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(Sevilla, 1883 – Madrid, 1964)

 

Mucho debe la cultura española a la faena abnegada de Cansinos como traductor, pero antes de recluirse en su domicilio para verter al castellano a Dostoievski, Balzac, Goethe o Las mil y una noches había realizado una obra amplia y meritoria como crítico y ensayista literario y una numerosa obra como narrador decadentista que se concentra en el período 1915-1925. Del tiempo de su actividad literaria dejó testimonio, condimentado con opiniones tan contundentes como sesgadas, en los tres volúmenes de memorias La novela de un literato (1882-1936) (publicados entre 1982 y 1995). Cansinos venía del periodismo pobretón del 1900 (empezó a escribir para el vespertino La Correspondencia de España) y de la bohemia artística, donde se codeó con todos los aspirantes a una gloria literaria que solía resolverse en fracaso, según un título suyo de 1918, El divino fracaso. Había fundado la revista Cervantes con Francisco Villaespesa y fue el mentor de los jóvenes poetas ultraistas entre 1917 y 1919, etapa que satiriza en la novela El movimiento V.P. (1921), una vez se siente relegado por quienes habían sido en alguna medida discípulos suyos.

 

Al periodista Darío Pérez le confesaba en 1930 que su biografía «se reduce a unos cuantos instantes de exaltación espiritual», que se sentía hermanado con Rueda, los Machado, Juan Ramón y Darío en «una gran rebeldía, un gran amor a todo lo proscrito, un ansia retadora de sambenitos y martirios», en la advocación total a la belleza, que está con las vanguardias en el arte y en lo social: «sueño con un futuro en que las masas vivan alegres en un mundo equitativo, moral y armónico, donde el arte surja espontáneo y natural y el genio no tenga ya ese gesto feroz de monstruo acorralado que forzosamente ha de ser hoy el suyo ante unas muchedumbres incapaces de comprenderlo» (Figuras de España). Y en medio de su confidencia, una rápida alusión a su tarea de crítico literario: «No he esperado a que el talento tuviera mayoría de edad para proclamarlo», como así fue. Su participación directa en la sociedad literaria, unida a sus acusadas dotes críticas y su inmenso bagaje de lector, nutren los cuatro volúmenes de La Nueva Literatura (1917-1927) que publica en dos tandas: en 1917 los volúmes I. Los Hermes y II. Las Escuelas, y en 1927 los restantes, III. La Evolución de la Poesía y IV. La Evolución de la Novela, en los que rescató buena parte de los trabajos del libro Poetas y prosistas del Novecientos (1919). Transcurrido más de un decenio, en 1936 Casinos puso el colofón a esta obra con un quinto tomo, La Evolución de los Temas Literarios, que hubo de publicarse en Santiago de Chile. Solo este magno proyecto, con la inmediatez de sus juicios y la interrelación entre creador y medio social (siempre buscó subrayar la trabazón orgánica entre literatura y sociedad), justificaría un lugar para Cansinos en el ensayo literario del siglo xx. Pero aquel inventario de las letras contemporáneas no fue su único empeño crítico ni siquiera su entrada en el género ensayístico. Muy por el contrario, aparte y antes de los citados Poetas y prosistas del Novecientos, Cansinos había publicado el audaz ensayo Estética y erotismo de la pena de muerte. Estética y erotismo de la guerra (1916). Al erotismo, muy vinculado a la voluptuosidad mórbida del fin de siglo, volvió en 1921 con Ética y estética de los sexos (Ensayos de simbólica sexual) y nuevamente en 1925 y 1930, cuando publicó sendas partes del ensayo Los valores eróticos de las religiones, respectivamente De Eros a Cristo y El amor en el Cantar de los Cantares. Otro de los ámbitos de interés de Cansinos fue la cultura judía y su arraigo en España. En la citada entrevista, le dice a Darío Pérez para completar su retrato: «Añada usted a esto mis amistades públicas con la raza israelita, que me han valido un anatema honroso, y que yo considero una de las cosas más bellas y puras de mi vida». De 1914 son las prosas líricas El candelabro de los siete brazos y en 1919 el ensayo España y los judíos españoles. Al tema de la España hebrea volverá muchos años después en Los judíos en Sefarad (Episodio y símbolo) (1950), aparecido en Buenos Aires, pero en 1937 había estudiado la huella del judaísmo limitándose al ámbito literario: Los judíos en la literatura española, también en la capital argentina. A los libros mencionados hay que añadir todavía Salomé en la literatura (1920) y sobre todo Los temas literarios y su interpretación (1924), conjunto de preciosos ensayos de literatura comparada. Dedicó algunos estudios monográficos a novelistas de su promoción, como Sevilla en la literatura (Las novelas sevillanas de José Mas) (1922) o Literaturas del Norte (La obra de Concha Espina) (1924), pero su interés es inferior al de Fiodor Mijailovich Dostoievsky. El novelista del subconsciente, que en la posguerra publicó Aguilar sin año, o el opúsculo de 1934 Ramón J. Sender y la novela social, escrito cuando los jóvenes narradores sociales encontraron en Cansinos un mentor.

 

JG y DRdM

 

Desde el libro de Francisco Fuentes Florido, Rafael Cansinos-Asséns (novelista, poeta, crítico, ensayista y traductor) (Fundación Juan March, Madrid, 1979), el interés por Cansinos ha ido en aumento. Véanse el número de Ínsula, 444-445 (1983) y la contribución de Abelardo Linares, Fortuna y fracaso de Rafael Cansinos-Asséns (Gráficas del Sur, Sevilla, 1978). Guillermo de Torre le había dedicado unas páginas en Las metamorfosis de Proteo (Revista de Occidente, Madrid, 1967, pp. 106-114), la revista El Siglo que Viene le consagra su núm. 22 (1994) y Ramón Oteo Sanz la buena monografía Cansinos Assens: entre el Modernismo y la Vanguardia (Aguaclara, Alicante, 1996), que complementa el trabajo de Ernesto Estrella Cózar, Cansinos Assens y su contexto crítico (Universidad de Granada, 2005). Además, véase Alberto González Troyano, «Introducción» a R. Cansinos Assens, Obra crítica I (Diputación de Sevilla, 1998, p. xi-lix) y la Correspondencia 1916-1955 con Guillermo de Torre, editada por Carlos García (Iberoamericana/Vervuert, Madrid, 2004).