Autor: ALBURQUERQUE, Agustín de
Título: Carta del P. Agustín de Alburquerque comunicando el suceso del corsario Limahón, que había ido contra la isla de Luzón con 70 navíos.
Lugar y fecha:
Campo de Pangasinán, 5 de junio de 1575.
Localización:AGI, Patro 24 r° 30
Extensión del documento digitalizado: 6.831 palabras / 37.391 caracteres

Localización y transcripción: Carles Brasó Broggi i Dolors Folch

 

 

Carta del P. Agustín de Alburquerque comunicando el suceso del corsario Limahón, que había ido contra la isla de Luzón con 70 navíos.

 

Señor: gratia et misericordia in Christo lesu. Nuestro Señor sea con Vuestra Merced. Avnque el tiempo y conyuntura no es tal como para escrebir largo se rrequería, determiné escreuir desde aora esta letra, porque si el señor dispusiere de mí, o no pudiere ir a la liudad de minila a tiempo que los nauíos, que esperamos dessa tierra, se buelban, esté escripta, y entienda V. Merced, y entiendan mis señores padres y ermanos, que avnque tan apartado y distante, los tengo siempre presentes y en mi memoria para encomendarlos al Señor, si él es seruido aceptar mis indignas oraciones, y para darles aviso de mi salud, que aunque poca es, harta para según las ocasiones ay por acá para no ternerla, mas todo se pasa y qualquier otro trabajo por aquel Remunerador soberano, el qual nos conceda a todos la gloria. Amen.

            Como é dicho, ni el lugar por estar entre soldados, que tienen çercado a vn poderoso tirano, como allá se dirá y escriuirá largo, que pretendió acabar el nombre español en estas yslas, ni el aparejo me conbida a ser largo como fuera, dando quenta larga de lo sucedido del año pasado acá, si tubiera más comodidad; mas todauía diré breuemente lo que me acordare, y seruirá ésta de carta general, para que V. merced enseñe a todos aquellos que sabe se holgarán saber de mí, y que me encomienden al Señor para que siempre tengan cuydado, como yo acá lo tengo, de hazer lo propio.

            Después que escreuí el año pasado de mil y quinientos y setenta y quatro, de manila me fuy donde la obediencia me tenía puesto, que era en la provincia y laguna de bonbón. De allí boluí a minila a concluir una campana, y a la buelta por la isla de vindoro, por auérmelo rrogado el padre fray francisco de ortega, al qual hallé indispuesto, y por su indisposición fue forçado a deterneme más de lo que quisiera, lo qual ordenó el Señor por lo que él fue seruido y por lo que luego diré. En aquel tiempo que allí estuve, que fueron 15 días, entendimos de un muchacho de casa, que bolvía de minila, cómo dos días antes, nabegando de noche por la mar avía bisto más de ginquenta lumbres, que iban nabegando por la mar, y aún dos dellas le corrieron el barquillo en que benía, y por ser ligero y los moros que traya el muchacho bogar rrezio se escapó, lo qual nos dixo luego que llegó, que fue día del Apóstol San andrés, lo qual el padre prior de aquella casa echó en burla y yo no, porque estábamos aguardando para estos bendauales, que comiencan comúnmente por el mes de mayo, vna naçión que se dizen burneis, que guardan la ley mahometana, y nos desean y quieren mal por algunas causas, y aunque era antes de tiempo, porque los bientos, que entonces bentaban, eran contrarios para venir sobre nosotros, sospeché eran ellos, y que si benían entonces, sería bolineando y con maña para tomarnos descuydados y desapercibidos, lo qual fue así, aunque no era la gente que yo entendí y sospeché, sino un tirano cosario de tierra de china, el qual, huyendo de su rrey como ladrón cosario que era, tomó vno de los navíos de mercaderes que de manila bolvía  a su tierra y les preguntó de qué tierra yban, y entendida la tierra que era y la gente española tan poca, y el descuydo en que bivían, y confiança que de sí tenían grande, acordó de ir sobre los pocos españoles y tomarlos como pudiese, y apoderarse de la tierra y llamarse rrey della, el qual nombre de rrey tiene y le llaman oy día, aunque no con la quietud que él pensó.

