Eugenio d'Ors
(Barcelona, 1882 – Vilanova i la Geltrú, 1954)
Los tumbos lingüísticos e ideológicos de Eugenio d’Ors han condicionado, desvirtuándola, la estimación de su magnitud como ensayista. El abandono del catalán a favor del castellano hacia 1920 y, mucho después, su resuelta adhesión al golpe militar de julio del 36 lo convirtieron, para el nacionalismo catalán, en un traidor y, para los republicanos y progresistas españoles, en un intelectual orgánico reaccionario, lo que ha dificultado su estudio y estimación ecuánime. Ors fue una pieza clave en la articulación institucional (Institut d’Estudis Catalans) del proyecto cultural de la Mancomunitat de Prat de la Riba, pero ante todo fue el ideólogo del Noucentisme —término que él mismo acuñó— difundido a partir de 1906 desde sus glosas en La Veu de Catalunya. El ideal clásico de orden, claridad y contención emotiva fue la médula espinal de su pensamiento y la anarquía, la efusión sentimental o el abigarramiento sus aversiones constantes, representadas en el esteticismo finisecular o en el eón barroco, una constante histórica opuesta al clasicismo a la que dedicó espléndidos trabajos, el principal El barroco (1936). Tanto el innovador género de la glosa, que Ors opone al ensayo, «demasiado extenso para las formulaciones apodícticas», como el espíritu novecentista fueron exportados al resto de España, aunque la verdad fue que tanto la tendencia a lo compendioso en prosa de ideas como el postulado del trabajo bien hecho o el elogio de la inteligencia y la armonía formaban parte del escenario intelectual español de la segunda década. No se olvide que Ors se doctoró en Filosofía en Madrid en 1913 y que, al perder la oposición a una cátedra para la Universidad de Barcelona, quienes promueven un acto de desagravio fueron, entre otros, Ortega y Gasset y Azorín, ni que Ors, antes de su conversión idiomática, había acudido a Madrid como conferenciante con cierta frecuencia.
En 1914, el año de La filosofía del hombre que trabaja y juega, da en la Residencia de Estudiantes la conferencia De la amistad y el diálogo, y en 1918, cuando prepara la Oceanografía del tedio, habla en el mismo lugar de Grandeza y servidumbre de la inteligencia. (Junto a la conferencia Aprendizaje y heroísmo han sido editados en 2000 como Trilogía de la Residencia de Estudiantes, EUNSA, Pamplona.) En 1920 Alfons Maseras traduce al castellano una selección de las Glosas que publica Saturnino Calleja. A partir de entonces, esos microensayos sobre cualquier hecho, concepto o nombre de actualidad, aparecen en ABC e irán sumándose hasta formar el Nuevo glosario, del que Caro Raggio sacará a la luz diversas colecciones entre 1921 y 1923, fecha de Los diálogos de la pasión meditabunda y del luminoso ensayo Tres horas en el Museo del Prado, que reputa a Ors como un crítico de arte excepcional. Lo volverá a demostrar en El arte de Goya (1928) y Paul Cezanne (1930), y en sus conferencias de Pontigny en 1931, las que forman el citado Lo barroco. En cuanto al ejercicio de glosador y centinela puntilloso de la realidad la continuará tras la guerra en los diarios Arriba y ABC para formar un Novísimo glosario (1946). En las glosas de los años treinta se distingue un conjunto, aparecido en el diario El Debate entre 1932 y 1934, titulado Glosas sobre los ángeles que se escriben los lunes (publicadas en libro en 1939 como Introducción a la vida angélica), donde esboza la pintoresca teoría angelológica que será central en su obra de posguerra, durante la que inspirará parte de la estética y la prosa de Falange como nuevo patrón de las ideas. De manera sintética esta reconoce tres dimensiones en el ser humano, lo subconsciente o infrahumano que asocia con Satán; la conciencia, el alma humana, el Hombre; y lo sobreconsciente o suprahumano, el Ángel, que es la morada del verdadero yo. En Epos de los destinos (1943) ilustrará a través de casos arquetípicos el predominio de estas dimensiones: el de Satán en Goya, el Hombre en los Reyes Católicos y el Ángel en el licenciado Torralba. Pero sus mejores ensayos no pertenecen a la posguerra, aunque no abandonara el afán de totalidad que sigue latiendo en Teoría de los estilos (1941), Estilos del pensar (1945) o en el póstumo El secreto de la Cultura (1964), sino a su etapa de anteguerra, que es cuando formula su teoría de una Ciencia de la Cultura basada en la existencia de unas categorías arquetípicas que operan como constantes históricas a las que llama eones caracterizados por unos rasgos genéricos como lo femenil o lo viril, la unidad o la dispersión, el orden o la anarquía, la unidad o la multiplicidad... Los estilos artísticos cristalizan cuando estos arquetipos se expresan a través de una morfología (en arquitectura, pintura, música o literatura), pero diferencia entre estilos históricos, determinados por el tiempo y la geografía, y los estilos de cultura, eternos y cíclicos, que para él se reducen a dos, el clasicismo y el barroco.
JG y DRdM
Para una visión de conjunto, véase todavía Enric Jardí, D’Ors. Obra y vida (Aymà, Barcelona, 1967) y ahora Vicente Cacho Viu, Revisión de Eugenio d’Ors (Quaderns Crema, Barcelona, 1997). A los estudios clásicos de Andrés Amorós, Eugenio d’Ors, crítico literario (Prensa Española, Madrid, 1971) y de José Luis Aranguren, La filosofía de Eugenio d’Ors (Espasa Calpe, Madrid, 1945), añaden perspectivas innovadoras González Cruz, Fervor del método: El universo creador de Eugenio d’Ors (1989); Antonio Lago Carballo, Eugenio d’Ors, anécdota y categoría (Marcial Pons, Madrid, 2004); Antonio González, Eugenio d’Ors, el arte y la vida (FCE, México, 2010) y, en particular, Maximiliano Fuentes Codera, El campo de fuerzas europeo en Cataluña (Pagès, Lérida, 2009). Más reciente es Mercè Rius, D’Ors, filósofo (Universitat de València, 2014) y son útiles el catálogo Eugenio d’Ors y el arte moderno (MNCAC Reina Sofía, Madrid, 1997). La editorial Quaderns Crema ha publicado la Obra completa catalana.
