Autor: SÁNCHEZ, Alonso
Título: Relación breve de la jornada quel P. Alonso Sánchez dela Compañía de Jesús hizo por horden y parezer del SR. D. Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, governador de Philipinas, y del Sr. obispo y oficiales de S.M. desde la Isla de Luzón y ciudad de Manila a los Reynos de la China.
Lugar y Fecha: Manila, abril-junio 1583
Localización: Archivo General de Indias
Signatura: Filipinas 79, 2, 15. y ARAH Colección Cortes legajo 562 (topográfico actual: 9-13-7/2663)
Extensión del documento digitalizado: 83 páginas / 157.951 caracteres

Localización y transcripción: Manel Ollé Rodríguez

 

Relación breve de la jornada quel P. Alonso Sánchez dela Compañía de Jesús hizo por horden y parezer del Sr. D. Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, governador de Philipinas, y del Sr. obispo y oficiales de S. M. desde la Isla de Luzón y ciudad de Manila a los Reynos de la China

El año 1582, sabiendo el señor gobernador de las Philipinas y los demás que gobiernan aquellas yslas el suceso de la guerra y las demás cosas que pasaron en Portugal y como, quedando aquel Rreyno en posesión pacífica de la Magestad del Rrey Don Phelipe, la Yndia y partes orientales a él anexos aun no abían dado la obediencia a Su Magestad por esto y por la falta y ausencia de Don Antonio en Portugal y la sospecha que se podía tener que se oviese embarcado para aquellas partes y causase en ellas alteraciones y nobedades, pareció a los señores governador y obispo y otros con quien se consultó, que debía hazerse diligencia de enbiar alguna persona cual conbiniese a la parte que a ellos más les tocaba en servicio de su Magestad, que era el puerto y ciudad de Macán, o avitación de los portugueses en la China, veynte o veintiquatro leguas de la ciudad de Cantón, para prebenirles con las razones que para ello abía urgentes de que ni por causa de Don Antonio si acaso oviese aportado a la Yndia, ni de otro alguno que quisiese alterarlos, hiciesen cossa tan injusta os y a Vuestra Merced para su particular, como no recebir pacíficamente a Su Magestad por su rey y Señor como lo abían hecho las caveças de Portugal y después todo el rreyno.

Hízose esta jornada con tanta más diligencia quanto aquella ysleta y puerto y ciudad de los portugueses de Macán es importantísima para lo que Su Magestad puede predender en aquellos reynos de la China, por que, teniendo aquello, tiene ya como dizen el pie en ella. Y por que es casi imposible pasar a Macán sin dar en las armadas de los chinas. Pidió el Padre Alonso Sánchez, que fue señalado para esta jornada, al governador de las Philipinas escriviese una carta al tután o birrey de la provincia de Cantón para que, encontrando con las guardas de las costas, pudiese dezirles que era embajador, mostrandoles aquella carta de Su Señoría para el virrey, y ansí no le matasen como lo hazen a todos los estrangeros que encuentran. Escribiose esta carta en lengua china por medio de uno de los capitanes que de la ciudad de Chincheo bienen a contratar a la de Manila. Y en suma contenía la carta pedir al virrey de Cantón que, pues abía concedido a los portugueses trato y comercio y entrada en sus puertos y ciudad de Cantón, ansí lo concediesen a los castellanos en el puerto o ciudad que les pareciese, pagando ellos tan bien sus derechos. Esta carta era más por cumplimiento y para el efeto más arriba dicho de pasar a Macán con seguridad, como después sucedió. Y ansí el sr. governador escribió las cartas que hacían al caso al capitán mayor y al Sr. patriarca de Etiopía, que está en aquella casa de la Compañía de Jesús, y a los superiores de ella y al obispo de aquella ciudad, con las quales y otros memoriales y las rrelaciones que se tenían de lo passado en Portugal, y las provisiones del obispo en una fragata del Rey con piloto y marineros y gente bastante para el remo quando fuese menester, en el nombre de Dios nos partimos de Manila a catorce de Marzo del dicho año de mil y quinientos y ochenta y dos, y costeando por el largo de esta isla, Luçón, hacia el norte llegamos a Pangasinán, poblazón despañoles entre yndios. Aquí estava el Padre Custodio de los Frayles franciscos con otros seis o siete compañeros que se abían partido unos días antes en una fragata para la China sin licencia ni noticia del governador, ni obispo de las Philipinas. Y el governador abía mandado al alcalde mayor de esta poblazón y provincia que fuese tras ellos y él los encontró que bolbían echados de una tormenta que los tornó en pocas oras desde cerca de la China, como ellos contaban. Llevó el Padre Alonso Sánchez orden del governador en que mandaba que el Alcalde Mayor no dexase yr syno al Padre Custodio y a los que el P. Alonso Sánchez quisiese. Con esto a los Padres les pareció dejar la yda y enbiar con el P. Alonso Sánchez y en su misma fragata dos frayles, por que la de ellos mandaba el governador que no fuese a la China. Tomando pues allí a estos dos Padres y bastimento necessario, pasamos a delante por la misma costa hasta otra población también de españoles que se llama Vigán, en la provincia de Ilocos, tierra muy poblada de los naturales y muy abundante. Aquí nos pareció que la fragata que llevábamos era muy pequeña y peligrosa para golfo tan tormentosos como el que se abía de passar para la China y así por las provissiones que llevábamos. Tomamos la que mejor pareció, mayor y más fuerte, y otras jarcías y bastimentos. Y confesando todos y comulgando, caminamos hacia la punta de Bojeador, que llaman por que desde allí buelve la ysla hacia oriente, dejando la China en frente al norte. Y para asegurar más el viaje, pasamos de la punta hasta descubrir las yslas que llaman de los Babuyanes y, llegando cerca de una dellas grande desde aquí, que aun nos estábamos en casa como dizen, por que todo esto andan los españoles de Manila y está arrimado a la isla de Luzón.

Lunes dos de abril, dicho el tedeum laudamus, dimos la buelta hacia el noroeste, o intermedio del norte y poniente. Caminamos con buen viento todo aquel día y la noche siguiente hasta que el martes por la mañana, refrescando y creciendo más y más, vino a parar en tormenta, formada tan grande y peligrosa que hiciera temer no solamente a quien yba en fragata y navío tan pequeño más a navíos de alto bordo. Lo que a los religiosos más nos puso temor fue ber al piloto y marineros que lo entendían amarillos y callando. Comenzamos a confesarnos y a hazer otras diligencias espirituales como echar anus deis y cruces a la mar y aunque los golpes de el agua no davan mucho lugar ni comodidad pra ello, sacamos la estola y misal y bendiximos agua y echamos della a la mar, después bendijimos el navío como lo usa la yglesia. Inquerimos entre los yndios si yba alguno por baptizar. Hallamos dos, hicímoslos christianos vistiéndolos de camisas blancas y nuevas con las quales diligencias no se puede dexar de dezir para gloria de Dios y aviso y fe y confianza de otros que se vieren con semejantes peligros quanta fuerza tengan estas cossas hechas con fe, porque cada vez que echávamos agua bendita, la mar no parecia syno que cada vez le dábamos un grande azote con que le hacíamos allanar y assí nos comenzaron a dexar los montes de agua que nos cercaban la fragata y la dexaban en el profundo atajada del todo y titubeando hasta que Dios la sacaba de allí, no andando syno hacia arriba, y se tornaba a componer y caminar adelante. Ya yba a poner el sol quando el piloto dió un gran gemido diciendo que noche es, pero que esta con lo quel Dios save lo que sentirían los circunstantes que no savían tanto de tormentas, de noche más, a lo que juzgamos El mar fue poco a poco fue amainando hasta que el miercoles de mañana ya yba dexando de ser tormenta, aunque no dexaba de ser gran biento que nos llevaba ligeros. Ya la noche comenzó a ser calma que duró hasta el jueves en la tarde. Vimos el juebes de mañana dos navíos con belas de China que procuraban de apartarse de nosotros quanto podían aunque el poco viento nos hacía estar junto, y echando de ver aquel agua que parecía blanca, echamos la sonda y hallaron diez y ocho braças, lo cual todo nos dió a entender que estábamos cerca de China. Y así pareció porque a las quatro o cinco de la tarde començando aclarar un poco y a salir de aquella niebla en que abíamos estado bimos la tierra más de veinte leguas atrás y nossotros metidos en una grande ensenada y pegados con ella de suerte que aber hecho claro la ubieramos visto. El jueves en amaneziendo, ya de parte de noche y se pudiera ber y según esto hicimos nuestro biaje y travesía en tres días desde la punta del Bojeador y cabo de las isla de Luçón hasta la costa y tierra firme de la China. Viernes de mañana bolbimos hacia atrás para salir dequella ensenada y, doblando una punta, de ella descubrimos los dos navíos del día antes y luego otros tres y luego otros más de beynte. Yban todos huyendo delante de nosotros. Yendo costeando dimos en un puerto pequeño donde abía otros muchos juncos, que biendo una fragata a bela y a rremo comenzaron a huyr y nossotros tras ellos llamándolos y ansí caminamos por aquella costa, llevando una gran manada de navíos delante huyendo, hasta que se fueron a meter por la boca angosta de un puerto muy grande y abrigado, y en éste entramos nosotros tras ellos el dicho viernes a seis de abril a medio día abiendo partido de Luzón.

Abía a juycio de todos más de mil quinientas embarcaciones y más de las quinientas o seiscientas muy grandes, por que era una de las armadas de esta costa, los quales, todos chicos y grandes, así como bieron entrar navío estrangero y tan distinto en las belas, por que las suyas son como de estera, començaron a tocar sus campanas y tambores que traen, con tanta priessa y estruendo que por todo aquel puerto adelante, casi tres quartos de legua, que nos ponía admirazión y espanto, estava a la boca del puerto un navío mayor que ninguno de los de España, el qual disparó un tiro que passó la pelota sobre nosotros sonando. Amaynamos el trinquete con que entrábamos y, con los rremos, rrevolvimos hacia él como reconociendole, mas luego disparó otro como despachándonos de si. Apartámonos de él quanto pudimos, caminando tras la otra multitud de navíos que se yban retirando de nosotros. Y, por más que les hacíamos seña, ninguno quería llegarse hasta que, del navío sobredicho, vinieron en un batel una manada de soldados con sus alfanjillos y se llegaron a mirar la fragata a trecho de quinze o veynte passos.

Llevaba el P. Alonso Sánchez una chapa a uso de China, que es como una provisión en un papel muy largo y ancho escrito en su letra. Con esta les hacía el P. Alonso Sánchez señas desde el bordo dela fragata que se llegasen y entrasen en ella, más ellos se retiraban, mostrando miedo de hazerlo, hasta que el Padre les hizo señales de que le rrecibiessen en su batel. Entonces se llegaron con gran recato y le rrecibieron a él con su compañero y al punto se rretiraron. Y con gran fiesta y alegría caminaron por entre aquellos nabíos hacia la Capitana. Llevábamos los dos que saltamos en el batel un cofrecillo en que yban dos ymágenes de pincel muy hermosas de Nuestra Señora y de la Adoración de los Reyes y otras estampas de papel y la carta del governador escrita en chino. Y caminando cercados de navíos que luego se llegaron, yban sobreviniendo. Vino uno a quien todos començaron a hazer rreberencia, hincando las rrodillas. En este benía el Capitán de aquella armada que llaman supi, que es lo mismo que General, sentado en una silla con un palio muy grande de seda redondo, que los manderines o jueces usan. Llegóse al borde del batel en que yba el P. Alonso Sánchez, el cual le dió aquella chapa que llevaba desde Manila, escrita por medio del Capitán china que arriba se dixo, que en suma decía ansí: "Capitanes y guardas de la costa de la China, si topáredes con ese Padre, dexadle pasar sin hazerle daño, por que va de parte del manderín grande de Luzón a llevar embaxada al Tután o Birrey de la provincia de Cantón. Y es hombre que tiene por oficio de enseñar la ley de Dios y servirle. Todos los que ban con él son buena gente y no llevan armas ni van a hazer mal a nadie". Esta chapa dió el Padre al Supi y él la leyó y, así como todos los demás manderines que después la leyeron, hacían grande ynquisición de quien la abía escrito El Padre les rrespondía. que el governador del Luzón abía llamado uno de aquellos chinas de Chincheo que ban a Manila que la scribiese. Esta pesquisa hacían ellos porque si le cogieran a éste o a qualquier otro que guíe o endose algún estrangero al rreyno de la China, le matan a azotes y así, de muchas lenguas que abía en Manila, nunca pudo el governador acavar con ninguna por bien, ni por mal, ni mucho precio que fuese este biage. Leida la chapa por el Supi, volviose al Padre y pidiole la carta que llevaba para el virrey, que la tenía ya en la mano, mas no se la quiso dar, diziendo por señas y como pudo que aquella del manderín grande de Luzón para el manderín grande de Cantón, con lo cual el Supi, medio desgraciado, rrevolvió su barco y caminó entre los demás. Debió de dejar mandado que nos llevasen tras de él, por que él se entró en la capitana, que era un bancón, que llaman, muy grande, pintado de fuera de oro y barniz prieto, y luego unos capitanes nos subieron tras de él y, entrando, abrazaban al Padre con mucha alegría, apretandole las manos en señal de amor. Y allí le entretubieron un rrato entretanto que el Supi se bestía de ábito judicial.

Son estos navíos de guerra muy grandes, aunque delicados y flacos, por que todo lo echan en que sean muy limpios y pulidos y tienen el casco de abajo hasta más de un estado sobre el agua, todo rrepartido en cajones donde traen sus bastimentos y bestidos. Y sobre esto se entra en una sala tan grande y limpia y tan llana como la que pueda tener un señor en la corte. Y al cabo de ella un aposento para el Capitán, tan limpio y de buen olor como qualquiera de tierra. Nunca vimos en sus navíos ratón, ni hormiga, ni cucaracha, ni otra sabandixa, ni mal olor, ni aun saliva, tanto se remiraban en la limpieza. Y la razón es no usar brea syno betún, hecho de cal y aceite, que luego se enjuaga y queda muy limpio y fuerte.

Subió el Supi por una escalera de la una parte, subiéronos a nosotros por otra del cabo de la sala y arriba se hacía una plaza muy llana y ancha, llena toda de capitanes y soldados, y al fin de ella el manderín sentado en una silla pro tribunali, con una bestidura de seda colorada e unos leones bordados en los pechos de oro, y tan grande que, si no le tuviesen con las manos quando están hablando o se levantan, se les caería a los pies éste, y las orejas son las insignias reales, y este hábito usan casi todos los manderines y jueces. Y, en quitándoseles, ninguna autoridad tienen tanto que los pueda azotar como lo usan. Tenía delante de si una messa con un paño propiamente como nuestros frontales y frontaleros y de esto usan todos quantos juzgan. Y encima sus pinceles que pintan sobre unos como organillos destaño. Guardan tanta gravedad allí que hablan muy pocas palabras y nunca alzan los ojos de la mesa syno quando mucho a dar una vista muy serena. Y luego se reportan en subiendo con aquellos capitanes que nos guiaban. Luego se hincaron todos de rrodillas ante el manderín, aciéndonos señas a nosotros que hiciésemos lo mesmo, por que a ninguno de ellos sino es muy pequeño y bajo puede hablar ninguno en audiencia syno es de rrodillas y, fuera de ella, tienen grande recato de que nadie los hable ni bea, por guardar su gravedad y por que así se lo mandan las leyes, que no ay monjas en España tan recogidas. Nadie los puede visitar ni hablar fuera de la Audiencia, ni rogar ni informar por nadie. Y si en la Audiencia alguno va a hablar o a informar por otro, luego lo azotan diziendo: ¡Tu, ladrón eres, alguna plata te ha dado aquel!. Nunca van fuera a visitar ni huertos, ni recreación. Solo una tienen de se poder visitar y convidar unos manderines a otros y salir a alguna barela, que es templo o monasterio de sus bonzos, y allí banquetean y beben hasta que ordinariamente los buelben a sus casas en sus syllas, acá que duerman hasta otro día.

Pues a las señas que los capitanes nos facían de que le hincásemos las rrodillas al Supi, respondió el P. Alonso Sánchez por señas que aquella reverencia se debía solo a Dios y, a los hombres la que le facía, que era abajar mucho el cuerpo, y con esto le dió la chapa que otra vez le pidió y tornó a ynquirir quien la abía escrito y después pidió la carta del virrey y, considerando el Padre que se la podían quitar, se la dió. Luego preguntó quién éramos, de dónde beníamos y a dónde íbamos, qué queríamos. Después miró las ymágenes y con mucha mesura y gravedad las apartó y nos despidió. Bajáronnos aquellos capitanes con mucho contento, abrazando al Padre y rryendo, y luego vino uno con una caja ancha de arroz que el manderín nos mandaba dar. Cogiónos al salir del navío un Capitán de aquellos y llevónos al suyo, donde nos sacó pescado fresco y vino y otras cosillas con mucha alegría. y luego nos llevó a nuestra fragata donde hallamos a nuestros compañeros tan tristes que pensaban que ya éramos muertos. Vinieron a la tarde tres Capitanes de los principales a rregistrar lo que traíamos. Toparon entre otras cossas con una piedra negra resplandeciente como espejo, del tamaño de una ara, que el P. Alonso Sánchez llevaba en una funda de terciopelo guarnecida con pasamanos y alamares de oro para el virrey de Cantón, por que es cosa que ellos estiman en gran manera. Luego asieron de ella para llevarla al Supi. Díjoles el Padre que no la fiaría a ninguno de ellos por que era para el virrey, mas que él se la iría a mostrar. En esto, llegó otro recado del manderín que fuésemos todos allá. Fuimos llevando la piedra. Tornónos a fazer muchas preguntas. Pidió la carta, mirándola muy menudamente por entre los dobleces, ynquiriendo quién la abía escrito. Después miró la piedra y despidiónos al salir del navío. Ibannos cogiendo de dos en dos en diversos barquillos, lleváronnos a diversos navíos. El compañero que me cupo a mi, que lo advirtió, dixome: "paréceme que bamos presos porque todos hemos descendido y ninguno beo que ba a la fragata". Subiónos el Capitán que nos llevó a los dos a lo alto de un navío, que todos tienen muy linda y llana plaza, cercada con un antepecho a bordo. Mandó sacar dos sillas en que nos sentásemos él y yo y, tomándome por la mano, me facía grandes muestras de amor. Decíale que me bolbiese a la fragata. Rrespondióme con señas que no. Al fin, después de largo rato, entendimos que no era prissión syno rregalo, por que pusieron una mesa con muchos platos y guisadillos de pescado y carne, que no comimos por que era Biernes de Rramos, y lo mesmo ficieron con los demás. Quería a la noche que durmiesemos allí mas, biéndonos tristes y deseosos de nuestra fragata, fue al manderín por licencia para tornarnos a ella y luego nos bolvieron a todos. Era ya noche. Quitáronnos las velas y remos, cercaronnos muchos bancones y tres pequeños se ataron a nuestra popa velando toda la noche.

Tienen en la Capitana un atambor muy grande y en todos los navíos grandes y pequeños el suyo proporcionado y campanas. Y desde que anocheze hasta que amaneze, tienen bela y centinela. Desta manera da la Capitana dos golpes y al punto rresponden todos con un rruído estraño, y los que están lejos con campanas. Y, en acabando todos, da otro golpe y ansí ban toda la noche tan a menudo que apenas se dirá un abemaría entre uno y otro. Hasta las nuebe, dan un golpe, y hasta las doce, dos, y hasta las tres, tres, y hasta amenecer, quatro. Y así rresponden todos luego en siendo claro todos a una con tambores y campanas, fazen un gran tropel y rematan con unas chirimías pequeñas muy suabes que ellos usan.