            Final, que él llegó a manila o dos leguas della sin ser sentido, día de San andrés por la mañana, con más de setenta navíos de a 150 y de a 200 toneladas, y más y menos, y echó mucha gente en tierra con tanta subtileza y orden, que hasta que estuuieron sobre las casas y desgraciada çiudad no los avían visto, aunque algunos naturales fueron a dar aviso al maese de campo y a otros españoles, diziendo que los burneis benían sobre manila, y no les dieron crédito hasta que llegaron y pegaron fuego y mataron algunos españoles y mugeres y al mismo maese de campo, que todos estaban muy descuydados de semejante cosa; y así fue grande la turbación que ubo y cobardía de algunos. Con todo esto los legó la diuina magestad, y pudiendo façilísimamente aquel día dentro de dos oras tomar toda la artillería, que la tenían en el arenal o playa tendida, y acabar lo que pretendían, con poca rresistencia que le hizieron vnos pocos soldados con el capitán alonso velázquez, se retiraron, quedando artos dellos muertos entre los españoles que nos abían muerto, y con esto se rretiraron al puerto de cauit, que como é dicho, estaua allí toda la flota y el tirano con la demás gente; y otro día adelante se ocuparon en enterrar los muertos y curar heridos, que avían escapado, y lo mismo se hizo entre nosotros, aunque con demasiado miedo, y hizieron vn corral como para lidiar toros de tablas y caxas y algunas pipas, para defenderse allí, si el enemigo bolbiese, y para que se metiesen allí las mugeres i niños, que andavan como obejas descarriadas por los çacatales y montes, llorando qual a su marido, qual a su ermano, qual a su hijo y parientes muertos, que según me dizen, era gran lástima verlas.

            En este tiempo llegó el capitán Juan de Salzedo, hijo de la Señora Doña Teresa, con sesenta ombres de socorro, porque avía visto pasar el armada del tirano y sospechó lo que podía ser, y ansí se vino tras el enemigo lo más presto que pudo, y llegó el propio día que el enemigo dio de descanso a los de minila para hazer lo que tengo dicho, y con su llegada tan sin pensar, porque estaua más de 80 leguas de minila, ques 30 leguas de aquí, en una prouncia que se dize ylocos, en la misma isla de luzón hazia la china, causó gran contento y algún más ánimo a los que tenían neçesidad, y luego otro día, que se contaron dos de diziembre, antes que amaneciese, llegó el tirano, con toda su armada, y hizo tres salvas con tanto rruydo de fuego que ponía espanto y más ver que no hizo daño en los nuestros, y tras esto saltaron seteçientos o ochocientos ombres muy feroces con arcabuzes, con picas, con montantes y con otras muchas armas, y con ánimo bestial arremetieron a las pieças que ya estauan puestas a punto para ofender quando fuese menester, y no temían los arcabuzes ni nuestras armas sino que pasaban adelante, unos cayendo y otros animándose hasta entrar en el fuertezuelo o corral, que el día antes se avía hecho; mas el señor que ayudó a los cristianos por su gran misericordia, y porque se compadecería de los gritos de las proues muegeres y lágrimas y oraçiones de los Religiosos, que a aquella sazón suplicaban a dios dentro en el palenque, nos diese la victoria, fue seruido que saliesen y se rretirasen con pérdida de muchos dellos, y de nosotros solos dos o tres, el uno de los quales fue sancho ortiz, primo de sancho lópez, secretario, y el otro vn alcalde; y si los españoles tubieran más ánimo, aquel día los acabaran, salido como salieron a ellos quando se ivan rretirando, mas dexáronlo porque el tirano usó de un ardid, que como bio desde los nauíos que los suyos yvan de vençida, echó en los bateles al agua gente, y que hiziesen que ivan a acometer por otra parte el fuertezuelo; y así por esto, como porque los naturales se avían rebelado y lebantado contra nosotros para hazerse de la parte del que tenían por imposible dexar de vençer y matarnos a todos, se boluieron al fuerte, porque todos los españoles no eran más de dozientos y cincuenta, y aún creo no eran tantos, por ay, e abía entonces quatro poblazones de españoles, que es la çiudad de manila, la villa de zubú, la villa fernandina, en ylocos, y la villa de Santiago de libón, en camarines, y en estos pueblos estauan repartidos hasta 460 españoles, que ay en esta tierra, y aún quando llegó el tirano estaban aperçibidos más de 150 ó 160 españoles para ir a bindanao, que es vna gran isla, que está de minila 3 al pie de 200 leguas, y se abían de partir dentro de ocho días, que paresçe el Señor los detubo, donde si fueran no escapara ninguno, porque les tenían armada vna trampa por consejo y conçierto del rrey de burney, que era los imbiassen a llamar de paz y que les querían dar tributo, y quando más descuydados estubiesen, los matassen, y él bernia por otra parte sobre los de minila con dozientos nauíos y galeras para estos bendabales, como tengo dicho, y que así nos acabarían fáçilmente, porque no sólo los burneis, mas otras quatro naçiones, avían de venir en su compañía, los quales estamos esperando o con sospecha de que vernán.

