Autor: Vera, Santiago de
Título:
Carta del Gobernador de Filipinas, Santiago de Vera, al Virrey de México, dándole cuenta del estado de las Islas Filipinas.
Lugar y fecha:
Manila, 25 de junio de 1587.
Localización:AGI, Aud. de Filipinas, 18 A; 6 hs. fol.; copia.
Extensión del documento digitalizado: 3.696 palabras / 20.106 caracteres

Localización y transcripción: Dolors Folch Fornesa / Carles Brasó Broggi

 

 

Manila, 25 de junio de 1587.

Carta del Gobernador de Filipinas, Santiago de Vera, al Virrey de México, dándole cuenta del estado de las Islas Filipinas.

"Al Exmo. Señor don Alvaro Manrique de Çúñiga, Marqués de Villamanrrique, Visorrey, governador y capitán general en la nueva españa y presidente de la Real Audiençia e Chançillería Real que en ella reside.

Exmo. Señor. Con grandísima pena estoy de no aver visto letra de V. Excelencia y lo que me manda, y despachar este navío sin averla reçivido, y pues no á venido, o V. Excelencia no lo á podido despachar o á tenido malos tiempos; tráigale Dios con bien y guarde a V. Excelencia, que teniendo salud estoy çierto que no nos faltará nada en estas yslas, pues tan de veras acude al servicio de dios y de su magestad y al bien de estas partes.

Aunque dí quenta particular a V. Excelencia en los navíos passados del estado destas yslas cumpliendo con lo que devo, haré lo mismo en aquesta, para que V. Excelencia nos haga merced y mande proveer lo neçesarío para la conservaçión desta tierra.

En estas yslas ay algunas poblazones despañoles, y en esta çiudad de Manila, pues la caveça, y en las demás y de hordinario hasta sieteçientos hombres y quando más ochoçientos y como la tierra no es sana y lo pasan tan mal, la mayor parte se mueren y otros se huyen sin lo poder remediar. Suplico a V. Excelencia sea servido que para que esta tierra vaya adelante la mande proveer cada año de gente, muniçiones y armas porque no se çevando en cada viaje, este campo es muy poca la defensa que tiene, y çesarían las jornadas y otras costas que no se pueden escusar.

Fue grande la nesçesidad y aflictión en que hallé este pueblo, que todas las cassas y haziendas se avían quemado sin escapar ni aún la fortaleza, ni algo que avía en ella, y conosçiendo el notorio peligro en que estava siempre del fuego, por ser de madera, caña y de paja los edifiçios, no consentí de allí adelante se hiziesen cassas sino de piedra, pues les costava menos por averse descubierto los materiales muy çerca, y que se traen el río abajo con façilidad, y así las van haziendo muy fuertes y hermosas, y los tenplos, monasterios e yglesia mayor y espero en dios que en diez años se abrá la çiudad reformado y será la más bien edificada de las yndias.

Asentóse esta çiudad en vn pedaço de tierra angosto, de la vna parte la mar y de la otra vn caudaloso río, y por la otra vna çiénaga o pantano, y está como en ysla, y por ninguna parte thenía defensa sino de vn fuertezillo, que está en la punta que hizo el río con la mar, de madera muy ruín y todo podrido, y considerando el peligro de tantos enemigos, que ai aún vezinos, tenemos, determiné de fortificarla, y aunque sin ayuda de la Hazienda del Rey ni de la çiudad, tengo hecho vn torreón de piedra en la playa junto a las casas de la çiudad, y más abajo, en la parte que á paresçido más neçesario, voy haziendo vna fortaleza de cantería muy fuerte, como mandará V. Excelencia ver por la traza que ynvío a su magestad, en que podrán estar muy a plazer seteçientos hombres, y en tres meses que se á travajado en ella la tengo en el primer suelo, donde á de estar la artillería más gruesa, y con el ayuda de dios se acavará en poco más tienpo de vn año; desde esta fortaleza y playa junto a la mar se á fecho vn fosso hondo y ancho, que con las cresçientes de la mar se hinche de agua, y sin ella la tiene para andar algunos barcos, y sirve para conduzir por él los materiales para la dicha obra y para las de particulares. Este fosso atraviesa de la mar al río, y por aquella parte çerca toda la çiudad, de súerte que queda en ysla con la mar, río y el foso; en lugar del fuerte de madera he traçado vn valuarte para la defensa de la entrada del río y de la playa, de a do juegue el artillería hasta el torreón que he dicho, y el torreón la juegue hasta la fortaleza nueva, la qual podrá defender toda la playa y la mar y el fosso, y por la rivera del río he mandado hazer parapeto de piedra, desde el foso hasta el dicho valuarte, con que pareçe estará la çiudad defendida y fuerte por todas partes.

