Autor: OJEA y PORRAS, Gumersindo
Título: Carta del Cónsul de España en Shanghai al Primer Secretario de Estado.
Fecha: Macao, 8 de junio de 1861
Localización: Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, Madrid
Serie: Tratados, Negociaciones, siglo XIX, 0208, China
Signatura: TR141, 002

Extensión del documento digitalizado: 3402 palabras / 20.558 caracteres

Localización y transcripción: David Martínez Robles

Nº40

Macáo 8 de Junio de 1861.

Al Escmo Sor. Primer Secretario de Estado y del Despacho

El Cónsul General Interino

espone respetuosamente á la consideracion de S. E. las razones que le persuaden, de que no es oportuno en las presentes circunstancias, cercarse á negociar un solemne convenio entre S. M. la Reina Nuestra Señora, y el Emperador de China.


CONSULADO GENERAL DE ESPAÑA EN CHINA

Nº 40.

Direccion de Comercio

Escmo. Señor.

Muy Sor. mio: este Despacho es como el corolario de los que le preceden sobre el mismo asunto, nos 33, 34 y 39. ¿Es oportuno, es urgente cercarse á la corte de Pekín en nombre de la Reina Nuestra Señora á negociar un solemne convenio? ¿Las circunstancias que trazan el estado político militante de China, son tan favorables, tan desembarazadas de obstaculos, tan libres de inconvenientes, que llamen á toda prisa una Legacion Española? En mi humilde concepto, ní las circunstancias son favorables, ní es urgente cercarse á contratar con China en estos momentos; por el contrario, la prudencia, primera dote de la Diplomacia, como de la conducta individual, la prudencia aconseja, que se aguarde algo mas, á que así las condiciones de la corte de Hien-fung, como las de la política interior de China, mejoren de aspecto, resueltas las cuestiones de Dinastía, de residencia de los Ministros estrangeros en la corte, y de órden público. ¿Cómo ha de ser urgente cercarse á contratar, hallandose en avanzada incubacion un cambio radical en la política de este Imperio, con el triunfo de los Insurgentes? ¿Como se dicen favorables las circunstancias en que la existencia de la Dinastía está en problema, cuya incógnita solucion se aproxima? ¿Como, si el Emperador, corrido, desprestigiado á los ojos de sus súbditos, desaparece de la China propiamente dicha, como si se relegára á un voluntario ostracismo? ¿ Como si la ley china le aconseja el suicidio ó al menos la abdicacion? ¿Como calificar de favorable, una situacion de retraimiento, de duda, de fuga en la corte, y de caos en el pais? Lo único que hasta ahora se ha conseguido con tanto dispendio y esfuerzo, es derribar las puertas de Pekin y mantener aquel punto militarmente ocupado; sí Escmo. Señor, militarmente, porque aunque los batallones y las Baterías se han retirado, allí quedaron las Baterías y Batallones del poder moral; ademas que la evacuacion de tropas por completo aun no se ha verificado. La única diferencia que hay en las relaciones internacionales de China, entre el año pasado y el presente, es que unos cuantos estrangeros mas, con elevado carácter oficial están en Pekín, nó en la corte, y algunos buques mercantes Ingleses y Americanos, bien pertrechados de artillería, y con escolta de cañoneras y vapores de la Marina Real Británica y de la Union, surcan el Yang-Tzi-Guiang, como fisicamente pudieran hacerlo durante la guerra. Nada se ha adelantado bajo el punto de vista de buena inteligencia, muy poco bajo el de mejopra de relaciones oficiales.

Por otra parte, ¿se hallan los intereses Españoles cohibidos por falta de Tratado? No se hallan cohibidos. (despacho nº 39) ¿Se concede á los Tratados la virtud de vara de Moises, para que hagan brotar benevolencia del corazon del Emperador de China, mas duro que la peña de que hizo saltar agua el historiador sagrado? ¿Se les concede virtud para infundir de golpe instrucción y actividad en el comercio Español, multiplicar la poblacion de Filipinas como Jesucristo hizo con los panes, y convertír en campos Belgas las Islas desiertas y cubiertas de frondozas malezas en nuestro Archipiélago? Risum teneatis. En ninguna parte del mundo valen menos los Tratados que en China: en ninguna parte del mundo son tan onerosos ní imponen tan graves deberes, como en China. Voy á demostrarlo.

