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Mucho ruido y pocas nueces en la COP25- Lela Melón i Ester Oliveras

Mucho ruido y pocas nueces en la COP25- Lela Melón i Ester Oliveras

Artículo de opinión de Lela Mélon, investigadora Marie Curie del Departamento de Derecho, y Ester Oliveras, profesora del Departamento de Economía y Empresa y delegada de sostenibilidad de la UPF.

16.12.2019

 

Poder actuar como personas observadoras de la COP25, aunque sea durante unos días, ha sido un gran privilegio. Más de 30.000 participantes tratando de abordar un reto global: la crisis climática. La diversidad cultural, los centenares de actores, la diversidad de opiniones y miradas, convierte la COP en un caleidoscopio abrumador. La variedad y abundancia de actividades aseguran que cada minuto dedicado a la COP25 contribuye al conocimiento y la comprensión de la naturaleza del cambio climático y sus soluciones.

El primer requisito para superar una COP es familiarizarse con los acrónimos: los RINGOS son las personas investigadoras; los BINGOS las representantes de empresas e industrias; los YOUNGO, las personas jóvenes, y un largo etcétera. Cada mañana hay sesiones informativas de estos grupos, en la que se realiza un resumen de los avances realizados y se comenta la agenda del día. Para una persona novata, se hace muy evidente que desde la primera COP, celebrada en Berlín en 1995, ha habido tiempo de crear una cultura y una forma de organizarse propias.

Físicamente, el evento estaba dividido en dos grandes zonas: la zona azul, reservada a las partes negociadoras y las personas observadoras, y la zona verde, mucho más abierta, permitiendo la interacción entre el público general y el académico. En la zona azul se desplegaban discusiones a nivel académico, político, y empresarial.

Sin perder de vista que el objetivo principal de las COP es revisar los inventarios de las emisiones de las partes, evaluar los efectos de las medidas adoptadas, y valorar el progreso realizado, es una sorpresa ver enormes anuncios de empresas del IBEX35 en las zonas verde y azul. Debates y mesas redondas en que los directivos de multinacionales exponían los proyectos medioambientales que se quieren sacar adelante. Incluso Arabia Saudí tenía espacio para un gran pabellón en la zona azul y presumía de su gran contribución a la lucha contra el cambio climático. Con esto, queremos decir que, quizás a la hora de mostrar una cara verde, todo el mundo está a punto, pero poner negro sobre blanco en un acuerdo tiene más dificultad. Es sabido que algunas de las empresas anunciantes y participantes en los paneles tienen lobbies poderosos que, en pasado, han presionado a gobiernos por acuerdos que no les compliquen demasiado los negocios. Solamente en un rincón de la zona azul había algunas  empresas de cultivo de algas, energía eólica, y paneles solares. Destacar que la organización del evento fue coherente: comida vegana, transporte público gratuito, agua suministrada a través de fuentes para llenar una botella de vidrio reutilizable, y vasos biodegradables.

El evento principal también está acompañado de eventos privados como el organizado por la Universidad Bocconi sobre negocios sostenibles, sesiones plenarias con la joven activista climática Greta Thunberg, y eventos más académicos como el evento RINGO con el simulador de soluciones climáticas de climate interactive.

Ya puede afirmarse que la COP25 ha sido un fracaso. La dificultad para pactar el desarrollo del artículo 6 del acuerdo de París y la falta de compromiso de grandes emisores, como Estados Unidos y China, así lo demuestran. La COP26 tendrá lugar el 2020 en Glasgow y se considera un punto de inflexión importante en la que se debería empezar a certificar una disminución de los gases de efecto invernadero. Esperamos poder volver a participar como observadoras y aportar nuestro granito de arena a la solución.

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