea y poco después de que El Viejo Topo editase Escritos sobre ‘El Capital’ y otros textos afines en 2004. Varios capítulos de La moral del testigo (La Balsa de la Medusa, Madrid, 2012), de Carlos Piera, contienen perspicaces observaciones sobre el pensador.
