Comentario a «Abra dorada llave», por José María Micó

No es fácil decidir cuáles son la fecha y la circunstancia exactas del poema. El repaso de las dudas y contradicciones de los testimonios antiguos sería el cuento de nunca acabar. Basten las más llamativas. Se contradicen la fecha (1603) y el epígrafe de Ch: «En el dichoso parto de la Señora Reina D. Margarita, cuando nació el Rey D. Felipe IIII N. S.» (el rey poeta nació en 1605); se contradicen el epígrafe y el comentario de Angulo y Pulgar: dice que el poema se dedica al rey y a la reina, «estando la primera vez preñada», pero luego ve en el v. 18 («si ha pocos años que nació la Aurora») una alusión a «la reina de Francia» (es decir, doña Ana de Austria, hermana de Felipe IV, nacida en 1601). El epígrafe de Ho (cfr. también el del ms. H) sólo es válido, si acaso, para la primera estrofa del poema («Al año de 1600 [mejor, 1601], que fue el tercero del reinado de Felipe Tercero nuestro señor»), porque, aparte el discutible acierto en la fecha, no da cumplida cuenta del asunto de la composición. También errado, pero muy significativo, es el epígrafe de B: «En el casamiento del rey Filipo Tercero».

Ya se ve que las cosas andaban poco claras en lo antiguo, porque tampoco le faltan incongruencias a los comentarios de Salcedo y Angulo. Y, asimismo, en las explicaciones modernas «nous allons de contradiction en contradiction» (R. Jammes, «Études sur Nicolás Antonio», pág. 40). Foulché-Delbosc aceptó el epígrafe de Ch y cambió su fecha por la de 1605. Artigas (págs. 87-89) y Millé (nota al núm. 391) defendieron la fecha de 1603, suponiendo que don Luis se hizo eco de los rumores que corrían por Valladolid en el otoño de ese año («la sospecha del preñado de la reina», dice el cronista Cabrera de Córdoba, Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España, desde 1599 hasta 1614, Madrid, 1857, pág. 189). No obstante, un cúmulo de coincidencias desgraciadas (cronológicas, textuales, metafóricas...) nos impide tomar partido por una solución irreprochable.

El estudio más concienzudo del poema es del de R. Jammes, basado en las apostillas de Nicolás Antonio al comentario de Salcedo Coronel; con la ayuda del aragonés y el epígrafe, ligeramente medificado, de Ho, «tout devient clair: il s'agit du début du siècle (la edad) et la trisième année du regne de Philippe III (tercer año), dont le père, Philippe II, était mort le 13 de septembre 1598; le poète souhaite que cette année apporte un héritier (Traíganos a Lucina et non Tráiganos hoy Lucina) au Palais royal (venera) où réside Marguerite, la perle qui fait naître des perles, semblable en cela à l'aurore, à qui elle est comparable également pour sa jeunesse (Marguerite avait seize ans au dédut de 1601); il invoque enfine Minerve, déesse industrieuse symbolisant la prévoyance et les vertus domestiques (el huso), mais aussi déesse casquée et armée (la lanza): qu'elle vienne faire l'éducation du futur prince» («Études sur Nicolás Antonio», pág. 40). Pero creo que esa interpretación, hasta ahora la más satisfactoria, no «résout définitivement» el problema, y tiene al menos una dificultad de bulto, porque no parece demasiado justificada la corrección del verso 13: si apelamos a los criterios más sensatos de la crítica textual, la preposición a parece haberse originado, sencillamente, en un error paleográfico, y hoy (en los mss. oi) es una lectio difficilior que está además en correspondencia con el hoy del v. 7 y el ahora del v. 17; así, la relación oi > a (un error por trivialización) es textualmente mucho más verosímil que la inversa. En el ms. P - nueva incongruencia - se escribió primero a, y en una nota marginal se opina que la lectura hoy «no tiene construcción», pero el texto fue corregido y el comentario de Angulo y Pulgar se basa finalmente en la lectura de Ch, que a mí no me parece necesariamente incorrecta.

Es preciso partir de dos premisas seguras: la primera, que la circunstancia del poema no es un «dichoso parto» (Ch) o nacimiento, sino un embarazo de la reina Margarita (que podría ser real, supuesto o, sencillamente, deseado y vaticinado); la segunda, que el poema se compuso al comenzar un nuevo año («el nuevo Jano»).

Así, no entiendo cómo a nadie se le ha ocurrido pensar - con más precisión o decisión que Millé - en la posibilidad de que el poema se escribiese en enero de 1603: la reina estaba embarazada de la infanta María, que nació el primero de febrero y murió sin cumplir el mes, y además comenzaba el tercer año del nuevo siglo. El mismo Cabrera de Córdoba, testigo de los posteriores rumores de septiembre, escribe en Valladolid que «vanse previniendo muchos regocijos y fiestas para el buen alumbramiento de la reina, el cual plegue a Dios sea un Príncipe, como se desea» (Relaciones, pág. 164 [25 de enero]); unos días después el cronista ponderó «el poco contento que mostraron en Palacio cuando nació [una segunda infanta], porque se esperaba que había de nacer un Príncipe con que se alegraran estos reinos; para lo cual se iban previniendo muchos regocijos» (Relaciones, pág. 167; pasaje, por cierto, recordado por Millé). Quizá esa posibilidad, que además no nos obliga a modificar la fecha de Chacón, se acomode mejor con el texto del poema.

De todos modos, entre las pocas virtudes de los poemas de ocasión está la de recuperar su vigencia cuando se repite la circunstancia que los originó, y no es imposible que el poema de Góngora (que no se cuenta precisamente entre los más memorables), recuperase su actualidad en 1605 como uno más de los natalicios de Felipe IV compuestos por varios poetas de mérito: Villamediana (núms. 53 y 54, págs. 133-134), López de Zárate (II, págs. 9-11), Bartolomé Leonardo (núm. 172: II, pág. 110) o el mismo Lope de Vega, quien, en tácita competencia con don Luis, escribió en 1605 una Canción al dichoso parto de la Reina nuestra señora (cfr. J. de Entrambasaguas, Lope de Vega en las justas poéticas toledanas de 1605 y 1608, Madrid, 1969, págs. 72-80, y E. Orozco, Lope y Góngora frente a frente, pág. 130).

Aparte de los consabidos leísmos, Ch presenta sin duda el mejor texto del poema, y las variantes de los demás testimonios no hacen sino trivializar sus complejidades y dificultades.

 

Canción alirada a  B  a  B  c  C.