Biografia

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Homenaje en ocasión del Centenario de la muerte de Valentí Almirall i Llozer (1841-1904)
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Retrato de Valentí Almirall
Retrato de Valentí Almirall

Valentí Almirall i Llozer nació el 8 de marzo de 1841, en la ciudad de Barcelona, donde murió el 20 de junio de 1904. Era miembro de una familia del patriciado barcelonés vinculada a la abogacía, el clero y la nobleza. Almirall, que conocía perfectamente cuales eran sus orígenes sociales, reaccionó, conscientemente, en contra de los que tendrían que haber sido sus intereses de clase, ya que durante toda su vida fue un liberal progresista bastante coherente con su ideología.

La buena situación socioeconómica de su familia y su capacidad para el aprendizaje propiciaron que adquiriese un volumen de conocimientos superior a la media de sus contemporáneos. Era un políglota que dominaba el griego y el latín clásicos así como el inglés, el francés, el italiano y el alemán. Adquirió nociones sólidas de matemáticas, dibujo artístico y música. Se licenció en Derecho en 1863 y ejerció la abogacía de manera discontinua.

En el ámbito cultural, estuvo vinculado con la tendencia progresista de la "Renaixença", a través de su conexión con el grupo de los humoristas barceloneses, apodados "xarons" (palabra que designa a los humoristas de mal gusto y faltos de arte). Participó en la génesis del teatro catalán moderno y de la prensa escrita en catalán. En este ámbito consiguió el objetivo de dirigir el Diari Català (1879-1881), primer diario político escrito en catalán, desde donde impulsó la convocatoria del primer Congrés Catalanista (1880). Por último, durante los inicios de la Restauración fue uno de los introductores de las ideas positivoevolucionistas en Cataluña y su proyecto ideológico estaba vinculado a los orígenes del movimiento modernista catalán.

En el ámbito político, entre 1868 y 1881, militó en el Partido Republicano Democrático Federal (PRDF), donde fue el principal dirigente de los federales intransigentes barceloneses, grupo minoritario dentro del republicanismo federal de la capital catalana, vertebrado en torno de un club político llamado Club dels Federalistes (1868-1869) y del diario El Estado Catalán (1869-1870 y 1873).

Presentación del
Presentación del "Memorial de Greuges" a Alfonso XII, según una litografía de un cromo de chocolate

Los federales intransigentes barceloneses se caracterizaban por su idealismo, pensaban que las ideas estaban por encima de las personas; por su dogmatismo, anteponían su proyecto por encima de cualquier táctica política; y por su maximalismo, tal como reflejaba su lema "o tot o res" (o todo o nada). Todo ello conllevaba que no aceptaran ningún pacto que implicase recortes en su proyecto político e ideológico. Este planteamiento dificultaba la concreción práctica de sus objetivos políticos. Querían transformar el sistema político español, centralista y uniformador, en un sistema federal, descentralizado y respetuoso con la diversidad cultural española, mediante una revolución federal desde abajo, surgida por iniciativa de las clases populares. Esta revolución federal, según la terminología del propio Almirall, implicaría la división de la soberanía española entre las regiones históricas y el gobierno de la federación.

Almirall y sus partidarios rompieron su vinculación con el republicanismo federal español cuando Estanislau Figueras y Pi i Margall se disputaron la dirección del partido en 1881. La polémica entre los dos expresidentes de la república de origen catalán puso de manifiesto las profundas divergencias entre Pi y Almirall. Este último, desde las páginas del Diari Català, había empezado a formular el proyecto político y doctrinal que conocemos como federalcatalanista. Este proyecto se centraba en la realidad catalana, a la vez que pretendía transformar España en un estado compuesto que devolviese el autogobierno a Cataluña y le reconociese su realidad diferenciada desde un ideario basado en el federalismo asimétrico.

Detalle de la silla  de Valentí Almirall
Detalle del anagrama situado en la silla de Valentí Almirall que permite mostrar su posible vinculación con la francmasonería.

El Centre Català de Barcelona surgió como el embrión de un posible partido catalanista aunque, inicialmente, era una asociación apolítica. No obstante, ya desde su constitución, empezaron a elaborar un ideario para politizarla a partir de la premisa básica del nacionalismo norteamericano "América para los americanos", que fue transformada en "Cataluña para los catalanes". Durante el segundo Congrés Catalanista (1883) desde el Centre Català se impulsó la ruptura del catalanismo con las formaciones políticas de ámbito estatal. Al mismo tiempo Valentí Almirall dotaba al incipiente movimiento catalanista de un escrito reivindicativo, el "Memorial de Greuges" (1885), y de un corpus doctrinal, Lo Catalanisme (1886). En este periodo Almirall ya no asumía los principios democráticos radicales que había defendido durante el Sexenio. Aunque era librepensador, evitaba pronunciarse sobre temas religiosos. A pesar de que era republicano, impulsaba un catalanismo político ideológicamente plural y accidentalista en la forma de gobierno, ya que pensaba que la obtención del autogobierno de Cataluña era más importante que la transformación de España en una república democrática pero centralizada. Su proyecto de movimiento catalanista era socialmente interclasista y buscaba alternativas al parlamentarismo devaluado por la generalización del fraude electoral y el caciquismo que predominaban durante el periodo de la Restauración. También intentó que el sindicalismo catalán, dominado por la influencia anarquista, optara por un modelo reformista basado en el sindicalismo inglés pero no logró convencer, ni a la patronal, ni a los obreros de las ventajas del sindicalismo reformista.

