Ahora que hay pruebas científicas sólidas de que el abuso de azúcar se ha convertido en uno de los principales enemigos públicos de la salud, los edulcorantes parecen tener un cierto protagonismo en la dieta. La sacarina, la estevia y tantos otros edulcorantes artificiales se utilizan de forma habitual como sustitutos del azúcar de mesa para endulzar un café o una infusión, pero también como componentes de infinidad de alimentos procesados. Sin embargo, estos sustitutos del azúcar no están exentos de polémica, pues proliferan los mensajes que hacen dudar sobre su seguridad y los relacionan con diferentes riesgos para la salud.

¿Realmente los edulcorantes artificiales son seguros? ¿Favorecen acaso el desarrollo de algunas enfermedades? Sobre la primera cuestión hay que recordar que, como ocurre con todos los aditivos autorizados, estas sustancias han demostrado ser seguras dentro de unos límites de consumo que se establecen de forma individual para cada edulcorante (un amplio margen de seguridad definido por la denominada ingesta diaria admisible). La segunda cuestión, que es la que aquí se aborda, es más complicada de estudiar, pues tiene que ver con la posibilidad de que los edulcorantes favorezcan el desarrollo de la obesidad, la diabetes, el cáncer y otras enfermedades. Sobre este asunto circulan creencias sin fundamento que confluyen en la idea de que los edulcorantes artificiales son perjudiciales para la salud, un mito que a continuación tratamos de analizar y desmitificar.

Evaluación

El mensaje: “Los edulcorantes artificiales son perjudiciales para la salud” es probablemente falso

Para evaluar este mensaje se ha revisado la literatura científica que ha investigado si el consumo de edulcorantes aumenta o no el riesgo de enfermedades y de mortalidad. En concreto, se han analizado los efectos de los edulcorantes artificiales sobre la obesidad, la diabetes, el apetito y la sensación de saciedad, además del desarrollo de cáncer. La confianza que merecen los resultados de las investigaciones sobre cada uno de estos efectos se detalla más adelante, pero en su conjunto indican que los edulcorantes no son probablemente perjudiciales para la salud.