José Bergamín
(Madrid, 1895 – San Sebastián, 1983)
Quizá haya que deslindar en la producción de José Bergamín la abundante escritura aforística de los no menos abundantes ensayos como dos vías opuestas de informar su pasión por las ideas en perpetuo movimiento, las que llamó ideas liebres, enredadas a menudo en una madeja verbal donde el conceptismo y el juego morfológico de estirpe unamunesca provocan, entre la celosía barroca, resplandores de sentido inesperados. El retorcimiento paradójico, la ironía inyectada de ingenio (a veces ponzoñoso), la atracción de la hondura y la seducción de la concisión apotegmática caracterizan su prosa. Su ambición de trascendencia tenía el cuño de su admirado Unamuno, pero la traicionaba a menudo el pirueteo de los vocablos y la tendencia a resolver el pensamiento de manera aforística, sin la continuidad que requiere el desarrollo de la idea.
El camino del aforismo lo había iniciado con El cohete y la estrella (1923), donde ingenio e insolencia juvenil componían un cóctel en boga apadrinado por Juan Ramón, editor y prologuista. Este, en su revista Índice, también le había brindado el foro para sus primeros microensayos, que continuarían apareciendo en las revistas del arte nuevo. En los retratos anónimos de Caracteres (1926) había trasladado al género del retrato su gusto por la abstracción y el esquematismo, pero hasta 1930 no publica su primer ensayo largo, El arte de birlibirloque, dedicado a la tauromaquia. En 1933 coleccionó algunos de sus ensayos sobre la cultura del Siglo de Oro —y en especial sobre el teatro— en Mangas y capirotes, el mismo año que asumía la creación de la revista Cruz y Raya, la más importante de las surgidas bajo la República. En ella vieron la luz numerosos textos que se recogerían en los tres volúmenes de Disparadero español (1936-1940), entre otros «La decadencia del analfabetismo», «La importancia del demonio» (ambos con títulos deliberadamente provocadores) o «El pensamiento hermético de las Artes». En 1934 publica su segundo libro de aforismos, La cabeza a pájaros, que inspiró a Salinas una luminosa precisión: el ingenio en él no es sino un arma punzante para abrirse paso en la comprensión del mundo.
Tras la sublevación militar, Bergamín se puso al servicio de la República. Fue uno de los organizadores del Congreso de Intelectuales Fascistas en 1937, presidió la Alianza de Intelectuales y desempeñó delicadas tareas de gestión en París. En 1939 se trasladó a México, donde fundó las revistas España Peregrina y la editorial Séneca, en la que editó el mecanoscrito de Poeta en Nueva York que le había confiado Lorca. Pese a las penalidades económicas, no dejó de escribir durante su exilio. En México aparecieron los libros de ensayos Detrás de la cruz y El pozo de la angustia (1941), La muerte apagada y El pasajero (1943). En 1942 reunió sus libros aforísticos y Caracteres en Caballito del diablo. En Uruguay publicó Melusina y el espejo y Fronteras infernales de la poesía (1954). Y en Buenos Aires, La corteza de la letra (1958) y Lázaro, don Juan y Segismundo (1959). Con Fronteras infernales de la poesía, que publica Taurus en 1959, se inicia en España el rescate editorial de su obra, que continuará en los años sesenta con Al volver (1962), aunque no será hasta los setenta cuando esta recuperación, coincidiendo con su regreso definitivo en 1970, se haga efectiva: De una España peregrina (1972), Beltenebros y otros ensayos de literatura española (1973), El clavo ardiendo (1974), La importancia del demonio y otras cosas sin importancia (1974), Velado desvelo (1978) y Calderón y cierra España (1979). Colaboró regularmente en la revista Sábado Gráfico y, tras la muerte de Franco, manifestó su disidencia respecto a la índole de transición política que se estaba produciendo. Su radicalización política a comienzos de los ochenta, que culminó en su acercamiento al independentismo abertzale y el traslado de su residencia a San Sebastián en 1982, acaso explique la escasa y remisa atención que han recibido su obra y su figura, ambas excepcionales.
JG y DRdM
Además de Gonzalo Penalva, Tras las huellas de un fantasma: Aproximación a la vida y obra de José Bergamín (Turner, Madrid, 1985) y su edición del Homenaje a José Bergamín (Comunidad de Madrid, Madrid, 1997), es fundamental el libro de Nigel Dennis, José Bergamín: A Critical Introduction, 1920-1936 (University of Toronto Press, 1986) que complementa, para la posguerra, la tesis inédita de Matilde Carramiñana, José Bergamín, ensayista (Universidad Complutense, Madrid, 1990). Otros valiosos estudios son los de J. A. González Casanova, Bergamín a vista de pájaro (Turner, Madrid, 1995) y Jorge Sanz Barajas, José Bergamín: La paradoja en revolución, 1921-1943 (Libertarias, Madrid, 1998). Xavier Sánchez Erauskin hace una buena crónica sobre todo del último Bergamín en José Bergamín, ángel rebelde (Foca, Madrid, 2007).