Bolvieron el sábado de mañana acavar de rregistrar y bisitar la fragata, con tanto escrutinio que no dexaron cesto de arroz que no baciaron, ni basija de agua, ni de vino que no cataron. Envióme a llamar a solas el manderín y hablóme no ya como Juez mas en su aposento, en pie, con mucha familiaridad y rrissa. Y después de largo rato de preguntas y respuestas, me despidió. Pasamos este sábado en besitas de aquellos capitanes y combites que les ficimos de aquello que llevábamos, lo cual tomaban de buena gana. Tornaron a rregistrar otra vez quanto abía, sin dexar un pañizuelo. Y esta tan gran diligencia y el cercarnos de noche los navíos entendimos después que no era syno por que no nos hurtaran nada, por que tienen punto los Manderines en que no se les haga ningún agravio a los estrangeros. Y ansí, el primero que los juzga, registra quanto llevan hasta una pluma y envía el registro a otro adelante, el cual toma tan estrecha cuenta al que los guía que, por un solo trapo que falte, le azotan. Luego, como nos aconteció una vez con el Conchefu o corregidor de Cantón, que tomando cuenta de lo que llevabamos, registrado por los otros Manderines, faltaba un pedacillo de sayal como de media bara. Ya andaba el Capitán que nos llevaba a punto de ser azotado, hasta que le hechó de allí, que se abía quedado en el suelo de un cesto.

Domingo de rramos de mañana, amaneçieron todos los nabíos con quatro banderas grandes de seda y en la popa muchos gallardetes y las gavias cubiertas con unas fundas y mucho ruido de picas y de aderezar arcabuces y otros tirillos de hierro que ellos usan. Y todos los soldados en los navíos y en tierra, delante de un fuerte de cal y canto que abía muy largo, bestidos de guerra, cuya señal es unas ropetas forradas de amarillo, la cual diligencia nosotros no podíamos sospechar a qué fin se ficiese, syno a matarnos con honra. Pero a cerca de medio día, entendímoslo lo que era porque en tierra ficieron su alarde con mucho concierto y a una con los de la mar, dispararon su alcabucería y el mayor estruendo y aparato de balentía que pudieron. Y acabado esto, vinieron aquellos tres capitanes a deçirnos que el Supi nos tenía despachados para Lambo, que nosotros no savíamos qué cosa era y clamábamos por Cantón. Dijéronnos que ybamos en aquella fragata muy apretados y rrepartiéronnos en tres navíos. El que nos cupo a nosotros era tan limpio y hermoso, con un aposento enmedio barnizado de colorado, tan rresplendeciente como una espada, y con una alcoba muy hermosa enfrente de la puerta, con su lecho y cortina, y a los lados unas alhaçenas tan grandes y limpias que dormía uno en cada una de ellas, con sus puertas y cerraduras para el bestido y hato, sin ningún género de telarañas ni hormiga.

Salimos por unos brazos de mar bajos, de muchas ysletas, y cada credo se sentaba el navío. Y, aunque era de más de duzientas toneladas, ninguna pena les daba, por que toda la costa de la China en que el navío puede topar es cieno, syno es que da en las peñas que se descubren de fuera. Y, con ser tan grandes estos bancones, los llevan con uno o dos remos que calan por unos agujeros de la popa como si fuessen con raçonable biento. Caminamos toda aquella noche y el Lunes Santo, ya tarde, surgió el Capitán y passó a nuestro navío y llevónos a tierra y, trasponiendo de unos cerrillos, dimos en unas guertas muy fermosas donde vimos los labradores, al talle de los de España, labrando la tierra con búfanos unciendo uno solo en un arado, con una camella al pescuezo. Ay muchos rríos en la China y, cortando la tierra de unos a otros, queda toda hecha ysletas y, con unas ruedas de caña gruessa, bañan toda la tierra en agua tanto que, quando ban arando, va el surco lleno y cubierto de agua con más de un coto. Bolvímonos a embarcar después de aber mostrado algunas ymágenes y fecho señas de Dios a aquellos labradores y labradoras y niños. Caminamos hasta el Miercoles Santo de mañana a onçe de abril, dexando por la costa algunos puertos y fuertes de cal y canto. Y adelantose el Capitán que nos llevaba a Lambo, que después vimos lo que era, por que a las quatro o más de la tarde, dimos con un puerto muy grande, metido entre unas sierras muy altas y en una armada mucho mayor que la primera, con las mesmas ynsinias de banderas y armas y aparato que en la despedida pasada. Y, en entrando por el puerto, comenzaron a disparar y fazer ruido. Lleváronnos a un nabío donde estava un manderín, que nos dijo algunas preguntas y mandó llevar a tierra. Abía en la rrinconada deste puerto una poblazón y un fuerte muy grande. Nosotros entendimos que no abía otro mayor quel que nos abía rreszebido, mas después nos desengañaron, por que vimos al mayor demonio que debía aber en la China en aparato y blasonería, por que en este puerto, como el mejor de toda la costa, resside el Chupin, que es general de todas las armadas de mar, uno de los mayores manderines de China.

Había, desde la playa en que saltamos hasta el fuerte, dos o tres tiros de alcabuz de espacio. Todo estava lleno de gente, con dos órdenes de soldados de una parte y de otra con picas y alfanjes y alguna celada y alcabuçería, que yban disparando como íbamos passando, hasta que nos metieron por la puerta del fuerte, angosta y bien gruessa, con su buelta y rrevellino. Entramos al primer patio de la Audiencia y luego, començaron los que tienen este oficio de dar unos aullidos espantosos que pareze que les arranquen de las entrañas, de lo cual usan todos los manderines grandes quando los entran a hablar y quando van por las calles. Pasamos a aquel patio por entre dos órdenes de gentes de armas bien puesta y, luego, el segundo por entre otra mejor y más lucida. En el tercero estavan otras dos órdenes de capitanes y Manderines y gente principal con alfanjes y celadas y cabelleras y medallas y otras vestiduras y insignias diferentes, cada uno según su oficio. Hiciéronnos arrodillar y bien fácilmente por que ya no era tiempo aquí de rreparar en esto ni en poner las frentes en la tierra como nos las facían poner con los amagos de los alfanjes desenvaynados. Estaríamos en esta primera reverençia más de sesenta pasos del manderín, tanto que ni le veíamos ni él nos podía oyr. Abía una lonja o andén de losas muy pulidas desde la entrada de este tercero patio por enmedio hasta la cubierta o como capilla donde estava el manderín, y ella armada sobre unas columnas negras como de ébano, y el enlosado del suelo muy pulido y liso y el techo pintado. Tiene esta quadra tres naves, que fazen con las columnas y las paredes que cortan aquel quarto frontero del patio que tomaran de el de enmedio para la quadra más de un tercio, y, por los lados de ella y de los demás quartos del patio, van sus soportales con otras Audiencias pequeñas. Y de esta traza están todas las Audiencias grandes de los manderines de China. Por la lonja o enlosado de enmedio ninguno puede entrar ni salir syno el mismo manderín, y ansí, en entrando, los demás rrebuelben por los portales de la mano derecha, poco a poco y mirando a las paredes, como que han miedo, hasta encubrirse en la esquina frontera del manderín, que está enmedio. Y retirado en su quadra y, al salir, los echan siempre por los otros portales de la mano izquierda y les fazen hir corriendo, fingiendo que se cierran las puertas y se quedarán presos, asta que al salir, cierran con tanta priessa que, con las puertas se les alcanzan los pies.

Antes que se pongan, los negociantes entran quatro que tienen aquel oficio en aquella lonja y, de rrodillas, besada la tierra, a grandes boces dicen al manderín de los que están esperando. y luego otros le dicen lo mismo desde más cerca. Y otros desde más, y luego entran los que negocian o han de ser juzgados, pues por estar nosotros después de haber entrado tan lejos del que no nos entendía, tomaron al P. Alonso Sánchez y, por fuera de la lonja le metieron a doce o quinze pasos del manderín, el cual mandó luego salir allí una lengua que sabía un poco de portugués y entendía casi nada de castellano y, como el Chupin no podía entender a el uno ni al otro, daba grandes gritos y palmadas en la mesa, con tanta soberbia y ira que más pretendía mostrar la braveza del Capitán que la modestia y gravedad que guardan los manderines. Salían de aquellos más principales caballeros y, de rrodillas, besada la tierra, hablaban una palabrilla temblando y volvíanse a más correr a su puesto donde estavan en pie. Entre este ruido de no entendernos, trajeron junto a mi uno de estos yndios que sabía algunas palabras de lengua china y, como el indio no entendía bien lo que le preguntaban, detúvose en responder y preguntéle yo qué le decían. Entendió el manderín que le imponía e industriaba yo en lo que abía de responder y, con gran furia, dió un grito que no entendimos y un golpazo en la mesa, a lo cual todos los circunstantes y por todo el patio arrancaron los alfanjes con amenazas de matarnos y arrojaron de priessa, allí dentro en la lonja y delante de nosostros unas carceles de madera como prensas de libros y otros instrumentos para dar tormentos y cortar caveças que ellos usan. y arrebatáronme a mi y, medio corriendo y a empellones, me bolvieron al cabo de la lonja donde estavan los otros que yban conmigo, y al pobre del indio tras mi con muchas puñadas, hincáronle de rrodillas allí junto y tornáronle a preguntar lo que antes, y uno de los frayles que estavan allí y que no abía entendido lo que abía pasado, tornole a dezir que qué le preguntaban. Sospecharon otra vez que le imponía en lo que abía de responder y arremetieron a nosotros y dieron al indio con un alfanje de llano, que le tendieron por tierra y, a nosotros, arrebataron por las caveças y pegaron con la tierra y, amagando con los alfanjes, nos ficieron estar ansí casi media hora. Sacó entonces el P. Alonso Sánchez una llave de los cestos del hato que ellos tenían, haciéndoles señas que los trujesen y que allí verían a lo que beníamos, por que en el puerto pasado que se llamaba Uto, abía el Supi metido en los cestos la chapa que traíamos y la carta para el virrey y selládolos a su modo, con mucho papel y engrudo y sus señales encima. Trajeron el hato y después que el Chunpin vió aquellos papeles y las cosas de los cestos y que no traíamos armas y, quizas pareciéndole que ya abía mostrado harto blasón, enbionos a dezir con la lengua, que éramos buena gente y que a la mañana nos despacharía para Cantón.

Y nochecía ya quando salimos del fuerte con tanto tropel de gente que no cabía en todo aquel campo y playa. Ni nos dexaban andar ni podíamos juzgar quién nos llevaba, mas llegados al agua nos fueron cogiendo de dos en dos en barcos y nos llevaron por aquellos navíos. Cúpome a mi con mi compañero un Capitán principal de uno de ellos, que nos dió cena en que contamos arriba, de bente platos diferentes, fuera de otra fruta, naranjas. Aunque era Miercoles Santo en la noche, ficimos colación solamente con sendas naranjas, con este nos entendíamos en lengua de Luzón, por que abía estado en Manila y ansí después de la cena nos llevó a a dormir a un buen aposento y, en secreto, nos pidió una carta para el governador de Luzón por que quería volver a ella a contratar y partirse presto. Yo se la di, contando en breve al governador lo que pasaba y, clareando la mañana, nos juntaron a todos a la puerta del fuerte y, después de haber esperado largo, salió el manderín pequeño que nos recivió a la benida. Lleváronnos tras él hasta un navío en que entró a darnos el despacho de parte del Chunpin, el cual nos decía que fuésemos en buena hora a Cantón y que allí nos enbiaba para el camino arroz y un puerco grande limpio y un cesto de naranjas frescas y otras de pasadas y otro de unas empanadillas que ellos comen. Hera Jueves Santo, dixímosle que el puerco no le podíamos comer en aquellos días según nuestra ley. Edifficabanse mucho y asmirabanse cada vez que nos beyan ayunar y dexar aquellas cosas por el Dios del cielo que les decíamos. y no nos porfiaban más a comer y bever juntando los lavios y meneando las caveças con gran ponderación y diziendo: "tien tien", que assí llaman ellos a Dios. Díjonos este manderín que íbamos apretados en la fragata, que nos repartiésemos a nuestro gusto en tres navíos como lo ficimos, y caminamos por mar hasta el Sabado Santo por la tarde, que nos juntamos todos en uno y entramos por la boca de un gran río, dexando aquella costa y llevándonos por la ribera arriba. Había tantas aldeas que parecía toda una población. Caminamos toda aquella noche y todo el Domingo de Resurección por este río y, al poner del sol, descubrimos un puente de cantería tan grande que en un tercio de enmedio que le abía llevado el río, contamos las cepas de treynta y tantos ojos, y la izquierda de ella una muralla muy larga y almenada de la misma obra. Aquí llegamos y dormimos en el barco y antes de salir el sol, con tres manderines que nos llevaban, nos sacaron para la ciudad. Andaba ya tanta gente en el campo que abía del agua a ella, que nos ahogaban. Metióronnos por una puerta pequeña y lleváronnos por calles muy largas y enlosadas todas de piedras quadradas y, de trecho en trecho muy breve, unos arcos triumphales de piedra muy hermosos, uno mejor que otro, unos nuevos, otros antiguos. Estos dexan los manderines quando acaban su oficio, a porfía de cual le dexa mejor y ansí ay muchos en todas las ciudades y están todas las calles de puerta en puerta y otros en muchas partes, en los caminos llenos de tableros de una parte y de otra, sin haber más vacío que las puertas de las casas todas cubiertas de tocino fresco y vaca y otras carnes y, debajo de ellas, lleno de cubetas de pescado vivo y muerto, de cestos de calabazas y berenjenas y otras hortalizas, que pone admiración ver lo que dizen, que a la noche nunca queda nada. Iban las calles de gente tras nosotros y delante, atropellando hasta que llegamos a una Audiencia, a la puerta de la cual estava otra pequeñuela con unas verjas como jaula. Aquí nos metieron por vía de prisión o por que la gente no nos ahogase. Después, al fin que se abrió el Audiencia grande, metiéronnos por unos patios con las ceremonias arriba dichas hasta la primera ciudad de tierra firme que vimos y el primer juez. Iba ya la carta que yo llevaba cogida y cerrada a nuestro uso metida en un gran envoltorio de papeles, por que el Chunpin y los que le veían, se afrentaban de que fuese el despacho para el virrey en papel tan pequeño y desautorizado. Juzgonos este manderín contando lo que traíamos, después de otras diligencias y de escrevir muchas chapas y papeles, lleváronnos con nuestro hato por aquellas calles, sospechando nosotros que íbamos ya sentenciados y que nos llevaban a algún lugar público donde justiciaban. Y era tanto el aprieto de la gente y el admiración que, entre las otras cosas, les causaba ver el paño de manteo que yo llevaba puesto, que era de lo ordinario de España, que se mataban por llegar a verle y tocarle con la mano, que al fin le rompieron y se llevaron dos pedazos de más de media vara sin que yo ni ninguno de los compañeros le echásemos de ver, tanta era la gente que nos apretaba. Metiéronnos al cabo en otra Audiencia, adonde hallamos el manderín, pasado con otros dos, que son como Presidente y Oidores, que él era el de enmedio, tan mancebo y pequeño que a la entrada nos pareció niño, pero después vimos quan biejo era en la prudencia y gracia. Levantose de la silla con sus compañeros y vino adonde estábamos de rrodillas y, con grande amor y familiaridad, hablando ya con sus compañeros, ya con nosotros, y mirando las ymágenes y las otras cosas con mucha alegría. Nos despachó y rompió éste los envoltorios y sellos en que el Chupin abía metido la carta y, después de haberla mirado y leido quantas letras pudo por encima y entre los dobleces, me la dió diziendo que la abriese yo, haciéndome en esto mucha fuerza, a lo cual hice yo muchas muestras de espanto y temores y de ser gran trayción entre nosotros, hasta que, apretándome mucho en esto en esto, le respondí que aunque me cortasen la caveça, no la abriría. Dijo entonces a la lengua que nos dixese que era hombre de bien. Y ansí nos despidió.

Lleváronnos a una casa del Rey y bien aderezada y luego, tras nosotros, llegó un despacho de este presidente que descansásemos y nos holgásemos, que allí nos enbiaba arroz y puerco, pescado y leña. Era esto Lunes de Pascua, y martes enbió un manderín pequeño con una buena lengua a dezirme que él abía determinado que nos fuésemos los quatro que decimos ser Padres por tierra de Cantón, por que por mar abía mucho peligro de xapones y sus guardas, y que yr todos por tierra, que éramos veintiseis, que era mucha costa y trabajo, que yo con los tres podía dar mi despacho al Tutan o virrey, el cual diría lo que se abía de fazer de la fusta y los veintidós que quedaban en ella, y que respondiese yo si era contento de aquella traza. Respondiles con mucha humildad y agradecimiento que todo lo que el señor manderín ficiese era bien fecho. Partimos el miercoles de mañana de esta ciudad que se llamaba Haucheo, dexando la fragata con el piloto y marineros e yndios, y caminamos aquel río arriba quinze días y quinze noches sin parar, dexando montes y poblaciones y algunas ciudades a una parte, y a otra todo de tierra muy berde y fresca, que mostraba ser tierra firme y bien diferente de nuestras yslas en el asiento y fertilidad. Ibamos los quatro con el Capitán y sus criados en un barco, y en otro yban algunos soldados que nos acompañaban hasta salir de algunos montes y dexarnos en tierra segura. Y de allí se bolvieron a los cinco días que caminamos por este río. Llegamos a una ciudad que estava asentada a donde se juntaba otro con él en el remanso y tabla muy ancha. En la punta de ellos abía tantos navíos y barcos muy largos que juzgamos que serían más de tres mil, y tan apretados en todo el cerco de la ciudad que el río hacía que no nos fuese posible llegar a ella. Y ansí los mozos fueron saltando de barco en barco a traer bastimento. Son estos barcos mayores y más largos que una buena cassa, por que de eso sirben y en ellos habitan marido y mujer y traen sus hijos y todas sus alhajas y puercos y gallinas y patos y otras aves. Tienen su cocina muy anchurosa, con todos sus pertrechos y muchos aposentos para si y para los pasajeros, con bentanas grandes y un portal o descanso enmedio y en la popa un cenador sobre sus columnas con su cubierta, todo ello barnizado y pintado. Salíamos algunos de los barcos a ver la tierra y hallábamosla tan llana como la palma, digo allanada por sus tablares grandes y pequeños, y cubierta de agua. Y si algo se le escapa destar allí labrado, sirve de sepulcros, que son tantos que casi no caben por la multitud de la gente, y tienen en el campo sus entierros, y algunos ricos de piedra labrada. Pasamos por muchas ciudades todas cercadas, que sola una bimos que nos pareciesse menor que Cantón, por que si esta tierra tiene fama la razón es por que de ella solo tenemos noticia y, a los portugueses que nos la han dado, a sola ésta les dexan llegar, y es maravilla quan poca noticia tienen de la China por el grande recato con que los tratan en todas estas ciudades. Entramos nosotros y las paseamos por que nos llevaban por todas las Audiencias por dar este contento a los Manderines de que viesen gente extranjera, y por que ellos siempre nos daban arroz y plata para el camino, de que gozaban los que nos llevaban. Fuera muy largo de contar los subcesos particulares, usos y tratos y cosas que pasamos con unos y otros, sospechas y lisonjas que nos hacían, principalmente por no entender su lengua y, quando más favor nos hacían, entonces pensábamos que nos hacían traición y nos armaban la muerte.

