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(Palafrugell, Gerona, 1897 – Llofriu, Gerona, 1981)

 

La vastísima obra de Josep Pla acepta con muchas dificultades una clasificación mínimamente plausible (para emplear un adjetivo que hizo suyo). Sus primeros libros suman una decena larga de títulos en catalán, publicados en los años veinte y treinta. Entre ellos se cuentan trabajos tan dispares como una deliciosa Vida de Manolo (1928), Madrid (Un dietari) (1929) o el libro que le diera nombre en el mundo de la letras, Coses vistes (1925), que tan certera y escuetamente define uno de los simulacros centrales de su tarea de escritor. La huella del moralista sobre una gama genérica que incluye la divagación, la crónica, la anotación, el reportaje, el artículo, el carnet de notas, el dietario, el libro de viajes y la semblanza, caracterizan la obra de quien vivió la escritura como una suerte de fatalidad semejante a los ritmos de las estaciones.

 

Durante la guerra trabaja para la prensa franquista y ejerce funciones de espía de escasa relevancia aunque no deja de escribir (es candidato frustrado a dirigir La Vanguardia tras la toma de Barcelona en enero de 1939) y hasta 1945 la obra de Pla aparecería únicamente en español. Son libros, una vez más, muy dispares, a medio camino entre el trabajo de encargo y la grafomanía, como la Guía de la Costa Brava (1941), un estupendo Viaje en autobús (1942) u otro libro espléndido, Un señor de Barcelona (1945). Desde ese mismo año, Pla recupera la posibilidad de publicar en catalán, sin renunciar por ello a colaborar en el Diario de Barcelona hasta 1954, o en El Correo Catalán entre 1960 y 1965, ni desde luego en el semanario Destino, del que, más que colaborador fijo, se convierte en esencial punto de referencia e inspirador ideológico, gracias a la larga amistad que le uniría con el propietario de la revista y editorial homónima, Josep Vergés. El conservadurismo pragmático, su educadísimo escepticismo, un catalanismo casi biológico y una complicadísima naturalidad de escritura lo definen como uno de los autores fundamentales de las letras españolas. Su quizá más alta creación tiene que ver con la deriva ensayística y meditativa de los dietarios (prácticamente todos traducidos al español en los últimos años) y dice mucho ese rasgo de su propia complejidad disimulada tras la fatxenderia del campesino iletrado. El primer volumen de su obra completa, en 1966, lo presentó como la edición de un dietario inédito de juventud cuando en realidad se trataba de una obra de madurez, la reescritura en clave novelesca y cuidadosamente trabajada durante muchos años de un originario y muy breve dietario de juventud, El quadern gris (1966).

 

De su obra en catalán, paralela al articulismo en castellano, es inexcusable citar, cuando menos, títulos esenciales como El carrer estret (1951) o series que han constituido ejes básicos de la historia cultural catalana, como el apasionante conjunto de semblanzas literarias que tituló Homenots.

 

JG y DRdM

 

Los estudios sobre Pla han estado en los últimos años más atentos a los aspectos biográficos que a los propiamente literarios, pero sobresale un espléndido trabajo de crítica e interpretación de Xavier Pla, Josep Pla. Ficció autobiogràfica i veritat literària (Quaderns Crema, Barcelona, 1997), que es también responsable del catálogo Josep Pla o la diabòlica mania d’escriure (Destino, Barcelona, 1997), de obras colectivas auspiciadas por la muy activa Fundació Josep Pla, como Josep Pla. Memòria y escriptura (1997) o La poètica de la banalitat (2003), y también de excelentes ediciones de su obra, casi siempre en Quaderns Crema. Joan Fuster fue en 1966 el mejor prologuista posible para el primer tomo de la Obra completa (Barcelona, Destino) y Josep Maria Castellet le dedicó su libro Josep Pla o la raó narrativa (Destino, Barcelona, 1978, reeditado y revisado en 2011), mientras un estudio de Carles Casajuana valora las afinidades entre Pla y Nietzsche (Edicions 62, Barcelona, 1997) y un trabajo de Marina Gustà examina Els origens ideològics i literaris de Josep Pla (Curial, Barcelona, 1995). No hay una biografía satisfactoria de Pla, y la más completa es de Cristina Badosa, Biografia del solitari (Edicions 62, Barcelona, 1997), mientras Valentí Puig revisa el pensamiento de Pla sin titubeos en L’home de l’abric (Destino, Barcelona, 1998). Arcadi Espada aporta datos y conjeturas sobre la etapa de vejez del autor en Josep Pla (Omega, Barcelona, 2005) y Jordi Gracia revisa su perfil en Burgueses imperfectos (Fórcola, Madrid, 2015). La fuente directa más valiosa sobre el personaje sigue siendo la publicación de los espistolarios con su hermano Pere, con Eugeni Xammar, con Joan Coromines o el que cruzó con su editor fundamental en la posguerra, Josep M. Cruzet, Amb les pedres disperses (Destino, Barcelona, 2003), aunque el libro más turbador sobre Pla ha aparecido en 2014 y es obra de Josep Guixà, Los espías de Franco. Josep Pla y Francesc Cambó (Fórcola, Madrid).