Es preciso no perder de vista que los Tratados son una elucubracion de la cultura Europea. Planta indígena de Europa, nacida en el suelo laboreado por el cristianismo, es exótica en las demas partes del Globo, si se esceptúa la porcion de la América que ha recibido el espíritu de nuestra civilizacion. La idea substantiva del nombre Tratado, es concordia, bajo la base de reciprocidad de concesiones, ya la sancion de la conciencia, espresada en el mutuo y espontaneo consentimiento de las partes contratantes. Ahora bien, en Africa se ajustan Tratados comprando la facultad de comerciar, y el día que á los Regulos Negros les parece corta la dádiva, ponen el Tratado bajo la sandalia, y se disponen á decapitar al súbdito que lleve una sed de agua á los estrangeros. Para este caso previsto, se ha dejado el argumento de la metralla por allí, y ó se descarga sobre el pais, ó por temor de que la guerra deje los campos incultos y el comercio se interrumpa, se aumenta la dádiva, cual se complacen los caprichos de un niño mal criado y sin conciencia de sus deberes, para que vaya voluntario á la escuela. Lo propio acontece en el Asia oriental, si bien allí los Tratados se imponen y se concluyen con la guerra, ó al menos con la presion de la fuerza moral, que da á los europeos su poder militar; igual que en Africa acontece en la Oceanía. En la India como que domina el espíritu de conquista en la política Inglesa, varían las proposiciones para concluir Tratados. son las siguientes: "Para redondear nuestro territorio, necesitamos del vuestro; aceptad una pension y retiraos á las dulzuras de la vida privada, que nosotros gobernaremos vuestro Reino mejor que vos"; dice un General Inglés á los Reyes del pais, añadiendo, "sino complaceis mis deseos, os haré una guerra de esterminio. El Rey consulta sus fuerzas, y si fiel á sus juramentos se niega á tan estraña proposicion, vé llover la metralla sobre su palacio y sobre su pueblo y cundír la desolacion y la muerte, corriendo aterrado á poner la corona á los pies del vencedor para aplacarle. El Tratado se concluye á gusto del General Inglés y el Rey firma aquel papel llamado Tratado, verdadera sentencia de muerte para él, sus descendientes y colaterales.

Vengamos á China y fijemonos en la Inglaterra que da el caracter á las relaciones Diplomáticas escritas. No es de este lugar detenerme en los resultados de la Embajada de Lord Macartney en 1792, que no tuvo otro objeto que el de felicitar al Emperador en su aniversario, creyendo que este acto de etiqueta dispondría bien el ánimo Imperial en favor de los intereses Británicos. Tampoco necesito mentar siquiera la mision de Lord Amherst en 1816, porque ha regresado de Pekín sin haber logrado ver al Emperador, ní los ajustes de la Compañía Oriental con los Vireyes de Canton hasta 1834, ní los acuerdos de los Superintendentes de comercio Inglés con la compañía de Hongs hasta 1840. Vengamos á 1840, á la guerra contra el opio como la llaman los chinos, de vindicacion de la honrra Nacional como apellidan los Ingleses; Liza entre el derecho público Europeo y el chino, como diría un filósofo; ó mejor diré, vengamos al término de esta guerra por el Tratado de Nankin. Este es la primera acta de vasallage que el poder Inglés obligó á firmar al poder chino. Una guerra que termina por un acta en que el vencido se somete á todas las exigencias del vencedor, ¿tiene derecho filológico á que se llame Tratado? ¿En donde está la concordia, en donde la mente de reciprocidad de concesiones, en donde el espontáneo consentimiento de las partes? ¿Qué hay de la esencia del Tratado según lo comprende el Derecho público de Europa?; nada. ¿A qué se reducen los convenios con la China? ¿cuales son sus garantías, cual su sancion? Cilindros horadados llamados cañones, y un grano negruzco llamado pólvora. Por parte de los Europeos fuerza, por parte de los chinos sumision forzada, y ellos saben muy bien, que voluntad forzada no es voluntad; que no se quedan ligados á observar los pactos así concluidos, sino mientras la ocasión no se brinda para protestar contra la coaccion que los produjo y los mantuvo. Asi es que la Inglaterra desde 1842, se ha visto obligada á sostener en China una poderosa escuadra, y á hacer tales dispendios que han llegado á fatigar y á escitar lamentos en el parlamento y pueblo Inglés, que no reconocen superior en liberalidad para sostener las cuestiones internacionales que tienen objeto la estension de su comercio. Mas la Inglaterra no solo puede soportar todos estos sacrificios, sino que ha llegado á convertír las guerras con los pueblos de Asia, en animadas ferias, en que da salida á la exuberancia de su industria. A los mismos sacrificios que la Inglaterra, se ven obligadas todas las demas Naciones para conducir y sostener su derecho escrito con la China.