Dos cosas se deven aquí adbertir para lo que toca a la conbersión de estos Reynos. La primera que si se se quiere llevar por predicación amorosa y pacífica ellos están en tal disposición que me parece y nos pareció a los que lo mirávamos que, umanamente hablando y sin querer más milagro y señales de las que Dios usa en nuestros tiempos, no había ombre de tantos azervos, con más espíritu y ferbor que lleve, que entrando entre tanta gente no los pierda y calle por la gran yndispossicion que en ellos se be, la qual nace de muchas raices. Conbiene a saver su cobdiçia ynsaciable, particularmente de plata que tal es su Dios, y de esta tienen mil maneras y hallan mil servicios e ynbenciones y lisonjas por tanta plata como sacan. Será que en esto andan tan empapados en todos los negocios y tratos buenos y malos, onrrosos y biles con que se granjean tan bien a los metidos, que no ay Dios ni otra vida ni padre con madre, ni hermano con hermano, ni amigo ni pariente, ni onrra, ni bergüenza. Nace tanbien de la mucha deshonestidad y disolución particularmente del pecado nefando y no menos la glotonería por ser grande la abundancia que tienen de todo y ninguna la regla y sobretodo la de la soberbia, que no quieren creer, ni lo quieren oyr, que ay en el mundo que sepa nada sino ellos, ni sufren que nadie se lo enseñe ni entienden que ay berdad sino su mentira y a todos nos juzgan por bárbaros bestias, gente sin ley, ni razón, ni govierno, y es gracioso y cosa muy ridícula que presuman nadie de querer enseñarles. En abiendo un estrangero en su ciudad, aunque sea hombre de autoridad en su bestido y rostro, de tal suerte qualquiera que sea, ansí los grandes como a los muchachos le tratan con tanta desemboltura y poca berguenza que juegan con el como con una bestia, que tales somos puestos entre ellos a lo menos lo parecemos, la boca cerrada sin saver ni poder defendernos Unos le hazen que baya por aquí, otros que no, sino por acullá, uno le da un empujón y otro le da un peyisco, otro le quita el zapato, otro le abre el sayo para ver lo que trae debajo y luego ríen y levantan grande fiesta.

Añádase a esto, o por mejor decir es la raiz o ocasión casi de todo, la muralla que Dios quisso que aya entre ellos y nosotros una lengua tan differente y oscura que aun entre ellos mismos no tienen otro estudio ni exercicio de letras sino aprender desde niños sus carateres o señales que dicen que son más de ochenta mil, porque de cada cosa tienen su señal o ymagen y assí gastan la bida los que se llaman letrados en aprender solo esto y no todos salen con ello y el fin es para ser mandarines. Y ha sido tal la ynvención del demonio para cojerles el juicio y ocuparles en el .entendimiento, que lo que un niño nuestro aprende en un año o año y medio en la niñez, hacen ellos ni por toda la bida, con lo que ellos no aprenden otras lenguas o otras sciencias de las cosas naturales o sobrenaturales y las leyes y cosas morales y aun les sobra en lo que a esto otro no sobra, por la grande dificultad de sus letras, porque primero las han de saver escrebir y conocer todas cada una entre ochenta o nobenta mil, lo segundo la han de saver pronunciar y es mayor trabajo porque una misma letra en la escriptura balen para nosotros en la pronunciación assí solo el son. Son ese que ellos le dan y las diferencias de pronunciar ay, ya con los lavios, ya con la garganta o el paladar, o las narizes, tienen muchos muy differentes significados, lo qual a nosotros es imposible. La tercera la difficultad es saver las cosas que significan todas estas letras, que son todas las cosas del mundo y tantas letras se han de saver como ellas son para poder hablar, pues esto es lo que han de saver los que tienen brios y ffervor de convertir la China, porque en esta lengua que llaman manderín, por ser la que ellos hablan y la gente principal y es la unibersal, están escritas todas sus leyes, costumbres y setas, y fuera de esta lengua, las otras lenguas son tantas y tan differentes que serían de mucha más difficultad, no habiendo la universal, lo que todos entienden no se puede hablar con quien face al casso, que son las cabezas. de gente principal y ciudadana y por donde a de comenzar la conbersión, que us entrar agora entre estos hombre, tan agudos y arteros, sobervios y bulliciossos y sobre todo mofadores de los extranjeros y sus cossas

Uno de nossotros sin lengua, ni experiencia, ni de sus costumbres o crianzas, ni cerimonias, ni ussos, ni leyes, ni setas; ni saver que les dizen, ni por donde ban, ni adonde le llevan ni quando le burlan, ni quando le engañan; no es más que hacerse en lo que ellos le estiman que es como a una bestia salvaje del campo. Y querer entrar con media lengua balbuceando es darles materia de entremés y que hagan burla, no solo de la persona, sino lo que es más del Dios y del evangelio como ya savemos que han hecho de algunos agudos, y de esas cosas que han querido darles cara por tal en su lengua, como le aconteció a una persona que fue de esta parte no ha muchos años y que bió allí sus santos fervores y después que caió en la quenta que no serbían sino de esto que hemos dicho, lo dejó todo y se fue para la Yndia donde está agora bien desanimado y ya olvidado de la conbersión de la China.

La que hemo visto es la difficultad de la lengua, y el que hemos bisto el fruto de hablar mal en ello, que no sufre esa gente allá escuchar mal acento sin celebrarse mucho pues hablar por intéprete parece más cosa de risa para ellos y de locura para quien lo intentare, porque estos intérpretes savemos que no usan dezir la verdad antes se precian de mentir todos y saver jurar y burlar armar enbustes y si alguno no quisiese pasar de tal mañas, a lo menos no le abia tan animoso que ose dezir verdad a los manderines o jueces porque usan estos que en diciendo las lenguas cosa que en diciendo las lenguas algo que derogue en algo a la autoridad y reberencia de ellos, luego le azotan cruelmente, y todas las faltas que face el estranjero con sus crianzas y cerimonias las paga la lengua como quien no les enseña a que los adoren.

Ninguna cosa les costará a ellos más cara que decir a los manderines que les queremos enseñar nueva ley y costumbres, teniendo como se tienen por dioses y dadores de leyes y que no hay gente en el mundo governada ni regida sino la suya, de suerte que todos lo que conocen esta gente que an entrado a la China juzgan por locura pensar que le ayan de convertir de buenas a buenas y, dexando siempre aparte lo que Dios puede hacer, anse parece que acostumado ya a otro camino diferente del de la primitiva iglesia, qual se ve que ya ha usado en la Nueba España y en Pirú adonde bemos la christiandad tan asentada como en España y en estas Yslas Philipinas se ba haciendo lo mismo.

Y, si a los principios ay algún incombeniente pos los insultos y males y agravios que en las conquistas se hacen, permítelo Dios quizas por los pecados grandes de tan largo tiempo de los conquistados y por las mañas y poca cristiandad de los que los conquistan por los particulares y intereses, sin perderse el evangelio ni Dios su derecho de ser predicado a toda criatura, si los que ban ayudar a esta predicación guardasen la ynstrucción y cédulas de quien los embía. y tiene derecho recivido del Papa, para embiarlos tienen tan bien mirada y justificada que, si se siguiesen, no sería conquista como la que hemos llamado sino verdadera predicación, mas como está dicho, la falta de guardar ley y de no hacer lo que no deben los capitanes y soldados en particulares materias no le quita a Su Magestad el derecho que tiene para embiar, ni al Papa para dárselos como medio y conserba a los que ban a predicar el evangelio a la sombra de los soldados. El callar y predicar y dexar pasar lo que no pueden ympedir lo que abía abissado como Su Magestad teniendo derecho que tenía para hacer la de dexar de tomar la posesión de Portugal y por miedo de los males y agravios particulares que los soldados habían de hacer en aquel Reyno solo era obligado el amonestarlos que no los hiciessen si ellos lo yñoraban.

Y assí acá los predicadores no tenemos escrúpulo ni lo decir agora ni de lo que nos compete por nuestro derecho, llebando la ayuda necessaria para ello, que es guarda de soldados. Solas estas obligaciones tiene de abissar sin estorbar quanto bueno mensaje se pudiere, que no haya particulares agravios. Mas por miedos de de si urtarán una galerna o diez o beinte o cossa semejante o dejharan un adulterio o muchos, no estoy yo obligado a dexar mi Dios. Si mal hicieren ellos lo pagarán, como el que hacieron los soldados en casso semejante al que dijimos de Portugal. Y los predicadores, que somos muy zelosos, despues pasa tiempo lo reprendemos mucho el modo con que se hace. Tenemos tambien algo porque callar y permitir que lo haya por donde Dios permite que quizá nosostros le forzamos a ello en alguna manera que no ay ya entre nosotros quien de bista a ciegos ni el oyr a sordos ni sane tullidos ni resucite muertos como hacían aquellos que conbertían el mundo por predicación y no les hemos de desto y no hechemos de esto como dizen la culpa a Dios y a las edades del mundo, porque en todos tiempos y en estos nuestros, como lo hemos visto acontece con los santos barones y de mucha oración y penitencia con semejantes señales y grandezas, pero ya ay pocos de estos que alcanzen día luchando de noche la conbersión que se ha de hacer, otro día y por su enseñanza y oraciones y ruegos alcanzen la disposición que a los que an de ser conbertidos les falta para serlo. Que a falta desto ben a Dios como necesario llebar por otras bías que son las de guerra. Y esta la segunda cossa que dezimos arriba que se devía advertir.

Aunque no es el lugar este de tratar del bastante derecho que Su Magestad tiene para conquistar que así se llaman estos Reynos de la China y quales quiera otros de gentiles, como todos los hombres dotos que por acá andan con las manos en la massa lo sienten, más es necesario proponerlo por lo llano para lo que, acerca dese segundo punto, queremos dezir que que si Su Magestad se determinase o tratase de enbiar gente a aquestos Reynos, los que a este propósito entramos en aquella tierra en setenta o ochenta leguas dentro que anduvimos por ella y sus ciudades y en diez o más meses que estubimos en ella de que la tierra es muy fértil y abundante de todo, bastimentos, de arroz, trigo, bino, carnes, frutas, porque ellos labran todo quanto pueden alcánzarse a regar no solo en los llanos. Tienen muchos más por las laderas de los cerros que ay algunos no fragosos sino entre llanos y sin espesura. Por mucha .partes de estos suben el agua con mucha destreza, los ban regando por sus tablares porque son muy llanos, uno sobre otro por la ladera sin dexar un palmo que no se pueda aprovechar

Esta mucha labranza y abundancia de mantenimiento y la mucha que ay en la cría de ganados y en las mercancías, nace de la mucha abundancia de gentes que no se puede encarezer y negocio juega aunque sea ciego. La cosecha en estas partes es casi toda de arroz, aunque ay algún trigo, pero más adentro es mucha la abundancia de él. Las carnes son búfano, aunque desto comen poco, mas de bacas y de puercos es grande la abundancia. Las mismas ay de gallinas y de patos y de otras aves de agua y mucha más de pescado, que todo esto cassi todo solo bale un precio. Un pollo bale un conderín que será en España tres maravedís. Una gallina dos conderines y otro tanto peso de puerco o cualesquiera otra bianda bale otro tanto porque todo, asta la leña, se bende por pesso.

De binos tambien tienen muchas maneras, unos blancos, otros rubios; unos suabes y otros muy fuertes, que cassi todo se hace de arroz aunque tambien lo hazen de otras frutas que ay por eso es tanta la abundancia que cassi nunca beben agua, ni café han en ello, aunque no se como lo de ubas es muy passadero y sano. El pan, aunque ay no es mucho. El trigo bale muy barato y nosotros lo comimos todo el suyo que estubimos allá desde que llegamos a Canton y bale quince libras aquí y en Macán donde se paga solo un Real. En las otras ciudades por donde pasamos no hacen pan de trigo sino unos bollos gruessos y empanadas y pasteles de muchas maneras.

Y en lo que toca al bestido es tanta la abundancia y differencia de telas de algodón de muchos colores y de piezas de seda, tafetanes, rassos, gorgoranes y damascos que dizen todos los portugueses y yo vi algo de ello, que ay algunas vezes que llegan en veynte y trenta y cien navíos, se los cargaran 200 aquellos otros tantos. Bale allí una pieza que tiene quinze baras de las de algodón, que es como el lienzo casero de Castilla, real y medio y en Macán dos reales y de las de seda de otro tanto en largo y como el tafetán doble de España bale a tres Reales en Canton y en Macán algo más pero en toda la China mucho menos

Dizen más y es la berdad que no habrá cossa que pidan en Canton de que echando un bando los mercaderes no les carguen luego. Un navío por grande que sea si lo piden de azófar se le cargarán, y si de cardamomo les cargarán dos y si de almizcle también, y de esto yo bi tanto quando se cargava para el Xapón que no lo tengo difficultosso y menos lo tengo si quisisesen cargar de oro que entre ellos no es moneda sino hacienda y mercançia y en tanta abundancia que no es posible sino que tienen muchas minas y ríos de ella.

Lo que ay de la plata no se puede decir, porque no usan otra moneda en todo, sea en un trato de chicos o grandes, ni de otras cossas hacen sus tesoros los particulares. Toda es de fuera del reyno, porque, aunque tienen muchas y riquísimas minas, no consiente el Rey que se labren diciendo que aquello ya él se lo tiene, sino que todos trabajen y cultiven la tierra y ayá la abundancia de ese metal . De cobre ay otras maneras y prieto y blanco y lo ordinario. Y de esto, y de hierro y plomo tanto como savemos en estas yslas donde bale un quintal seis o siete reales, que allá baldrá la tercera o quarta parte. De madera y pertrechos e materiales para navíos de guerra la abundancia que ay júzganla los portugueses y otros que lo han visto, porque esto ni lo demás dicho ni por decir no es cosa que fácilmente se pueda creer, ni cordura contarlo a quien no lo ha visto, ni aquí se dixera sino por inportunación de algunos señores a cuyo ruego se ha hecho esta relación, porque si lo que ay de oro y plata se tubiera de dezir como es, dijera más allí que fuera de lo que anda entre las manos, y en posesión y mercancía de los particulares, que dizen que son en padrón más de setenta millones de solo los tributos y derechos que pagan a su Rey. Ay torres en las ciudades, nosotros bimos algunas y que muchas pasan de media y de dos tercios y otras están llenas de estos dos metales y esto es tan cierto que pasa llanamente como en España haver cámaras de diezmo con trigo y zebada.

Y por acá no reparamos en decir que enbiando el Rey navíos y gentes y predicadores a su cuita que fiasen a los chinos dexar predicar el evangelio públicamente a quien quisiese oyrles, chicos o grandes, rústicos o ciudadanos, podria hacerse pagado destas torres y aun llevar con qué hacer la guerra, que tienen allá contra esta gente que viniesse lo necessario. Para asta llegar, en el primer arraval o ciudad desenbarcarían bastimento para muchos. Y nadie se espante de parezer que enseñamos aquí o disponemos que se venga de esta manera, porque acá lo tenemos por llano y fuera deso anssi lo allamos ansi en los hombres doctos dela parte de Portugal y de la Yndia, Macán y Xapón con que lo tratamos, mas cada uno juzgue como quisiere mirando empero que está lexos de la materia y sin experiencia que es la que ordinariamente abre los ojos a la ciencia.

En lo que toca a la fortaleza de la tierra nos pareció que es tierra llana y rassa, de poco aparejo de emboscadas para los que biniessen, dividida en ysletas, porque fuera de haver en la China muchos rrios, los desmiembran todos y hacen çanjas de unos a otros y hacen que quede toda cortada y esta es la razón de regarse casi toda y tan bien aparejo para que todo su trato y bivienda sea como es por agua. Y lo que en España es mulas, jumentos y caballos es acá barcos y no ay menos en número, ya ssi dizen los que tratan desto que con pocas fregatas o galeras que les cojan, estos ríos se quedarán atados. Las ciudades que casi todas están junto a ellos están bien muradas, pero sin cubos, ni torres, ni saeteras, ni yndustria alguna de guerra ni defensa.