            Este á sido gran paréntesis, y así bolbiendo al desta los nuestros boluieron al fuerte y el tirano se fué, y llegando aquí, que es 50 leguas de minila, hizo una ciudad cercada de palmas y su fuerte dentro, y se intituló grey de la isla, e inbió a llamar los comarcanos y les dixo cómo nos dexaba medio destruydos, como era verdad, que al tiempo que se rretiró la última vez fueron poniendo fuego a la ciudad, y se quemaron muchas casas y el monesterio de san augustín con todo quanto auía dentro, ansí de libros como de ornamentos, porque allí lo teníamos todo, por ser aquella la prinçipal casa que ay en esta tierra, y que de ally adelante acudiesen a él con comida y los tributos, quél era el Señor y él los defendería, y con esto y con algunas crueldades, que començó a hazer en ellos y en sus haziendas, se hazía temer.

            Aquí se quedará por vn rrato el tirano fortificándose y haziendo su çiudad y muy descuydado, que a cabo de 4 meses avían de boluer y osarle acometer aquellos, a quienes él antes avía acometido y puesto en el trançe que vimos.

            En el punto que este dicho tirano acometió la descuydada minila, boló luego la fama por toda la isla y otras partes, de manera que fue causa para que no sólo los comarcanos, mas los muy apartados se rrebelasen y hiziesen y demostrasen lo que tenían en el coraçón, de lo que no me maravillo, porque tales son las obras que los españoles les hazen, matando a algunos españoles que pudieron coger descuydados, y a otros haziéndoles salir más que de paso de donde estauan solos. A mí también me cupo parte desto, y aún, según algunos dizen, me cupiera más, si el Señor no fuera seruido, me ubiera detenido en bindoro con el padre prior que, como é dicho, estaua indispuesto, y con mi llegada y estada plugo a dios estubo luego bueno y más aliuiado de su indispusiçión, porque luego que se supo en la provinçia de bonbón, se juntaron los prinçipales y dixeron que, pues, los castillas eran ya acabados, que así corrió la fama, que repartiesen entre sí los bienes que tenía en el monesterio y los esclauillos, que acá no nos siruen sino gente que compramos, los quales son luego libres en nuestro poder con aditamento de que nos siruan, en pago de lo qual les damos todo lo neçesario, y así se hizo lleuando los ornamentos y libros, y finalmente todo lo que avía en el monesterio, y tras esto començaron a desbaratar y deshazer la casa, como si ya se ubiere acabado todo; y hecho esto, a cabo de no sé quantos días, llegó la nueva a la isla de Vindoro, donde estáuamos, diziendo que más de 300 navíos de burney estauan sobre minila, y creían que los españoles eran ya acabados. Esto nos causó gran turbaçión, viéndonos solos en aquella isla y sin remedio de poder ir y salir de allí sino con gran rriesgo, por no aver nauío acomodado ni quien lo bogase. Con todo esto, en un pequeño nauío, que era de una pieça, quise pasar la mar por buen, porque yo prometí y dí después a los que me pasaron, y por no hazer tiempo para, poder pasar a rribe, y era mi intento yr a ver el monesterio y saber la verdad de lo que se sospechaua, y que conforme a lo que vuiese ansí hiziese sinal [señal]; quando arribé, hallé que avían llegado al puerto de vindoro dos nauíos de los que por acá se usan, que son como chalupas, con 50 moros, de çerca del inonesterio de bonbón, aunque no de aquel repartimiento, con lanças y paveses, arcos y flechas, y sus puñales, que usan como los españoles, e espadas. Final, que ellos benían de guerra, y preguntándoles a qué venían, dixeron que avían oydo dezir que los burney estaban en la tierra con más de 300 nauíos, que venían a saber si era verdad para ponerse en cobro, lo qual era mentira, que no abían ydo sino a conçertarse con los de vindoro que nos matasen, y que la hazienda que la partiesen entre sí, pues todos eran parientes y los castillas eran ya acabados, en lo qual no vinieron los de vindoro por çertificarse más si era verdad aquello, porque les cupiese más parte matándonos ellos solos.