Pero la España aunque en principio con derecho indispensable á ser Nacion de primer órden, ¿se halla en iguales circunstancias que las Naciones que lo son de derecho y de hecho? ¡Ojala pudieramos decirlo!, ¡ojala que no reconociéramos la ilusion al mas lijero examen de su verdadero estado!: estado floreciente, estado de grande porvenir entre los destinos de los pueblos; pero estado que exige como condicion primera el ahorro de su vitalidad, la concentracion de su vida, la evolucion desembarazado y tranquila de su presente desarrollo. Las Nacionalidades trazadas por el dedo de Dios, como la nuestra, entrañan el privilegio de las especies vivientes; no perecer. Desde el origen de la Monarquía ha recorrido la España todos los periodos de una biología esplendente, hasta la caducidad. A principios del siglo anterior ha vuelto á renacer; criose entre una azarosa infancia, y aparece hoy bajo el solio providencial de Nuestra Amada Reina en nueva juventud, radiante de esperanzas y con la conciencia de su poder; pero llevada del instinto, y de la direccion que la imprime la sabiduría de Nuestra Reina, afanandose en completar su desarrollo, llevando á su suelo feráz todos los inventos, estableciendo todas las condiciones que la han de conducir á su periodo de virilidad. Y las Naciones como todos los seres orgánicos crecen de dentro afuera, prolongan su existencia de afuera á dentro……….. Si hay en estos principios verdad natural, que es la mas palmaria de las verdades, ¿cual será el primer deber de los Estadistas Españoles? Secundar las tendencias de la sociedad Española, dirigír su crecimiento evitando con la prevision cuanto pueda cohibirlo. Y ¿cual será el primer deber de los agentes del órden á que me honrro de pertenecer? Cuidar y fomentar en las localidades del estrangero los intereses Españoles con discrecion, fé y activa voluntad; informar á su Gefe de todo hecho importante, bien observado, que pueda servirle para la acertada gestion de los intereses Nacionales, huyendo de conflictos, y evitando el doloroso caso de guerras y desacuerdos esteriores, siempre lamentables para los Estados; pero hoy decididamente desastrosos para España.

Y en tales circunstancias ¿habrá quien se apresure sin necesidad de concluir un Tratado entre S. M. C. y el Emperador de China? ¿Pare qué? ¿Para imponernos la obligacion de mantener aquí una escuadra y una Legacion, buscar las probabilidades de un casus belli el dia menos pensado, en la sofística interpretacion del gobierno chino, en la susceptibilidad de nuestro amor propio, en un ataque al interés estrangero, ó en la ayuda que nos reclame otro poder? Es altamente comprometido, muy costoso, y demasiada honra para el Emperador de China mientras no se adhiera sinceramente á la benevolente y libre admision de los estrangeros. Preferible es que nuestras relaciones continuen mientras tanto, sostenidas por Cónsules bajo la direccion de V. E., que cuestan menos, protejen bastante, y sufren mas. Lo necesario es, que el personal de Cónsules sea escogido, para que las necesidades del servicio sean satisfechas, las instrucciones de V. E. fielmente cumplidas, y los deseos de S. M. no solo obedecidos, sino adivinados y prevenidos.

