Autor: SÁNCHEZ, Alonso
Título: Carta del padre Alonso Sánchez a Felipe II
Lugar y Fecha: Manila, 17 de junio de 1583
Localización: AGI
Signatura: Filipinas 84, 2 58

Extensión del documento digitalizado: 2 páginas / 7.582 caracteres

Localización y transcripción: Manel Ollé Rodríguez

                                  

Carta del padre Alonso Sánchez a Felipe II
17 junio de 1583

No puedo dexar de dezir en ésta a vuestra magestad el remate que tuvo mi buelta de la China a esta ciudad luego que llegué a Manila y di las cartas y despachos que traía de Macán al governador de la unión de aquella ciudad con nosotros so el poder y amparo de vuestra magestad, y referí a él y los demás que convenía lo que avía visto en la China y lo que sentía de aquella tierra y gente y su disposición, pareció ser estas cosas tan graves y dignas de tratarse (y no por cartas) con vuestra magestad que determinaron de embiar persona qual conviniese para hazerlo y el governador, obispo y officiales y cabildo de la ciudad pidieron al padre rector de la Compañía que, pues yo había començado esta jornada, la acabase y fuese a dar cuenta de ella y de lo que sentía de la China y sus cosas a vuestra magestad. El padre y yo, a quien se pedía, nos escusamos con justas razones, lo primero por enfermedades de seys o siete meses conque yo havía andado y no estaba aun libre y convalecido, y por lo travajos y distracciones de tan largos viages que de algunos años acá e andado, y lo principal, por saber que estos negocios, por graves que sean, llegados a la corte donde acuden tantos, se distinguen mal de los ordinarios y que no son de tanto peso y se echan al rincón con los muchos y el que los va a tratar de partes tan remotas, se queda cansado, sin otro fruto que haver perdido mucho de su religión y quiçá de su crédito, porque de no conocerse el peso de las cosas que están tan lexos, pierde el suyo el que las trata y da que imaginar de lo que pretende cosa bien pesada para quien trata verdad. Pero sobretodo, lo que más me retrajo de aquesta yda a nuestra corte fue la pretensión de los que la pedían, porque deseaban, y era lo principal de su sustento, que yo tratase con vuestra magestad o con las personas que para ello señalase, el derecho que tiene en el reyno de la China y qualesquier de gentiles, para conquistarlos o (para hablar más templadamente) hazerles que reciban predicadores que libre y segura y públicamente puedan predicar el evangelio.

Parecíales que yo estava obligado más que otro a hazer esto porque, aunque en la Universidad que yo estudié y en otras que e visto y oydo y entre los letrados, no solo theólogos sino juristas, sea lo ordinario sentir y dezir lo contrario delo que acerca deste derecho de vuestra magestad en la Relación de las Cosas de la China que a vuestra magestad embio se dijo, mas en una junta que el obispo destas yslas hizo de todos los religiosos y eclesiásticos que algo entienden para aclarar otras muchas dificultades de esta tierra, viniendo a tratar deste punto y derecho, sobre que todos estavan en lo ordinario y el mismo obispo, que havía estado por espacio de veinte y tres años en los quales tambien había hecho un libro sobre ello casi en todo contrario al modo que se tiene y ha tenido en estas nuevas tierras, y por ocasión de mandarme él que me encargase en aquella junta o synodo de proponer y resolver las questiones llevando las cosas de una en otra, por do con razón y justicia me parecía que havían de yr, vino a sacarse en limpio este derecho que vuestra magestad tiene justo y recto para poseer lo que ya posee, llevar los tributos que lleva y ya a lo mismo a quales quier otras tierras no conquistadas. Pero las razones y fundamentos desto que tan nuevo a de parecer, no siéndolo sino muy conforme al evangelio, sanctos y doctores no son para carta especial tan breve como deve ser esta, ni para darse a entender desde tan lexos, y por eso las personas arriba dichas insistían que fuera a darlas en presencia adonde aprovecharan, mas como dixe lo principal porque nunca admití esta yda fue aqueste punto, no porque en él no vea tanta claridad que donde quiera que se tratare, él mismo por si la muestre a quien la oyese y persuada como persuadió nosotros al obispo destas yslas y toda la junta que hizo a mudar de parecer y seguir y firmar esto, pero tambien en Macán donde lo traté, los Padres doctos y personas graves que concurrieron a aquella (...) de la India y Japón sintieron lo mismo. Mas con todo eso, no fuera razón ser yo tan poco mirado que me fuera sólo a poner en medio de la multitud de varones de tantas letras, autoridad y gravedad, a dezir una cosa como por modo de desafío que tan nueva havia de parecer. Aunque algunos días estuve determinado de acompañar al obispo desta ciudad que por estar ya tan satisfecho y enterado desto quería que fuésemos juntos a tratarlo, mas al fin se quedó por las razones dichas y otras que él da, y algunas que yo apunto en la Relación dicha, y la principal fue no saber como vuestra magestad lo tomaría haziendose la yda sin su licencia, porque la cosa ya del punto o derecho por acá llana la tenemos para nosotros, mas no para que pueda hazer, sin que se entienda el modo y razón por donde puede llevarse y tenerse lo que vuestra magestad tiene y hacerse con gran servicio de Dios lo que está por hacer, y aunque esta vez no aya avido effeto el yrse a tratar, no se pasa la coyuntura aunque se pagaría si no fuese presto y en el entretanto se pondrá en orden un tratado de este derecho que yo deseo que vuestra magestad mande ver a quien le pareciese que conviene para allanarse esto y hacerse la (...) sin tantos escrúpulos como hasta aquí a avido porque por vía de los predicadores, los que al obren, juzgan y tienen experiencia, sospechan que ya Dios no quiere que se vaya.

Aunque a mi no me toca por respeto o obligación particular como le tienen los que goviernan y otras personas que son cabeças superiores así seculares como eclesiásthicos y religiosos a mirar por la República y su govierno y dar aviso de lo que cumple a vuestra magestad mas por el común que todos tenemos y devemos a Dios y a nuestras patrias a servir a nuestros reyes pudiera dezir mucho de lo que toca a los muchos travajos y opresiones en que está esta tierra y de lo que vuestra magestad pudiera hazer para remedio de ella, mas en esto yo me remito a lo que otros a vuestra magestad avisan y lo confirmo, particularmente lo que el padre rector de esta casa escrive, que ha estado más de estancia aquí que no yo, y tiempo bastante para ver lo que pasa y en lo particular del remedio que el apunta a vuestra magestad soy del mismo parecer, porque es cosa que se ha mucho mirado y encomendado a Dios, por cuyo respeto y del bien desta tierra y aun de lo que toca a vuestra magestad nos ha sido forçado a hazer esto que tan poco se usa en nuestra religión.

Y en lo del asiento de aquesta casa para que la Compañía persevere en aquestas yslas y haga algo en provecho desta República en la enseñança que a otros suele y tambien a los indios que por ser tantos y en tan buena disposición obligan a que se tomen y tengan a mucho cargo para que aquí se crien y hagan ministros y se rehagan los que de España no vienen tan hechos y vuestra magestad se escuse de la costa de enviar tanto es necessario que se de el medio que el Governador y obispo y esta república pide a vuestra magestad a quien Dios con muchos y alegres años guarde para que le de en otras infinitas cosas que en este nuevo mundo le han menester y falta de tan Christiana y Cathólica Magestad no ay ni abía quien le pueda oponer.


De Manila a 17 de Junio 1583.