En toda esta tierra ni sus ciudades, ninguno puede tener armas ni las tienen so pena de muerte. Si alguna bez riñen es con las manos. Basta del tocarse. los cavellos largos, que traen cogidos como mugeres, y cada mañana gastan largo rato en peynarlos y trenzarlos y a estos que bienen luego los azotan, sea biejo, sea honrrado. Solo ay en cada ciudad asta una dozena de hombres de guarda para cada manderín con unas piquillas y lanzas cortadas con ganchos largos de la misma caña, que ellos tienen por grandes armas para atropellar, aunque la gente es muy mansa y pacíffica y agena de armas y del exercicio de ellas, pero son recios y comerdores y trabajadores y muy solícitos y industriosos, y de grandes ardides y mañas, como se bido en un ladrón que bino asta Manila y la quemó y tubo por suya. Y oy que a los capitanes y soldados castellanos que acudieron en favor, fizo mil engaños y ardides de guerra de muy buen capitán y él deçia a los nuestros que heran leones más que savian poco de guerra. Teniéndole çercado en un fuerte hizo tres quartos de legua por un río adentro, de donde salía cassi cada día a dar rebato a los nuestros que estaban en la barra quando pensaron que le tenían cogido por hambre hallaron había hecho algunos navíos y una grande zanja desde su fuerte atravesando asta la mar por donde se fueron su gente de guerra, quedandose los nuestros en blanco y con otro concepto de los chinas que antes tenyan, mas de esto no saven sino los capitanes de sus armadas que se levantan y hacen ladrones, porque se exercitan y ponen a ello. Y esto es lo que ybamos diciendo harían todos si se exercitasen y así lo dizen quantos los conocen que aunque agora están como dormidos, que si fuesen despertando y cobrando sospecha y pertrechando serán ynexpugnables assi por lo dicho, como por la gran multitud de gente que es como langosta y por agua y por tierra y mas dizen que son los que havitan en agua que los de las ciudades y los de las aldeas. Fuera de esto lo serán tanbién por la abundancia de bastimentos, materiales y instrumentos para pertrechos de guerra y usan arcabuzes en los navíos y algunos bersos y si quissiesen hacer artillería tienen metal e yndustria para hacer tanta y tan gruesa quanto les diese gusto. Dicen agora que aunque saven que estamos aquí nosotros ni a nadie tienen miedo porque son tantos que no haran mas los manderines de ir llebando gente desarmada más y más y más a los contrarios hasta que se haga una muralla de muertos y de hedor y sangre, se buelban a sus tierras y que no tienen necessidad de otras armas, con todo esto no se descuidan de guardar bien la costa por donde temen el ruído, añadiendo cada día bancones que son sus navíos de armada, con esto nunca salen ni son navíos para salir una legua a la mar, porque son muy llanos y muy delicados y pulidos y no hacen mas que andarse de puerto en puerto, que los hay muchos arrimados a tierra, y dicen los que lo entienden que metida una galera o galeón de armada en medio en medio de estos que llebaría cinquenta, ochenta o ciento a ffondo con facilidad (...) y, al fin concluir, que con solo diez mil hombres que fuesen allá tomaran este reyno, hiendose llebando asta allanar, porque para no más de saquear a Canton o otras ciudades sin dexa nada a ellos docientos hombres bastan, como mucho bien han hecho los xapones. Nosotros vimos estando en Canton que, porque un manderín quisso en su audiencia azotar a un portugués de entre otros ques estaban allí, con solo poner una de ellos manos a un alfangillo que llevava escondido, soltaron los guardas la picas y lanzas se echaron a uyr y el manderín se entró corriendo a su casa y los portugueses se salieron riendo por las calles como despobladas, porque toda la gente huya de ellos y assí se bolbieron a sus navíos que estavan en el río, y esto a ya acontecido otras dos beces. Nadie se espante que los religiosos tratemos de estas cosas de guerra, que por ello tanto se extrañan porque como bemos la muchedumbre de almas que en estos reynos se pierden y ban perdiendo por tiempos tan largos, sin remedio suyo ni gloria ni honrra de su creador y por otra parte la yndisposición e ymposibilidad para ser conbertidos por bía de lenguas que no tenemos como los apóstoles y por palabras que no sabemos, ni ay quien las aprenda sin tratar con ellos, y siéndonos superiores, ni admiten en el tracto ni nuestro lengua, y si aquella prendiessemos, les ha de servir sino de facer burla de nuestra barbarie. Como aun aquí en estas yslas, con ser yndios desnudos y como salvajes, en comparación de ellos y con sernos subjetos, hacen escarnio y ríen entre si de lo que les hablamos quando no se le habla con su propiedad. Pues no quedándonos otro refugio para el bien de los chinas y su conbersión y cumplimiento de nuestros deseos en onrra de Dios, sino serles a ellos superiores y hacer que nos oygan aunque sea tartamudeando y como allá bizcaynos, como hacemos con los destas yslas y al fin les aprovecha y se a echo tanta hacienda que de mucho consuelo por eso estamos tan deseosos de lo que se ha dicho que el ruído de los atambores y artillería nos será acá tan suave y provechosos como allá las bocas de los predicadores. Si esto se hiciera como deve hacerse, y sin los particulares ynsultos y agravios que un desalmado hiciere, no quita como ya se dixo su derecho al ebangelio, como tanpoco dexa de ser buena la predicación y hacer su effecto quando el predicador fuese amanzebado o hiciesse otros agravios a los predicados, porque aunque estas circunstancias ruynes, más son extrinsecas a lo sustancial pero, como está dicho, aquí agora no tratamos ni es lugar este de dezir las razones y fundamentos de este segundo. Bolbiendo al punto, lo que más nos muebe a desear lo otro es ber que esta gente está tan dispuesta para ser conbertida y governada facilíssimamente por este camino de subjetarlos, quanto yndispuesta y ymposibilitada para serlo porque son como niños y como mugeres y dexados en su libertad, tan sobervios que nunca haran nada bueno por rruego ni amonestaciones, y al revés, tan blandos subjetos cuales si conocen superioridad, como los niños de la escuela en presa del maestro que los save tratar como a tales. Y así los goviernan sus manderines sin otros travajos ni difficultades con sola una caña, azotandolos como a niños, a biejos y mozos onrrados, quien muestre enojo ni benganza poer ello ni lo tienen por desonrra, y tenemos por cierto que si tubiessemos mano sobre ellos, que un solo religioso con una disciplina o una barilla regiría muchos pueblos que para aprender en la escuela nuestra lengua y escritura los grandes como si fuesen niños, lo qual ellos harían con mucha brevedad, mas dejados en su cuenta, es hablar al biento quererlo persuadir ni sacar de sus mañas ni costumbres antiguas.

Más bolviendo al remate de nuestro camino, despues de haver andado los quinze días que diximos por aquellos ríos, andubimos otros tres o quatro por tierra, que es cossa rrara por que todas sus ciudades se andan por agua. Fuimos estos días cada uno en su caballo y su criado con un azote, que no usan espuelas sino sillas y freno, mas no herraduras. Dimos de repente sobre otro río mucho mayor y, bajando por este, dexamos a los lados tres o quatro ciudades en diferentes puertos. A este le llaman el Rio de la Sal, muy nombrado en la China por que de él dizen que proveen toda ella de este condimento que se hace en él a la entrada de la mar, en el cual entra por muchos brazos.

Al amanecer, llegamos un día a una ciudad que estará día y medio de camino antes de Cantón y más dentro de la tierra. Ésta que digo nos pareció la mejor y de más concursos y Audiencias y manderines principales que quantas vimos y más que Cantón. Llámase Ucheo. Aquí fuimos vistos de muchos manderines y sospechamos que eran superiores a los de Cantón, por que nos bimos en muchos cuentos sobre si nos dexarían pasar o no allá. Aunque el mayor de ellos, y como presidente, mostró mucho amor y familiaridad al P. Alonso Sánchez por razón de unos antojos que le dió y pidió con harto recato y secreto, por que no usan ni pueden tomar nada. Después de acabado un día el Audiencia, le enbió llamar a solas y, por que otro día antes no abía querido el Padre (...) una plancha de plata que le enbió con un criado por los antojos que (...) Le dió gracias y le convidó al cha, que es toda su fiesta, y le dió tres abanos o mosqueadores de manderín muy hermosos, dorados y con lazetas y fieles de plata, diciendo los mirase bien, que heran de manderín y muy escogidos. Y al fin le proveyó otro manderín que guiase u regalase hasta Cantón, donde estava el Aytao grande, a quien yba la carta del governador de Luçón.

Partímonos el río abajo y otro día a la mañana tubimos nuebas como el Aytao no estava en Cantón, sino en otra ciudad seis leguas más hacia nosotros, entre aquellos rríos, que se llaman Tancon, adonde tienen las atarazanas y siempre están haciendo navíos y hechando a la mar. Adelantose este manderín proveido en Ucheo a darle la nueba, y el Aytao hizo que se andava paseando y recreando por aquellos brazos de agua. y assí nos recibió allí en un navío grande y muy hermoso, barnizado de prieto y rayado de oro, con su música de chirimías, campanas y atabales, llegamos por un lado con nuestro barco y comenzámosle a hablar de rrodillas, estando él encubierto con unas cortinas coloradas, por las quales nos veyan. Y luego las mandó tirar y apareció abierto aquel costado del navío y un aposento hermoso y llano, y él sentado en una silla, bestido de morado. Dímosle la carta del governador escrita en chino, la cual leyó, y otra del obispo en castellano, que habierta y vista, la tornó a coger. Dímosle con ellas la piedra negra que diximos y unos borceguies bordados de oro, lo cual miro un poco con gravedad, mas por mucho que el Padre se lo rogó y porfió, nunca lo quiso recebir, por que en esto guardan mucho punto. Despidionos con gracia, quedándose recreando por aquel río, y nosostros caminando hasta la ciudad de Tancon.

Ay por todo este encontorno tantos brazos de rríos o de mar que todo está mezclado. Y tantas ysletas todas cultibadas, y tantas belas por acá y por allá, yendo y viniendo y atravesando, y ellas solas se descubren por encima de la tierra, que es confusión y no save el hombre donde se está, ni por donde ba. Un poco más affuera y más adentro a la mar, por toda la costa, doce o quinze leguas desde Macán y quinze o beynte desde Cantón hacia Chincheo y hacia el oriente, ay tantas yslas, todas estériles y no muy grandes, que los pilotos portugueses, despues de muchos años que van y bienen al Japón por entre ellas, con dificultad aciertan a la de Macán. Lo mismo ay desde Cantón a la otra banda, la costa adelante hacia el poniente y la Cochinchina, quedando esta ciudad arrinconada en la boca, o por mejor dezir, entre las muchas bocas del grande y muy nombrado Río de Cantón, por el cual dizen que se navega hasta Paquín, ciudad donde está el Rey y caveza de toda la China.

Estará retirada la ciudad de Cantón de la costa para adentro quinze o beynte leguas y, de allí a Paquín habrá como quinientas. Vuelto a la noche el Aytao a Tancon, donde estábamos, luego nos despachó con otro manderín, remitiendonos al Concheffu, que es como corregidor de Cantón. E otro día por la mañana que era dos de mayo, descubrimos desde lexos aquella gran ciudad con sus arrabales, que se tiende por todo el campo y, enmedio de ella, aquella gran torre del tesorero del Rey, que es rredonda y muy alta a modo de pirámide y que, de trecho en trecho, baja haciendo unos relejes hasta que rremata en una punta. Dizen que ay dos en esta ciudad, llenas de tesoro, pero yo no me acuerdo aver visto más que esta.

Fuímonos acercando al arrabal, con tanto curso de nabíos y barcos como le ay en la corte de hombres y caballos. Saltamos en tierra y el Aytao que nos llevaba dixo en la posada al P. Alonso Sánchez que allí, en el río, avía portugueses y otros Padres de su manera y, si le dábamos la plata, nos llevaría a berlos. Prometímosle que haríamos con ellos que se la diesen y assí me tomaron con mis compañeros y, por unas callejuelas, con mucho secreto y señales de miedo y algunas bezes volviendose atrás, llegamos a ojo de los navíos portugueses, los quales luego nos vieron y, en un batel, vinieron a nosotros y un Padre de la Compañía con ellos. Estábamos ya tan hartos del trato de estos chinas y de sus bilezas y lisonjas y engaños que, quando vimos los portugueses, aunque bien differentes de los nuestros en la fayción, hábito y lenguaje, los abrazamos como quien ve a los ángeles. De mi, especialmente, bien se puede sospechar la alegría y consuelo que sentiría quando, en tierras tan extrañas y yendo como presso, a lo menos sin saver en qué pararía, me bi tan de rrepente con otro Padre de la Compañía, principalmente con el amor y regalos que me mostró y hizo. Dávanos tanta priesa aquel mandarinejo que les fue forzado hirse todos conmigo asta la posada y acallarle con plata, que es lo que pretendía. Trajeron luego allí algunos rregalos de sus nabíos y diéronnos algunas cosillas de que llevabamos harta necesidad y alguna platilla desmenuzada para que si el Conchefu, como ellos temían, nos quisiese azotar, diésemos de aquello a los berdugos por que ablandasen las manos, aunque en esto bien se engañaron como después vimos.

Estando con ellos, nos llamó llamar el Conchefu, acompañáronnos hasta la puerta de la ciudad, animándonos y dando muchos avisos, y entendiendo que quedaríamos presos y con peligro. Se bolvieron tristes desde la puerta, por que no dexan entrar ninguno si no es llamado y con chapa y compañía que lo torne a echar fuera, dando siempre cuenta a los guardas de la puerta, que luego acuden como a la vez y piden chapa de cómo entra y cómo sale. Hallábamos siempre en estas entradas tal tropel de gente que aun los guardas no podían hender para detenernos. entramos por aquella ciudad adelante por muchas calles y largas, hasta llegar a la puerta de otra muralla más antigua, la cual llaman la ciudad vieja, por que abía pocos años no abía esta muralla y todo lo otro era arrabal, mas por (...) de un ladrón de la China que se les levantó con algunos navíos, al cual ellos no podían coger ni savían acometer con sus bancones y rogaron a los portugueses se lo cogiesen, los quales fueron con cinco o seis embarcaciones pequeñas y, a ojo de la armada de Cantón que se yba detrás, embistiendo los desbarataron y echaron a fondo. quedaron de esto tan espantados y amedrentados de los portugueses que, en quatro o cinco meses que ellos se detuvieron en bolver a Cantón a su mercancía, quando bolvieron ya hallaron fecha aquella muralla primera por donde entramos y cogidos todos los arrabales, que es cossa inmensa, aunque ya ay otros tantos fuera. Allase por cierto de esta ciudad que, en más de mil y quinientos años que se fundó, nunca hasta oy se ha bisto en ella ambre ni guerra ni pestilencia y bien se pareze en su concurso y grandeza.

Entramos pues por esta segunda parte a la ciudad bieja y, después de aver paseado otras muchas calles, llegamos a la Audiencia del Concheffu. Cerraron luego las puertas y hicieronnos esperar más de ora y media, como siempre lo usan por autoridad. Entramos ya tarde en una Audiencia y con las ceremonias como a los demás y, habiendo estado un poco de rrodillas, el Conchefu bino a nosotros y nos habló con amor y alegría. Tenía fama este hombre de muy mansso y piadosso, apartado de negocios. Hacíanle por fuerza tener este oficio por su mucha prudencia y mansedumbre, que la estiman mucha en los Manderines. Por ninguna bía tomaba nada, ni llevaba dinero ni salario y, aunque era muy rico de su patrimonio, bivía muy pobre y nosotros le bimos con los bestidos biles y borceguíes biejos y desollados. Dizen que nunca comía sino arroz y bledos, que son grandes las virtudes morales que cuentan de éste los portugueses, que no le faltaba sino la fee biva para tenerlas. Era mocito de muy buena gracia y, después de pocos días que nos despachó, murió el pobre sin alcanzar la luz que buscaba a oscuras.

Acababa ya de tomar quenta de nuestro hato, al que nos traía por el rreyno y dieron le pruebas de que el Chaen benía a Cantón. Este es un visitador que biene cada año por todas la ciudades con poder de quitar y poner a qualesquiera manderines, excepto al Tutan, y cortar caveças a todos los pressos que lo merecen, que ninguno otro manderín puede matar aunque los tenga sentenciados. Sálenle a recebir todos los Manderines y, despues de entrado en la ciudad, están cerradas todas las puertas por espacio de tres días, pues como el Conchefu oyó que benía, éste con mucha priessa mandó cerrar nuestros cestos y él, por su mano, me dió el pincel y unas tiras de papel grandes diziéndome que los sellase con mis señales, por que quedando en su cassa, nadie los abriese ni faltase nada.

En esto se salió dexando ordenado a un manderín que nos llevase sin saver nosotros adonde caminábamos por aquellas calles y, al anochecer, nos metieron en otra Audiencia vieja a manera de cárcel, a lo menos a nosotros por nuestra sospecha tal nos parecía. No debieron haber entendido bien los que nos llevaban si era allí a donde nos enbiaban. Assí bolbieron a informarse y ya bien noche nos sacaron de allí y lleváronnos al río. Llovía bien y estábamos ya tan artos de barcos que de mejor gana tomáramos quedar presos en alguna casa. Buscaban ellos la embarcación no para aposentarnos en ella como temíamos y como tubieron la otra vez a los primeros frayles que de Manila fueron por siete u ocho meses sin dexarlos entrar en la ciudad hasta el día que los despacharon a Macán, sino para llevarnos en ella a donde les mandaban, que era poco menos de tres quartos de legua, mas no hallaron quien nos llevase por ser ya tan noche. Metiéronnos por aquellos arrabales con cieno y, tropezando y tan cansados de andar en pie y estar de rrodillas lo más de aquel día, que cada paso se nos hacía más de una legua y más pensando que al cabo nos llevaban a la cárcel, sin esperanza de cene ni cama ni otro albergo.

Después de caminando el trecho que diximos, metieronnos en un patio muy grande que a la mano derecha tenía otro patillo apartado como jardín por el cual entramos. Pasamos luego por una capilla sin saver lo que era y, al entrar de otro aposento, quando pensábamos que debía ser cárcel, hallamos en el otro Padre de la Compañía con tan repentino gozo cual se puede imaginar. Abrazámonos y dixo que estava pensando y cassi llorando de quales estaríamos en algún tronco, que ansí llaman ellos al calabozo, entre aquellos presos, con nuestras tablas al cuello y esposas a las manos. Era tan mala la lengua que traíamos, la cual se nos pegó sin poderla deshechar desde el puerto del Chumpin, que aunque nos decía que nos llevaba donde estava un Padre de San Pablo, que ansí llaman todos los chinas a los de la Compañía, nunca le podíamos entender sino que abía en Cantón un Padre de San Pablo y nosotros pensábamos que decía por el que havíamos visto con los portugueses, por que de este otro nada sabíamos. Estaba este Padre en este arrabal con chapa del Aytao y con licencia de tener compañeros, casa y capilla en que dezir misa y administrar a los portugueses que bienen allí a su mercancía. Los Manderines no quieren que bengan sin Padres de San Pablo por que dizen que son bestias y fieras del campo sin ley ni razón y que hazen mil desconciertos quando salen solos, mas que los Padres tienen mano sobre ellos y los gobiernan y meten en caminos y que estos son buena gente, que traen bestido largo y andan sin armas como ellos, son pacífficos y seguros y refrenan a los otros.

Este Padre ytaliano es de condizión blanda y semejante a los chinos y por esto lo quieren tanto, que el mismo Aytao y Conchefu lo bisitaba algunas beces y benían a ver como decía misa. Y el Chumpin de Cantón, que es gran manderín y mucho mayor por su linaje, le quería tanto que le metía muchas bezes en la ciudad y en su cassa y conbidaba y sentaba a su lado y le daba en los brazos un niño que tenía. Este Padre ha estudiado tres o quatro años la lengua manderín y entiende algo della y assí le dió a este Chumpin una doctrina o catecismo que ha hecho con ayuda de otras lenguas y él la leyó y dixo que es buena doctrina. Tiene éste un hijo mancebo tan amigo del Padre y de las cosas que le predica que una bez le dixo si podría ser él santo como los antiguos de su tierra que le contaba. A solo este Padre, por ser ytaliano y nacido en Nápoles, donde primero que entrase en la Compañía era Doctor en leyes y abía servido a su Magestad en corregimientos, descubríle los negocios a que yba a Macán y mostré todos los papeles y relaciones del subceso de Portugal, más a ninguno de los portugueses lo quise descubrir en casi dos meses que estuve en Cantón, teniendo por muy importante que si acasso los chinas, a los quales yo decía que yba a Macán a ver a otros hermanos de mi religión y a darles aquellos libros y cuentas e ymágenes que yo les mostraba, supieran por otra parte que yo yba con las nuevas y a tratar de la unión de que ellos an gustado tan poco, assí por esto como por tenernos por espías nos fuera muy mal, y los portugueses, con la disposición que entonces tenían, quizás les ayudaran.

Tomaron esta nuestra yda tan mal los portugueses, con las sospechas y temas con que siempre andaban con los castellanos en estas partes y, principalmente, sobre la posesión de lo que esperaban en la China, que no lo podían sufrir y ansí, a la mañana, acudieron al padre diziendole que no hera posible ser allí donde el Conchefu nos abía enbiado y que luego nos llevaría a alguna cárzel y que en ninguna suerte havíamos de dezir missa en aquella capilla, por que ya aquello hera tomar en la China por el Rey Don Felipe. Y, entretanto que nos llevaban de allí, que nos pasásemos a otro quarto de la otra banda de aquel patio grande, por que assí lo decían aquellos chinas, que heran caseros de todo aquello y que assí lo querían los Manderines, que estubiésemos donde ellos decían como presos, más una lengua buena, de que ellos usaban y el Concheffu nos dió, lo declaró mexor, por que les dixo delante de aquel Padre y de mi: "Desengáñense, señores, que el Concheffu quiso honrar y favorecer a estos Padres y por eso los enbió aquí donde está este otro compañero". Hablábanme a mi los portugueses con grandes ansias de saver a qué benía y escribían a Macán y de allí benían las cartas echando llamas y diziendo con veras que, idos allí, havíamos de morir, o a lo menos hundirnos donde nunca más volviésemos a España. Y, después de amigos, nos lo contaba riendo y, con todo esto, en Cantón nos daban de comer y proveían con mucho regalo.

