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Noticias falsas, periodismo y redes sociales

Noticias falsas, periodismo y redes sociales

Artículo de opinión de Joan Maria Corbella, profesor del Departamento de Comunicación de la UPF, docente en el Máster en Comunicación Política e Institucional y el Máster en Periodismo Deportivo de la UPF Barcelona School of Management.

09.01.2018

Noticias falsas, tergiversadas o verdades a medias han publicado siempre los medios de comunicación, por varias razones.

La primera, por intereses políticos y/o económicos legítimos o menos legítimos (si el medio se autotitula “independiente”) de los propietarios o directivos de los propios medios. Nada a decir si no se ocultan estos intereses, ya que el ciudadano no se puede sentir engañado y forma parte del “contrato” entre el medio y él: “tú ya me conoces y sabes qué propuesta editorial te hago, y si no compartes mi línea, busca otro medio”.

La segunda razón obedece a intereses comerciales de los medios (vender más, obtener más audiencia). La elaboración del menú informativo que ofrece un diario en papel o digital, una cadena de radio o de televisión se debe hacer de acuerdo con los principios fundamentales del periodismo, como son el interés intrínseco e innegociable del tema a tratar, el interés específico para una comunidad de ciudadanos/as, sea por su proximidad territorial o temática y la oportunidad temporal, entre los más destacados. Muy a menudo los medios fuerzan estos principios para dar cabida a contenidos más o menos discutibles para ganar audiencia o ventas, con el argumento de que el periodismo además de un servicio esencial para la sociedad es una actividad económica y hay que ofrecer contenidos menos trascendentes pero que cautivan. Hace muchos años se hablaba del periodismo que incluyera “noticias de interés humano”, como si la política o la economía no lo fueran. Desde hace unos años, se habla de los “clickbaits” o noticias gancho para aferrarse a los lectores con titulares que atrapan. El último paso es el de las noticias falsas (fake news), un concepto que ahora lo arrastra todo: falsas de verdad, tergiversadas, poco verificadas, suministrados por terceros con intereses oscuros, etc.

Esta tendencia, además de los motivos económicos, se ha podido hacer más presente por una tercera razón: la mala praxis profesional. Las normas profesionales de los medios periodísticos con más solera en el mundo son muy exigentes en cuanto al cuidado con que se obtiene y se trata la información. Recuerdo alguno muy importante en el país, que decía que no se podía publicar nada que no se hubiera verificado con tres fuentes diferentes. Si esto se sigue haciendo así, los medios publicarían muy poco como novedad o exclusiva, ya que la competencia se les adelantaría de seguro, y -en la batalla comercial del periodismo- el sacrificado ha sido la buena praxis. Y más si ante la crisis económica de los periódicos y los medios en general, las redacciones se han ido despoblando de periodistas, con lo que las notas de prensa ofrecidas por empresas y agencias de comunicación saltan con gran facilidad todos los filtros de unas redacciones desguarnecidas.

Estos factores han propiciado la aparición de medios digitales poco exigentes con el rigor, mal dotados de equipos periodísticos para ejercer su función en un entorno de competencia feroz entre unos y otros. Unos han prosperado y convertido en referentes para sectores de la población poco exigentes con la calidad y el método periodístico, otros por su militancia en la defensa de causas concretas, y han acabado obteniendo el reconocimiento como prescriptores para los públicos a los que destinan sus servicios periodísticos.

Y la profusión de prescriptores o medios de referencia de este tipo no ha hecho sino contribuir a que la información sea considerada como un bien de consumo al que se exige poco y del que preocupa poco la procedencia, mientras aporte alguna satisfacción de necesidades ( informativas, entretenimiento, curiosidad). Y aquí juega de manera importante el conjunto de redes sociales como distribuidoras de información de procedencia y veracidad dudosa junto a la de fuentes periodísticas solventes, en confluencia con el propio flujo que proporcionan las redes. Esto contribuye no sólo a popularizar equivocadamente el mito de la desintermediación del periodista entre la realidad y los ciudadanos/as sino también a la depauperación del periodismo por su excesiva mercantilización.

Previsiblemente, los próximos años deberán ser los de la regeneración de la necesidad social y política del periodismo riguroso y exigente.

Artículo de opinión de Joan Maria Corbella, profesor del Departamento de Comunicación de la UPF, docente en el Máster en Comunicación Política e Institucional y el Máster en Periodismo Deportivo de la UPF Barcelona School of Management.

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