Autor: Vera, Santiago de
Título:
Carta a S. M. del Gobernador General de Filipinas, Santiago de Vera. Refiere la rebelión que intentaron algunos principales de Filipinas, la contratación con los chinos, falta que hay de gente para la defensa de las Islas; pide ayuda para remediar la necesidad que hay de médico y boticario, etc.
Lugar y fecha:
Manila, 1589
Localización:AGI, Aud. de Filipinas, 18 A
Extensión del documento digitalizado: 17.043 palabras / 20.830 caracteres

Localización y transcripción: Dolors Folch Fornesa / Carles Brasó Broggi

 

 

Manila, 13 de julio de 1589.

Carta a S. M. del Gobernador General de Filipinas, Santiago de Vera. Refiere la rebelión que intentaron algunos principales de Filipinas, la contratación con los chinos, falta que hay de gente para la defensa de las Islas; pide ayuda para remediar la necesidad que hay de médico y boticario, etc. Señor.

El año pasado de ochenta y ocho [1588] dí quenta a V. Magestad del estado de esta tierra, que por estar la carrera tan peligrosa de mar y cosarios, y por la dificultad de llegar a manos de V. Magestad los despachos, va con ésta el duplicado, en que signifiqué la estrema necesidad en que están estas yslas de socorro de jente y lo necesario para el campo, y de otras cossas de que dí quenta a V. Magestad, ynportantísimas a su serviçio y conservación desta tierra; suplico a V. Magestad lo mande ver y proveher con la brevedad posible.

De este puerto salió un navío pequeño para la ciudad de Malaca, en que yban dos rreligiosos descalzos de san francisco, y como el Rey de burney estava de paz hizo escala en el puerto de Mohala que es dos leguas de burney, y aviendo visitado al Rey y dándole cartas mías, los rresçivió bien y les mandó dar casas y lo necesario para su aviamiento, con que se aseguraron. Y una noche vinieron sobre ellos mucha jente de aquel Reyno, y entre ellos dizen que venían un hermano y deudos del Rey los quales mataron tres españoles, y entre ellos al uno de los rrelijiosos y a todos rrobaron lo que llevavan Y de los que escaparon supe que fue jente conocida de burney, y que los despojos se vendieron públicamente en aquella. ciudad, y algunas cosas su vieron en poder de los deudos del Rey. Y entendí que algunos principales de estas viniesen todos, dándoles orden de lo que avían de hazer. Hize ynformaçión secreta y averigüé ser todo lo dicho verdad y en poco tiempo hube a las manos los culpados, que estavan en estas yslas, y los que andavan fuera muniendo la jente, sin quedar uno dellos por prender, y sin alteración alguna corté las cavezas a siete authores del rrebelión, hijos, sobrinos y nietos de los señores de esta tierra los otros no tan culpados castigué con destierro para la nueva españa, y otras penas con que pareze que esta alteración á cesado; después de lo qual, en la provincia de Zubú y en la que dizen de pintados hizieron yslas tenían trato con aquella jente para se pasar con ellos, y que se avían conjurado en juntas que para ello hizieron, y concertaron de traer al Burney y Rey de Joló y al de Mindanao y otra mucha jente estranjera sobre esta ciudad para nos matar e rrobar. Y estando aquí un navío Japón trataron con el capitán y jente dél que vinieren de aquella tierra Japones y que ellos ayudarían con la que tienen y con mantenimientos y lo necesario para todo, y les entregarían esta tierra con trazas y orden que para ello avían acordado. Tubieron esto tan secreto quinze meses (esperando ocasión) que por mí ni rrelijiosos ni otra persona no se entendió; y para efectuar su negocio despacharon los principales de estas yslas a burney y a los otros Reynos tres principales de entre ellos, y escribieron al Japón para que a tiempo cierto junta los principales y trataron de matar los españoles; están presos los más que se aliaron en ésto, y se ba procediendo contra ellos y entiendo que nos dará esto poco travajo, y que este atrevimiento á nacido de ver estos naturales la poca jente española que ay en las yslas y el poco socorro que de la nueva españa viene, y que tiene V. Magestad necesidad de mandar no aya en esto tanto descuido.

