Moriste en plumas no, en prudencia cano

273
(1614)
 
 
AL CONDE DE LEMUS, HABIENDO VENIDO NUEVA DE QUE ERA MUERTO EN NÁPOLES
 
             Moriste en plumas no, en prudencia cano,
gloria de Castro, invidia de Caístro,
cisne gentil cuyo final acento
entre fieras naciones sacó al Istro
5 lágrimas, y al segundo rio africano
señas, aunque bozal, de sentimiento.
Moriste, y en las alas fue del viento
lastimando tu dulce voz postrera
las orillas del Ganges, la ribera
10 del rey del Occidente,
flechero Parahuay, que de veneno
la aljaba armado, de impiedad el seno,
tu fin sintió doliente.
¡Oh tú, que de Sebeto en las arenas
15 mueres cisne llorado de sirenas!
 
Brazos te fueron de las Gracias cuna
y de las Musas sueño la armonía
en tus primeros generosos paños.
Dichoso el esplendor vieras del día
20 si la que el oro ya de tu fortuna
el estambre hilara de tus años.
¡Oh de la muerte irrevocables daños,
si de la invidia no ejecución fiera!
Parca cruel, más que las tres severa,
25 si alimentan tu hambre
sierpes del Ponto y áspides del Nilo,
¿cuál pudo humedecer livor el hilo
de aquel vital estambre?
Camisa del Centauro fue su vida,
30 aun antes abrasada que vestida.
 
No entre delicias, no, si ya criado
entre grandezas, de la falda amada
a la magistral férula saliste.
En letras luego, en generosa espada
35 de Quirón no biforme ejercitado,
togado Aquiles cultamente fuiste.
Cuando de flores ya el vulto se viste,
al fogoso caballo Valenzuela
purpúreas plumas dándole tu espuela,
40 en el oficio duro
de la robusta caza, las riberas
del Sil te vieron fatigar las fieras,
y aun a su cristal puro
  de tu lanza llegar atravesado
45 el mismo viento en forma de venado.
 
De semidioses hija, bella esposa,
que nácar su color, perlas su frente
corona de crepúsculos del día,
la tea de Himeneo mal luciente
50 te condujo ya al tálamo, y la rosa
que a las perlas del Alba aún no se abría
libaste en paz. Mas, ay, que la armonía
del coro virginal, gemido alterno
de ave nocturna o pájaro de Averno
55 interrumpió no en vano.
Tú, a pesar de prodigios tantos, hecho,
si abejas los amores, corcho el lecho,
el néctar soberano
despreciabas de Júpiter dormido,
60 al ventilar alado de Cupido.