            Nosotros, ignorantes desto y con la confianca que siempre auíamos tenídoles, rrogamos el padre prior y yo nos prestasen vno de aquellos nauíos para ir a minila o imbiar a saber lo que avía, pues era prouecho de todos, a lo que rrespondieron desuergonçadamente que no querían; yo, viendo su desuerguenca, dixe al padre que no travajase que sería en vano; él replicó que sí nos los avían de dar, y aunque yo ví, por la esperiencia que tengo dellos, en lo que avía de parar, dexéle por ver si podría algo; finalmente, los indios se vinieron para nosotros echando mano a sus bararaos, que son una espadas muy cortas y anchas, muy denodados; yo, como ví venirlos, y el padre ni más ni menos, començámonos a defender con unos bordones que teníamos de canela, y uno arremetió a mí, de manera que no pudiendo apartarme, venimos a los bracos, y plugo a dios que dí con el traidor en tierra, y después que se levantó me acometió otras dos vezes, y entrambas no salió, por la bondad del Señor, con ganançia, y el padre prior de aquella casa también se defendió de otro, que le traya muy fatigado por encomendarse a la madre de dios, cuya conçepción era aquel día, y por cuyos mereçimientos nos libró nuestro señor y nos guardó, él sabe para qué. Con esto se apartaron de nosotros echando sus nauíos al agua, en los quales se fueron a priessa, haziéndonos fieros que nos avían de boluer a matar y quemar el monesterio, lo qual pudieran hazer con façilidad por ser las casas de por acá de paja. No tubimos en este rrebato y aflición otra ayuda sino la de dios, que sobrava, porque la gente del pueblo estaua mirando a ver como lo hazíamos, y vn españo, que estava con nosotros, estava tal de enfermedad que ni a nosotros ni a sí podía valer.

            Luego, 4 días adelante, que fue domingo, porque me pareçió que hazía buen tiempo, determiné en el navichuelo, que dixe, atravesar y así llegué a media noche al monesterio de bonbón, donde no hallé cosa, aunque como entré con los indios cantando, que así se usa en esta tierra quando bogan, salió todo el pueblo a rrecebirme, como espantado de que bibía, y se hinchó todo el monesterio de gente, a los quales pidiendo quenta de lo que abía dexado en el monesterio me dixeron cómo lo tenían los prinçipales guardado, porque los castillas eran ya todos muertos, y entre algunas verdades me dixeron muchas mentiras, lo qual me causó gran dolor, tristeza y pena, y dadas las gracias al Señor, que devía, mandé me truxesen la gente y ornamentos, y tomando lo más prinçipal y digno de rreuerencia, no haziendo caso de todo lo demás, me salí al amanesçer, lunes de mañana con los muchachos cristianos de casa, por no paresçerme estaua muy seguro, y por dar en breue quenta al padre para que se buscase algún remedio, y fuésemos a buscar algunos cristianos con quien nos consolásemos y defendiésemos hasta venir nauíos desa tierra. Desta manera caminé el lunes sin jamás acordarme de comer, sino solo me empleava en llorar mis muchos descuydos y pecados, y en encomendar al Señor a los de minila como a difuntos. Aquella noche no se [pudo?] atravesar por ser el viento contrario y la mar andar muy braua, y me detuve en vna isleta y a media noche començé a travesar, y fuéme forçado arribar que tal andaua la mar, y aguardé a la mañana, y aunque la mar andava muy alterada y furiosa, tomé un rremo en las manos para esforçar los moros, bogando como ellos, lo qual, aunque nunca avía hecho en mi bida, la neçesidad y el temor y el entender que lo avía de hazer, de allí adelante me hizieron aprenderlo luego, y hasta que me cansé no dexé el remo, y así plugo al Señor salimos de aquel peligro, y llegado al monesterio y pueblo de vindoro, salió el padre prior a mí, y sabido lo que se dezía, cayó en él el mismo temor, tristeza y pena quen mí. Diximos misa aquel día por los muertos de manila, y luego vinieron armados al monesterio todos los indios o moros del pueblo, así los que lo eran como los baptizados, lo que antes no solían hazer, ya questo debió ser para ponernos mayor temor del que teníamos. Con todo esto les pedimos consejo de lo que aviamos de hazer, y que mirasen quán padres les auíamos sido en todos los negocios que se les auían ofreçido, y que de allí adelante lo seríamos más, que aunque los españoles de minila eran acabados, que muchos avía en españa y que el Rei no avía de desamparar estas islas, y que si nos tratauan bien y nos guardauan, que les prometía el padre prior de hazer con el gouernador que fuese o con el Rey que no pagase aquel pueblo tributo por algunos años o por toda su bida. Y ni con estas promesas y otras amenazas aprovechó para matar la insaçiable codiçia que de eredarnos tenían, y aunque nos dauan buena esperança, que no temiésemos de morir, que ellos nos guardarían, bien bíamos que lo hazían todo fingido, porque luego los niños y niñas y mayores y medianos se estrañaron tanto de nosotros, como si fuéramos sus enemigos.