Por una su Real çédula me mandó V. Magestad vender los correjimientos de esta ciudad y quatro escribanías públicas della y las de las provincias de Otón, Zebú y Camarines Ylocos, Cagayán, Panpanga y Bonbón, y por ser la tierra tan nuevamente poblada y los oficios de tan poco provecho, escreví a V. Magestad que me parecía que no hera tiempo para disponer dellos, y valdrían poco, que los pornía en almoneda y, haviendo quien los comprase con rrazonable comodidad, los vendería, y así lo hize; y para que más valiesen se pusieron en venta con preheminençia que los pudiesen renunciar y vender, pagando a V. Magestad la tercia parte del precio que valiesen, como las escrivanías se an vendido, siendo V. Magestad servido de mandar se guarde esta condición, y no lo siendo, se les bolvería el precio y se venderían sin ella. Y como en esta tierra en tanto se estiman la preheçelençia y preheminençias de los oficios, an subido en tan buenos precios que el primer boto de rregimiento de los que se mandaron vender se rremató en mill y duzientos y cinquenta y un pessos y segundo, terçero y quarto y quinto en dos mill y ochocientos, y las quatro escribanías públicas de esta Ciudad en dos mill y ochocientos y ochenta pessos, a setecientos y veinte cada una, y la de la provincia de la Panpanga en mill y la de Otón en mill y seiscientos y veinte, e la de la ciudad e provincia de Zubú en quinientos y sesenta, y la de Ilocos en trecientos pessos, y la de Bonbón en duzientos y sesenta y dos pesos. Y por los demás rrejimientos y escribanías, que se traen en almoneda, no se halla tanto precio, por aver cesado las porfías y conpetencias, que han sido las que hizieron subir tanto los oficios, y por esta causa no se an vendido los rrejimientos y escribanías que rrestan; de lo que se hiziere adelante daré quenta a V. Magestad, y lo que montaron se porná en la Real Caxa luego que esté cobrado.

En esta carrera para la nueva españa tenía V. Magestad quatro navíos, y el navío que agora se acavó, que fue este año el viaje, destos vendío el Virey de la nueva españa el navío san Martín para hazer viaje a Macán, a donde se perdió y le quemaron los chinos; otro tomó el cosario ynglés, como dí quenta a V. Magestad y agora, estando otro para hazer viaje en el puerto de esta ciudad, sobrevino un uracán tan grande que dio con él al través y con otros muchos navíos de españoles y chinos de que sólo un pequeño, que agora va de aviso, quedó sin perderse, y de los demás que rrestan sólo el uno es de provecho, porque el otro á de venir al través por ser ya tan viejo. Y por entender la grande falta que ay dellos mandé poner en el astillero de V. Magestad un galeón grande de seiscientas toneladas para arriba, que se fabrica en pintados que con el ayuda de Dios podrá navegar el año de noventa y; uno; y é dado orden cómo particulares hagan otros dos de menos porte, que el uno está ya acavado, y anbos podrán navegar el año que biene. Es ynportantísima cosa que aya en esta carrera copia dellos, así para las cosas que se pueden ofrezer para la guerra, como para la conservación de estas yslas, que se sustentan de la contratación. Y si V. Magestad, como otras vezes é escripto, fuese servido de mandar traer de la nueva españa hasta diez mill pessos cada año, se pueden echar al agua con facilidad y sin vejación de los naturales dos navíos de buen porte, con más que dos tercios de costa que se hazen en otras partes; con este socorro, sin el qual no ay de qué se puedan hazer, V. Magestad mandará probeer lo que sea servido.

Para las naos de la carrera de estas yslas a nueva españa, y para otras partes que se ofrezen, son muy necesarios marineros que las lleven y queden aquí para el servicio de ellas, y carpinteros y calafates que para adrezarlas an de rresidir aquí, a los quales se les paga en la nueva Spaña sus salarios por la pobreza de esta Caxa, y como an de ynviar por este salario, unas vezes no se lo traen y otras se pierde, y esto es causa que mueren de hambre y sirven mal y se huyen, ay notables faltas en el despacho de las armadas, para rremedio de lo qual, pues lo uno y lo otro es hazienda de V. Magestad y se á de gastar en esto, convernía fuese servido de mandar trujesen cada año a esta Real Caxa hasta tres mill pesos para socorrer estas necesidades, que se podrá hazer sin que de la Caxa Real de México se saque nada.