Para hazer esta fortaleza, baluarte y otros reparos, por la pobreza de la Real Caxa y de la çiudad hize repartimiento por esta vez entre los encomenderos, conforme a los yndios y rentas que tienen, y entre los vezinos que lo podían sufrir, de tres mill y tantos pesos, y cada yndio casado vn real y al soltero medio, que lo vno y lo otro van pagando sin vexaçión ni molestia: juntarse an ocho o nueve mill pesos de lo dicho, con los quales se podrá hazer, mediante dios, la fortaleza prinçipal por ser los materiales baratos; es la piedra tan a propósito, que mojada, se labra como madera y seca es muy fuerte y muy dura, y para el artillería mejor que el ladrillo; si su magestad fuese servido de hazer merced a estas obras y ayudarles de su Real Hazienda, con otro tanto se acavaría todo y se podría hazer otro fuerte para guardar el puerto de Cavite y naos de la carrera, que por estar de la çiudad dos leguas, con lo dicho estará seguro y las naos no tienen donde más çerca puedan surgir sin hordinario peligro del tienpo. Suplico a V. Excelencia dé quenta desto a su magestad.

En el general ynçendio que huyo en esta çiudad abrá quatro años, se quemó la pólvora y muniçiones y se derritió el artillería, y aunque se an hecho del metal que quedó de provecho otra vez algunas pieças, ay solas veinte y seis gruesas y veinte menudas, que para la nesçesidad que dellas ay en esta tierra y para su defenssa y para las jornadas que se ofresçen es muy poca artillería; çerca destas yslas, en vna que llaman de Lumbán, veinte leguas de aquí, y en otras çircumvezinas se á descubierto mucho metal de cobre, de que escreví a V. Excelencia thenía notiçia que de cada quintal de piedra sale vna arrova de cobre; no he hallado quien lo sepa fundir, porque los que lo an provado son yndios, que por grueso no lo hazen; suplico a V. Excelencia sea servido de mandar se ynvíen de esa nueva españa fundidores y offiçiales para hazer el artillería, porque el que aquí está hierra las pieças y es viejo e ynútil; tanbién ymportaría que su magestad fuese servido de mandar traer de macán o de sián, donde ay copia dello, salitre, con que se excussarían los grandes gastos que tiene cada año trayéndose de esa çiudad la pólvora; suplico a V. Excelencia lo mande screvir a su majestad.

A su magestad he scripto lo mucho que a su servicio conviene y al bien y conservaçión desta tierra thener en ella guarniçión de trezientos soldados, siquiera pagados, y que siendo servido se podrá hazer sin costa de su Real Hazienda, mandando cresçer dos reales en cada tributo, que sin pesadumbre pagarán los yndios, por ser los más dellos ricos y sin conparaçión más que los de la nueva españa; y con lo que se cobrare dellos se podrán pagar los dichos soldados y mandadores, y será la mejor soldadesca que abrá en el mundo, y con ellos me parece, estando las fortificaçiones acavadas, no temeremos a nadie, y de otra suerte no ay honbre que pare aquí, ni se puede acavar con él que tome las armas. Suplico a V. Excelencia lo advierta a su magestad.

