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9. a fondo

Así combaten el cambio climático las universidades

Ante la situación de emergencia climática que vive el planeta, donde los desastres naturales se suceden a una escala sin precedentes y con una degradación ambiental de proporciones inimaginables, la universidad ya no puede dedicarse sólo a cumplir sus misiones clásicas de docencia e investigación, sino que debe convertirse en un actor social más comprometido con el mundo en el que vivimos.

“En la escuela nos habían hablado mucho y lo habíamos trabajado en muchas asignaturas. Quizás no lo pensaron o no fueron conscientes; pero cuando explicas a los niños un problema tan y tan grave, les generas mucha angustia. Y es esta angustia la que nos ha hecho a los jóvenes sentir que o salimos a la calle a gritar o no cambiará nada. Y si no cambia nada, tenemos un futuro muy negro y difícil, sin espacio para el optimismo ", explica Dan Vivas, un estudiante de tercer curso de Ingeniería de Materiales de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

En mayo del año pasado, en plena efervescencia del movimiento mundial Fridays for Future, liderado por el activista Greta Thunberg, Dan y otros jóvenes de su facultad propiciaron que la UPC hiciera una declaración sobre el Estado de Emergencia climática. "Fue una lección para todos -recuerda Gemma Fargas, vicerrectora de responsabilidad social e igualdad de la UPC. Fueron los estudiantes quienes lograron que la Universidad tuviera que posicionarse como uno de los activos para poder dar respuesta a una emergencia".

Se convirtió en la primera universidad del estado español en hacerlo y arrastró a continuación la Universidad Pompeu Fabra y, después, el resto de universidades catalanas y españolas. El objetivo de esta declaración era doble: por un lado, presionar a los gobiernos para que empezaran a tomar medidas para hacer frente a la actual crisis ambiental; y por otra, comprometerse a dedicar más esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.

"Después de que la UPC hiciera la declaración de emergencia climática, desde la UPF también quisimos actuar", recuerda Ester Oliveras, delegada del rector para la sostenibilidad y profesora del Departamento de Economía y Empresa. "Creamos la Mesa de Emergencia Climática y preparamos una primera lista de medidas que pudiéramos empezar a aplicar rápidamente. Algunas cosas ya las estábamos implementando, como el reciclaje de papel o de plásticos; y quisimos continuar con material de oficina, tales como bolígrafos u ordenadores, que no se reciclaban", recuerda la profesora.

"Las universidades ya no nos podemos dedicar solo a las misiones clásicas, de docencia e investigación; ahora tenemos que sumar otra, la de la responsabilidad social. Somos un actor más en el sistema y, por tanto, somos corresponsables del mundo en que vivimos".

Sin embargo, cuando una institución como una universidad declara la emergencia climática, hace falta que  trate este desafío con una estrategia global, a fin de afrontar los retos que nos plantea el cambio climático, tanto desde la investigación como desde la docencia.

¿Cuál es el papel de las universidades?

En el momento actual -en el que los desastres naturales alertan las Naciones Unidas, pasan a una velocidad de uno por semana, a una escala sin precedentes y impredictibles-, el mundo se enfrenta a una degradación ambiental y a una pérdida de biodiversidad de unas proporciones inimaginables. Esta destrucción de ecosistemas ya está provocando -y lo seguirá haciendo con mayor virulencia- conflictos y migraciones, que repercutirán sobre la salud de los ciudadanos, tendrán costes económicos elevados y pondrán en riesgo la alimentación de 7.000 millones de personas.

Ante esta situación, "las universidades ya no nos podemos volcar solo en las misiones clásicas, de docencia e investigación", considera Mònica Figueras, vicerrectora para proyectos para el compromiso social y la igualdad de la UPF. "Ahora tenemos que sumar otra, la de la responsabilidad social. Somos un actor más en el sistema y, por tanto, somos corresponsables del mundo en que vivimos".

Y es que desde su creación, las universidades han sido los baluartes del conocimiento y la sabiduría, y ahora tienen un rol clave en este escenario de cambio climático, presente y futuro. "La universidad no sólo forma a los futuros médicos, ingenieros o economistas; sino ciudadanos que sean responsables, capaces de influir en toda la sociedad", señala Marta Pérez-Vallmitjana, delegada del rector para la sostenibilidad de la Universidad de Barcelona (UB).

