3. Calidoscopio

Carrera académica y maternidad

Serena Olsaretti

Mª José González, profesora del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales y coordinadora del Centro de Estudios de Género (CEdGE).

¿Puede una joven académica tener hijos y hacer una carrera de éxito en la universidad? En principio, parecería que es posible. Todos conocemos ejemplos de académicas brillantes altamente productivas que han sido capaces de salir adelante con la familia y la carrera académica a la vez. Sin embargo, la pregunta correcta no es si conocemos estas mujeres o si hay madres brillantes en los departamentos. La pregunta correcta es qué ocurre en las biografías laborales o académicas de las mujeres que tienen hijos antes de consolidarse profesionalmente.

Responder esta pregunta tan básica no es nada fácil. Necesitamos datos biográficos que permitan reconstruir la trayectoria académica de las mujeres desde que obtienen el título de doctora hasta varios años después de tener su primer hijo. Esta información nos permitiría valorar el impacto de la maternidad en la carrera académica de las mujeres y, idealmente, si incluimos los hombres, comparar hasta qué punto los hijos afectan de manera diferente padres y madres en el ámbito académico.

A partir de las estadísticas, sabemos que hay una clara relación entre nivel educativo y fecundidad. Las mujeres con niveles educativos más altos tienden a retrasar la edad de tener el primer hijo y tienen menos de media, aunque la diferencia es reducida y que los niveles de fecundidad son, en general, muy bajos para el conjunto de la población femenina[1]. Las razones principales del retraso de la fecundidad entre las mujeres de 35-39 años son, en primer lugar, el hecho de no tener una relación de pareja estable (un 24,6%) y, en segundo lugar, razones laborales o dificultades de conciliación entre la vida laboral y la familiar (23,5%) (INE, 2019). También sabemos que las mujeres que viven en pareja y que tienen hijos dedican más tiempo que los hombres a las tareas de atención. Entre las mujeres de menos de 45 años, la dedicación diaria a las tareas de atención es, de media, alrededor de tres cuartos de hora más que la de los hombres (INE, 2014). Sin embargo, el comportamiento de las mujeres académicas no corresponde al retrato de la población media femenina por dos motivos principales: ellas están en la franja más alta del nivel educativo y al mismo tiempo tienden a emparejarse con académicos u hombres de niveles educativos similares. Esto hace que experimenten en promedio menos diferencias de género en el reparto de las tareas domésticas y de atención y que tengan más recursos económicos para la conciliación. ¿Quiere decir esto que las mujeres académicas lo tienen más fácil para conciliar que el resto de la población? No necesariamente. Las mujeres saben que la carrera hacia la estabilidad laboral es muy competitiva, tremendamente intensiva en tiempo, y que se puede prolongar fácilmente durante gran parte de su vida fértil.

Dos estudios realizados en universidades americanas con datos longitudinales (Goulden y Goulden, 2004; Cech y Blair-Loy, 2019), que siguen las trayectorias académicas de los estudiantes desde que salen del doctorado hasta años después de haber tenido el primer hijo, llegan a la misma conclusión: las mujeres con hijos tienen una probabilidad más alta de abandonar la carrera académica y una menor probabilidad de obtener una plaza permanente que sus coetáneos masculinos con hijos. Y si la maternidad llega en una etapa temprana de la carrera académica reciben poca o ninguna ayuda por parte de las universidades y, a menudo, se las desanima a continuar. Las mujeres ya son un 41% del PDI de las universidades (MEFP, 2019). Ahora es urgente y necesario promover un cambio cultural, legislativo y organizativo que permita la igualdad de género en todas las ramas del conocimiento y que retenga todas las mujeres valiosas con o sin hijos a lo largo de su carrera académica y las apoye.

 

Referencias

  • Cech, Erin A. and Mary Blair-Loy (2019). “The Changing Career Trajectories of New Parents in STEM”. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(10):4182–87.

  • Goulden, Mary; Goulden, Marc (2004). “Marriage and Baby Blues: Redefining Gender Equity in the Academy.” ANNALS, AAPSS 596:86-103.

  • INE (2014). “Otras facetas de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010”, Documentos de Trabajo, 1 (Disponible online: https://www.ine.es/prensa/np669.pdf; consultat abril, 2019).

  • INE (2019). Encuesta de Fecundidad Año 2018. Datos definitivos. INE (Disponible online: https://www.ine.es/prensa/ef_2018_d.pdf; consultat abril, 2019).

  • MEFP (2019). Igualdad en cifras MEFP. Ministerio de Educación y Formación Profesional (Disponible online: https://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:957c29bb-ebd1-4e5b-9417-3d163cc32def/cifrasweb.pdf; consultat abril, 2019). 

[1] La mujeres que tenían entre 45 y 49 años el año 2018 y que cursaron hasta la primera etapa de secundaria o inferior tuvieron de media 1,63 hijos; las que completaron hasta la segunda etapa de secundaria, 1,58; y las mujeres con estudios superiores tuvieron una media de 1,50 hijos (INE, 2019).