El P. Bisitador de la Compañía de la Yndia y Xapón a quien yo escriví a lo que benía estava en Macán y es tanbien ytaliano, basallo de Magestad, escrivió a los padres de Cantón que no me mostrasen familiaridad porque assí conbenía asta saver los negocios y a mi me escrivía que tubiese paciencia porque con mostrarme amor y despego se havían de hir ablandando los corazones. A esta sazón era nuevo el Tután o Birrey en la tierra, queriendo informarse de cómo estava allí la población de Macán de gente estranjera, enbió a llamar un crhistiano china y lengua de los portugueses que estavan en Cantón. Fue la lengua a Jauquín, tres días de camino de Cantón havía. Ya el Concheffu, pasados los tres días que se cierra la ciudad por la benida del Chaen, tornó a a llamarnos por aquella lengua de los portugueses, la cual abía ympuesto al Conchefu que los llamase para informarse de ellos qué gente éramos nosotros. Estándonos juzgando el Conchefu, entró a bissitarle el otro manderín que nos abía juzgado en otra ciudad de las pasadas y le dixo: "No ay que reparar en éstos, por que son buena gente y ya yo los conozco". Y luego entró este que es de Cantón, que es otro manderín y dixo lo mismo. Y así todos tres nos abonaron y, ya idos los dos, el Conchifu dixo a la lengua que no tenía necesidad de testimonio de portugueses y escrivió la sentencia diziendo ansí: "Estos son unos Padres de San Pablo y San Francisco que ban a Macán a ver a otros sus compañeros. No traen armas ni hazen mal a nadie, y ansí pueden pasar su camino. Solamente merecían algún castigo por haber traido al Señor Aytao una carta tan pequeña y desautorizada y no haber tratado lo que querían por petición, como con su mayor, pero, por ser estrangeros e ignorantes, deben ser perdonados". Esta sentencia enbió luego al Aytao y se la confirmó y, por que era menester que la confirmase el Tutan, la enbiaron creo al mesmo tiempo que estava allí la lengua que abía llamado para informarse de lo de Macán. Y así nosotros, si por esto no fuera, estábamos despachados en cinco o seis días, por que el Tutan luego firma lo que el Conchefu y el Aytao le envían, mas con el acierto destar allí la lengua preguntóle que qué gente era aquella de quien trataba aquella sentencia. Y, agora sea por lo que él abía oido a los portugueses o por que de propósito le abían informado en lo que abía de dezir, respondió que éramos castellanos ladrones y espías, que ybamos a saver el lenguaje y puertos de su tierra y que los castellanos heran una mala gente que andaba a ryrobar reynos agenos y matar los reyes naturales dellos y que, en quantas tierras entravan, se alzaban con ellas.

Todas estas cosas y otras peores me dixo a mi un manderín del Tutan, que bino a Cantón muy enojado y con grandes amenazas, diziendo que a qué íbamos tantas bezes a su tierra, primero unos y después otros y agora otros. Y decía berdad, por que los primeros fueron los frayles que se fueron de Manila la primera vez sin que lo supiese el governador, lo segundo otros soldados que se fueron huyendo con una fragata, que los tuvieron siete meses en la cárcel con las esposas a las manos y los terceros éramos nosotros. Y añadía éste que ya su señor el Tutan sabía quién éramos y que de esta bez lo pagaríamos todo junto. Benía este manderín con la lengua misma que el Tutan abía llamado para Macán a dezir que el Tutan su señor mandaba que fuese ante él un Padre de San Pablo. Y el capitán de Macán tuvo artos miedos en quién iría y para qué los llamava. Y al fin enbiaron a un oidor que es Juez que tienen allí y, como teniente del Capitán Mayor, en la Compañía señalaron que fuese el Padre ytaliano que estava en Cantón. Fueron juntos al Tutan y, despues de muchas preguntas y amenazas, con mucha gente armada que es la de su guarda y ruido y aparato que para esto tenían, diziéndoles que con licencia estavan en su tierra, con casas de teja e yglesias y monasterios, despues de que los dos se hubieron umillado, diziendole que los portugueses heran y abían sido siempre basallos y fieles criados del Señor Rey de la China, y que tenían a su excelencia por Señor y amparo. Con esto él se ablandó y ensanchó mucho, diziendo que él quería ser Padre de los portugueses, y a los dos hizo muchos favores dándoles algunas chapas de plata. Y yo bi dos o tres que le dió al Padre que eran unas planchas de media bara en largo y algo más angosta a modo de escudo y allí escritos los privilegios de poder entrar y salir en la China e hir a visitar al Tutan sin que nadie se lo estorbasse.

Quando el Padre lo bidó tan benévolo, díjole que ya savía de aquellos Padres castellanos que estavan en Cantón, que los hiciese merced de dexarlos pasar a Macán donde yban. Respondió el Tutan que si el Padre salía por fiador de ellos y los tomaba sobre sí, dexando de ello firma. Que sí dexaría, dixo el Padre, que lo haría. Y añadió el Tutan que si les abía de dar a aquellos quatro que estavan en Cantón, que también abía de fiar y tomar a su quenta los beinte y dos que abían quedado en Haucheo con la fragata. Respondió el Padre que aquellos no heran padres ni él los conocía y assí no podía salir por ellos por que no sabía si eran buena gente. Dixo el Tután que si los padres eran buena gente, buenos criados traerían consigo y que, al fin, los havía de llevar todos a su quenta o ninguno. Por lo que fue forzado al Padre o dexar a nosotros o ffiarlos a todos. Esta ffianza hera de que por nosotros nunca bendría a la China ningún mal ni rebuelta. Y no le era al Padre muy fácil hazerla por lo que él sospechaba de los castellanos y de sus intentos, aunque deseaba verlos por allá y por que él anda dentro de la China, como agora está de asiento con cassa y compañeros en la ciudad del Tutan, abecinados por pregones públicos por naturales della. Bolviéronse entonces el Padre y el Oydor a Cantón y dieron al Concheffu nuestro despacho, el cual, aunque bien nuestro amigo en las bisitas pasadas, ya estava también informado de quién eran los castellanos, que no quería despacharnos, antes con mucha alteración y voces me decía a mi muy demudado que era "castellan, castellan", que era para dezir "ladrón, ladrón", hasta que el Padre que estaba presente le dixo de rrodillas que, aunque fuese berdad que los castellanos no fuesen tan buena gente, mas que nosostros éramos padres y hombres de Dios que andávamos de unas partes a otras a enseñar su ley y por ser buenos nosotros habíamos salido de entre ellos y nos pasábamos a Macán. Y con esta maña, aunque a costa de la buena fama de los castellanos, le aplacó y nos despachó.

Era este día de la Sanctísima Trinidad, a quien dimos muchas gracias por vernos libres de las manos de esta gente tan recatada y mucho más de nuestros miedos y sospechas que no faltaban indicios para tenerlos tales, que nos diesen harta congoja, por que otra cossa es oyr cuentos en las relaciones y otra pasarlos con los alfanjes, las cañas tostadas cada día al ojo. Y de otra manera se entienden la vidas y aflicciones de los santos mártires y las circunstancias de miedos y temores y lo que es jueces, y sayones y azotes y muertes en aquestos trances que no en los libros, en donde lo leemos sin sentimiento y casi como sueño. Y lo que diré de azotes los que dan éstos es cossa tan cruel y temerosa a quien los ve dar que no nos era tan espantosa la muerte como ellos. Y casi cada vez que entrábamos en las Audiencias, tenían guardado alguno en que hazer esto. Dásenle al triste aquellos sayones que ellos llaman upos y, con gran presteza, le tienden boca abajo, desnudo el medio cuerpo, y desde las corbas hasta la cinta le dan con una caña de las que ay allá, macizas, endida por medio y tostada, del ancho de una mano y algo más gruessa aunque agudas las orillas. Y al primer azote ordinariamente le rompen las carnes y salta la sangre a una parte y a otra. Algunos de estos, biéndolos yo tender en la tierra, me yncaba de rodillas y ponía la frente en ella ante el manderín, lo qual ningún chino osara hazer sin ser azotado, y le pedía con señas, las manos hacia el cielo y con mucha humildad, que no le diese. Y siempre lo hacían con muestras de holgarse que los rogasen, y después benía el reo y sus amigos a darme muchas gracias. Aunque una bez el Concheffu, pidiendole yo esto, dió con todo esto tres o quatro azotes muy crueles que le tornó a desollar las costras de los muy grandes que le abían dado dos o tres días antes. Después me enbió dezir con la lengua que aquel hera muy grande bellaco y que, si no fuera por habérselo rogado, que le abía de matar a azotes, por que ya le abía azotado otra bez y no quería enmendarse.

Estubimos después de despachados dos o tres días en Cantón, en los quales y en todos los demás que yo estuve allí, y después más despacio estando en Macán, traté muchas bezes con este Padre que anda en la China sobre la ley o secta que en ella se tiene y él me dixo que abía procurado con mucha diligencia aberiguar esto por lo mucho que importaba saver de su engaño para tratarle de la verdad y, lo que abía podido aberiguar assí tratando con bonzos, que tiene algunos de ellos amigos, particularmente uno que yo vi que acudía muchas bezes y le importunaba le hiciese cristiano. Y en lo que abía tratado con los Manderines y mucho más con las lengua que tienen algunos naturales de China y buenos christianos, en suma dize que casi todos conbienen que en la China ay dos maneras de gente: una común y otra principal, y que así ay dos maneras de la ley.

La gente común tiene muchos ydolillos, assí en las casas como en los navíos. Como yo lo bi en una y otra parte a estos adoran y les ponen incienso y queman otro palos de buen olor. En las casas tienen siempre sus braserillos y, aunque en los barcos también vi algunos casi siempre con fuego, mas en los navíos lo ordinario es traer en la popa y en el mejor lugar una capillita con sus dos portuguelas como alhazena, y aquí traen el ydolo. Y el más ordinario que yo bi es una ymage.n de bulto de una donzella propiamente como Nuestra Señora, sentada en una silla con mucha autoridad y con su corona, y dos chinas delante de ella del mesmo estadal hincados de rrodillas, bueltos los rostros a la parte delantera y las espaldas a ella, mas entre si apartados de suerte que ella queda muy (...) desta quentan muchas mentiras y que al fin, después de esta bida, se subió al cielo, mas lo que de este cuento se puede colegir , como casi de todos los de la ley del Xapón, China y Cochinchina y Siam que yo he leido, es que sin ninguna duda estos son rastros de la noticia que tubieron de Jesucristo Nuestro Señor y su Santíssima Madre y, por ser ella poca y benida de tan lejos, y faltarles por tiempos tan largos quien se la conservase, se ha perdido y parado en los muchos disparates que aora tienen. Cada bez que los navíos an de caminar hechan primero sus muchas suertes asta que sale la que ellos dessean y, al començar a andar, queman muchos papeles soltándolos ardiendo por el bordo de la popa y, quando el Capitán es principal y puede hazerlo, trae sus vestimentas coloradas solo para esto en un cajoncillo con los quales pareze casi diácono, aunque los faldones están en los pechos y, ansí como los frontales que usan en las mesas, los Manderines son sin duda tomados de nuestra yglesia con estas. Va bestido delante del ydolo y hace tocar el atabal y campanas, que todo traen con mucho ruido, y las chirimías el que las tiene y, después de hechas las umillaciones y peticiones y haber comido de arroz y gallinas y otras viandas que están allí puestas y entre ellos se comen, se buelve acompañado y buelve a coger y guardar los bestidos para este efecto. Y quanto a hazer bestidos para solo esto con otra forma y mejor que los ordinarios, también lo vi en tierra, adonde también vi muchos ydolos y hasta en casas muy pobres en sus altares, donde cada día hazen reberencias y en algunas fiestas particulares, oficios.

Yo me hallé una vez presente a unos de una tarde propiamente como unas vísperas nuestras. Estaban en dos coros y hablaban los unos con cierto tono y los otros respondían haciendo a bezes umillaciones con todo el cuerpo y otros hincando la una rrodilla y, al cabo de esto, el principal y que guiaba a los demás, después de muchas ceremonias, tomó una gran taza de azófar muy limpia y, echada agua en ella, dixo muchas palabras, hizose señales delante del ídolo y, después de haberla bendecido, aunque no con cruces, volvióse hacia todos y, tomando una gran bocanada, la esparció muy menuda como polvo sobre todos ellos, que hincaron las rrodillas y luego corrieron cada uno con una porcelanilla y tomaron de aquel agua y, con los dedos, laváronse los ojos y otras partes de la cara. Y uno de ellos, mi amigo, vino a conbidarme a mi con ella. Usan también que cada cossa que han de hazer echan suertes de cómo se saldrá, con grandes tristezas y peticiones y prometimientos cada vez que sale la mala. Y al fin la repiten hasta que sale la que quieren y entonces hazen grandes alegrías y comen y beben casi hasta embiodarse y si despues no sale de cómo lo dixo la suerte, azotan los ydolos y aun suelen arrojarlos.

Esto es lo que toca a la gente común, mas los manderines es gente entendida y que llaman letrada por que entienden sus libros, que tienen muchos y con muchas cosas escritas. De su secta dizen, quando tratan con quien los entiende, que bien saben ellos que los ydolos y adoraciones de la gente común es cossa bana y de ningún ffruto, mas que los fuerzan a ellos por que están más humildes y tenerlos más sujetos y amedentados y que si la comunidad no tiene, como ignorante, alguna cossa corporal que reberenciar, vivirá muy perdida y disolutamente y la que ellos saben no es. La verdad es que sobre todos los cielos que se menean ay otro que está quedo, más principal, que este hizo todo lo demás y lo gobierna y da vida a todo lo vivo y al fin, dize aquel Padre, que le dan todos los atributos que nosotros a Dios. Este cielo llaman Tien y le pintan en sus letras con la missma figura que significa al hombre, añadido un rasgo como yo lo he visto, por que dizen que aquella gran cossa que apareció en el cielo en la parte del sudeste que es el poniente se añadió al hombre y a su ley. Invocan con una palabra que significa Dios-hombre diziendo muchas bezes esto como yo lo he oído: omithofet, omithofet. Y preguntándoles si esta gran cossa que adoran es cuerpo o espíritu o que si vive y conoce y save los males y bienes que los hombres hazen y si los ha de castigar o premiar y otras cosas de esta suerte, a nada responden, dizendo que de eso ni saben nada ni ay que escudriñarles. Y lo que en suma se colige de ellos es no haber otra vida, por que dizen que el cielo e infierno acá están, y el castigo y el premio, por que el infierno es los calabozos que ellos tienen como merecen a los que son malos, y tienen razón a su manera, por que allí mueren de hambre y comido de ratones sin quien tenga cuenta de ellos ni misericordia, y que el cielo es la vida de los Manderines y ellos son los dioses y por tales los tienen y adoran la gente común, y de aquí nace la sujeción que les tienen y, por mejor dezir, la tiranía que ellos tienen sobre ella.

Pues despachados el domingo que dixe, partimos el martes de Cantón y llegamos a Macán el biernes adelante. Está esta ciudad en una de las muchas yslas que diximos haber en la costa, veynte o veintidos leguas de Cantón. Tiene el Padre Visitador de la Compañía, quien ya dixe que abía escrito el negocio a que yba, grande mano y autoridad con los portugueses y en toda la Yndia y abía ya, mientras estábamos en Cantón, començado a descubrirles por semejanzas y debajo de duda el subceso de Portugal, diziendo que podría ser que se oviese ya unido a la corona de Castilla y que fuese yo a dar noticia de ello. Tenyanlo ellos por ymposible, mas poco a poco lo yban temiendo y después creyendo. Ya algunas personas principales a quienes yo lo descubría debajo de juramento lo tomaban buenamente, conformándose con lo que Dios hacía. Hasta que un domingo después de comer, juntamos en la casa de la Compañía al Padre Patriarcha de Etiopía, que posaba en ella, y al obispo de Macán y al Capitán Mayor y los quatro electos de la ciudad, que son como regidores, y a otros ancianos y principales y allí les dixe lo que Dios abía hecho: cómo abía juntado los rreynos de Castilla y Portugal y, tratando blandamente el subceso del negocio y disimulando las guerras y sacos, mostrándoles con esto algunos papeles en que no abía inconbeniente, como los que trataban de cómo las cavezas de Portugal nombradas allí se abían ido llanamente a Su Magestad y las grandes mercedes y dones que a todos hacía y la justicia que Su Magestad en esto tenía, no solo a juicio de universidades y de los letrados de casi toda la cristiandad que él abía consultado, más aun del mesmo Rey Enrique y jueces de Portugal. Y cómo Su Magestad tenía más de portugués que de castellano y que mostraba querer tener allá su corte, como entonces tenía, habiendo tomado el traje y servicios y predicadores de los portugueses y, al fin, todas las razones que sobre esto abía y a ellos podían saborearles algo el bocado, añadiéndoles las que abía para que, ya que Dios ansí lo abía hecho, entendiesen quan bien les estava y quantas más fuerzas tendrían agora para defenderse de tantos enemigos de que estavan cercados en toda la Yndia y extenderse por las tierras de ellos, de que agora no tienen syno solas las playas y, particularmente, para gozar de cossa tan rica como tenían al ojo y en las esperanzas en esto de la China.

Lo que ellos sentían de esta novedad Dios y ellos lo saven, pero lo que yo bi entonces fue que en todo el tiempo que entre ellos estuve mostraron muy buen rostro y contentamiento y ellos mismos multiplicaban las razones de quan bien les estava y questa hera obra de Dios, sin la cual muchas beces abían dicho no poder conservarse. Y luego dixeron que Su Magestad se jurase públicamente por su Rey y Señor, lo cual no se hizo por entonces ni de aquella manera por el escándalo y alteración que podríamos causar a los chinas con esta novedad, la cual quisieramos que les fuera secreta, mas no pudo ser por que conla benida da la Nao de Malaca, que dixo que en la Yndia abían sabido estas nuevas los moros de los portugueses y esclavos, que tienen muchos xapones y jabos, molucos y bengalas y otras naciones, andaban amenazando y diziendo que ya agora tenían otro Rey muy poderosos y que los castellanos los bengarían. Y un manderín que bino de parte del Tutan me dixo a mi que ya sabía a lo que abía benido, que él me haría antes de tres días tornar a la China. Aunque él hizo entonces tales agravios y robos en Macán a portugueses y chinas, que quejándose de él al Tutan, le quitó el bonete y orejas y, bien azotado, le echó a galeras.

El primer día de fiestas después de esta junta en que los habló el Padre Bisitador de la Compañía para consolar y conformar toda aquella ciudad, la hizo juntar en San Pablo, que es su casa, y les predicó diziendo de nuevo desde muy atrás y muy a la larga lo que pasaba, acumulando muchas razones de quan a provecho de bien toda la Iglesia y christiandad lo abía Dios hecho y quan a pesar de todas las naciones del mundo que lo supiesen, enemigas nuestras y en particular para el Rreyno de Portugal, que le abía librado de contiendas con franceses, de peligros de corsarios y aun más bien para la Yndia, donde estavan tan acorralados y a peligro cada día de ser echados de ella y sobre todo aun más para Macán, por estar tan pocos en tierra tan extraña de tanta gentilidad, tan sujetos y tiranizados, persuadiéndoles esto tan a la larga y eficazmente, que yo me espanté y todos quedaron muy alegres y consolados. Es el Rector de la casa de esta Compañía, otro Padre muy docto y gran predicador y con quien ellos tratan todos sus casos y negocios de mercancia, algo ya biejo y de Portugal, donde estuvo desde niño, que el era castellano, y por toda la Yndia muy nombrado y estimado entre ellos. Este hizo, otra fiesta adelante, otro sermón en que los conffirmó y consoló mucho, con muchas rrazones y conbeniencias y provechos. En estos principios, el P. Alonso Sánchez que trataba estos negocios, no osaba predicarles pareciéndole que aun era temprano, y no estando cierto de su disposición. Aunque después lo hizo algunas bezes, aunque no tantas como ellos deseaban, y el obispo ymportunaba, por que gustan más de los sermones en lengua castellana que en la suya.

