El aceite de palma, un ingrediente habitual en numerosos alimentos procesados (galletas, bollería, salsas, helados, aperitivos dulces y salados, palitos de pan, etc.) no tiene buena prensa. En los últimos tiempos circulan mensajes que asocian esta grasa con problemas para la salud, relacionados en especial con su elevado contenido en ácidos grasos saturados y su procesamiento industrial. Algún hipermercado se ha planteado incluso retirar este ingrediente de todos los productos de su marca blanca. Lógicamente, existe una cierta preocupación entre la ciudadanía por saber si el aceite de palma es o no perjudicial para la salud.

Evaluación

El mensaje: “El aceite de palma es más perjudicial para la salud que otras grasas de uso similar” es incierto

El consumo de aceite de palma es potencialmente perjudicial en la medida en que contiene un elevado porcentaje de grasas saturadas (50%), cuyo consumo excesivo se considera nocivo para la salud. Los estudios realizados muestran que el aceite de palma eleva el colesterol y otros lípidos en la sangre, lo cual se asocia un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Pero estos estudios son de calidad moderada-baja y no ofrecen datos concluyentes sobre si este aceite es o no más perjudicial que otros aceites vegetales de usos similares, que las grasas trans y que las grasas saturadas de origen animal. 

Faltan estudios de calidad para responder estas cuestiones, lo mismo que faltan estudios que aclaren si el aceite de palma aumenta o no el riesgo de mortalidad precoz y de sufrir ciertas enfermedades. Por todo ello, la afirmación global de que el aceite de palma es más perjudicial que otras grasas de uso alimentario es incierta.