            Viendo esto el padre. parecióle era bueno que en el mismo nauichelo, en que yo avía ydo y buelto, que nos huyéramos con el español y çinco o seis esclauos de casa christianos, y que nos encomendásemos a dios, que él tenía confianca nos escaparía de las olas del mar; yo le puse todos los inconuientes, que se devían poner y avía, porque la mar andava braua y el viento para donde aviamos de ir era por la proa metidos en el mar; metidos en el mar, no sabíamos a qué parte caminar, el barco muy pequeño, porque entrados en él los que tengo dicho, no podíamos lleuar cosa de comida, y donde aviamos de ir avía más de 80 ó 100 leguas. Con todo esto quería más acabar la vida entre las brauas ondas, que verse dar de lançadas de aquella gente bestial. Finalmente, por consolarle le vine a conçeder lo que me pareçió ser locura, y que fuésemos que a bien librar yríamos a alguna isla despoblada, y que allí acabaríamos nuestros malos días haziendo penitençia de nuestros pecados. A la noche, ya que estávamos aparejados y determinados de dexarlo todo y escapar los pellejos solos dexando vnos niños cristianillos, que nos quebrauan el coraçón, que eran de los dos monesterios, considerando que avían de dexar la fe que avían recibido, confesámonos generalmente con el mayor dolor que pudimos, pidiendo perdón al Señor de nuestros defectos y prometiendo de lo seruir mejor que hasta allí, y dándonos en penitencia aquel trago amargo de la muerte, que esperáuamos aora fuese el ahogarnos en el mar, donde no podíamos escapar sino por milagro, ora en la tierra en manos de aquellos saluajes, aunque los prinçipales nos hazían çentinela, diziendo que nos querían guardar porque no biniesen los batangas a matarnos, que era con quien tubimos el renquentro pasado avía ocho días. Con todo esto, aunque parecía temeridad salir de donde estáuamos, hechos fuertes, porque no estábamos en çelda sino en un rreflitorio, au [auisé]  si estava el barquillo donde le aviamos puesto, para en descuidando las çentinelas, acojernos, hallé que avían barado el barco donde no le podían sacar aunque fueran más de veinte personas; lo qual visto, desconfiamos de poder salir aquella noche, y dadas gracias al Señor, entendimos ser su voluntad muriésemos allí aquella noche en manos de aquellos miserables, y ansí no se meneaua oja que no nos causase gran turbaçión, entendiendo que ya se acercaua lo que tanto temíamos, y çierto no se entendió llegáramos a la mañana, aunque nunca perdí la esperança de que el Señor nos avía de librar. Otro día rrogamos al más prinçipal del pueblo nos llenase a su simentera, que estava metida 2 leguas grandes de allí en vnas muy ásperas sierras, y que allí nos tubiese, el qual, tomando pareçer con los demás, se acordó que fuésemos y estubiésemos allí. Al tiempo que salíamos sacó el padre vn chicuvit con vnos libritos en que leyésemos el tiempo que ubiésemos destar en aquella aspereza de montañas, el qual chiquit sopesaron y alçaron todos quantos estavan allí, diziendo que allí yva el tesoro, lo qual hizieron con gran atreuimiento y desverguenca. Entonçes dixe al padre: esta moneda nos á de costar la vida, que eran dozientos pesos, que deuíamos a un vezino de minila; ábrase el chicubit, y si la quisieren, déseles, lo qual hizo; abierto el chicubit, con todos los tomines, y dixeron que los guardásemos. Finalmente, salimos con sendos crucifixos en las manos, entendiendo que en el camino nos auían de acabar.

