Comentario a «Verde el cabello undoso», por José María Micó

Casi todos los poemas gongorinos de 1606 y 1607 guardan relación con don Francisco de Guzmán y Zúñiga, Marqués de Ayamonte. En el otoño de 1606 se daba por seguro que el Marqués iría como virrey a México, y don Luis, que ya le había dedicado algunos desvelos, escribió el soneto «Velero bosque de árboles poblado» (M 283) y la presente canción. Al final, bien «por no querer pasar allá la Marquesa» (Luis Cabrera de Córdoba, Relaciones, pág. 298 [20 de enero de 1607]), bien por otras razones (cfr. D. Alonso, Obras completas, VI, págs. 153-156), el marqués renunció al virreinato, «que era desvío y parecía mercedes», según dijo don Luis a toro pasado.

En el poema, Tritón convoca con su caracola a las divinidades marinas, entona una ingeniosa alabanza de los viajeros -especialmente de la Marquesa- y les desea una feliz travesía. Entre los esquemas de la perspectiva literaria puede reconocerse el género propémptico, reservado para circunstancias parecidas y propio de la poesía panegírica (cfr. J. C. Escalígero, Poetices libri septem, III, ciii, y comp. por ejemplo la canción de Lope de Vega A la venida de Italia a España del... Duque de Osuna, comentada por J. de Entrambasaguas, Estudios sobre Lope de Vega, Madrid, 1967, II, págs. 413-504). Además de las coincidencias de detalle con otros poemas del mismo 'ciclo' (cfr. R. Jammes, pág. 231 [275-276]), algunos motivos marítimos y la descripción de la belleza femenina anticipan varios pasajes del Polifemo.

No hay a mi entender ninguna variante que exija la mano de Góngora: casi todas son errores de copia o imprenta que atentan contra el sentido o la rima; no encuentro motivos para modificar el v. 34 y editar ondas (como hace A. Suárez Miramón, Antología poética, pág. 144, creyéndolo «más poético»): aparte la acreditación textual, olas tiene la ventaja de no repetir el v. 9.

 

Canción alirada (o sexteto-lira)  a  B  a  B  c  C.

Además de los hipérbatos más notables (7-8, 28, 31-32), ya inventariados por D. Alonso en La lengua poética (Obras completas, V, pág. 210), y algunas diéresis corrientes (18, 32, 34), destacan las sinéresis de sean (33) y lisonjee (41), esta última sinalefando (cfr. otro caso, sin sinalefa, en el soneto «Sacros, altos, dorados capiteles» [M 255], 9: «Perdone el tiempo, lisonjee la Parca»).