Ejes transversales
Atendiendo a los escenarios globales y cambiantes en los que la Universidad Pompeu Fabra está inmersa, se identifican unos elementos clave de transformación a los que se quiere dar una consideración especial de cara a la evolución de nuestra institución durante los próximos años. Bajo la idea de la transversalidad, los siguientes cuatro ejes constituyen vectores que impregnan todos los ámbitos de la estrategia y que permiten concretar y estimular numerosas estrategias para cada uno de ellos.
Mantenerse como una universidad preeminente en Europa, con proyección global
Es necesario profundizar en el tema de nuestra internacionalización tanto hacia dentro de la Universidad como hacia el exterior, con el objetivo de consolidar la UPF como una universidad catalana reconocida en todo el mundo. Para poder alcanzar este objetivo es necesario que seamos una universidad plenamente multilingüe, capaz de atraer talento de todas partes y con una sólida reputación internacional por la calidad de la investigación; el prestigio de los profesores e investigadores y de todo el personal que en ella trabaja; la satisfacción de las personas y las fructíferas carreras profesionales de los alumni. La promoción del multilingüismo debe ir acompañada de la defensa del catalán, como lengua propia de la Universidad, para potenciar su uso, garantizar su presencia en todos los ámbitos y prestigiarla. Es preciso, también, que potenciemos la movilidad internacional, la colaboración con instituciones científicas de todo el mundo y el trabajo en el marco de redes e iniciativas internacionales de primer nivel, y que lo cuidemos. La UPF debe ser selectiva en la elección de los arcos de cooperación en los que participa, y debe desempeñar un papel proactivo que ayude a impulsar mejoras en el ámbito de la enseñanza superior y contribuya a construir una sociedad más cohesionada, más equitativa y más justa.
Es necesario, pues, que desarrollemos una cultura de universidad internacional, con un alto nivel de calidad de los servicios, de relevancia de nuestras actividades y de prestigio de nuestro profesorado que impregnen la estructura y el funcionamiento general de la Universidad.
Consolidarse como una universidad socialmente responsable y sostenible
Es necesario que sigamos siendo una universidad de tamaño medio y cercano, sensible a nuestro entorno, socialmente responsable en nuestras relaciones con múltiples agentes culturales, sociales y económicos, y que aportemos respuestas a las necesidades del país y del mundo. Queremos apostar por un modelo transformador de la responsabilidad social, de carácter integral, que incorpore todos los ámbitos de nuestra universidad y aspire a la excelencia.
Es necesario que promovamos y que garanticemos colectivamente las múltiples dimensiones de la responsabilidad universitaria –la sostenibilidad ambiental, la conciencia ética, el impulso de la lengua catalana, la perspectiva de género, la solidaridad y la cooperación, el voluntariado, la promoción de hábitos de vida saludables o la atención a la diversidad funcional–, como componentes esenciales de una universidad con espíritu responsable, y que nos comprometamos a ello. Pensar la Universidad como un espacio de reflexión crítica, accesible y abierto a la sociedad es un requisito necesario para que puedan sentirse acogidos diferentes colectivos, como la gente mayor, los estudiantes de secundaria o nuestros vecinos más cercanos. Durante los próximos años la UPF debe intensificar aún más su labor científica e institucional para hacer frente a los desafíos inherentes al bienestar de la sociedad.
Fortalecerse como una universidad que trabaja en red
Hay que desarrollar todavía más las capacidades colaborativas entre los diferentes colectivos y entre las diferentes unidades y servicios de la Universidad para poder trabajar de manera más personalizada, flexible e integrada, tanto interna como externamente.
Es necesario que tejamos vínculos más intensos con las entidades e instituciones de nuestro entorno, a todos los niveles, sobre las cuestiones que consideramos prioritarias; que aportemos valor y que aprovechemos todas las oportunidades de aprender de estos intercambios para mejorar nuestras actividades vinculadas a la docencia, la investigación, la innovación, la transferencia de conocimiento. La Universidad Pompeu Fabra forma parte de un ecosistema que, en su diversidad, la hace más fuerte y le ayuda a obtener el máximo rendimiento de su especialización.
Hay que multiplicar y profundizar en las relaciones que la Universidad tiene con sus interlocutores del mundo profesional, social, productivo o cultural y realizar aportaciones diferenciales, singulares, difícilmente imitables, que contribuyan a fortalecer nuestra reputación.
Para fomentar este eje transversal –y también los demás– es necesario saber aprovechar al máximo las oportunidades que ofrecen los progresos tecnológicos, y muy especialmente los vinculados a la inteligencia artificial generativa.
Convertirse en una universidad de máxima calidad, que actúa a partir de evidencias y que se evalúa
Es necesario afianzar nuestro compromiso riguroso con la investigación y la transferencia, con la innovación docente y con la mejora continua. La excelencia solo es posible si la Universidad actúa a partir de evidencias, basando sus decisiones en datos fiables, en resultados de evaluación y en un análisis crítico de los procesos institucionales. Es necesario fomentar todavía más una cultura organizativa que valore la transparencia, la reflexión y la toma de decisiones informadas, velando en todo momento para que todos los ámbitos de la Universidad –desde la gestión hasta la docencia, la investigación y la transferencia– estén orientados a la excelencia y a la mejora continua. La autoevaluación sistemática debe ser un elemento central de este proceso, que ha de permitirnos reconocer lo que hacemos bien, identificar los puntos fuertes y las áreas de mejora e impulsar la innovación y la adaptación a los cambios del contexto académico y social. En este sentido, es necesario entender la autoevaluación como la expresión de un compromiso profundo con la voluntad de mejorar, no como un ejercicio de fiscalización. Es preciso que esta vocación de excelencia vaya acompañada de un compromiso permanente con la calidad y la responsabilidad, tomando como referencia los estándares nacionales e internacionales más exigentes. Es necesario, también, que la Universidad se abra más a la sociedad, que colabore activamente con sus actores y que se posicione como referente en la generación de conocimiento relevante. La autoevaluación no debe servir solo para mejorar internamente, sino también para demostrar públicamente nuestra trayectoria y nuestros resultados, para reforzar la confianza de los estudiantes; graduados; personal técnico, de gestión y de administración y servicios; del profesorado; de los investigadores, y de la sociedad en general. Así es como la Universidad se convierte en un espacio de referencia, abierto, crítico y comprometido con la calidad y con la mejora continua.