Concluido en breve lo que yo pretendía, tratamos de que luego se nos diesse la respuesta y despachos de la buena voluntad y pronta obediencia con que recebían a Su Magestad por su Rey y Señor. Diéronmelos como yo lo pedí. Y por que era ymposible tornar a Luzon o a las Philipinas sin que las guardas de la costa nos oviesen a manos, principalmente que estavan ya avissados por los muchos chinas que ay y acuden a Macán, del nuevo Rey de los portugueses y sus fuerzas y grandeza y que yo abía benido a traer estas nuevas y hacer esta unión de los portugueses de Macán con los castellanos. Así por esto como por la falta de navio, por que la fragata nos la abían tomado ellos, me determiné embarcar en los navíos portugueses que estavan de partida para el biaje que cada año hazen al Xapón, para que por aquella vía, aunque era bien larga y dificultosa y de muchos peligros de ladrones xapones, volver a Luçón, para lo cual el Padre Visitador, por que yo volviese con brevedad con los despachos y respuestas para que se enbiasen a su Magestad, ordenó a a los Padres que andan en Xapón que, de una parte o de otra y con qualquier costo, me buscasen navío y aviasen en breve para mi jornada. Estábanos muy bien a los de Luçón y todas estas yslas esta yda a Japón para conocer los Reyes y señores que están más fronteros y comarcanos a nuestras tierras de paces con ellos, o a lo menos saver de donde salen los enemigos xapones que casi cada año suelen dar una vista por estas yslas y hazen mucho daño. Y este mesmo año vinieron tantos y con tan buen recaudo de armas y arcabucería a la probincia de Çagayán, que es lo último de esta isla y frontero al Xapón, que pusieron en aprieto y en último punto de perderse a una armada nuestra que le salió al encuentro y bien de refresco y aderezada, por que fuera de los navíos que para este propósito se abían preparado yban en su ayuda la demás gente, que entonces también se abía enbiado a poblar aquella tierra y apaciguar mucha de ella que nunca se ha allanado, y con todo esto se vieron en el riesgo que habemos dicho, no solo en la mar syno también en el fuerte que los nuestros se reforzaron y fueron combatidos y bien apretados con muertes de algunos. Aunque Dios fue servido que con mucho daño y muertes de los suyos, se retiraron y huyeron los que pudieron para sus tierras.

Ay de Macán a Xapón tresientas leguas, siendo hacia oriente por la costa de China, y de Xapón a Luçón más de duzientas volviendo al medio día y aun más hacia el poniente, en lo cual se ve el grande rodeo. Caminamos pues de Macán para Xapón ocho o diez días con hartos contrastes por ser este golfo de hartas tormentas y huracanes, que a lo menos a la buelta, como ellos cuentan, nunca tornan con árbol ni timón. Y al fin no quiso Dios que llegásemos allá. Ay al medio camino o biaje de este golfo una isla que llaman Fermosa por la linda apariencia que tiene de esta parte de montañas altas y verdes, por entre la cual costa y la costa China ha ya quarenta años poco más o menos que los portugueses pasan a Japón sin haberla reconocido ni llegado a ella. En esta dimos por descuydo del piloto un domingo a medianoche y con grande biento, con el junco o navío muy grande en que yo yba y toda la hazienda de Macán, por que el otro que yba delante era pequeñuelo y llevaba poca carga. Y salimos la gente como pudimos, unos en tablas, otros nadando, quedando ahogadas algunas personas y, por abreviar, el gran junco se hizo pedazos y toda la hazienda se tendió y pudrió por aquella playa.

Acudieron luego los naturales desnudos con sus arcos y aljabas y con grande ánimo y determinación. Sin reparar cossa ni herir a ninguno se entraron por nosotros y nos despojaron de quanto se abía podido escapar, hasta que después nos enjugamos y pertrechamos para defendernos, que cada día y cada noche nos bisitaban, con sus flechas mataban algunos y herían muchos. Y ansí pasamos más de tres meses con algún arroz que se pudo enjugar asta que acabamos un navichelo que de los pedazos del grande hicimos. En éste nos metimos todas las personas que eran más de duzientas nobenta y partimos sin lastre ni bastimento, syno solo cinco o seis botijas de agua y un poco de arroz, por que la barra por donde havíamos de salir era tan baja y la costa tan fragosa que no era posible salir con más carga, por que aun esto nos fue tan difícil que después de acabado el navío gastamos más de un mes en pasar coyunturas y buscar trazas de cómo salir sin hazerle pedazos y quedar sin remedio para manjar de aquella gente bárbara, de quien entendimos que comían carne humana. Salidos al fin, Dios nos dió tal viento que en siete u ocho días volvimos a Macán, donde fuimos recibidos con harta tristeza y dolor de todos, chicos y grandes, por que no ay ninguno tan pobre que no enbie a Xapón su cornadillo, ni tienen otra biña ni otro sustento.

E mesmo día que salimos de Manila a los principios de la jornada para Macán, econtramos un navío de un Capitán china que volvía de Japón para Manila donde reside, en el cual benía otro chino cristiano y ladino que poco tiempo antes abía estado en Macán. Éste nos dixo a nosotros y a un Padre de San Francisco que yba en nuestra fusta, que abía estado en Macán y que de los Padres de San Pablo abía diez o doce con una buena casa y una grande yglesia que agora acababan, y que de los frayles no abía ninguno por que todos abían ido a Goa y que un junco en que yban tres de ellos se abía perdido antes de Malaca, quedando ahogados. Ahogóse en éste el Superior, que era un varón santo. Como después, quando llegamos a Macán lo hallamos todo pasar ansí, por que los portugueses, con las sospechas que tenían de los castellanos sobre esta pretendencia y posesión de la China, les echaro de allí para la Yndia, dexando solamente por ruegos de los Padres de la Compañía, que los querían mucho, solo un mancebo novicio de cinco meses, por que del todo no se despoblase aquella casa. Y éste quedó por ser portugués tan bien recibido y con posesión de ella para los oficiales de la Yndia si la quisiesen o para otros de Portugal.

Iban con el P. Alonso Sánchez en su fragata dos frayles de los de Manila, los quales ansí por esto como por estar el uno enfermo se estuvieron algunos días en la Compañía, pues como en Manila supieron los frayles por medio de aquel chino lo que en esto pasaba y por otra parte como ya los reynos estavan juntos, determinaron de enbiar siete u ocho frayles de los destas yslas y de otras que de nuevo vinieron de España a tomar posesión y poblar aquella casa. Esta fusta con estos Padres allegó en Macán quando volví de la isla Fermosa. Pasaron los pobres hartos trabajos, lo primero en la China, adonde los cogieron y tuvieron presos en la cárcel pública de Cantón muchos días, con tanta falta que les fue necessario deshazer el cáliz para comer, por que como ya era esta la cuarta benida y caía sobre tantas sospechas, causó a los chinas mucha alteración y no poca pena a los portugueses, que les hazen mucho daño estas nuestras ydas, pero al final hubieron de acudir y con harto trabajo y muchos dineros los rescataron.

Dizen los que fueron y los mesmos Padres, que los sentenciaron por ladrones, diziendo en la chapa que se los entregaba a los portugueses para que a ellos y a los demás castellanos que estavan en Macán los enbiasen a Luzón y avisasen allá que no viniesen más, por que a quantos vinieren los matarían. El trabajo que digo que estos Padres pasaron de más de éste de la China fue en Macán, donde no fueron bien recibidos ni proveídos como ellos merecían por la mucha ocasión que causan estas ydas de perderse aquel puerto por las sospechas que toman los chinas de que haya entre nosotros y los portugueses algún trato secreto contra ellos. Yo fui luego a visitarlos y hallelos muy tristes y confusos, sin saver qué medios tomarían de tornarse o estar, ansí por la pena que les causaba lo dicho, como por ser tan cerrada la puerta de la China. Y que de la Cochinchina que les abía cebado, no hallaban rastro ni memoria de lo cual tanto ruydo abía en España y en la Nueva España y aun en Luzón, que estava ya aquella puerta abierta de aquella conbersión.

La verdad de todo lo que pasa y lo que ay de presente y en esperanza, assí de la China como de Cochinchina, es razón que se diga aquí y primero, dexando aparte de quien haya salido esta fama vana y sin fundamento que anda por ahí de la conversión destas gentes, en lo que toca a la Cochinchina lo que pasa es esto: este es un rreyno de gentiles como todos los otros, más de quinze o veynte que corren desde la China por toda la Yndia hasta el cabo de Buena Esperanza, aunque algunos de esos otros son mezclados con los moros, sola esta bentaja tiene éste, que dizen los portugueses que es una gente mucho más vil que los chinas y más engañosa y mentirosa y mucho más ynclinada a hurtar por debajo del cuerpo que estén las cosas, las sacan, y sobre todo tan deshonesta y desvergonzada que biendo extranjeros se bienen las mujeres, que son muy blancas, más que las chinas, y estas lo son más que las españolas, (...) los pechos a los hombres sin más reparar en esto ni natural berguenza que ay en las bestias, por lo qual, por lo cual los Padres de la Compañía que muchas bezes han sido rogados de algunos portugueses, nunca han querido yr a aquella tierra, fuera de otro que les fundaban casas y los Padres quisieran. Y yo conocí uno que se llamaba Gaspar Billegas, que lo rogaba y daba para ello nueve mil pesos y éste es el que agora provee la gente de la Compañía que está en la China y ciudad del virrey, que serán nueve o diez personas, por que estos Padres tienen experiencia, que no se entra bien con los gentiles pidiéndoles nada ni comiendo a su costa, por que piensan que este entretenimiento es el que se busca y no sus almas. Y por otra parte, esperar a que los mueva la charidad, que no tienen, es dificultoso, y por estas razones en Xapón no reciben ni ay que esperar de ellos un puñado de arroz, antes es mucho lo que se reparte a la cristiandad ansí para atraerlos como para conservarlos, especial los pobres que doquier ay muchos y entre gentiles muy desamparados, fuera de este que digo que procuraba lo de Cochinchina. El obispo de Macán, estando yo allí, importunaba al Visitador de la Compañía que enbiase a este rreyno siquiera dos Padres, o al de Camboxa, que es otro allí junto. La ocasión que ha habido de hecharse fama de la cristiandad de esta Cochinchina ha sido que el Rey de esta gente, como todos los otros de qualquier rreyno que conocen a los portugueses y cómo andan con tantos gruesos navíos, pretenden atraerlos y que bengan a sus puertos por los gruesos navíos en que los llevan, que por esto les dizen fácilmente que admitirán Padres para con ellos tenerlos más asidos. Como ya algunos han engañado a algunos religiosos, que se los tienen allá sin hallar algún fruto ni dexarlos. Por otra parte los portugueses que piden de esto, desean tener en todos los reynos y puertos donde van a contratar religiosos y frayles por tener aquel consuelo y medio de amistad para mejor hallar sus mercancías. Y esto pasa en toda verdad y en los gentiles no se siente rastro ni pensamiento de otra conversión, que, como está dicho arriba, otro debe ser ya el medio que Dios quiere usar de hazerla con esta gente, tan envejecida en todo género de maldades y pecados y tan ingrata y olvidada del que los provee y da frutos y lluvias, que si el obispo trata de aquesto, también él por sus respetos ansí de posesión que quería tomar en aquellas partes, como por otras personas que le tocan y contratan allá, y por estas causas dichas y también por que es razón ya que la fama se ha echado por la cristiandad destas conversiones, se haga algo.

Quedó a hora quando nos bolvimos de Macán concertado que dos religiosos de San Francisco fuesen allá quando oviese biaje y, llegados acá, trataron los Frayles de Manila de enbiar a Macán otros seis o siete para que desde allí fuesen algunos de ellos. Aunque en esto fueron muy notados de toda la ciudad, por que sospechando el governador y el obispo que lo querían hazer sin darles cuenta, se juntaron los dos con el Cabildo de la ciudad y las caveças de las otras religiones y llamaron a los superiores y les dixeron que no lo hiciesen por el mucho deservicio que harían a Dios y Su Magestad con el alboroto y sospechas que causarían en los chinas con estas ydas, que los tenían por espías, como ya otras dos bezes lo abían visto y estado presos por tales, y por el poco fruto que hasta agora han hecho con estas jornadas y por lo mucho que lo encargaba el Capitán Mayor de Macán, Patriarcha y obispo y toda la ciudad, de quien ya tenía cartas y aun requerimiento por públicos documentos del mal que se hacía en yr gente de acá por lo que toca a lo designios de Su Magestad en la China, a quien escandalizan y aun causado que se vayan pertrechando desde la primera yda, escribiendo el Capitán Mayor una carta en secreto al governador contra otra que por cumplimiento ls abía dado a los Padres que de allá vinieron, cuyo traslado dize assí:

"No quisiera enfadar a Vuestra Señoría con tantas cartas, mas esme forzado por lo que importa a este puerto. Pido a Vuestra Señoria no consienta que ninguna persona acá pase, secular ni eclesiástico, por que su benida no hace más fruto que incitar a estos chinas que se aperciban de armas, de lo cual vivían bien descuydados, aunque este recuerdo pudiera excusarlo, por que creo de Vuestra Señoría que estará bien sobre ello, lo que sí dezir de la Cochinchina, que nunca se hará nada sin costar sangre, como dirán los que van allá y, aunque en una de ellas que escribo pido frailes, por agora se podrán excusar, por que recelo que nos darán muchos disgustos, por que estos chinas andan con gran vigilancia y centinelas y nada hacemos que no lo saben".

Asta aquí son palabras propias del Capitán Mayor, sacadas de su carta en la cual lo prosigue más a la larga, por lo cual y las razones de arriba y por lo que ay para que de esta república no se parta nadie a otros reynos sin consentimiento del governador destas yslas, como se hace de España a Méjico y de allí para estas yslas y por otras muchas que se les dixeron aquella tarde para que no fuesen. Al fin se fueron sin dar parte a nadie una noche poco después como seis o siete que diximos, llevando algunos seglares como cada vez llevan, con harto sentimiento de los pocos que ay en esta tierra y más de lo que dizen por el daño que hace este portillo para que, no solo los religiosos que no se contentan de esta tierra no asienten en ella, más aun los seglares y soldados quando les pareze se huyan de ella como ya lo han echo, unos dizen que estos Padres yban a Macán, otros que a la Cochinchina. Sea lo que fuere, lo que pasa de este Reyno es lo dicho.

Lo que ay de la China es lo siguiente, aunque ellos están en la disposición que arriba se contó muy a la larga. Estando yo en Macán, el Tután o Birrey enbió a decir con un portugués aquel ytaliano de la Compañía que fue la primera bez a darle quenta de la estada de los portugueses en la tierra de China que fuese a berle que si quería quedarse allá ya le tenía señalado una barela que es un templo o monesterio en que biviesse. Hizo el padre bisitador de la compañía con los demás padres largas consultas sobre esta yda, hallándome yo presente a ellas y al fin se determinó que debíamos fiar algo de lo que Dios podía facer sobre las razones humanas que en esto havía para no hir allá, y arriba están dichas y, aunque el Tutan no enbiaba a llamar sino solo aquel Padre, se determinó que fuesen dos y que se le dijera que, como yba otro sin licencia, le recordásemos que heran rreligiosos muy differentes de los seglares y que no podíamos andar de uno en uno, porque hera gran cosa traer siempre a otro al lado y como a testigo de todas las obras para hacer bien y otras razones que le quedaron porque luego lo preguntó y el subcesso de la jornada destos padres y los que fueron después, que serán con sus compañeros asta nuebe o diez, y como tienen casa y están autorizados con chapa, y los favores que el Tután y los manderines de aquella tierra les facen y muchas cosas particulares, que otras se pueden ber más a la larga, por lo que ellos escrivieron en cinco o seys cartas que ban con esta relación, y aunque es berdad que estos padres están allá y con tantos favores, a juicio nuestro y de los que lo entienden en nada contradice esta entrada que les dan a la mala disposición de los chinos que arriba está dicha, porque no digo yo tres o quatro padres, pero ni docientos que hubiera allá haría mucho que esperar, porque tendrán arto que facer en aprender la lengua, que por ynterpretes no ay que ymaginar de querer predicarles y en tan gran multitud de reynos tan anchos y tan poblados como colmenas esperar aquí haya la conberssión al passo de uno o dos cada año es mucha flema y más con la duda y peligro ebidente despues si algunos se atrebieren a hacerse cristianos, con pocos azotes de aquellas cañas, en una ora bolbieran atrás y principalmente en gente tan bil y de poco ánimo, como aquel Padre dize que le ha acontecido con dos o tres mancebos que iban hacer bautizo, que los llamaron los manderines por ser acussados, y despues de azotados los hecharon allá dentro do nunca más se ha savido dellos y dizen en Macán que si hubiera sombra para deffenderlos fueran muchíssimos los que se conbirtieran. Lo mismo le passó al Padre Patriarcha y al otro Padre. Por lo que esta entrada de los padres se estima en mucho es porque estando entre ellos aprenderán bien su lengua ellos y los manzebos que tienen consigo y se han criado ya en la Compañía, y ban penetrando en sus costumbres, leyes y setas, haviendo las entradas y salidas de su tierra para que a los padres que Dios quisiera que allá fuese gente bastante a sujetarlos o ha facerles que dexen predicar libremente, para esto ay derecho, aunque no para forzarles a que tomen la fee. Aya entonces quien se lo declare y les hable y quien ynforme a los que de acá fueren y sea medio entre unos y otros para que todo se haga a gloria de Dios. Y si entre estas tretas que parecen metafíssicas y muy flemáticas, los capitanes y soldados que son más coléricos rompieren con todo como lo han fecho en otras partes por sus propios yntereses, con estos medios, aunque ruynes, se face la facienda de Dios, como se fizo la maior que nunca se ha fecho en la muerte de su hijo, que eternemente determinó y quisso sobre todas las otras cossas, y sin querer los medios que habían de ser malos para que el fin fuese tan bueno como fue, que nunca llegara a la gloria de Cristo ni de su Padre por él, al que llegó sino por medios tan malos a la medida de como ellos crecían en malicia, o sea a la gloria del hijo y la honrra del Padre. Hablando a nuestro modo en esto del (...), éste fue el principio y raiz de las conbersiones del mundo y assí no se maravilla que con ruynes medios se faga agora la conbersión como entonces se hizo la redención, porque son remotos, que los ynmediatos buenos son como entonces fue el amor que Cristo tuvo a su Padre y a nosotros y acá expuse lo de la predicación y declaración de las cossas de Dios que es pues de su objetivo y que ay mano para hablarles y ellos quieren oyrnos. Y esto se ha dicho a proposito de lo que acá se tiene de la China y de la Cochinchina.