            Aquella noche la pasamos con hartos sobresaltos y trabajo. Determinamos aquella noche de que yo bolviese al pueblo, y repartiese entre los principales 60 pesos, lo qual hize, y quando llegué, hallé que auían dado saco mano a todo quanto avía en la casa, y avían muerto los puercos como a todo quanto avía en la casa, y avían muerto los puercos como a enemigos mortales que son suyos, y las cabras haziendo cerimonias con ellas, y ensuziando y deshaziendo todo el monesterio; y quando allá me vieron, echaron la culpa vnos a otros y que ellos no querían se uviesse hecho aquello; yo disimulé, porque no era tiempo de otra cosa, y rroguéles que nos aderecasen vn nauío para ir a cierta ysla, y que les pagaríamos muy bien su trabajo, y lleno de muchas promesas y buenas palabras me despidieron. Yo les dixe que estaua cansado, y que quería irme por la mar, por yrme por otro camino que, aunque más lexos, era mejor, lo qual haziendo por ruego del padre, que todavía insistía en que nos fuésemos en aquel barquillo, porque él no estaua muy seguro, ni avía seguridad ni fidelidad en aquella gente sino sólo en la muger del prinçipal, en cuya casa estáuamos, como después diré, y así lo lleué lo mejor aparejado que pude, y ynbié a dezir al padre por el camino breue, que aunque yo no era de su pareçer, que le aguardaua en tal parte, aunque el dueño del nauío como aquel, que sentía los pasos en que andáuamos, no se aparataua de mí, mas que no era mucho inconviniente, que viniese e avisasse de lo que pensaua hazer.

            Fue el mensagero y boluíó donde yo estaua, y díxome cómo el padre se avía con el español acogido, y que no sabían dél vivo ni muerto; aquí me ví entonces el más perplexo hombre del mundo, y ni sabía si fuese adelante por aquellas montañas, que ya anochecía, o si boluiese atrás, o a donde yría a buscar al que ya me avía llorado, y encomendando a dios mi pobre ánima, entendiendo no aver de ver más en esta trabajosa bida al ermano y amigo que tanto quería; final, que me determiné cómo pudiese pasar adelante, inbiando por donde me pareçió podía ir quien le buscasse, y llegado que fuí con harta fatiga de cuerpo y spíritu, salióme a receuir la buena dueña con toda su gente muy llorosa, preguntando por el padre gordo, porque si no pareçiesse que se avía de ahorcar, a la qual consolé agradeciendo el amor que mostraua tenernos, y que lo que podía hazer era que hiziese venir gente para que lo fuesen a buscar, que yo les daría buena paga; y ansí dí luego 2 o 3 tostones porque fuesen luego en su busca.