"En este sentido, y a partir de la declaración de las Naciones Unidas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cuando por primera vez se apeló al papel de las universidades (hasta ahora sólo se hacía referencia en educación al rol de las enseñanzas de primaria y de secundaria), nos hemos de erigir en centros de difusión de la conciencia de desarrollo sostenible, tanto medioambientalmente como socialmente", añade.

Como instituciones educativas, los centros universitarios tienen un potencial sin paralelo; para empezar, varios millones de estudiantes en todo el planeta se gradúan cada año, a los que deben preparar para hacer frente a un escenario que estará moldeado por un clima cambiante.

En segundo lugar, las universidades tienen una gran riqueza de fuentes intelectuales y un ambiente colaborativo, que hace posible que diferentes departamentos y disciplinas trabajen de manera conjunta y transversal para tratar la emergencia climática y aportar soluciones.

Y por último, las acciones de sostenibilidad que tomen, además de reducir el impacto medioambiental que tienen como grandes instituciones, sirven de ejemplo para contagiar otras administraciones, empresas, centros educativos. En este sentido, ya se han creado redes de universidades en todo el mundo, integradas por miles de centros de los seis continentes, que han decidido sumar esfuerzos para lograr la neutralidad en carbono como tarde en 2050.

"Es necesaria una estrategia global para el cambio climático que implica impulsar más investigación orientada a solventar los retos de futuro que plantea esta emergencia; docencia dirigida a formar las futuras generaciones en este sentido, y, evidentemente, reducción de la huella de carbono que tenemos como institución".

Para Oliveras, "hay una estrategia global por el cambio climático, que implica impulsar más investigación orientada a solventar los retos de futuro que plantea esta emergencia; docencia dirigida a formar las futuras generaciones en este sentido; no importa lo que estudien los alumnos, deben tener conocimientos sobre desarrollo sostenible y emergencia climática. Y, evidentemente, tenemos que reducir la huella de carbono que tenemos como institución".

Y es, precisamente, sobre estos tres ejes que enumera Ester Oliveras, que las universidades están estructurando y planificando las acciones a llevar a cabo.

Reducir las emisiones de CO2

La mayoría de universidades catalanas se han adherido al acuerdo de reducción de emisiones propuesto por la Generalitat de Cataluña, que implica ser neutrales en carbono en 2050. 

Como centros de servicios, su gasto energético procede sobre todo del transporte y del consumo de sus edificios. Sólo la UPF, que es una universidad pequeña en comparación con otras como la UB o la UAB, cada día mueve cerca de 20.000 personas, entre trabajadores y estudiantes.

“Nuestras emisiones corresponden en un 90-95% de la energía que utilizamos para hacer funcionar los edificios, tales como iluminación, calefacción, ordenadores; y para el transporte diario para ir y volver a las facultades. También el transporte internacional, porque somos una universidad muy intensiva en temas de investigación", apunta Martí Boleda, técnico de medio ambiente y seguridad de la UPF, que ha coordinado recientemente un estudio para calcular la huella de carbono de la Pompeu Fabra.

La Universidad ya compra energía verde, como el resto de universidades, y está redactando un Plan de Movilidad que incidirá en el fomento de vehículos sostenibles, desde bicicletas, patinetes o motos eléctricas, hasta ir en pie o coger transporte público. Por eso ya están trabajando estrechamente con el Ayuntamiento de Barcelona y TMB. Para las largas distancias, priorizarán el tren por delante del avión y "fomentarán las teleconferencias y la lectura de las tesis en línea para evitar los desplazamientos de los miembros del jurado".

Otras instituciones, además de comprar energía limpia, la generan. "En el Campus Norte de la UPC hemos instalado paneles fotovoltaicos que nos permiten cubrir el gasto energético de cuatro aularios y ahora estamos estudiando la posibilidad de instalar más en otros campus. También hemos mejorado la eficiencia de iluminación y hemos conseguido reducir el consumo de agua utilizando sensores, entre otros", enumera Fargas, vicerrectora de la UPF.