An venido este año a este puerto más de treinta navíos de razonable porte de china y dos de portuguesses de la çiudad de macán y vn navío grande del Japón con suma grande de mercaderías y mantenimientos, cavallos y vacas y más de tres mill hombres; a todos he regalado mucho y ellos an vendido lo que traen tan barato que hazen pensar que lo hallan en su tierra de balde; los más dellos son offiçiales y cada uno de muchos offiçios; van todos ganosos de bolver a esta tierra, por lo que an ynteresado y por el tratamiento que se les haze. De la venida de los portuguesses están los chinas ynvidiosos y con temor que les an de estorvar sus granjerías y contrataçión, y no sé si por esto o por [por que] tenemos más prendados algunos capitanes dellos, me dixeron que, pues, los portuguesses thenían poblazón junto a cantón, en Macao, por qué nosotros no la theníamos çerca de chincheo, que es la provinçia de a donde traen a esta tierra tanta hazienda; que estando nosotros allá vernían aquí muchas mercaderías y no abría nesçesidad que portugueses las trujesen, que ellos me traerían chapa o salvoconducto para que libremente podamos yr a poblar vna ysla muy çerca de aquella provincia; agradesçíles mucho aquesto y les signifiqué la grandeza de su magestad, y lo mucho que ganarían sirviéndole en qualquiera cossa, y que si castellanos poblasen, sería para ayudarlos y defenderlos en sus guerras y en todo lo que se ofresçiese, que me traxesen la chapa, que yo suplicaría a su magestad enbiase a poblar allá. Están muy afiçionados a nuestra naçión, y fuera de los Virreyes y mandarines, entiendo que todos nos desean ver en su tierra. He pedido a su magestad, caso que estos cumplan su palabra, me mande lo que a su servicio convenga con la brevedad posible, pues tanto ynporta no perder cuyuntura.

El año pasado vino a estas yslas del Xapón vn navío con trigo y harina y cavallos y otras cossas, el qual se perdió antes de llegar aquí, en la provincia de Cagayan, a donde se escapó la gente e ynbié por ella, y venidos aquí algunos cristianos y otros ynfieles, los traté muy bien y regalé y hize dar lo nesçesario, y passado algún tiempo los ynvíe a su tierra; fueron tan gratos, que publicando el bien que se les hizo, determinaron ellos y otros de bolver este año, como he dicho, con mercaderías, en que an tenido ynterés dizen que ay entre los Reyes guerra, y que el de miaco, a quien están sesenta y tres Reinos subjetos, á dado salvoconducto a los de la Compañía, que allí residen, para que libremente puedan en todo el Xapón predicar el evangelio y liçençia para que todos se puedan baptizar si quissieren, y assí lo certifica un Padre de la compañía en una carta que de allá scrive a la compañía desta çibdad; á alegrado estas yslas tan buena nueva; dios lo encamine y dé graçia a su magestad para que este nuevo mundo por su mano y orden se salve. Es cossa yncreíble la muchedumbre de Reynos e ynumerable gente y riqueza que ay çircumvezinos a estas yslas; estos Japones son gente de brío y saven usar de las armas, de que nosotros nos aprovechamos; los demás no le tienen, son pusilánimes, timidísimos y desarmados.

El capitán deste navío del Japón es criado del Rey de firando, hombre de traça y de entendimiento, de los prinçipales de aquella tierra, y tratando con él de algunas cossas, me dixo que aunque su venida avía sido por conoçernos y abrir camino de su tierra para ésta, lo prinçipal que traya que hazer es ofreçer al Rey de firando y a sus vasallos al servicio de su magestad y así las vezes que se le mandase y visase que ay nesçesidad alguna para su servicio de gente de guerra, el dicho Rey y otro Rey christiano, su amigo, llamado don Augustín, enviaría los soldados que se le pidiesen, bien armados y a poca costa, ora fuese para Burney, sián o maluco o para la gran China, de quien ellos son enemigos, porque sólo pretenden servir a su magestad y ganar honrra, y que él tiene sólo a su cargo quinientos buenos soladados, y vendría con gran voluntad, son éstas palabras formales suyas, y como hombre prudente y práctico en la guerra me dio algunos avisos y traza para conduzir fácilmente de aquellas provinçias seis mil hombres, y el horden que se podría thener, que no paresció poco acertado; yo, en nombre de su magestad, le agradesçí mucho su ofrescimento, pero que su magestad no trata agora de conquistar la china ni otros Reinos, y que el yntento suyo á sido y es la conversión de los naturales y planta del sancto evangelio y traerlos al conosçimiento de dios nuestro Señor, para que todos se salven, y que para esto gasta grande suma de millares y embía tanta cantidad de soldados, armas y municiones cada año para amparar y hazer espaldas a los predicadores del evangelio, y quando convenga por fuerca de armas ponerlo en execuçión, y que si se ofresciese nesçesidad daría aviso a estos Reyes para que pusiesen en obra su buen deseo, y su magestad se serviría dello, y como tan poderoso y soberano señor, les haría la merced que haze a los Reyes sus amigos, que están en su devoçión y le reconosçen, de que él quedó muy contento e yo más de ver que gente tan ynportante al servicio de su magestad tenga tan buena voluntad de servirle, porque si oviere de mandar hazer jornada a la china o a otra parte deste nuevo mundo, podría aprovecharse destos, que es gente belicosa, y entre todos los naturales temidos y más de chinos, que tiemblan oyendo su nombre, por los muchos daños que les an hecho y experiençia que tienen de su ánimo y valentía. He tenido secreto este trato y lo he mandado tener, porque los chinos es gente sospechosa y muy recatada y no lo entiendan. Este capitán y los más de su gente son cristianos, y es cosa notable la devoçión y cristiandad que muestran, que nos causan confusión; hélos acariciado mucho y tratádolos con particular regalo, y al Rey de firando, en nombre de su magestad, le scrivo y agradezco lo que ofresçe. Dios lo encamine todo, que abriéndose va a su magestad puerta tan grande para llevar ynfinitas almas al cielo.

