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La pandemia del coronavirus representa una amenaza para los autócratas populistas. Santiago Zabala

La pandemia del coronavirus representa una amenaza para los autócratas populistas. Santiago Zabala

Santiago Zabala, profesor de investigación ICREA del Departamento de Humanidades.

06.05.2020

 

La pandemia ha puesto de manifiesto incompetencia y falta de liderazgo en las élites gobernantes en todo el planeta. Cada vez es más claro que muchos líderes políticos subestimaron la amenaza que suponía el brote en China y optaron por calmar los mercados en vez de preparar sus naciones para una emergencia.

Artículo publicado en Al Jazeera el 21 de abril de 2020

A medida que el contagio del coronavirus se extiende por todo el mundo, expone cada vez más las profundas fracturas socioeconómicas que los gobiernos han ignorado durante mucho tiempo. Los sistemas de salud infrafinanciados están colapsando debido a la sobrecarga de pacientes, las escasas redes de seguridad social no pueden dar asistencia a quienes lo necesitan y la falta de protecciones laborales adecuadas han dejado cientos de millones de personas sin trabajo y sin dinero.

Asimismo, la pandemia ha puesto de manifiesto incompetencia y falta de liderazgo en las élites gobernantes en todo el planeta. Cada vez es más claro que muchos líderes políticos subestimaron la amenaza que suponía el brote en China y optaron por calmar los mercados en vez de preparar sus naciones para una emergencia. Otras, como en Corea del Sur, Taiwán y Alemania, tomaron las medidas adecuadas, informaron de manera transparente a la ciudadanía y lograron evitar un desastre nacional.
 
Este aspecto revelador de la pandemia es lo que la hace especialmente peligrosa para los autócratas populistas de todo el mundo. Ahora corren un riesgo cada vez mayor de ser mostrados como son: líderes incompetentes que hacen poco más que satisfacer los intereses de estrechos círculos empresariales de su entorno, mientras abandonan sus naciones a la precariedad económica y la inseguridad social.
 
Los líderes populistas han estado promoviendo agendas nacionalistas proteccionistas y basadas en el odio para manipular la ciudadanía, todo ello mientras negaban las situaciones de emergencia de nuestra época. Esto queda patente en la indiferencia que han mostrado ante el cambio climático y las crisis de los refugiados, así como en la manera de responder a la actual pandemia del coronavirus. Esta crisis sanitaria mundial requiere colaboración, responsabilidad y solidaridad en el ámbito mundial, lo que va en contra de todo lo que representan, y avanza demasiado rápido para que sus estrategias retóricas populistas funcionen.
 
Los autócratas han doblado su apuesta por el racismo en su retórica y han tratado de socavar los vectores tradicionales de autoridad y legitimación necesarios para comprender los hechos.
 
Como respuesta, los autócratas han doblado su apuesta por el racismo en su retórica y han tratado de socavar los vectores tradicionales de autoridad y legitimación necesarios para comprender los hechos. Los organismos gubernamentales, los medios de comunicación y los académicos acreditados son necesarios para convencer a la ciudadanía de la importancia y las implicaciones de los hechos concretos de la pandemia. Todos han sido atacados implacablemente y cuestionados por los políticos populistas, los que intentan desesperadamente distraer la atención pública de las catastróficas consecuencias de su inacción.
 
Asimismo, los líderes populistas han hecho esfuerzos titánicos para intentar utilizar la pandemia para consolidar su poder y / o asegurar su reelección.
 
El primer ministro de Hungría, Victor Orban, declaró el estado de emergencia el 11 de marzo. Al cabo de escasamente tres semanas, el Parlamento aprobó una ley que le permite promulgar leyes mediante decretos por un tiempo indefinido en nombre de la lucha contra el coronavirus. Estos poderes, sin embargo, van mucho más allá de lo necesario para combatir el brote, ya que incluyen la introducción de penas de prisión para aquellos que obstaculicen las medidas antipandèmia o difundan información falsa.
 