Tenemos, que por de pronto el Tratado, una vez concluido nos obligará á mantener en la capital una Legacion, y en las aguas de China una escuadra; sin cuyos enormes dispendios é inconvenientes nos pasamos hoy, hallandose nuestros intereses suficientemente garantidos con la accion oficial de los Cónsules, y el derecho consuetudinario que los cubre. Permítame V. E. repetirlo; nuestro Derecho consuetudinario en China en las presentes circunstancias, vale mas que un Tratado, porque concede todos los derechos apetecibles, y no impone mas deberes que los de humanidad.

Que el Portugal quiere hacerlo, se dice. El Portugal necesita mucho recabar de este periodo de amistad Inglesa, que puede acabarsele en una de las complicaciones que amenazan en Europa, necesita recabar de la amistad Inglesa, digo, el reconocimiento de la independencia de la colonia de Macáo, por parte del Emperador de China.

Que la Prusia tiene un Tratado con China en vías de negociacion. La Prusia necesita de él si ha de proteger los intereses de la confederacion, que no disfrutan tan buenos precedentes como los nuestros; y ademas seguro estoy de que delegará en gran parte el cuidado de la observancia del Tratado en la Inglaterra.

Que España no es apellidada en China Treaty power. Para el concepto de la China es favorable; pero hablando á V. E. con la respetuosa sinceridad que acostumbro, no me agrada demasiado; aunque me consuelo con ver por aquí como nuestros intereses viven y mejoran, y por la Península como florecen bajo el fecundo cetro de la Reina Nuestra Señora, y la sabiduría de sus consejeros, que tan fielmente interpretan las necesidades de la Nacion. Bajo este punto de vista, ha sido una verdadera fortuna para nosotros no tener Tratado con China. Nadie puede desconocer que nos hemos librado de esta manera, de todas las complicaciones en que, en esta época de luchas entre estrangeros y chinos, era casi seguro que nos hubieramos visto envueltos, con desfavorable idea de nuestro nombre, y perjuicios de nuestro comercio.

Réstame en corroboracion de mis opiniones dar á V. E. cuenta de dos dificultades con que están luchando los Ministros Prusiano y Portugués, y con las cuales chocaríamos nosotros si nos cercasemos á negociar en las actuales circunstancias. Apesar de los buenos oficios de los Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra residentes en Pekín, así el Príncipe Kung como los Dignatarios Tártaros de la capital, resisten con todas sus fuerzas recibir á negociadores de otros tratados. Apelan á los sentimientos, y dicen; "si ratificar los de Tien=Tsin, no ha costado tanta desafeccion por parte del pueblo, como la prueba el incremento imponente de la Rebelion ¿qué nos sucederá si nos prestamos sin oposicion á concluir y sancionar otros? Tratando de la residencia del Ministro en Pekín, se declaran abiertamente opuestos, no admiten discusion sobre este punto, y dicen que "el Ministro que allí quiera residír, solo puede lograrlo despues de una guerra, cuyo éxito le sea favorable. Para justificar su negativa, indican la misma causa, y añaden. "A Uds. que afectan desconocer la constitucion de China y el grande peso de la opinion pública sobre el gobierno, necesitamos decirles que el Emperador no puede volver á la capital y recibír á Uds. como representantes de Soberanos iguales: para no proscribír su Dinastía necesita mantenerse ausente, y esculparse con haber sido vencido su ejército ¿qué razon podrá aducir en su abono, el día en que vea la China, que otro Ministro se establece en Pekín sin haberlo resistido el Emperador?