Pues habiendo buelto de la isla Fermosa para Macán, y atajada la yda a Manila por la bía del Japón, vime tan confuso que me parecía estar atajada de todo punto si no fuese yéndome a España por vía de la Yndia, para donde ya estavan tres navíos de partida que abían cargado en Cantón, mas pareciónos primero intentar otro medio, que fue hablar a un portugués muy rico y principal de Macán que se llama Bartolomé Baez, cuyo hera el navío que se abía perdido en la isla Fermosa, por quien quedó el otro pequeño en que volvimos de allá por que se hizo de los pedazos del otro suyo. Rogámosle a éste en la Compañía, de quien él es devoto y por quien ha hecho grandes bienes a la cristiandad del Xapón, que fortificase y aprestase aquel navío de la isla Fermosa e hiciese este servicio a Su Magestad de bolvernos con la rrespuesta y despacho de la obediencia que me abían dado en la ciudad de Macán. Y él lo hizo también, que aunque estava alcanzado por la nueva pérdida del otro junco o navío grande, por tener empleado su dinero en otras faziendas, con todo eso lo hizo ayudado por el Capitán Mayor de aquella ciudad, y gastó en agrandar y reforzar este navío más de tres mil pesos. Y como los chinas abían dicho a los portugueses en la última chapa que volviesen a su tierra los castellanos, pidiéndoles licencia para hazer este reparo del junco, diziendoles que era para lo que ellos abían sentenciado de que nos tornasen a Luzón, se la dieron.

La chapa de esto, que yo truje original en su letra a Manila, se envía con ésta a Su Magestad. Y para saver lo que contenía o con qué estilo benía esta licencia, llamamos aquí un china cristiano con otros quatro o cinco chinas doctos en sus letras de los que aquí salieron a la sazón de Chincheo. Para que fuese con más distinción la traslación que estos hicieron delante de nosotros, con su título y fírmas, se escribió en la oja que se sigue, al pie de la letra y se injirió aquí. Y otros traslados que escribieron estos chinas, también en su letra, se envían aunque muy diversa en la letra y con muchas faltas de sellos y señales de otro color quel original tiene, mas el traslado en nuestro lenguaje es el siguiente :

"Punchichi, manderín de esta ciudad de Cantón, llamado en su propio nombre Ley Ton Tocho chanaho (...)

Chapa en que damos licencia por respeto de Dios para que los castillas que binieron a China se tornen a Luzon, por que en la mar no han hecho mal a nadie.

Por que lo quisso Dios llegó acá una fregata con diez y ocho hombres y, en nuestro puerto que se llama Quecheu, fue tomada de nuestra armada y traida ante nós. Y al principio los quisimos sentenciar a muerte, pero haciendo más información vimos que eran buenos hombres. Después vino otra fragata a otro puerto de nuestra tierra que se llama Chana con veynte y seis personas y también nuestros guardas lo trajeron ante nós a Cantón y, haciendo nuestras diligencias, hallamos que los señores de la fragata eran Padres de Dios y todos buena gente. Y ansí los libramos y enbiamos su chapa al señor Tutan y la confirmó y mandó al Aytao y Conchefu de Cantón que los enbiasen a Macán y, porque esta fragata benía de aquella isla de Luçón a traer carta y presentes y mirando a nuestras leyes, hallamos que no se podía por ellas recebir esto ni hazer amistad con estos hombres, por que son los que dizen nuestras leyes que tienen ojo de gato, de los quales nos debemos guardar y, dando noticia al nuestro Tutan de esto, respondió que nuestras leyes a toda gente admiten sino a ojos de gato, por lo cual mandó les volviesen su carta y presentes y enbiasen a Macán, pues agora mandamos que la gente castellana se vuelva a Luçón y no se dexen más engañar de los chinas que están allá por que no los castiguemos ni matemos si vinieren más acá. Y esta chapa que les damos para que lleben, ponganla allá en parte donde la vean todos los chinos de Luzon para no aconsejar a los castillas que bengan acá y agora, por ser nosotros hombres buenos, los dexamos que se vayan en salud, mas digan allá que no bengan más, por que no lo haremos y nuestros guardas de mar los matarán. Acava nuestra chapa. Póngase en público por que lo sepan todos. Manlehe, rey de China diez años ha y veynte y seys días. Chapa. Leytontocho chanciho manderín".

Dieron con esta chapa otra al capitán portugués cassi del mismo tenor y sustancia, para que viniese y volviese seguro de las guardas, con la cual hacían mención de las quatro ydas de castellanos a su tierra, por ocasión de las quales les avisaba con más rigor que no se atribiesen a volver más allá y en esto solo difería de esta, y en que no hacía mención de Dios como en ésta se hace dos bezes, ni trataba de la carta y presente que nosotros llevábamos, que arriba se dixo lo que era y para quien, ni de la consulta que hicieron con sus leyes para ver si podían admitir nuestros dones y la amistad y comercio que la carta les pedía, y lo que toca esta chapa de ojos de gato es lo que una lengua china que benía del Tutan me dixo a mi, por que diziendo él que el Tutan era muy amigo de los portugueses, le dixe yo riendo que éramos amigos, me dixese claro qué sentía el Tutan y los de China de los castellanos y él me respondió como quien hacía mucho en ello: "Padre, la verdad le quiero dezir que con quantas naciones ay dizen las leyes de la china que pueden tratar y hazer amistad syno es con ojos de gato, por questa gente les ha de quitar su tierra. Y todos dizen que ojo de gato son los castellanos".

Diose este portugués Bartolomé Baez tan buena diligencia a hazer este junco y fortificarle con otros aforros que siempre el echan y proveerle de oficiales y marineros, que todos son chinas fuera del piloto, por que solo ellos saben gobernar esta suerte de navíos con sus soldados y artillería, por que sin esto, aunque aya chapa, no ay seguridad. A toda esta gente y algunos mercaderes y a nosotros y a otros religiosos de San Francisco y a los castellanos que abían ido con nosotros y con ellos y a todos nuestros yndios que heran más de treynta, y al fin a toda la gente del navío, proveyó de matalotaje, diziendo que nadie le metiese cossa alguna, que lo echaría por el bordo, por que en un navío, principalmente yendo en servicio de Su Magestad, no se le abía de hazer a él esa afrenta. Pareciónos éste, y lo es, de los más francos y liverales que hallamos visto. Y ansí los xapones donde él ba muchas bezes con sus navíos le llaman el Rey de los portugueses y los reyes de allá lo tratan como a tal, y él save bien benderse, por que trae siempre consigo ciertos portugueses, sus paniaguados, y al pie de ochenta moros y esclavos con alabardas y rodelas. Y lleva a la yglesia su alhombra de seda, cojín y silla de terciopelo carmesí claveteada de oro. Estuvo determinado a traernos en persona a Luçón hasta la partida que, por unas calenturas y por otros respetos, no se embarcó y enbió en su lugar por capitán de navío a un sobrino suyo, hombre muy honrrado y principal. Partimos de Macán a trece de Febrero de mil quinientos ochenta y tres y primero de cuaresma y, por ser ya pasado el tiempo de los vientos, de este biaje tuvimos muchas calmas y contrastes de otros vientos yendo y arribando. Y al final gastamos quarenta y tres días en viajes, que a su tiempo es de seis o siete y es el propio desde mediado de octubre a mediado enero para volver a Manila, y para de ella yr a Macán desde mediados marzo hasta el fin de junio. Aunque la yda casi todo el año se puede hazer, abía sospecha de questa buelta de Macán a Manila atravesando derechos, el cual biaje nunca se abía (...) andado de nadie, por que de quantos abían ido a la china, ninguno a vuelto. Había muchos bajos, mas quiso Dios que le anduvimos arando y bolteando de acá para allá por los vientos contrarios sin hallar tropiezo sino todo muy limpio.

Llegamos a Manila a veynte y siete de Marzo. Tres o quatro días antes de llegar, el P. Alonso Sánchez se adelantó en un batel a dar cuenta al governador de su jornada y del navío portugués que traía y para tratar que se les hiciese algún recibimiento y mostrasen mucho amor y benevolencia, por ser gente muy nueva y desconfiada de castellanos y por benir de parte de aquella ciudad a reconocer en su señoría la sujeción y obediencia a Su Magestad. Halló el Padre en Manila muchas novedades de muertes de muchos en guerra y traiciones por xapones y chinas e yndios de la tierra. Y entre ellas la que más pena le podía causar, del governador D. Gonzalo Ronquillo que le abía enbiado y a quien benían los despachos y por cuya fama y esperanzas se abía movido esta gente gente portuguesa, que abía veynte días que era fallecido, con lo cual pareze que frustraban todos los trabajos de esta jornada, aunque quiso Dios que se suplió en la persona principal del Señor Diego de Ronquillo que le sucedió por orden de Su Magestad, que Don Gonzalo, su predecesor, para esto tenía. Era cossa muy esperada del governador pasado, que dizen que murió con estas ansias, y de toda la ciudad, esta buelta del P. Alonso Sánchez y la unión de la ciudad de Macán con estas tierras de Su Magestad, por ser aquella la llave de quanto se pretende en los reynos de China y ansí la llegada del Padre a Manila causó tanta alegria y alteración, que salían sin capas a darse las nuevas los unos a otros, principalmente sabidos los recaudos y despachos que traía y la gente principal que de Macán benía en el navío y el mucho bastimento y mercancías que traían de bizcocho de China y vino y aceite de Portugal y muchas telas de algodón y lienzos ricos de la Yndia, alhombras de seda, muchos tafetanes, gorgorones, rasos y damascos de finos colores, cuernos y uñas de animales, traponjona de mucho valor, pedazos de madera para el mesmo efecto, de mucho efecto especial en esta tierra donde ay tantas diferencias de beneno y tan ordinario el darlo los yndios a los castellanos. Traían sobre esto muchos esclavos, ansí negros como de otras naciones, y otras menudencias particulares.

Fueron recibidos con grande alegría y con todo el aparato que se les pudo hazer de piezas gruesas de artillería y una revista de los capitanes y soldados biejos que aquí se hallaron y concurrieron con tanta destreza en cargar y disparar la arcabucería, que ellos se quedaron bien espantados de ver la brevedad con que se repetía y bien alegres de ver que se hiciera por ellos aquesta fiesta, con el concurso de toda la ciudad. Fueron todos muy bien aposentados por las casas de los más principales, dando una particular y muy buena al Capitán del navío, al cual el señor governador llevaba cada día a comer a su mesa, acompañándole a la yda y buelta algunos caballeros y capitanes castellanos. De esta manera fueron regalados todo el tiempo que estuvieron en Manila, que fue mes y medio poco más o menos, y después de despachados y de haber bien bendido las haziendas que traían y haberles dado algunos presentes y proveyéndoles el navío de abundante matalotaje, se bolvieron muy contentos con propósito de volver cada año con las haziendas que acá juzgaron ser más necesarias. Y éste comercio también se pretendió en la yda a la China, presupuesto principal a que se yba, que ya está dicho, por el gran bien a esta tierra y a la Nueva España, de esta provisión, por que si de España oviesen de esperarla de lienzos y sedas y otras cosas necesarias, esta tierra pasaría gran falta y no podría suplir con tanta carestía a ésto. Y aunque los chincheos bienen aquí cada año con muchos navíos que ayudan más, ni en la cantidad ni en la calidad iguala a la que los portugueses traerán de Cantón. Y estos chincheos, que viéndose a solas en este trato lo pasaban todo a oro, abajarán la flema como este año se ha visto. Procuramos todos y también los religiosos a apoyar y acomodar por estas vías y por quantas podemos esta tan apartada tierra por que de esto esperamos la conservación de ella y de las ocasiones y comodos que acuda gente y esté bien poblada. Si es para la mayor honra y gloria de Dios, que en muchos tiempos nunca se ha esperado por la gran conbersión que se va haciendo en todas estas yslas, que son tantas que no se save el número y por la mucho mayor que de aquí se esperaba en toda la China y, tras ella, en todos los reynos comarcanos.

Luego bino el P. Alonso Sánchez y dió noticia de su jornada y lo que sentía de las cosas de la China y de la coyuntura en que agora están a todo para poder Su Magestad hacer algo de lo que deseava el govierno y el pueblo de Manila y los officiales de Su Magestad y el Cavildo de la ciudad y le pidieron que tomase travajo de pasar adelante y llevar los despachos de Macán y dar noticia de todas estas cosas a Su Magestad. Havía más de seys meses que el padre andava cayendo y levantando de calenturas y biniendo de Macán le sobrebino calentura continua con lo qual y los travajos, cansancio y distracciones de tantos biajes se escusó totalmente, y ansí quando ellos lo pidieron al P. Rector que le ordenase este biaje, les respondió lo que se ha dicho y añadió que si el padre no se sentía con fuerzas ni boluntad para tan largas jornadas, que no quería por sola su obediencia obligarle a hacerlas y especialmente en biajes tan largos y peligrosos y en negocios tan pesados y distraydos. Parecían a todos de tanta ymportancia las cossas y negocios que agora corrían y se devían tratar con Su Magestad assí en lo tocante a cosas de la China como a otras muchas de Macán y Maluco y de aquestas yslas que por muchos días estubo el obispo determinado de fazer esta jornada, porque tornando el a ymportunar y persuadir al P. Retor y al P. Alonso Sánchez que hiciesen esto que les estava pedido, apretandolas con la gravedad de las cosas que ocurrían y pasavan coyuntura. A esto el P. Alonso Sánchez le respondió a él y a los demás que lo pedían que bien savía él que los negocios eran tan graves, y más que ellos encarecían por lo haver visto y tratado, y muy dignas de persuadirse en la corte y alcanzar Su Magestad lo que acá se juzgava necessario para su servicio, mas que mirava por otra parte que aquellos señores que allá goviernan tan lejos están destas tierras y con tan poca experiencia dellas estavan acostumbrados a tragarse estas cosas y hecharlas al rincón y dexarse a los hombres papando aunque después de largos travajos y jornadas y de muy mirado y tanteado y consultado con los que acá están presentes. Lo que más cumple y aun a beces obliga a quien lo vee a que estos abissos que despues de dados por allá no los quieren entender o hazer, que no entienden lo que les dizen o por estar tan lexos de donde pasan las cosas que en la berdad aunque quieran, no pueden entenderlas o no quieren creerlas y que no quería ponerse a este riesgo, principalmente que luego se juzgan de los que ban con estos zelos, que más los lleva el gran afán de dar enbaxadas y mostraerse ombres entendidos y de negocios y otras pretendencias, y por estos medios se pueden y aun suelen alcanzar y todo se (...) a esto. Y no puede creerse que los lleve puramente la berdad, e ynportancia del negocio que ocurre, como este aora. Y no es maravilla que se sospeche lo dicho, pues tanto dello ay en el mundo aun en religiosos y tan diffícil es conocer una berdad o uno que la trata entre muchas cosas que no lo son o muchos negocios que no la llevan. Y que, pues las cosas de agora eran tan grandes y original de entenderse en la corte, que no son de las muchas que acuden biento por los dichos respetos, que enbiasen personas que con su yda y crédito lo persuadiese ansí a Su Magestad y aquellos señores y que esta fuese el Señor obispo Fray Domingo de Salazar, que él ya allá será conocido. Quadró a todos esta traza, aunque el puso muchas difficultades del dexar su obispado y su mucha hedad y otras facilmente se le soltaron y al final le persuadieron que fuese este viaje, dijo Su Sª que ya que le forzavan a facer esto, que en ninguna manera lo admitiría sin que el P. Alonso Sánchez fuesse a lo mismo, assi por haver bisto y paseado las cosas que vi en China. Como lo principal a que se ba era a declarar es derecho que Su Magestad tiene para conquistarla, de lo qual el padre tenía más experiencia por aver estado en ella y haver tratado dese derecho con los hombres doctos de aquellas partes, en las quales alló deste parecer al Patriarcha de Etiopia, ombre muy doto que fa más de treynta años que anda entre gentiles, y al obispo de Macán, tambien muy grande letrado y gran predicador, al P. Visitador de la Compañía, que es de los mejores letrados della, al retor de la misma casa, que mucho (...) ha leydo en Portugal (...), y en general a todos los dichos y otros padres de aquella cassa y otros tres que están en la China, ytalianos que los dos son muy buenos teólogos y el otro que diximos ser dotor en ley es muy bersado. Trató el P. Alonso Sánchez más de propósito con los teólogos sobre este derecho por satisfacer y asegurar de lo que antes desta jornada acá en estas yslas y ciudad de Manila se havía tratado por que el Señor obispo poco despues de benido a Macán hizo un concilio o congregación de todos los religiosos y sacerdotes que sabían algo, faciendo tambien que asistiesen para infformarde lo necessario seys seculares principales, capitanes los más experimentados en las cosas de la tierra, y entre otras cosas se determinó y firmó por todos los eclesiásticos y su Sª este derecho que algunas veces hemos tocado, pero con las circunstancias que se apuntan y ya se entienden y en las cédulas de Su Magestad bienen bien expresadas si se guardasen.

Pues la causa entre otras porque el P. Alonso Sánchez, aunque muy ymportunado, nunca quiso admitir esta yda de España, principalmente solo ni después tanpoco haviendo de hir a solas su Señoría, era por saver quan nuebo se les havia de facer este negocio de poderse conquistar reynos agenos a los letrados destas partes de Europa, más ambos juntos estubieron determinados por muchos días de hirlo a tratar aunque despues desistieron dello y por ningún ruego lo quisieron hacer ansí cada uno por sus razones propias que arriba han dicho, como ambos juntos por otras comunes, y principalmente por que Su Magestad cassi no tiene en estas partes como ni en otras quien mire ni procure sino su propio yntereses y muchos que estorban el bien común y de Su Magestad, solo mirando si los medios de alcanzarse les estarán a ellos a propósito o no puede dejar de darse ni aun de mucho sentirse la coyuntura que aora se pasa que, a juzgar de todos, nunca la ha havido ni se espera de haver, ansí por la nueba unión de los rreynos de Su Magestad y las muchas ynfformaciones que de una y otra parte agora le han de acudir y porque pocas serán sin particular yntereses y traza provechosa para el que la da, principalmente los portugueses, que no pretenden sino sus tratos y mercancías y que Su Magestad les allane y asegure sus biajes y ansí han de procurar por todas bías ocuparse por las Yndias y por aquellas yslas, que en lo dicho cuentan su trato por que de otras cosas que desto tienen poca gana y toman menos pena como se be por toda esa Yndia, donde no tienen mas que las playas para dar y tomar, trocar y rescatar en sus escondrijos o ffortalezas y aunque nos perdonen an hecho más mal a la cristiandad que ninguna otra gente, porque an despertado todo aquel mundo, y enseñado armas e yndustrias de guerra, con mejor artillería arcabucería que ninguna otra gente de las contiguas, los mismos portugueses confiesan aora que a los principios con solo un navío desbaratavan sesenta y setenta de los gentiles, mas que ya uno a uno se deffienden muy bien y las acometen y benzen muchas veces y de los rreynos y gente de la tierra adentro, como son el Malavar y el del Hidalcan y el del Maluco y del gran Alogar y de otros que cuentan y ban corriendo hacia el cavo de Buena Esperanza o al estrecho de Mica. Dizen que no tiene Su Magestad que enbolverse con ellos porque son tan buena gente como la del turco y de más poder que él, y cassi todo les han enseñado ellos con sus tratos y contratos que de solo esto tratan y por esto en sus abisos y ynformaciones se deve proceder con cuidado o desto de aquí tanbien nazerá otra gran parte de la coyuntura que aora se passa, porque la China aun está dormida, mas con el trato de los portugueses y con el ruido que por acá les rezumba a las orejas de los castellanos se ban despertando y es gente en todo tan abentajada a los que emos visto en yngenio yndustria, bastimentos, pertrechos y si comenzaran a lebantar y exercitarse, no ay que esperar en aquellos reynos o a lo menos lo que pudiera facerse con poco estruendo se ha de facer con grande difficultad, costa y travajo y mucha sangre nuestra y más de aquellas gentes y destrucción y ruyna de las tierras y ciudades que se pudiera acosar y forzar del navío como dizen sin hecharse a ffondo, aunque lo más (...) es no facerse nada si a esto se espera. Estas y otras que serían largas de contar son las rrazones desta coyuntura pero pasese entre otras a ffalta por acá de quien le duela y de por allá están tan lejos los que lo han de facer que todos los montes les parecen yguales con la niebla o distancia por más differentes que sean unos de otros y, por demás, es quebrarse la cabeza al que a estado con ellos. El Señor Dios, con su ynffinita bondad y misericordia, lo de a entender como fuere servido y ponga las almas de Su Magestad y de los que goviernan la luz y boluntad con que el mal se alabe, y lebante hombres de zelo, autoridad y verdad que los ynformen y mueban a gozar y ussar de las coyunturas quando se ofrecen y que él puede ser servido y loado y tantas almas y reynos y tierras que están sin luz ni amparo ni govierno sean remediadas como ellas se salven y su criador sea onrrado, conocido y alabado por todos los siglosde los siglos y alcanze en estas nuebas tierras como lo an hecho en los passados asta aora las antiguas. Amén.

