Juan Benet
(Madrid, 1927 – 1993)
Juan Benet ha sido probablemente uno de los escritores más originales de las letras españolas, no solo como narrador y novelista, sino también como desafiante impugnador de ideas preconcebidas y arbitrariedades de uso común, en empeño que le acerca llamativamente a la actitud de otra voz discrepante, la de Rafael Sánchez Ferlosio. Antes de la publicación de su primera novela, Volverás a Región, de 1967, había dado ya muestras de un raro talento en el ámbito del ensayo y el relato breve. En este último terreno había publicado en 1961 Nunca llegarás a nada, sin la menor resonancia, y algo después, en 1966, apareció un volumen de ensayos literarios, La inspiración y el estilo (con espléndido prólogo del autor en la reedición de 1973), de valor casi epifánico para algunos muchachos de la época que se llaman Félix de Azúa o Javier Marías, Antonio Martínez Sarrión o Vicente Molina Foix.
Con anterioridad, Benet había escrito en publicaciones como la científica Theoría, y también publicó teatro en otra ilustre cabecera, Revista Española, ambas de los primeros cincuenta. Colaboraría desde muy temprano en las páginas de Revista de Occidente y algo después en Cuadernos para el Diálogo, aunque, como en tantos otros escritores de su misma edad, incrementó notablemente sus colaboraciones periodísticas desde la muerte de Franco, preferentemente en El País. Entretanto, su obra narrativa fue convirtiendo a Benet en un clásico indiscutible, inventor de un denso territorio moral, Región, levantado y explorado en obras como Una meditación (Premio Biblioteca Breve 1969), Un viaje de invierno (1972), Herrumbrosas lanzas (1983-1986) o la que quizá pueda considerarse su mejor novela, Saúl ante Samuel (de 1980, pero corregida por el autor en 1992). Como escribió Félix de Azúa en 1993, «todos los libros de Benet tienen el mismo motivo: la fidelidad y la entereza con la que algunos hombres y casi todas las mujeres sobreviven a su propia destrucción».
La originalidad del ensayo benetiano es correlativa con la diversidad de formatos que supo darle. Practicó ejercicios narrativos que se convierten en notas de lectura crítica (como su relato del hallazgo de Cien años de soledad), trazó semblanzas personales de lucidez y humor insuperables —como las de Baroja, Martín-Santos o el crítico Rafael Vázquez-Zamora, en trabajos reunidos en Otoño en Madrid hacia 1950 (1987)—, pasando por textos más confidenciales sobre su etapa de conspirador antifranquista en el entorno de Dionisio Ridruejo (en Sobre la incertidumbre, de 1982). Tentado por la provocación —como en el elogio de la política hidráulica del franquismo o el vituperio de Pérez Galdós—, sus ensayos se escriben con la elasticidad de un estilo de largo, seguro y sinuoso período, además de particularmente sensible a las sutilezas de la ironía o las descargas del sarcasmo.
Fue un obsesivo conocedor de los movimientos militares de la Guerra Civil (suyo era el folleto de La Gaya Ciencia de 1976, luego ampliado con otros textos en La sombra de la guerra, 1999) y cultivó con asiduidad otras curiosidades más próximas a su dedicación profesional de ingeniero. En parte en esta vertiente cabría situar el hermoso volumen titulado La construcción de la torre de Babel (1990), en cuyo prólogo declaraba con ironía: «De haber perseverado en la investigación habría hecho un largo ensayo para titularlo a la inglesa: “An approach to the origins...”, pero no me he atrevido a tanto». Otros títulos en los que reunió sus ensayos, de tema literario o no, fueron En ciernes (1976), La moviola de Eurípides y otros ensayos (1981), y las compilaciones de sus primeros Artículos (1962-1977) (1983) y Páginas impares (1997). Su recorrido por el Londres victoriano (1989) fue modélico y divertido y hoy contamos con entrevistas y algún excepcional trabajo inédito rescatados gracias a la editorial Cuatro de Valladolid y el empeño de Mauricio Jalón en tres volúmenes, Cartografía personal (1997), Una biografía literaria (2007) e Infidelidad del regreso (2007).
JG y DRdM
El análisis de su considerable obra ensayística ha sido escaso, lo que en parte iniciaron un monográfico de la revista Ínsula de 1993 y un dossier de la revista Archipiélago (1993). Del personaje se ocupa Javier Marías en distintos trabajos de Literatura y fantasma (Siruela, Madrid, 1993) y es útil el compendio que edita Kathelin Vernon, Juan Benet (Taurus, Madrid, 1986). Aborda su obra en un intento de síntesis Francisco García Pérez, Una meditación sobre Juan Benet (Alfaguara, Madrid, 1998), Eduardo Chamorro cuenta anécdotas en Juan Benet y el aliento del espíritu sobre las aguas (Muchnik, Madrid, 2001), además del estudio de Ken Benson, Razón y espíritu. Análisis de la dualidad subyacente en el discurso de Juan Benet (Universidad de Estocolmo, 1989), mientras que Antonia Molina Ortega ha integrado el ensayo en su explicación de Las otras regiones de Juan Benet (Universidad de Salamanca, 2007). Hoy están disponibles todas sus obras en ediciones cuidadas por Ignacio Echevarría en la colección Debolsillo, incluida una selección de sus ensayos con el título Ensayos de incertidumbre (Lumen, Barcelona, 2012). Pueden verse las aportaciones críticas y testimoniales de Mauricio Jalón, Antonio Martínez Sarrión e Ignacio Echevarría sobre su ensayismo en J. Gracia y D. Ródenas, eds., Ondulaciones. El ensayo literario en la España del siglo xx (Iberoamericana, Madrid, 2015).