La domótica con el que están equipados los edificios más modernos, como los de los campus de la UPF, también ayuda a ahorrar energía a través, por ejemplo, de sensores que detectan la presencia de personas para encender o apagar luces, o que apagan la calefacción si se abren las ventanas. También esta universidad implementa el cierre total de los edificios, dos semanas en agosto y una en Navidad, a fin de reducir el consumo energético, una medida que también aplican otras universidades, como la UPC.

A pesar de los esfuerzos que llevan a cabo, conseguir bajar las emisiones al 100% es muy complicado. Por eso las universidades también se inventan otras acciones para compensarlas y que capturen el CO2 de la atmósfera. En este sentido, por ejemplo, la UPF está apostando por instalar paredes y cubiertas verdes. De momento, ya ha hecho un experimento en el edificio Mercè Rodoreda, del campus de la Ciutadella, donde ha instalado una cubierta vegetal. La intención es ahora también hacerlo en el edificio histórico de las Aguas, en el campus de la Ciutadella.

Menos residuos y mejor reciclados

Otra pata importante de los esfuerzos que están llevando a cabo las universidades para reducir su huella ecológica es la de la disminución de generación de residuos y un mejor reciclaje. En este sentido, por ejemplo, la mayoría han empezado a eliminar los plásticos de un solo uso, sobre todo en las cafeterías. Y han implementado iniciativas como la "zero waste office", adoptada por la Oficina de Postgrado y Doctorado de la UPF, que intenta reducir a cero los residuos que se generan en la oficina, desde el material de papelería hasta instalar fuentes de agua.

En la Politécnica impulsan "UPC Recircula", para la recogida selectiva de residuos en el 50% de los edificios de la Universidad. También el "Recircula Challenge", que pretende promover la economía circular. El año pasado, en su primera edición, participaron 21 equipos de la UPC y de otras universidades, que trabajaron para encontrar maneras de eliminar los residuos de bolsas y papel film de plástico. Este año, la segunda convocatoria se centra en los tejidos deportivos.

Incluir la emergencia climática en la investigación

Buena parte de la ciencia y la investigación que se lleva a cabo en Cataluña pasa por las universidades, que hacen investigación de excelencia. Sus investigadores pueden contribuir a pensar nuevas maneras de prepararnos para ese futuro incierto, amenazado por el cambio climático. La clave, sin embargo, insisten las expertas consultadas para este reportaje, será la transversalidad.

"Tenemos que intentar que economistas e ingenieros, abogados y químicos, biólogos y arquitectos, se pongan en contacto y trabajen de manera conjunta. Hacen falta respuestas globales y, por tanto, no podremos solucionar nada enfocando la investigación sólo desde un solo punto de vista", afirma Oliveras, que destaca la iniciativa Bienestar Planetario, emprendida por la UPF en 2019.

Se trata de un programa de generación y transmisión de conocimiento en torno al concepto 'Bienestar Planetario', incardinado en el marco más general de los ODS. "Es una iniciativa que pretende transversalizar los ámbitos de conocimiento de los diferentes equipos de investigación de la Universidad y que está centrada en convocatorias de investigación sobre los ODS pero con iniciativas de docencia y de impacto -explica Figueras-. Y por eso fomentamos que haya investigación propia sobre este ámbito, con convocatorias específicas de financiación y que involucren profesores de diferentes departamentos".

Formar a los estudiantes en emergencia climática

Es necesario que las universidades formen los profesionales del futuro. "¿Por qué seguir formando ingenieros de vehículos con motores de combustión cuando se necesitarán ingenieros que sepan diseñar motores con hidrógeno?", lanza Manel Torrent, director del Instituto Catalán de la Energía (ICAEN). Esta institución, la entidad de la Generalitat de Cataluña encargada de elaborar y llevar a cabo la política energética catalana, ha impulsado la creación de una mesa interdepartamental de eficiencia energética donde están las universidades catalanas representadas a través de la Secretaría de Universidades.

"Sobre todo, queremos introducir el tema de la energía en sus proyectos curriculares; que el alumnado aprenda cómo hacer un uso lo más eficiente posible de la energía, porque ahora la malgastamos. Que el vector climático no esté incorporado en el currículo es un grave problema. Queremos que se enseñen conceptos como transición energética, descarbonización, neutralidad carbónica. Todo lo que se trabaja en primaria y secundaria debe llegar a la universidad", declara Manuel Torrent, al frente del ICAEN.

