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(Santander, 1896 – Madrid, 1987)

 

A Diego, que combatió en las filas del creacionismo junto a su amigo y buen ensayista Juan Larrea, que encarnó en su obra poética el rostro jánico de la vanguardia literaria española, hecho de tradición e innovación, que fue promotor de los fastos gongorinos de 1927 y estratega de las Antologías de 1932 y 1934 sobre los poetas de la joven literatura del arte nuevo, acaso por la relevancia de todo eso, no se le ha tenido por ensayista. Y ello contra la evidencia de un perseverante ejercicio de prosa crítica que ha sido compilado en los tres gruesos volúmenes de Prosa literaria (VI, VII y VIII) en las Obras completas (2000).

 

Los primeros textos ensayísticos de Diego están contaminados del preceptismo inherente al manifiesto o la proclama de principios estéticos, como «Retórica y poética» (1924) o «La nueva arte poética española» (1928). Ya aparece en ellos una antinomia, la de poesía versus literatura, que Diego iba a convertir en estandarte al frente de su antología y que mantendría viva, como la almendra de su sistema estimativo, toda su vida (aún en 1947 sostiene la oposición en el artículo «Poesía y literatura» en ABC y en el mismo diario proclamará en 1973 que «la prosa no existe» o es poesía). Tras la guerra, Diego colaboró en los diarios ABC, La Nación de Buenos Aires y Arriba y en La Estafeta Literaria. Pero su producción crítica más caudalosa no se difundió por escrito sino a través de la radiofonía: entre 1946 y 1978 mantuvo semanalmente en Radio Exterior (y luego el Tercer Programa de Radio Nacional) la sección Panorama Poético Español, para la que escribió miles de pequeños ensayos cuya edición se encuentra en marcha. Una parte de ese material fue rescatada en los citados tres volúmenes de la Prosa literaria en 2000 y demuestra la capacidad de Diego para aunar actualidad, didactismo y amplitud de intereses literarios (no se priva de hablar de Thomas Mann cuando se tercia), pese a haber anunciado su voluntad de mostrar un «paisaje poético hispánico». En 1974 publicó su único ensayo exento, Manuel Machado, poeta, y diez años después preparó una selección de sus «ensayos y artículos sobre Poesía y su crítica», que tituló Crítica y Poesía (1984) y que, de hecho, no era sino un muy escogido anticipo de unas «Prosas reunidas» que no llegó a publicar. Pese a sus cuatrocientas páginas, lo consideraba un libro «breve y claro, variado y preciso» en la nota «Al lector», lo que invitaba a considerar las dimensiones del corpus de su prosa crítica. Tarea esta que sigue en espera.

 

JG y DRdM

 

Además de los monográficos de la revista Ínsula (núms. 491 en octubre de 1987 y 597-598 en septiembre y octubre de 1996), véase sobre todo la concienzuda «Introducción» de José Luis Bernal a Gerardo Diego, Obras completas. Prosa, t. VI. Prosa literaria, vol. 1 (Alfaguara, Madrid, 2000, pp. 19-136); también las colectáneas críticas de F. Javier Díez de Revenga y Mariano de Paco, eds., En círculos de lumbre. Estudios sobre Gerardo Diego (Caja Murcia, Murcia, 1997), y M.ª Jesús Barrajón y Agustín Muñoz Alonso, eds., Gerardo Diego (1896-1996) (Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 1997). Para su vocación musicológica, Ana Benavides, Gerardo Diego y la música (Universidad de Cantabria, Santander, 2011), para sus colaboraciones radiofónicas y periodísticas, las siguientes ediciones de la Fundación Gerardo Diego: José Jurado Morales, El panorama poético español de Gerardo Diego. Radio y literatura en la España de la segunda mitad del siglo XX (2009) y Rafael Inglada, Gerardo Diego en ABC: artículos y entrevistas (1946-1986) (2011).