3. Calidoscopio

Hace falta un giro ideológico

Arnau Roig

Arnau Roig, profesor del Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la UPF

Me preguntan "dónde están las mujeres" y debo admitir que tengo un punto de vista privilegiado sobre el tema, el de un hombre en una facultad donde la mujer es la norma: la gran mayoría de mis alumnos, un gran número de compañeras... Las mujeres son el día a día de la Facultad de Traducción y Ciencias del Lenguaje. La única en la UPF donde hay casi paridad de catedráticos y catedráticas y donde las profesoras titulares son mayoría. La única que sólo tiene profesoras agregadas (y no agregados). Sin embargo, cuando miramos el resto de facultades, nos damos cuenta del oasis en el que vivimos y del camino que queda por recorrer.

Estas mujeres, mis compañeras, llevan tiempo luchando para reclamar los espacios tradicionalmente ocupados por los hombres, y cada vez somos más las que creemos que hay que ir más allá de las buenas intenciones y de la igualdad numérica, y hacer un cambio estructural en nuestra manera de educar. Es verdad, necesitamos tener más mujeres en cargos con poder para instigar un cambio; pero también hay que empezar un giro ideológico que remueva las mismas bases de nuestra docencia.

El nuevo mínor en Estudios de Género o campañas como Docència #AmbPerspectiva para hacer visible la falta de autoras en nuestros planes docentes, las dinámicas de poder entre hombres y mujeres en el aula, el sesgo heteropatriarcal de los contenidos..., han hecho que mucho(a)s otras como yo nos replanteamos que debemos ofrecer al alumnado una bibliografía más paritaria, una experiencia más inclusiva y un pensamiento crítico que haga visibles los sesgos. Es nuestra tarea, de profesores, ayudar a educar y empoderar el gran número de mujeres que llenan nuestras aulas, y también enseñar a pensar el privilegio de nuestros hombres.

Y es que no es una cuestión de calidad ni de marginalidad -nos superan en número, en la facultad y en el mundo-. Se trata de dejar hablar y de escuchar, de hacer lo que más nos cuesta: perder privilegios y hacer que otros los pierdan también. Decir basta a alguien que monopoliza la conversación para dejar espacio a otras voces (acostumbradas y educadas para callar desde pequeñas); criticar autores consagrados para que, pese a tener una aportación genial a la disciplina, también tienen una ideología tóxica; dejar de disculparse con lo que si "en la época era normal" y cuestionar lo que percibimos como normalidad. En definitiva, mirar con perspectiva de género y asumirla desde la academia.

En mi aula, hemos empezado a recuperar literatura hecha por mujeres y a traducirla al inglés para mejorar su visibilidad. Pero no nos damos por satisfechas y trabajamos para hacer un cambio más radical: compartimos nuestro trabajo bajo licencias de cultura libre para hacerlo accesible; reflexionamos sobre el colonialismo en estas obras de siglos anteriores; indagamos en las dinámicas de los trabajos en grupo para localizar abusos de poder. El cambio será interdisciplinario o no será.

Cuando me preguntan dónde están las mujeres, me gusta pensar que, por suerte, las tengo muy cerca y que me enseñan día a día que ellas son el futuro.