"Que el vector climático no esté incorporado en el currículo es un grave problema. Queremos que se enseñen conceptos como transición energética, descarbonización, neutralidad carbónica. Todo lo que se trabaja en primaria y secundaria debe llegar a la universidad"

Sin embargo, la voluntad de introducir la emergencia climática al currículo universitario no es tan sencillo. "Cambiar los planes docentes es un proceso muy largo. Por eso hemos empezado con acciones para motivar e incentivar la sensibilización hacia este tema, aunque sea de forma indirecta, incidiendo en los trabajos de fin de grado y de máster, en el que el alumnado debe demostrar que conoce los ODS y especificar cuál ha tratado en su proyecto", considera Fargas, de la UPC.

Por su parte, la UPF inició el curso pasado una iniciativa para reconocer los trabajos de grado y de posgrado en estudios sobre bienestar planetario. Así, se otorgan premios a los mejores TFG y TFM sobre temas relacionados con la sostenibilidad, tanto social como medioambiental. En esta segunda edición, los galardones están cofinanciados por la cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático ESCI-UPF y por la UPF Barcelona School of Management.

En la UB han iniciado un plan piloto de estudios de máster transversal para dar una visión global de este reto desde el derecho, la economía, el humanismo, las ciencias. "Es un proyecto europeo reciente para crear la universidad del futuro en el que participamos con la Universidad de Montpellier, el Trinity College de Londres, la Universidad de Budapest y la de Utrech", dice Pérez-Vallmitjana.

Por su parte, la UPF quiere que el concepto de "Bienestar Planetario" forme parte del ADN de sus estudiantes. De momento, hay un mínor, con asignaturas que ya existen en diferentes estudios y nuevas que añadirán, por lo que se podrán cursar en los diferentes grados entre 30 y 40 créditos sobre temas de Bienestar Planetario. "Queremos romper fronteras entre disciplinas más rígidas y mezclarlas -apunta Figueras-. Sólo así, con una perspectiva global podremos hacer frente a la emergencia climática".

El alumnado tiene el poder

Las universidades siempre han sido un terreno extremadamente fértil de crecimiento de cuestiones lideradas por los jóvenes. Sólo hay que recordar que algunos de los movimientos civiles más importantes de la historia -como el de la libertad de expresión, que comenzó en el campus de la Universidad de California Berkeley (EEUU) en los años sesenta- se han desarrollado en los campus de todo el planeta.

También esta lucha, la de la emergencia climática. En Cataluña, por ejemplo, se han unido grupos ecologistas de las diferentes universidades, públicas y privadas, y han creado una plataforma, que han llamado Unimos Fuerzas, para, como su nombre indica, poner en común todas las iniciativas y acciones que llevan a cabo y conseguir una mayor repercusión.

"Tenemos que dar ejemplo, porque seremos los futuros líderes, consumidores, empresarios, ingenieros, y tenemos que empezar a enfrentarnos a estos problemas. Tenemos poder de acción. La clave es agruparnos", defiende Diana Vidal, reciente graduada en Farmacia de la Universidad de Barcelona, ​​que sigue muy activa dentro de la asociación de estudiantes de farmacia por el ecologismo.

 

Diana Vidal, graduada en Farmacia de la Universidad de Barcelona

En la Facultad de Farmacia éramos unos cuantos que sentíamos preocupación por temas de sostenibilidad, medioambientales, de generación y tratamiento de residuos, y consideramos que era necesario organizarnos para empezar a hacer acciones locales. Constituimos un grupo de trabajo dedicado al ecologismo dentro de la asociación de estudiantes y empezamos haciendo acciones de divulgación. Por ejemplo, colocamos una mesa delante de la biblioteca y a todo aquel que se acercaba, le explicábamos los principales problemas que el cambio climático supone para el mundo.

Diana Vidal

Después elaboramos una encuesta para saber la opinión de la comunidad universitaria sobre lo que se estaba haciendo para combatir la emergencia climática en la Facultad y con propuestas sencillas para hacer pequeños cambios. De allí salió la preocupación que había por el uso de plásticos de un solo uso, sobre todo en la cafetería, y nos concentramos en intentar solucionarlo. Nos informarnos de cómo funcionaba el bar, que podíamos hacer para sustituir las botellas de plástico de agua por otros de vidrio y elaboramos un informe. Ahora estamos intentando conseguir el apoyo institucional para poder llevar a cabo el cambio.