Ya dí quenta a V. Magestad cómo para la seguridad de dos navíos, que despaché este año pasado de ochenta y ocho [1588] a la nueva españa, saqué de estas fortalezas cantidad de artillería, y la que llebó la una dellas pagaron los mercaderes y la pólvora, armas y muniçiones. Y la que el otro llebaba fué por quenta de V. Magestad; parte del dinero que dieron ynvié a los Reynos de China para que comprasen el metal que alcanzase, de a donde me trujeron Ciento y veinte y Cinco picos (de a cinco arrobas) de cobre, a treze pesos de a ocho reales; de esto se ba fundiendo artillería, y en lugar de las piezas que llevaron los navíos é echo fundir otras de metal que acá tenía, que an salido muy buenas. Es tan barato el bronze en China y tan fácil de traer y de fundirse en esta tierra, que si V. Magestad fuese servido de mandar traer dinero de la nueva España para ello, se podría probeher desde esta tierra artillería para la nueva España y el Pirú. V. Magestad mandará lo que más sea servido.

La contratación de los chinos va cada día creciendo en estas yslas y de ordinario ay en ellas quatro mill hombres de aquella tierra, mercaderes y oficiales, de los quales se avenzindan y quedan de asiento en al alcaizería de esta ciudad y en los pueblos çincunvezinos muchos dellos. Las casas se ban apriesa edificando de piedra al huso de españa, muy fuertes, grandes y de mucha authoridad, y con el labor de Dios en dos u tres años serán todos los edificios ansí. La yglesia mayor, los monasterios y templos se ban haziendo muy fuertes, y algunos dellos están acavados; son los materiales tan buenos, y los oficiales chinos y naturales tantos, que convida a todos a edificar de esta suerte, pero causa tristeza grande (que es todo como bolsa vazia o posada sin huésped) porque como la tierra no es bien sana, y no ay médico ni medizinas y la necesidad tan grande en la jente de guerra, y el travajo ordinario de la guarda y Centinelas y jornadas para hazer socorro a las poblaziones y pacificar las alteraciones de los yndios, cada año se van muriendo y faltando, de suerte que temo no á de haver jente para defender la Ciudad de qualesquiera enemigos, de tantos cómo tenemos çircunvezinos, para rremedio de lo qual tiene V. Magestad proveido que el Virrey de la nueva españa ynvíe la jente, armas y municiones que el governador de estas yslas le pidiere, y las medizinas y cosas necesarias para este campo, y á tres años que no hazer socorro de nada de esto, de que estamos en extrema neçesidad. Suplico a V. Magestad, que si es servido que esto baya adelante y se conserve, mande con precisión al dicho Virrey socorra cada año este campo con duçientos hombres, pólvora y municiones, medizinas y otras cosas para los ospitales, y lo que el governador le avisare que es menester. Puedo Certificar a V. Magestad que si este socorro falta, tanvién faltará lo más y se perderá lo que V. Magestad con tan grandes y exçesibos gastos á ganado, para encaminar al zielo tantos millones de almas, que el demonio posehía, y se cerrará la puerta de este nuevo mundo que V. Magestad tiene avierta.

La fortaleza, que escrivía a V. Magestad que estava haziendo, estando ya para acavarse hizo asiento, y con los grandes temblores rrespendó por tres partes y abrió por la una más que un dedo, y por las otras menos, y para asegurarlo y que quede a lo moderno, aunque hera bastantíssima y fuerte, le boy puniendo cavalleros, que an de servir de traveses; el prinçipal que es a la parte de la mar, está activado, y los otros se an comenzado, y con el fabor divino se harán con brevedad, y quedará tan capaz y fuerte que pudiera servir en qualquiera frontera. El modelo y rrelaçión y la quenta que tiene ynvío a V. Magestad con ésta.

Después que vine a esta tierra é echo ynstançia sobre que los rrelijiosos procurasen saver la lengua de los chinos para la conversión y doctrina de los que ay en esta tierra, que es de ordinario la cantidad que é rreferido, y por ser tan dificultosa y tener tanto qué hazer con los naturales de estas yslas no se avía echo, y venidos que fueron los dominicos les encargué la doctrina de ellos y les dí yntérpretes para que les enseñasen la lengua (1), y les mandé hazer yglesia y cassa en el alcaizería, que llaman el Parián, y en la punta de Tondo (2), donde tienen sus tratos y bibienda, y ánse dado tan buena maña dos rrelijiosos, que el uno dellos entiende y abla ya bien la lengua , y el otro la sabrá con brevedad. Estos les predican y enseñan, y an convertido mucha jente y tienen ya pueblo de christianos, y este año hizieron el juebes sancto procesión de sangre con mucha deboçión; espero en nuestro Señor (como esta jente es de tan grande entendimiento y firmeza en lo que aprehende y no tiénense otro particular) que con mucha brevedad se convertirán (como el obispo á mandado), fuera ya la conversión jeneral en esta tierra y hubieran rresçibido el baptismo, sobre lo qual é dado quenta a V. Magestad y espero rresoluçión de lo que á mandado hacer.

