De un monte en los senos, donde

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De un monte en los senos, donde

daba un tronco entre unas peñas

dulces sonorosas señas

de los cristales que esconde,
5 Eco, que al latir responde
del sabueso diligente,
condujo, perlas su frente,
fatigada cazadora,
que blancos lilios fue un hora
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a las orlas de la fuente.
Montaña que, eminente,
             al viento tus encinas
sonantes cuernos son, roncas bocinas:
toca, toca, toca,
25  monteros convoca
tras la blanca cierva
que, sudando aljófar,
corona la hierba.
 
Treguas poniendo al calor,
20 lisonjean su fatiga,
no sé cuáles plumas diga,
del Céfiro o del Amor;
no a blanca o purpúrea flor
abeja, más diligente,
25 liba el rocío luciente,
que las dos alas, sin verlas,
desvanecieron las perlas
que invidia el nácar de oriente.
Montaña que, eminente,
30 al viento tus encinas
sonantes cuernos son, roncas bocinas:
toca, toca, toca,
monteros convoca
tras la blanca cierva
35 que, sudando aljófar,
corona la hierba.
 
De Clori bebe, el oído,
el son del agua risueño,
y al instrumento del sueño
40 cuerdas ministra el rüido;
duerme y, Narciso, Cupido
cuando más está pendiente,
no sobre el cristal corriente,
sobre el dormido cristal,
45 fiera, rompiendo el jaral,
rompe el sueño juntamente.
Montaña que, eminente
al viento tus encinas
sonantes cuernos son, roncas bocinas:
50 toca, toca, toca,
monteros convoca
tras la blanca cierva
que, sudando aljófar,
corona la hierba.