La industria farmacéutica genera muchísimos residuos, consume mucha agua. Se habla poco de este tema durante la carrera, como también del cambio climático. Es crucial integrar la sostenibilidad en los planes docentes.

Desde el grado hay mucho que hacer. La industria farmacéutica genera muchísimos residuos, consume mucha agua. Se habla muy poco durante la carrera, así como del cambio climático. Sólo en el último curso tenemos una asignatura de sanidad y gestión ambiental, pero es crucial integrar la sostenibilidad en los planes docentes.

Joan Panadès, estudiante de cuarto curso del grado en Ciencias Ambientales en la Universidad Autónoma de Barcelona

Ya en primaria me impliqué en temas de ecologismo; siempre he estado interesado. Cuando llegué a la universidad, me sorprendió descubrir que no había representación dentro del movimiento estudiantil. Pensaba que no tenía sentido, y con otro compañero nos enredamos y lo pusimos en marcha. Pronto conseguimos que se sumara más gente. Eso fue hace cuatro años y desde entonces hemos hecho muchas charlas, jornadas, talleres para intentar generar conciencia. También hemos hecho algunas acciones, como limpieza de bosques. Hemos contactado con el Rectorado y le hemos hecho algunas propuestas, que ha escuchado, y tengo que decir que nos ha apoyado en muchas actividades con material y logísticamente.

Hemos puesto en marcha la campaña de residuo cero, pero de momento no ha cambiado nada. Los bares de la UAB son una contratación, y hasta que la UAB no renueve contrato no se puede hacer nada. También hemos hecho actividades para concienciar sobre el derroche alimentario.

Hemos contactado con el Rectorado y le hemos hecho algunas propuestas, que han escuchado, y tengo que decir que nos han apoyado en muchas actividades con material y logísticamente.

En la UAB no hay transversalidad a la hora de estudiar el ecologismo. En las carreras específicas, como la mía, lo tocas; pero la gran mayoría ni mencionan el cambio climático. Y no tiene sentido, sobre todo en el caso de estudios que luego tienen influencia en cómo se configura la sociedad, tales como la economía, el derecho o las ingenierías.

 

Dan Vivas, estudiante de tercer curso del grado en Ingeniería de Materiales en la Universidad Politécnica de Cataluña

Dan Vivas

La ingeniería a menudo se ve como un proceso industrial en el que aprendemos a hacer procesos para mejorar tuberías de gas entre continentes, fabricar coches, o hacer redes 5G. Pero la ingeniería no puede desligarse del mundo en que vivimos. Es necesario que esté intrínsecamente relacionada con el ecologismo. Hoy por hoy, estamos aprendiendo a hacer materiales más ligeros sin pararnos a pensar que es para vehículos contaminantes. Nos falta ética, aunque disponemos de la tecnología y de la voluntad para hacer cosas juntos.

Hemos hablado con el Rectorado y ahora intentaremos fomentar actividades extraescolares, como por ejemplo seminarios, talleres sobre ecologismo, para que los estudiantes puedan formarse fuera de clase. Pero también hemos pedido que se revisen los planes de estudios. El mundo ha cambiado; los estudios también deben hacerlo.

La ingeniería no se puede desligar del mundo en el que vivimos. Es necesario que esté intrínsecamente relacionada con el ecologismo.

También, desde UPClima, estamos trabajando con el Rectorado para preparar el Plan de Emergencia Climática. Hemos recogido más de 200 medidas, como instalar más fuentes de agua, abrir ventanas en verano en lugar de utilizar climatización, más placas solares, usar el agua de la lluvia o eliminar los plásticos de un solo uso.

 

Lola Berna, estudiant de tercer curso del grado en Global Studies en la Universidad Pompeu Fabra

Lola Berna

A finales de 2018, la Pompeu inició el proyecto Bienestar Planetario. Un grupo de estudiantes nos interesamos y hablamos con el responsable de sostenibilidad de la UPF, Martí Boleda, que nos propuso que creáramos una asociación sólo de medio ambiente en la Universidad porque no había. Así fue como un grupo de diez personas pusimos en marcha la Asociación de Estudiantes para el Medio Ambiente (AEMA). Es increíble la cantidad de cosas que hemos hecho en un año, y pensamos hacer muchas más. La Asociación nos ha dado voz, la oportunidad de aportar nuestro granito de arena para combatir el cambio climático. Ahora somos unos 40 estudiantes, la mayoría del campus de la Ciutadella, aunque queremos expandirnos y llegar a todos los campus.