Va cresçiendo la contrataçión en esta ciudad, de manera que si nos fretasen navíos yría ynfinidad de ropa a la nueva Spaña, y son los chinos tan mercaderes que la traen conforme a los navíos que ay en el puerto y a los dineros que vienen y ay en la tierra, que todo lo saven. Háse acavado de hazer vn galeón muy hermoso de quinientas toneladas, que toda la costa dél no llegará a ocho mill pesos, y aunque con éste ay en la carrera çinco navíos de provecho, serían bien nescesarios más, y, si fuere su magestad servido, se podrán hazer con façilidad, y si oviera con qué en la Real Caxa los toviera ya hechos, porque me causa lástima grande ver la ropa que se queda por falta dellos. Los chinos traen ya requisitorias de sus Virreyes y manderines para llevar presos allá algunos por delictos y deudas; helas cumplido con diligençia, y ellos tanbién hazen justiçia y á subçesido este año que algunos mercaderes llevaron cantidad de dineros para traerlos enpleados y entregarlos a los españoles que se les dieron, y viniendo a notiçia de los manderines, que se querían quedar con el dinero, los predieron a ellos y a sus mugeres y deudos y les hizieron venir con el enpleo, diziendo que, pues, acá les hazían justiçia, que allá nos la avían de hazer, de suerte que de su offiçio les hizieron cumplir los contratos.


Por aver hallado, de tres por çiento ympuesto sobre la mercaderías que los chinos traen, conforme a vna Real çédula, se an quebrado, pero sobre lo que los portugueses y Japones an traído no he consentido ymponerlos, ni parece que conviene cargar tan presto la tierra nueva, e ymporta más sustentarla y afiçionar los que aquí vienen a continuar la contrataçión para que se engruesse; no sé lo que su magestad mandará para adelante.

Mucha cantidad de chinas se ovieran baptizado, que por temor que el obispo les manda luego cortar los cavellos no lo hazen; yo le he dicho que, pues, lo traen largo por costumbre, como nosotros por la misma nos lo cortamos, y no lo traen por çerimonia, y es cossa çierta que sin ello no se atreven a yr por sus mugeres y hijos y por sus haziendas a sus tierras, donde por delictos graves se lo quitan, y es entre ellos grande afrenta e ynconviniente que dexen tantos de ser christianos por esto, respóndeme que se lo corta porque no tornen otra vez a ydolatrar en su tierra; suplico a V. Excelencia avise desto a su magestad para que se provea, pues es tan nesçesario el remedio.