Aunque esta relación como parece las postreras palabras del capítulo passado es acavada en lo que toca a sus su intento, que es dar noticia de la jornada de la China, mas no estamos olvidados de dos puntos necesarios que aunque sean extensivos al fin della no se podían dejar de tratar para quitar dubdas e ynconbenientes. El primero es que como aconteze a todas las historias no se pudo tocar de passada en lo del derecho de Su Magestad en tierra de gentiles y por ser cossa tan grave y nueba el modo con que se habla o no se havia de tocar en la relación o se havía de decir de manera y con tanta claridad y tan bien fundado que satisfficiera a todos o a lo menos lo procurara y se descubriera a donde llega la razón y fundamento dese nuebo lenguaje y nuebo se puede dezir lo que acá no se dize ni siente sino es sacándolo y cotexándolo muy al justo con el ebanxelio y dotrina de los santos, de principios unibersales y aun particular sentencia de doctores escolásticos y por confferencias y consultas y determinación de los que por acá entienden algo, acomodándose no solo a lo que por allá se disputó en escuelas.Y disputa aora solo por saver porque se offrece entre las otras questiones especulativas que a bisto se tratan mal. porque en sabiendo la verdad, la an de aplicar a la materia y usar luego della en cosa tan grave, lo qual despierta muy de otra menera los entendimientos mas no se puede fazer lo que se ha dicho de tratarlo exproffesso, assí por ser ageno a la relación y que la alargara tanto que fuera muy pesada y no para todos, como desto se haze particular tratado para enbiarse a Su Magestad y a los letrados que quisieren berle y ayudar o enmendar a los que por acá andan. Y el averse tocado en la relación no pudo escusarse por haverlo ynportunado los que ynportunaron que se fiase toda sin poderse escusar aun con la enfermedad e yndisposición de quien la hizo, porque el mismo quento llegava a coyuntura que lo facía necesario.

El segundo punto muy ymportante de tratar aquí para desengaño de lo que, vista esta relación, se podría colegir en daño de las almas de por acá y de cuyo culpable de los (...) es como contando la verdad de lo que passa y havemos bisto encarezemos, aunque no tanto como es la yndisposición y zerramiento de la China y Cochinchina y la demás gentilidad y de como no ay que tratar según juicio humano de llevar su conbersión por predicación de solo religiosos. Y por otra parte podría ser que el ponerse en orden la otra suerte de gente que se requiere no fuese tan presto, por no entenderse la coyuntura que agora corre y se ba passando y el gran precio y balor de lo que se abentura con la brebedad en servicio de Dios y bien de las almas y particular provecho y gloria y nombre espiritual y temporal de Su Magestad y que con la flema y frialdad que las cossas se toman a do se miran tan lejos, se enfriasen tan bien y desisitiesen no solo Su Magestad de enbiar rreligiosos, mas ellos tambien en los fervores de querer venir y aunque es verdad que para claridad de lo uno y lo otro ni Su Magestad tiene para que hacer gastos ni tomar cuydado de enbiar solos religiosos determinados para la China, ni a Cochinchina, ni otro reyno de aquellos, ni cumple tampoco que los religiosos bengan en los estribos desta ymaginación, assí por que ellos llegados a esta tierra nunca asientan el pie, ni les quadra cosa, ni aprenden la lengua, ni quieren romper con la difficultad della, que ninguna ay fácil, aunque esta lo es tanto especialmente a quien halla agujero por do huir. Y demás desto no ay travajo, ni tentación ni (...) del regalo que al cuerpo se le antoja o si se acuerda de allá, ni del gusto o travajillo que den los yndios o los españoles, y aun quizá que les manden los superiores, y cada cossa destas, y aun de otras más menudas, no pique luego y les haga decir que no binieron ellos sino a la China y a la Cochinchina y que allá los llama Dios y no esta tierra y que an de hir allá a probar bentura, colgar aquí o bolverse a España donde ellos estavan quietos, sanos y bien proveídos, como algunos lo han hecho. Y es tan natural la banidad y engaño de pensar que adelante como dizen que el buey faze en el pasto esta siempre lo mexor, y que allá harán maravillas y aun para Dios milagros que no ay cassi quien asiente el pie si se queda alguna tierra nueba por beer, y bien se parece que deve ser esto lo más o lo mucho de estos fervores o ymaginaciones por lo que se ha visto ya en algunas jornadas de los que solamente se goviernan por ellas, que al cabo se buelben al pasto de atrás como dijimos del buey. Y en este modo de benir acá los que bienen de España, a Su Magestad en cierta manera se le hace engaño y a los que están acá y a los yndios de la tierra mucho agravio, porque ni él cumple como piensa con su conciencia no enbiando los ministros necesarios que se la descarguen en estas yslas y con estos yndios que dizen son más los que pagarían tributo de trecientos mill, que sin copia dellos y de (...) no se puede abiarse con ellos. Su Magestad los puede llevar muy lícitamente, como en el tratado que se hizo del derecho lo declaramos y así es necesario que ya que Su Magestad hace las costas y toma el travajo y cuidado de enbiarlos los enbie para estas yslas determinados, porque de otra manera ni aquí hacen nada, ni ay quien asiente, ni ydos adelante lo que pueden hacer ni se ha hecho asta agora, ni a buen juicio se hará cossa de tomo. Y asi no parece sino que a costa de Su Magestad nos andamos a ber tierras nuebas y esta es la verdad que se havía de escrebir aquí con sangre si aprovechara para hacer que entienda Su Magestad y quien tiene zelo. Como no se haze nada o muy a sobre peyne, por no benir los hombres determinados. sacrifficados aquí y mobidos por las razones que ay para ello. Y éste es el agravio que diximos que se hace a los que estamos acá, y mayor a los yndios: que quando pensamos que Su Magestad nos enbia ayuda, no enbia sino quien soliviante los pocos que ay y aun en cierta manera los engañe, ansí religiosos y ya lenguas desta tierra como seglares con la flor ya legión de ber tierras nuebas, lo qual principalmente tratado en secreto levanta (...) aun a hombres muy prudentes. Y osamos decir que es hir a ver tierras porque, aunque los mobiese el fervor y zelo, no tienen escussa. Despues que ya se save y todos savemos lo que se ha hecho y puede hazer y es ymportante, y lo más ymportante que agora tiene aquí, que remediar Su Magestad assí para el asiento y govierno desta rrepublica, que en esto no ay ninguno y fiar a el bien desta tierra que no solo los que bienen de nuebo más tanbien los antiguos se ban y dexan los yndios que ellos baptizaron sin que los conserven, ni ympida de bolberse a la idolatria como mucho más para no desfacerse el fuego de la China que aya orden de quien y quando y a donde ha de hir y que en esto Su Magestad y el que está en su lugar tenga mano, poder y decreto como se tiene en España y Mexico y do quiera que ay govierno en estas ydas a reynos extranjeros. Y para que ansí como havemos ynfformado a Su Magestad que se enbie a la China la suerte de gente y por la vía que se ha dicho y disuadido que no enbie religiosos a solas y a ellos les havemos desanimado que bengan por aquí, al fin se deve decir la berdad de lo que ay en las circunstancias y condiciones destas yslas y descubrir la raiz de donde ha nacido la fama no tan buena que della se tiene, de lo qual la tierra ni la gente de la tierra tiene la culpa, pues lo que toca al clima, asiento y temple destas tierras, aunque parece que ayan de ser calurosas, solo lo son en las playas y bajos, particularmente en esta de Manila, que lo es más que ninguna dellas, más todo lo otro dentre llanos que ay, lomadas y montes de mucha poblazón es tan fresco y templado como lo de España y nunca en todo el año hace acá el calor que face en berano en Madrid y su comarca, ni en lo muy calurosso de las riveras y baxos le haze tan grande con muchas partes como en Sevilla o Andaluzia y no solamente en los altos es sana, tanta como en España, pero ni en los bajos ni en Manila que es lo peor se puede decir que es tierra enferma ni que mueren más de lo hordinario y menos que allá.

Y en lo que toca a los vastimentos, es mucho más abundante de arroz, que es el pan ordinario de los yndios, y muy buena y sana comida, que de trigo la Mancha o Andaluzía de lo que afuera de la hordinaria comida con la mucha azúcar que biene de la China y mucha miel que ay en la tierra se fazen tantos o más regalos que allá se pueden hacer, de la harina o masa de trigo, aunque desto aquí no ay falta , ni de pan dello, aunque algo más charo ni de mucho (...) mejor y mucho más barato que lo de (...) que los chinas traen de chincheo. De bino ay tanto que una basija de tres o quatro arrobas cuesta tres o quatro reales, esto es echo de palma y, aunque no podemos decir que es tan bueno como lo de España, pero tiene tal calor y tan buen savor que quien no lo supiere se engañara y lo tendría por tal. Y lo que más face al caso es tan sano como ello y los enfermos lo pueden bever con menos peligro y al fin con ello se suple lo de allá y de las (...) la misma palma, que es otra comida buena y sustanciossa, se saca leche como de almendras para guisados, y mucho azeite tanbien bueno y más medicinal que lo nuestro, y mucho binagre tan fuerte y sabrosso como lo de allá y de las mismas palmas, que no son menor promission sino mucho mayor acá que las viñas de allá. Pues de la carne la ordinaria comida como cernero es a la gallina y en lugar de la baca, benado y búfano en gran cantidad y más hay de puercos, no solo caseros, que son muchos, sino tanbien monteses. Y fuera desto ya se ban poblando, están las granjas de bacas y cabras, y el búffano acá es tan sano y bueno como la baca. Y aunque de los ffrutos de España ya se ban plantando agora no ay sino algunas granadas. Ay las de la tierra: muchas naranjas y limones differentes, cultibados y del monte, sin la mucha abundancia que bienen de la China de naranjas pequeñas tan dulces y sabrosas que no lo parezen y otras son grandes como melones y de carne tan sabrossa y buena como ellos. Pero de lo que ay más abundancia que en ninguna otra tierra es de la ffruta que llaman plátanos, demás de nueve a diez differencias que los portugueses llaman figos y otros maiores y los hordinarios son de un palmo en largo y de gruesso de pepinos de carne blanda, dulze y suave, sin pepita ni guesso y algunos ay tan olorosos que parezen almizcle y todos son de muy buen sustento. Ay conboyes, que son como guindas, mabolos y santoles como duraznos y los paos, que son como azeytunas y algunos dellos maiores que perasy las (...) mayores que melones y del sabor dellos. Y finalmente que todo esto y lo que más aze al casso al común mantenimiento, lechugas, rávanos y cogonbros, pepinos, muchas differencias de calabazas, grande abundancia de batatas que guisadas son mejores que castañas cozidas o asadas, más abundancia de frijoles que allá de garbanzos y havas que desta suerte son y ajos y zebollas y otras menudencias fuera de las que tanbien se traen de la China, particularmente castañas y nuezes y algunas peras y otra manera de higos passados.

Esto se ha dicho por la fama o sospecha que allá puede haver que esta tierras son secas y sin regalos y porque para algunos no suele ser esta la postrera tacha que se pone a las tierras y para los que pasan más adelante aunque los (...) proveyó Dios aquí de cosas, de hacienda como de algodón mucho que se siembra y coxe y mantas, y mantas que se facen de colores y mezclas que parecen de seda y de tanto valor cassi como ella. Ay tanbien mucha sal, minas de oro que yndios beneffician y truecan y granjean con los demás y con los españoles, y anda tanto entre ellos que tiran al cuello los principales muchas cadenas y en los brazos y muñecas manillas macizas tan gruesas y más que el dedo y las mugeres sobre el bestido por todos los pechos chapas y medallas muy bien labradas y grandes rodajas en las orejas y (..) muy fino. Y de cera ay tanta que se cargan navíos para el Perú y Nueba España y quando de todo lo dicho tubiera poco esta tierra, lo que traen los chinas de sedas y lienzos y de metales, papel, caxones y otras mercancías era bastante para ser tan proveyda como la más abundante ciudadde España. Y con la añadidura de los tres viajes que Dios ha descubierto tan seguros y fáciles, desde Macán donde se trae lo que arriba se dixo y del Maluco, donde biene tanta especieria, y de Perú, que ya ha benido navío en setenta días con mucha pasa y higo y bino de hubas como lo de Castilla, plata y otras cosas. Se puede decir que es la más abundante que ay por allá, ni en lo nuebo descubierto, y que está en el mexor puerto del mundo, porque está en medio y rodeada de todo, de una parte la China y luego Malaca y después la Yndia, y acá Burney y luego Maluco y acullá el Pirú y la Nueba España. Rematando la buelta acá ben Xapón, adonde tanbién se facen viajes de chinas cristianos que ban desta y hay traen plata y cavallos y otras haciendas.

Mas lo principal de aquesta y que es el fin nuestro y de todo lo dicho es la mucha gente y propagación de los naturales y, como quiera que en las demás tierras donde se han hido españoles se bayan siempre apocando los yndios, en esta es al revés, que aunque ellos heran muchos con la benida y estada dellos no solo se conserban mas aun crezen y se ban aumentando assí por las guerrillas y muchas muertes que antes usaban y se les ha estorbado, como por ser ella gente animosa y desenbuelta y muy alegre y entre metida, que no los aflixe ni melancoliza y los travajos y agravios de los españoles como ha hecho a otros asta acavarlos y en la Nueba España los ba acavando. Y ansí por esto de ser alegres y conversables, como por ser muy discretos, más agudos que la gente común de por allá en España, están en linda disposición de rrecivir la dotrina y el contento particular tratar con ellos porque, agora sean hombres ya hechos, agora manzebos o mugeres o niños, responden y hablan con qualquier religiosos o seglar por más grave que sea, tan dispuestamente que si le preguntan como se llama alguna cosa en su lengua, luego responden y preguntan tanbien como se llama aqiuello en castilla y otros bocablos y gustan dellos, repitiendolos y faciendo ffiesta del nuebo son o hacento dellos. Y procuran mucho saver nuestra lengua y se precian della y si algo saven luego lo hablan y quando nosotros tropezamos en la suya, lo celebran mucho y rien entre si, aunque sin malicia. Y asta los niños tienen gran livertad y cuidado de enmendar luego lo que hablamos o sienten que queremos hablar. Y al fin en estas y otras muchas cossas son differentes a las otras naciones ya conquistadas, que siempre andan tristes y muy cerradas, y que se puede tener muchas sospechas de sus corazones, lo qual en estos no a lugar por su mucha barbaridad y alegría. Es berdad que la jornada que fecimos a la China y tratamos con gente de ocho o diez differentes naciones, notamos en el rostro, lenguaje y trato dellos que no solo en lo natural tenían la buena y apacible manera destos, mas aun para el que Dios no les ha aun comunicado un no se qué agradable y amorosso que tienen estos y ansí decíamos los padres de la Compañia y de aquellas partes y se ha escripto al Padre General della que en lo descubierto, aunque entre Japón, no ay agora tierra más acomodada para hacer mucho bien a las almas y servicio a Dios, lo qual fuera de la común obligación que Su Magestad tiene desta su tierra le obliga mucho más por la gran disposición y aparejo que Dios habre en estos corazones, que son tantos los habiertos y dispuestos a rrecivir el ayuda que Su Magestad enbiare que de doce a quince partes dellos no es la una la que tiene dotrina bastante, que por muchos lugares que acierta a pasar algún religiosso, ban tras el llamando: "Padre quando nos ha de facer cristianos, quando a de benir que nos junte en los pueblos y tendamos yglesia como los otros".Y desto ay mucho no solo en otras yslas, lexos de Manila, sino a quatro, seys leguas y menos della. Y los religiosos y sacerdotes virtuosos, que en general tienen zelo de ayudar a las almas por quien Jesús Nuestro Señor dió su sangre, por lo dicho arriba podrán juzgar si ay en esta tierra buen aparexo para executarse. Y ansí a ellos para benir como a Su Magestad para enbiar muchos ha de (...) no solo lo dicho que es muy bastante, mas tanbien el tener aquí como en depósito para su (...) haçen, que no holgando algunos de los muchos ministros que serán necesarios para lo que se espera con el favor de Dios y quando no savemos en estos reynos de China y la fama no tal que si alguna ay por allá de que esta tierra contraria en algo a lo que aquí se ha dicho, solo a nacido de los soldados que están en ella, porque aunque comida y vestido nunca les falta y Dios save de donde más ninguna paga ni sueldo tienen, y por otra parte una bez benidos no los dexan bolver quando querrían, y assí dizen que están como cautivos y aunque esto segundo ymporta mucho a la gloria de Dios de que nadie se buelba sin causa muy urgente, mas en lo primero podría Su Magestad facilmente remediar con mandar que se pusiessen yndios en su real corona en lugar de muchos repartimientos que se dan a personas ynméritas y que no lo travajan. Y con esto se cierra la boca a toda la fuente de donde nace la mala fama, si alguna ay, porque acá no savemos otra, antes muchas para que todos los que las oyeren deseen benir a bivir a esta tierra.

Tutan es el virrey que tiene en su juridiczión Aytaos que son governadores.

El Aytao de Cantón es el governador.

Sumpín y Chumpin son Capitanes Generales de la mar.

Conchifu es un officio que ay en todas las ciudades como corregidor, y fu quiere decir ciudad.

Manderines son los jueces en qualquier juzgado y los que goviernan la tierra de China, porque no ay señores de vasallos sino el rey.

Relaçion de la China. Va tocado en ella el derecho que Su Magestad tiene paara mandar hazer jornada a este Reyno y qualesquier otro de gentiles y otras muchas cosas importantes que se lean para el servicio de Su Magestad.