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(Barcelona, 1926 – 2014)

 

En Josep Maria Castellet confluyeron numerosas profesiones, pero es probable que ninguna vocación más allá de la lectura. En sus cartas de juventud con otro gran lector, Joan Ferraté, aflora un hombre vital y un lector tan indócil como audaz en los años cuarenta. Por eso su primer libro fue también indócil, y secuestrado por censura nada más publicarse con el título de Notas sobre literatura castellana contemporánea en 1955. Reunía los artículos sobre letras y vida literaria de un inconformista, que es lo que iba a ser el resto de su trayectoria, mientras abordaba y agotaba etapas a gran velocidad y sin miedo, como leal cofrade de una ética de la infidelidad progresivamente segura de sí misma.

 

Los estudios introductorios a sus antologías de narrativa y poesía —desde La hora del lector, en 1957, Veinte años de poesía española, en 1960, Poesia catalana del segle xx, con Joaquim Molas, con quien preparó también Vuit segles de poesia catalana en 1969— delataban a un lector con la nariz atenta al desorden del tiempo y a sus carencias, dispuesto a empujar las ideas sobre la literatura tanto como la literatura misma en direcciones opuestas a la ortodoxia. Con esos libros activó buena parte de las direcciones que iba a tomar la poesía y la narrativa para combatir el anacronismo histórico de la literatura en España y quizá la que simboliza de forma más cruel esa voluntad se tituló en 1970 Nueve novísimos poetas españoles. No era otro Castellet pero sí era otro país el que estaba anunciándose, incluidos algunos de los nuevos ensayos que por entonces publica el autor: una relectura de la poesía del icono del resistencialismo catalán, Iniciació a la poesia de Salvador Espriu, y una obra de choque en favor de Una lectura de Herbert Marcuse, aunque sobre todo el mejor Castellet estuvo en la lectura a brazo partido con la obra del primer prosista del siglo xx catalán, Josep Pla o la raó narrativa (1978).

 

Sin haber hecho política cultural en sentido estricto, la democracia situó a Castellet en el lugar del mandarín y de ahí nacieron algunas propuestas reflexivas en torno a Cataluña y España y sus relaciones mutuas, pero sobre todo en torno a las relaciones de ambas con la cultura literaria y sus exigencias: Qüestions de literatura, política i societat es de 1975 y La cultura y las culturas de 1985, mientras aquí y allí actuaba como oráculo y consejero de altos vuelos. Y lo era, sin duda, al menos desde su compromiso con la edición literaria y humanística en la España del medio siglo: Seix Barral y la colección «Biblioteca Breve» serían peores sin su capricho y su intuición, y sin duda nada sería igual para las letras catalanas sin su liderazgo activo en la fundación de Edicions 62 desde 1964, incluida la copiosa obra ensayística e internacional que hizo traducir para la editorial hermana, Península.

 

Como hiperactivo y desacomplejado hombre de letras, aplazó para muy tarde la tentativa literaria. Peor cuando lo hizo el resultado fue tan sólido y perspicaz como el libro que aparece en 1988 bajo el título Escenaris de la memòria, que es un autobiografía en forma de retratos, pero es también el destilado reflexivo de un hombre más de ideas que de versos. Fue ese el anticipo de otros tres volúmenes de carácter memorialístico, Seductors, il·lustrats i visionaris (2009) i Memòries confidencials d’un editor (2012), pautados por personas y personajes, a veces tan próximos como Manuel Sacristán, Gabriel Ferrater, Carlos Barral o Pere Gimferrer, y a veces algo más lejanos o vistos desde la óptica irónica, escéptica y sabia de un hombre de buen humor y temple hedonista: el mismo Josep Pla, Rafael Alberti, Mercè Rodoreda u Octavio Paz, aunque la cala más desnuda a su intimidad está en los papeles rescatados de un Dietari de 1973.

 

JG y DRdM

 

La biografía más completa es de M. Teresa Muñoz Lloret, J. M. Castellet, retrat de personatge en grup (Edicions 62, Barcelona, 2007), y el estudio de sus ideas literarias está en Eduardo Salas Romo, El pensamiento literario de J. M. Castellet (Universidad de Granada, 2004), además del volumen colectivo editado por el mismo Salas Romo, De sombras y de sueños. Homenaje a J. M. Castellet (Península, Barcelona, 2001). La hora del lector (Barcelona, Península, 2001) ha sido reeditada con mucho cuidado por Laureano Bonet y son valiosos los apéndices sentimentales y documentales de la reedición de Nueve novísimos (Península, Barcelona, 2001), aprovechados junto a algunas cartas inéditas en un capítulo de Jordi Gracia, Burgueses imperfectos (Fórcola, Madrid, 2015).