Tambien presentan una demanda á los negociadores de Prusia y Portugal, por su naturaleza imposible de aceptar, por su forma muy difícil de declinar. Dicen el Príncipe Kung y sus Ministros; "todo el mundo sabe que la Rebelion de China, ha sido una consecuencia de las guerras Inglesas; es igualmente notorio que su incremento actual, incremento que amenaza seriamente á nuestra Dinastías, es debido á la preocupacion en que tuvo que vivír el gobierno chino durante el último desacuerdo con Inglaterra y Francia. De nadie es ignorado tampoco el hecho de que los estrangeros, principalmente los de raza Anglo=sajona, favorecen tanto al partido Rebelde, que puede decirse que ellos le sostienen, y les proporcionan todas las ventajas que á veces tienen sobre nuestros soldados. Hombres que los instruyen en la táctica militar, partidas de armamento de á dos mil cañones, cincuenta mil fusiles y cincuenta mil sables, municiones de boca y guerra, vestuario, todo cuanto necesitan lo obtienen los Rebeldes de los estrangeros, pagandolo á precios fabulosos con el fruto de sus depredaciones. Ahora bien, si hablando de buena fé no pueden los estrangeros negar ní aun parcialmente estos hechos, tampoco pueden declinar la responsabilidad que en su consumacion les cabe, el deber que les impone de prestarnos su ayuda para reducir y exterminar á los Insurgentes, cuyas conquistas son una calamidad, como si rios de lava candente inundasen la China. Buscan Uds. nuestras relaciones con la ostentacion de grande poder, con gestiones Diplomáticas, y hasta apelando á la guerra por nuestro mas leve descuido. Fomentan la Rebelion, que hace imposible el gobierno en muchas provincias, nos obligan á conculcar nuestras leyes fundamentales que dicen relacion á los estrangeros, y en compensacion, si tantos males la tuvieran ¿qué nos dan? ¿qué bien nos proporcionan? ¿que servicio nos prestan? Uds. dirán nuestro comercio. Su comercio hace imposible la observancia de nuestras leyes suntuarias fomentando el lujo y las necesidades ficticias, y nos trae el material de guerra con que nos hostilizan los rebeldes, y el opio que parece destinado por el genio del mal para aniquilar nuestra raza. Es preciso, pues, si Uds. insisten en que contratemos, que nos prometan solemnemente darnos su auxilio y ayuda material contra los Insurgentes, en lo que no hacen mas que aplicar remedio á un mal que Uds. mismos nos han acarreado. En los demas puntos solo podemos negociar como hemos negociado con los Americanos".

En esta noticia que me consta de muy buen origen, (por uno de los Plenipotenciarios) y que aunque trascendiese por rumores, no podría rechazar la sana crítica, claman al cielo la verdad y la justicia con que se produce el Gabinete de Pekin. Mas ¿qué pueden contestar á esta demanda los nuevos negociadores? ¿Sí? ¿No? Vea V. E. si pueden ser mas desfavorables , menos oportunas las actuales circunstancias en este Imperio, para cercarse á la corte de China á negociar Tratados.

Resumiendo, cuando se halla amenazada la existencia de la Dinastía Tártara, por los Insurgentes y por la posible abdicacion del Emperador; cuando con la residencia en Pekín de los Ministros estrangeros nada ó muy poco han mejorado las relaciones oficiales, cuando los Tratados en China, sus garantias, su sancion, vienen á resolverse en la última ratio, ó mas bien, primera y única; cuando un Tratado con China nos impondrá desde luego los dispendios consiguientes al sostenimiento de una Legacion en la capital y una escuadra en estos mares; cuando puede ser origen de desacuerdos mil y aun conflictos, que con toda prevision deben evitarse á la España de hoy en su periodo de desenvolvimiento; cuando los Tártaros resisten hoy con mejores razones que nunca, admitír nuevos negociadores, conceder de buen grado residencia á nuevos Ministros en Pekín, y exigen ademas en todo nuevo Tratado, promesa de ayuda material contra los Insurgentes…… cuando por otra parte los intereses Españoles bastantemente protegidos y respetados, no reclaman con premura, ní con mucho menos apresurarse á negociar un Tratado con el celeste Imperio…………………. (Dejo la conclusion final al superior talento de V. E., persona infinitamente mas autorizada, y libre para aconsejar á S. M. la Reina (q. D. g.) lo que estime mas conveniente).

Lo que tengo la honra de esponer á V. E. siempre poseido de respetuoso temor; que por mas que sienta con viveza mis convicciones, nunca dejo de esponerlas con desconfianza en asuntos tan graves, por la segurísima que tengo de la humildad de mi talento: y sin perjuicio de contestar categóricamente en Despachos sucesivos, al Soberano mandato con que la Reina Nuestra Señora, se ha dignado honrarme en 16 de Marzo último.

Dios guarde á V. E. muchos años. Macáo 8 de Junio de 1861.

                                                Escmo. Señor

                                               B. L. M. de V. E.

                                               Su muy atento seguro servidor

                                               Gumersino Ogea y Porras

Escmo. Sor. Primer Secretario de Estado y del Despacho