Entre 1886 y 1887, pese a la oposición de prácticamente todas las formaciones políticas del periodo, de las diferencias internas del Centre, y del inicio de la decadencia física de Almirall, parecía que el catalanismo político y el Centre Català se consolidaban. En 1887, dos candidaturas se disputaban la dirección de la primera asociación política catalana, se impuso la dirigida por Almirall pero el sector disidente no aceptó la derrota y promovió una escisión creando la Lliga de Catalunya. La división del Centre Català conllevó la entrada del catalanismo en un periodo convulso, en el que la Lliga de Catalunya adquirió gradualmente la hegemonía dentro del movimiento catalanista y constituyó la Unió Catalanista (1891) para coordinar las diferentes asociaciones políticas catalanistas, a excepción del Centre. Esta etapa de enfrentamiento terminó a principios de 1895 cuando el Centre Català se disolvió para volver a fundarse con el mismo nombre e integrarse en la Unió Catalanista. Sin embargo, el revulsivo que consolidó la politización del catalanismo fue la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898. En esta época el catalanismo hegemónico era el de la Lliga Regionalista. Almirall pensaba que el partido de Prat de la Riba era el continuador de la tendencia que se había escindido del Centre y le había impedido llevar a cabo su proyecto político, por lo tanto, afirmaba que la Lliga Regionalista, aunque pacífica y desvinculada del resto del movimiento tradicionalista español, era la última evolución del carlismo catalán.

Portada del Diari català del dia de la mort
Portada de L'Esquella de la Torratxa anunciando la muerte de Valentí Almirall

En poco menos de dos años, Almirall pasó de la plenitud política y intelectual en 1886, a la decadencia física y a la marginación política. Los últimos años de su vida se caracterizaron por distintos problemas familiares, vinculados a su herencia, y por un lento decaimiento físico, político e intelectual. No escribió más libros ni dirigió más periódicos. Su actividad periodística, en la que fue un verdadero maestro, quedó limitada a las colaboraciones en L'Avenç, donde no trataba temas políticos, y a artículos que publicaba, esporádicamente, en la prensa republicana barcelonesa. La frustración de Almirall aumentaba al sentirse olvidado, abandonado y marginado de la política catalana. No había sido indulgente con sus enemigos y estos no lo fueron con él. No obstante, durante estos años impulsó la creación de la biblioteca pública Arús y, en 1896, aceptó la presidencia del Ateneu Barcelonès.

La muerte de Almirall no fue inesperada ya que su frágil estado de salud era conocido por todos. Aunque, desde 1888, era un personaje con poca actividad pública la prensa barcelonesa informó de su muerte y, en algunos casos, como el de El Diluvio (diario de gran tirada en la capital catalana), ampliamente. En cambio, la mayor parte de la prensa publicada en Madrid no dio la menor trascendencia a la muerte del primer dirigente del catalanismo político. El entierro de Almirall reunió cerca de un millar de personas y representantes de asociaciones catalanistas y republicanofederales, aunque no tuvo el eco ciudadano que tuvieron la muerte del doctor Robert, primer presidente de la Lliga Regionalista, o la de Verdaguer, ambas acaecidas en 1902.

El proyecto político de Almirall no se consolidó por ser demasiado catalanista para la mayoría de los republicanos, demasiado republicano para la mayoría de los catalanistas de la época, demasiado radical para los conservadores y demasiado conservador para los radicales. Sin embargo, después de su muerte comenzó una disputa por su legado ideológico: republicanofederales, republicanos unitarios, la Lliga Regionalista, el propio Prat de la Riba, Martí i Julià, los modernistas, los catalanistas radicales próximos al independentismo, los conservadores y, más tarde, Esquerra Republicana de Catalunya e incluso la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), alabaron la trayectoria política y vital de Almirall; una de las figuras más importantes de la Cataluña de la segunda mitad del siglo XIX, por su activismo cultural y por la importancia política de quien encabezó, primero, el federalismo intransigente y, posteriormente, la primera etapa del catalanismo político.

Josep Pich i Mitjana
Historiador

 


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