El obispo de estas yslas (como otras vezes é escripto a V. Magestad) sufre mal las apelaciones por vía de fuerza, y lo que el audiencia provehe, y quando le pareze, no lo quiere cumplir, sobre lo qual nos á puesto en mucho travajo y necesidad de lo echar de la tierra y executar las penas, y en particular sobre la defensa de la juridiçión Real, que por ser la tierra nueva y no escandalizar los naturales se á dejado de hazer. Arrebátase de cólera, a vezes con pequeña o ninguna ocasión, de manera que se desordena mucho con el audiencia en el púlpito y fuera dél, y da causa que hagan otros lo mismo, sin embargo de lo que V. Magestad le á mandado y rreprehensiones que á tenido, que aunque an sido en cosas graves no las rrefiero, por no causar pesadumbre con más larga rrelaçión; suplico a V. Magestad provea del rremedio que fuere servido, y que no publique sin propósito contra el audiencia y fiscal causas del sancto oficio, como lo á echo, que aunque siempre avemos de hazer justicia y el fiscal pedirla (nasce de esto y de querer poner mal nombre y miedo so color de ynquisiçión a los juezes) muchos ynconvinientes y escándalo en desauthoridad de vuestra audiençia.

Aunque V. Magestad tiene mandado proveher este campo y ospitales rreales de medizinas y cosas necesarias, como no ay médico, no se curan los soldados sino a tiento y por parezer de cirujanos sin letras, y por esta causa se muere mucha jente; suplico a V. Magestad, pues tanto ymporta a su servicio, mande al Virey de la nueva españa ynvíe un buen médico con salario competente a costa de vuestra Real hazienda, que ni la ciudad tiene propios para pagarlo, ni los soldados lo pueden hazer, pues áun para sustentarse no tiene el más rrico.

En el astillero de estas yslas tenía V. Magestad por oficial mayor y cabo de obras a maese Miguel de Palazio, el qual murió, y en su lugar entró maese Marco, buen oficial de todos navíos, y tanbién es muerto, y aunque ay otro que agora entiende en la obra del galéon, que se haze en pintados, es viejo y no puede solo acudir a las obras y aderezos de los navíos de la carrera y a la fábrica de los demás; ay necesidad de otro buen oficial; suplico a V. Magestad mande se ynvíe de esos Reynos o de la nueva españa, si lo hubiere.

Por la que escribe esta audiencia mandará V. Magestad ver otras cosas, de que demos quenta, que yo no rrefiero por dezirlo allí Dios guarde la cathólica persona de Vuestra Magestad. De Manila y de jullio 13, 1589. El doctor Santiago de Vera [rúbrica].

AGI, Aud. de Filipinas, 18 A; original

NOTAS

1. En carta del Lic. Gaspar de Ayala a Felipe II (Manila, 15.7.1589) leemos este valioso testimonio: "Entre el obispo y la Orden de Sant Agustín se á tractado pleyto en la Audiencia sobre si la dicha orden y Religiosos della an de administrar la doctrina a los chinos que biven en el pueblo de Tondo, a donde ellos desde que esta ciudad se pobló tienen monasterio administrando a los naturales, los quales así mesmo en la lengua de los naturales dicen haver administrado a los chinos que la entienden, el obispo quisso e pusso en este pueblo frayles de su orden de dominicos, para que en una hermita que allí se hizo administren a los chinos, y los agustinos hicieron contradiçión, diciendo que por breve de su santidad y cédula Real, que presentaron, está mandado que en un pueblo ni su comarca aya dos monasterios de diferentes órdenes. El Audiencia proveyó aucto, en que mandó que el obispo dentro de treynta días pusiese ministros de una horden, que administrassen la doctrina a los naturales y chinos, estando este aucto passado no se excluían los dominicos de la administración de la doctrina de los chinos; deste se suplicó por parte de la orden de San Agustín, y dixeron cómo tenían religiosos que con mucha brevedad sabrían la lengua china, y por aucto se mandaron guardar los auctos passados, en el entre tanto que Vuestra Magestad consultado provea otra cosa: después desto, viendo lo augustinos que por los dichos auctos ellos no quedavan esclusas de la administración de la doctrina de los chinos, començaron a entender en ella, y queriendo un rreligioso de la dicha orden, que dizen save la lengua, predicar en ella a los chinos el día de san Juan, a la tarde passó el obispo al pueblo de Tondo, ques frontero desta çiudad, el rrío en medio, y tuvo pesadumbre con los frayles augustinos, que por ser el obispo frayle dominico favorece a su orden y a ellos los persigue, y que esta persecución no tenían antes que vinieran los dominicos a estas islas sino mucha paz y concordia": AGI, Aud. de Filipinas, 18; COLIN-PASTELLS, Labor evangélica, 1, 506-507; SANZ, Primitivas relaciones, 143, nota 43.