Orban claramente está intentando impedir que el posible descontento popular por la mala gestión de la crisis le haga perder control del poder. Ya antes de la pandemia el sistema de salud húngaro estaba deteriorado; las controvertidas medidas tomadas para liberar camas para pacientes con Covid-19 y un suministro inadecuado de equipos de protección y equipamientos para hospitales han puesto en duda la estrategia del Gobierno de Hungría a la hora de gestionar la crisis. Asimismo, el gasto del Gobierno en sectores no esenciales, como los deportes, ha sido motivo de críticas.
 
En Brasil, el presidente Jair Bolsonaro se ha opuesto activamente a cualquier medida contra la pandemia. Ha afirmado que el virus es sólo una «fantasía», un «simple resfriado», y que él «no notaría nada» si estuviera infectado. Incluso ha llegado a asistir a mítines en contra de los confinamientos impuestos por las autoridades locales. No sólo ha atacado a los medios de comunicación varias veces y ha cuestionado los consejos de los científicos y la OMS, sino que se ha visto activamente implicado en la desinformación.
 
Cuando 25 de los 27 gobernadores de Brasil firmaron una carta conjunta en la que exigían a Bolsonaro que apoyara medidas estrictas para contener el brote, los acusó de ser «exterminadores de empleos» que quieren sabotear su reelección dentro de dos años y medio. Así pues, en vez de asumir el liderazgo en la respuesta a la pandemia, la estrategia del autócrata brasileño es incitar la ciudadanía contra las autoridades locales y culparlas de la inminente crisis económica, a fin de encubrir su propia mala gestión de la situación y el fracaso de sus políticas conservadoras para llevar la prosperidad en Brasil.
 
De manera similar, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha centrado sus esfuerzos en manipular la opinión pública en vez de trabajar con las autoridades estatales para resolver la crisis. Pero, a diferencia de Bolsonaro, ha tenido que retractarse de su opinión de que el coronavirus no supone una amenaza para los Estados Unidos.
 
Después de este cambio radical, dirigió sus esfuerzos a encubrir que se había demorado en responder a la pandemia y ha gestionado mal diversos aspectos de la crisis. Cuando los demócratas lo acusaron de haberse equivocado, culpó China del brote, la Administración de Obama de falta de tests viables y varios gobernadores de la escasez de respiradores. En vez de centrarse en resolver estos problemas, anunció la suspensión de toda inmigración en Estados Unidos para proteger los puestos de trabajo mientras el virus se propaga.
 
De cara a la reelección en noviembre, Trump se ha hecho cargo de las sesiones informativas diarias sobre la pandemia del vicepresidente Mike Pence y las ha aprovechado para hacer campaña electoral, vendiendo lo que él considera «éxitos» de su Administración, en lugar informar a la ciudadanía del estado de la nación. Él y el Partido Republicano han impulsado diversas medidas y paquetes para rescatar las grandes empresas que han hecho donaciones para su campaña y el apoyo de las que resultaría esencial para su reelección.
 
Los líderes populistas no pueden proporcionar ningún tipo de solución social o económica a los problemas mundiales y nacionales y la pandemia lo hace aún más evidente.
 
Orban, Bolsonaro y Trump son sólo tres ejemplos de una tendencia general de autócratas que gestionan mal la respuesta nacional a la pandemia. Al fin y al cabo, no se trata sólo de una crisis sanitaria, sino también de gobierno de alcance nacional y mundial. Está convirtiéndose rápidamente en otra prueba del fracaso absoluto del populismo a la hora de proporcionar algo más que retórica vacía pero llena de odio.
 
Los líderes populistas no pueden proporcionar ningún tipo de solución social o económica a los problemas mundiales y nacionales y la pandemia lo hace aún más evidente. Quizás esta tragedia será la gota que colme el vaso y llevará a la desaparición del populismo todo el mundo.

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