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(Madrid, 1954)

 

Procedente del orbe académico de comienzos de los años setenta, nutrido por la relectura de Nietzsche, las varias superaciones del estructuralismo, de Freud y Marx, y por la obra de Foucault, Althuser, Derrida o Gilles Deleuze, José Luis Pardo ha desarrollado una trayectoria que se ha ido abriendo paulatinamente desde el espacio restringido del pensamiento universitario hasta una práctica pensativa en la que la disciplina del análisis se proyecta al mundo contemporáneo. A Deleuze precisamente dedicó uno de sus primeros libros, Violentar el pensamiento (1990) y también uno de los últimos, Deleuze: el cuerpo sin órganos (2011). La preocupación por el modo en que se puede hacer filosofía en el presente, y en particular cómo escribir un libro de filosofía hoy, ha espoleado la originalidad de algunos de sus mejores trabajos, impulsándolos hacia una arquitectura interna y una escritura novedosas, en las que la primera tiende a estar en deuda con la libertad formal del ensayo, mientras que la segunda parece añorar el paso marcial del tratado. El equilibrio entre esas dos tensiones produce el efecto de estimular su lectura con desvíos inesperados o remates de epígrafe que rompen la expectativa. Quizá del deseo de habilitar el pensamiento para encararse con la realidad actual o con otros ámbitos, como la literatura, surgieron iniciativas como la colectánea Preferiría no hacerlo. Ensayos sobre Bartleby, que coordinó en 2000, o la conversación con Fernando Savater Palabras cruzadas. Una invitación a la filosofía (2003).

 

Fue con Las formas de la exterioridad (1992), y de manera más clara en La intimidad (1996), como Pardo pareció encontrar una forma de ensayo filosófico propio que será el que encauce sus dos libros mayores: La regla de juego. Sobre la dificultad de aprender filosofía (2004) y Esto no es música. Introducción al malestar en la cultura de masas (2007). El primero, que recibió el premio Nacional de Ensayo, se propone escudriñar las trabas que dificultan el conocimiento filosófico —las «aporías del aprender». Divide su recorrido en tres prácticas: la poesis, la práxis y la théoria, abre cada capítulo con una cita de los Beatles (casi un hilo musical a lo largo del libro) y salta de los filósofos clásicos, sea Platón o Gadamer, a poetas malditos como Arthur Rimbaud o a novelistas de aventuras como Jules Verne. La incorporación de las referencias literarias y tomadas de la cultura popular serán aún más regulares en Esto no es música, aunque el subtítulo pueda tener algo de engañoso. Y es que la carátula del álbum de los Beatles Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band, con su hacinamiento icónico y quebranto de jerarquías (de Poe a Bob Dylan, de Aldous Huxley a Marx o Maryiyn Monroe o los propios Beatles en figura de cera), sirve de rampa de lanzamiento a un análisis no tanto de la cultura de masas como del malestar que corroe los estados del bienestar a comienzos del siglo XXI. Como es propio del género, Pardo habla a veces en primera persona (cuando recuerda su primer día de escuela) y se mueve con soltura por la historia del pensamiento y por la historia social, cultural y política, recogiendo las ideas o las anécdotas que le son útiles, sea la teoría de las ideas de Platón o el encuentro de Napoleón con Goethe, unas veces con la lupa del análisis y otra desde el sillón de orejas del narrador.

 

A la vez que se gestaba este original ensayo, Pardo continuaba sus colaboraciones en la prensa en las que intenta enfocar su registro a temas de interés inmediato y para públicos más amplios. Esos artículos o microensayos los ha reunido en dos volúmenes, Nunca fue tan hermosa la basura (2010) y Estética de lo peor (2011), que se abre casi programáticamente con un nuevo coloquio de los perros en el que Cipión y Berganza recuperan el tema de los niveles de vida y su relación con la diferencia entre arte elevado y arte popular.

 

JG y DRdM

 

Puede accederse al pensamiento de Pardo a través de las entrevistas que incluye al final de Nunca fue tan hermosa la basura (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010, p. 349-393) y del coloquio electrónico mantenido con Savater en Palabras cruzadas (Pre-Textos, Valencia, 2003).