Además de actividades de divulgación, tal vez la acción más emblemática que hicimos y por la que la gente nos empezó a conocer en la Universidad fue la cascada de botellas de plástico. Durante una semana recogimos todas las que se usaron en la cafetería de Ciutadella. Fueron más de mil, en una sola semana. Las unimos con hilos y hicimos una cascada en el edificio 40, para reflejar como el agua de los mares y océanos está llena de plásticos. Y conseguimos que en la cafetería se dejaran de vender y se sustituyeran por botellas de vidrio. Recientemente, también hemos conseguido que incorporen un menú vegetariano, el Menú para el planeta, que tiene un impacto medioambiental mucho menor que la carne.

Recientemente, hemos conseguido que incorporen un menú vegetariano en el bar de los campus, el Menú para el planeta, que tiene un impacto medioambiential mucho menor que la carne.

En general, en los grados de la UPF falta una asignatura transversal que pueda cubrir los principios de sostenibilidad de manera profunda, dirigida a todo el mundo, desde periodistas hasta economistas, porque el rol que luego tendrán en la sociedad es enorme. Aunque hay que decir que la UPF, en la Barcelona School of Management, sí que cuenta con una asignatura transversal en todos los másters que se llama Ética y Sostenibilidad. Podría ser obligatoria en todas las carreras de la Universidad.

 

La Maratón Climática

El mes de febrero es, tradicionalmente, el más frío del año y es también el elegido para celebrar la Maratón Climática, una iniciativa que nació hace cuatro años, impulsada por la Diputación de Barcelona y que después de tres ediciones también cuenta con el apoyo de la Generalitat, a través del Instituto Catalán de la Energía (ICAEN). Participan de manera voluntaria entidades públicas con un doble objetivo: ahorrar energía y dinero, que se destinan a proyectos de lucha contra la pobreza energética; y generar conciencia.

"Son los mismos trabajadores que se autoorganizan para generar ideas de cómo conseguir el ahorro, desde bajar la calefacción o apagarla", explica Manel Torrent, director del ICAEN. "También es interesante que vivamos qué significa tener frío y sufrir pobreza energética, para empatizar con los demás. Además, todo el mundo durante ese mes al menos habla de la energía. Y aquella concienciación, el trabajador se la lleva a casa", añade.

La UPF ha participado este 2020, con el edificio Mercè (Rectorado), y ha ahorrado cuatro toneladas de CO2, una reducción de cerca del 30%. En relación al consumo de agua, se redujo un 25,9%; en gas, un 53,5%, y en electricidad, un 16,1%.

La edición pasada se logró un ahorro de 39.000 euros y, este año, que ha aumentado el número de edificios y departamentos que participan, han conseguido 43.345 euros de ahorro y se han dejado de emitir 167 toneladas de CO2, sólo en edificios de la Generalitat. La UPF también ha participado este 2020, con el edificio Mercè (Rectorado), y ha ahorrado cuatro toneladas de CO2, lo que supone una reducción de cerca del 30%. En cuanto al consumo de agua, se redujo el consumo un 25,9%; en gas, un 53,5%, y en electricidad, un 16,1%.

La heulla de carbono carboni de la UPF

Para calcular la huella de carbono de la Universidad se han tenido en cuenta tres ámbitos: el primero, todas aquellas cosas propiedad de la UPF, como vehículos, calderas de calefacción, que dependen 100% de la Pompeu. El segundo, las emisiones indirectas que no genera la Universidad pero que se deben a su actividad. Y por último, el transporte.

Procedencia de emisiones para la realización de la huella de carbono en los campus de la UPF

 
 
 
 
 
% Usos energéticos directos para el desarrollo de la actividad académica
% Usos energéticos indirectos para el desarrollo de la actividad académica
% Actividades indirectas asociadas a la actividad académica que generan emisiones de CO2