Tu beldad, Clori, adoré

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A UNA DAMA QUE, HABIENDO DEJADO UN GALÁN POR OTRO MÁS RICO, VOLVÍA A PROCURAR SU AMISTAD
 
Tu beldad, Clori, adoré,
culto aun a tu sombra di,
sacrificándote en mí
cuanto me dictó mi fe.
5 Gloriosa, pues, llama sé
que aun en tus ojos lucía,
cuando yo víctima ardía
en tus aras; mas después
desvaneció el interés
l0 la pobre ceniza mía.
 
Oro te suspendió, y plata,
que lo que consume el fuego
humo es, inútil, y juego
del aire que lo desata;
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tú, a los metales más grata
que al afecto del amante,
le corriste en un instante
a tu hermosura divina
desde la primer cortina
20 hasta el último volante.
 
Tanto en pocos días, y tal,
vistió tus paredes voto,
que quebró con lo devoto
ateísta su caudal,
25 y con aversión igual
a su fe primera, el culto
negando a tu bello vulto,
             el esplendor juzga vano
de todo mármol humano,
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si bien dulcemente esculto.
 
Perdóneme tu deidad
si acusare tu jüicio,
pues segundo sacrificio
pides a mi libertad;
35 si cudicia o voluntad
absolvieron un düelo,
si escapó, lamido el pelo
de tu llama, el desengaño,
¿víctima bruta otro año
40 me quieres? Corre tu velo.