2. Omite el Dr. Santiago de Vera otras noticias muy interesantes, las que tienen su importancia, más que por el hecho en sí por la historia un tanto embrollada que discurrió entre la Orden de dominicos y la de agustinos, precisamente por esta autorización otorgada por el Gobernador. Escribía la Audiencia de Manila al Rey (Manila, 13.7.1589), poniendo las cosas en su punto y hasta aireando el parecer un poco secreto pronunciado por los miembros de dicha Audiencia: "En el pueblo de Tondó, que está junto a esta ciudad, río en medio, en donde la horden de sant Augustín tiene monasterio con ministros, que entienden en la conversión de los naturales (cfr. doc. núm. 116), a donde también abitan muchos chinos, con el beneplácito de vuestro Gobernador se hizo una hermita para administrar en ella la doctrina a los chinos; para este ministerio nombró el obispo dos frailes dominicos de su horden, que entienden la lengua china, los quales asimismo tienen a cargo la administración de la doctrina de los chinos de la Alcaicería desta ciudad, en que abrá más de dos mill; a esto hizieron contradiçión los frailes Augustinos, diziendo que ellos administravan la doctrina a los chinos del dicho pueblo, en que abrá más de dos mill. A esto hizieron contradiçion los frailes Augustinos, diziendo que ellos administravan la doctrina a los chinos del dicho pueblo en la lengua de los naturales, la qual los dichos bien entendían. y por tener V. Magestad por su rreal cédula mandado que en un pueblo ni su comarca no aya dos monasterios de diferentes hórdenes, lo qual asimismo tiene su santidad mandado por un Breve, sentençiósse por esta rreal audiencia que el obispo de (en) treinta días nombrasse ministros de una horden, que administrassen la doctrina en el pueblo de Tondo y su comarca a los naturales y chinos, los quales passados pidió el Obispo declaración del dicho auto, y se proveyó otro en que por el passado no quedaban exclussos de la administración los frailes dominicos. De éste se suplicó por parte de la horden de sant augustín, diziendo tenía rreligiosos que estavan deprendiendo la lengua china, y proveyósse que se guardasse y cumpliesse el auto en que se declaró no estar exclussos los dominicos de la dicha administración, en el entretanto que V. Magestad, consultado, otra cossa provea y mande, y para esto se embían a vuestro real consejo los autos. Los votos que en el pleyto hubo son: el licenciado don Antonio de Rivera que se dé la doctrina a los dominicos que la administran y saven mejor la lengua, y ay más ministros y están ya nombrados por el obispo, a cuyo cargo está, y con esto le parece se descargará la real conciencia y no de otra manera. Los licenciados Pedro de Rojas y Melchor de Avalos y doctor Vera, presidente, fueron de parecer que se cumpla el auto en que se manda no se excluyan los dominicos, y teniendo los Augustinos lenguas sufficientes, por tener, como tienen, el monasterio y convento de Tondo, tengan la administración de la doctrina de los chinos de tundo y baybay, y los dominicos también les ayuden también (sic) en la hermita que tienen hecha, para lo qual ay dos Religiosos en santo domingo tan solamente que saven la lengua, y tienen a su cargo la administración de los chinos que ay en la alcayçería desta ciudad, donde ay mucha cantidad de ellos": AGI, Aud. de Filipinas, 18 A.