Las llamadas bebidas energéticas han disparado sus ventas en los últimos años y se han hecho un hueco en los hábitos de consumo de los más jóvenes. Dos de cada tres adolescentes y el 15% de los niños toman estos refrescos ricos en cafeína y azúcar. Estas bebidas se promocionan como productos que aumentan la capacidad física, la concentración y el estado de alerta, y que sirven para reducir los síntomas propios de la reseca tras la ingesta abundante de alcohol.

Aunque las autoridades sanitarias recomiendan que los adolescentes no consuman estas bebidas de forma habitual, y en todo caso nunca mezcladas con alcohol, el 12% de los adolescentes ingieren altas cantidades de forma sistemática y a menudo en combinación con bebidas alcohólicas. Detrás de este comportamiento está la creencia extendida de que las bebidas energéticas contrarrestan los efectos negativos del alcohol sobre la alerta y la coordinación. A continuación, se desmonta y analiza este mito, así como los posibles efectos nocivos de la mezcla de bebidas energéticas y alcohol, de los cuales los más jóvenes tienen poca conciencia. 

Evaluación

El mensaje “El consumo de bebidas energéticas contrarresta los efectos cognitivos del alcohol” es probablemente falso

El mensaje evaluado se considera “probablemente falso” porque las pruebas científicas disponibles muestran que el consumo combinado de bebidas energéticas y alcohólicas podría no disminuir los efectos negativos del alcohol a nivel cognitivo (sedación, descoordinación motora, etc.). Esto es particularmente evidente cuando se llevan a cabo tareas complejas como, por ejemplo, conducir un coche. Aunque las bebidas energéticas pueden elevar la percepción subjetiva de un mayor nivel de alerta, no parecen contrarrestar los efectos depresores del alcohol. Además, las bebidas energéticas combinadas al alcohol podrían favorecer las conductas de riesgo y la adicción al alcohol y otras sustancias.