Ya dí quenta a V. Excelencia cómo Francisco galli murió y subçedió en su lugar, conforme a la ynstrucción que traya del señor Arçobispo, Pedro de Unamunu, el qual me dio horden que no se le consintiese yr a macán, y se les pusiese pena en que de ninguna manera viesen la costa de china, por los grandes ynconvinientes que podrían resultar, y porque desde allá tube notiçia que vinieron puesta la proa en yr a enplear a macán muchos dineros que trayan, y acá trataron de veras de hazerlo; mandé so pena de la vida a Pedro de Unamunu, que guardando la ysntruçión que traya, fuese su viaje directo al descubrimiento, y no tocase ni viese la china, y sobre esto le apreté mucho y hize grandes diligençias, y por la audiençia se le mandó lo mismo por autos de vista y revista, que ymbíé al Arçobispo; sin embargo de lo qual, y sin hazer caso de la instruçión que traya, fué por dicha derrota a macán, y contra la voluntad del capitán mayor y portugueses y lo que el Virrey de la india tenía ordenado, se entró en el puerto a donde le prendieron y secrestaron [secuestraron] lo que llevava, y á estado allí un año; desbaratada ya la jornada, y por aver contravenido la ynstruçión que traya y lo que yo le mandé, y el audiençia en vista y revista, y aver gastado el Hazienda de su magestad tan mal y estar todos ellos rebueltos y diferentes, y porque llevavan consigo un françés y un inglés, grandes marineros, los portugueses temieron que no bolvería a la nueva españa, y se podría hazer cossario y hazer algún daño notable a aquella tierra, en deservicio de su magestad, el capitán mayor, la çiudad y prinçipales me scrivieron que ynviase a recoger aquellos navíos, gente y hazienda de su magestad, y sobre ello me ynviaron Requerimientos, por lo qual despaché un navío y persona por ellos, y los estoy esperando; de lo que subçediere daré quenta a V.Excelencia.

El año pasado de 85 [1585] se tuvo nueva en estas yslas que avía cossarios en la mar del norte, y despachando en aquel tiempo el galeón sanctana, mandé le entregasen tres pieças de artillería gruesas para su defensa, y el factor del puerto de Acapulco las mandó dexar allí; hazen mucha falta en esta fortaleza; suplico a V. Excelencia le mande las ynvíe en el primer navío que de allí se despachare.

El galeón sanctiago, que agora se á hecho, navegará con el ayuda de dios el año que viene de ochenta y ocho [1588], y lo hiziera agora si oviera gente de la mar que lo llevara, ay gran neçesidad della, assí para el dicho galeón como para el despacho ordinario de la carrera, y para los navíos que navegan entre estas yslas a cosas nesçesarias al servicio de su magestad; suplico a V. Excelencia mande se traigan trezientos marineros, que para los navíos que vinieren y para los que de acá se an de aprestar son bien menester.

Hasta agora no thenemos nuevas de los reinos de la nueva españa y esperándolas para poder responder a las de su magestad y de V. Excelencia he tenido esta nao, que pudiera partir a quinze de junio; tiénenos la tardança afligidos y con mucha pena, y convernía, si V. Excelencia es servido, que partan de allá las naos hasta quinze de hebrero para que lleguen sin tanto riesgo de los vendavales, con lo qual las que de allá vienen traen mucho peligro, y el despacho de las de acá se detiene y sale con el mismo, y viniendo temprano se excussará todo.

El año passado, como V. Excelencia save, vino gente de guerra a estas yslas, y después acá se an muerto de los que en ellas estavan más de çiento y çinquenta soldados, que a donde tan poco ay an hecho grandísima falta; embié a suplicar a V. Excelencia mandase ymbiar 400 este año, que son los menos de que ay nesçesidad para que esto se conserve bien; creo, pues, tanto ynporta y su magestad dello se sirve, los abrá V. Excelencia despachado y mandará cada año ymbiar la gente que se pudiere levantar, mayormente para este tiempo en que se ofresçen algunas jornadas, sin cosas que por falta de hombres no se an hecho ni se podrá hazer lo que su magestad tiene ordenado; si V. Excelencia en todo no nos ayuda y favoresçe, de que soy çierto tiene V. Excelencia mucho cuidado; los offiçiales de su magestad destas yslas e yo avemos hecho memoria de lo que es necesario para el astillero y despacho destos navíos y otras cosas deste campo. Suplico a V. Excelencia sea servido de mandarlas proveer. Guarde nuestro señor su Excelentísima Persona, como desseamos sus servidores y estos Reinos an menester. De Manila y junio 26 de 1587. Excelentísimo Señor. Besa las manos de Vuestra Excelencia su servidor, el doctor Santiago de Vera.

AGI, Aud. de Filipinas, 18 A; 6 hs. fol.; copia.