            La causa, porque el padre se avía acogido, fue porque aquel día fueron no sé quantos mensageros a llamar a la buena dueña que fuese a cierto sacrifiçio o fiesta, que se hazía en el pueblo con las cabras del monesterio, y que supiese que ya lo auían robado, y por esto y por lo que ella sabía, se trataua de nuestra muerte, no quiso ir al combite, y de lástima, como las mugeres son tiernas de coraçón, lloraua mucho y acostáuase y tapáuase el rrostro, lo qual notó mucho; el padre le dezía que qué tenía y que por qué estaua triste, a lo qual respondió que por vernos a él y a mí en aquel estado y tan congoxosos; final, que el padre concibió mal de aquello y de mi tardança, y que no avía imbiado mensagero, acordó, entendiendo me avían ya despachado, procurar alargar vn poco más la vida, si pudiese, y así se fué diziendo me yva a buscar, y derecho a la mar, donde halló una canoita, y se metió dentro con el español y un moro y un muchacho y una caxeta de conserua, de las que V. merced nos hizo entrega, y desta manera començó a nabegar sin saber dónde iría; y como se apartaron de la tierra y salieron del abrigo, por poco no se ahogaron con la braueza de la mar; acordaron de arribar y saber de mí, porque si fuese muerto, perseguiría su determinaçión; al fin saltaron en tierra y enboscáronse o escondiéronse en vn çacatal, que los ay acá generalmente muy grandes todo el año, para en siendo de noche imbiar al pueblo el indio, para que preguntase qué avía sido de mí; estando desta manera, ya que era noche, sintieron pasar gente, y mandaron al moro, que consigo llevauan, que se hiziese encontradizo y les preguntase por mí. Respondieron que me avía ydo por naso, que era por donde el padre auía ydo en busca mías y con esta nueua tan alegre dio la buelta y halló el nauío donde yo lo avía dexado, y si él me hallara allí sin falta se efectuara su deseo. Como él vio esta conyuntura perdida, entendió ser voluntad del Señor, pues entrambas vezes se avía desbaratado, y por entender la pena con que yo estaría, subió por aquellas montañas tropeçando y cayendo, y sin saber por donde yvan, tiró el soldado vn arcabuzazo con el qual todos, espeçialmente yo, que estaua metido en mil imaginaciones, rresucitamos, y aunque llovía salimos de la casilla, y ençendidos vnos hachuelos, que acá se usan, fueron a buscarlos, y llegados nos consolamos y lloramos nuestros trauajos.

            Así nos estubimos otros tres días más, tratando de que si sería bien rogar que nos tomasen por esclauos, o si nos yríamos al rrey de los burneyes, para que lleuándonos consigo allí, nos rescatasen los portugueses que tratan en aquella isla. Aquel poco de tiempo nunca quise entrar en la casilla, sino era de noche a dormir; lo uno, por estar muy apretados; lo otro, por no oir ni ver aquellos traydores, que por momentos venían a darnos muchos sobresaltos, desenvaynando sus cuchillazos en nuestra presencia, y que no saliésemos lexos de la casa, y procurando de sacarnos la sustançia que teníamos, de manera que indio vbo que por sola una noche que durmió junto a nosotros, haziéndonos entender que nos guardaua, lleuó 14 tostones, y el que nos tenía en su casa más de 100 tostones; y así hazían lo que querían, de manera que quando nos víamos el padre y yo no era sino para rrezar y para nos confesar, y traer a la memoria cosas que nos prouocasen a deuoción, y también a llorar. En aquella soledad hablaua yo con V. merced, con mis señores padres y ermanos, y les dezía que si era posible, se oluidavan de mí, puesto en tanta tribulación, y del padre fray francisco de ortega, que esperava en la misericordia diuina, por los méritos de su pasión y meresçimientos de su santísima madre y de sus santos, y por las oraciones de Vuestras mercedes nos avía Su Magestad de hazer merced y no mirar a mis pecados.

            Finalmente, si yo no me olvido, el domingo ya bien tarde dixe a la buena dueña, nuestra guéspeda y ama, que rrogase a su marido don pedro, que era christiano, y quatro o çinco hijas e hijos suyos, dos de los quales se rretajaron, estando allí nosotros, que nos dio harto dolor, entendiendo que auían de boluer a su perbersa seta de moros, faltando nosotros y los españoles, que nos despachase y enbiase a donde nos auía prometido. Respondióme que no tubiese pena, que ella se lo rrogaría, y que me alegrase que entonces le acavaua de dezir vna prinçipala, que llegaua de vindoro, cómo avía nueua de que todauía peleauan los castillas, que no estuviesse tan triste y que comiese, pues pangquino batala, es dezir, el Señor dios inbiaría vn nauío con castillas para que nos lleuasen. Llamé al padre y le dixe lo que avía. Fue tanto el contento que esta nueua nos dio, que después de auer dado gracias al Señor, no pudimos desimular el alegría, y todos los servicios que teníamos y muchachos; y así çenamos vn poco, y los muchachos nuestros cantaron la dotrina, lo qual hasta entonçes no auían hecho, y tras ella tantos cantares de alegría en su lengua, que ya nos pesaba, y no menos al uésped y mal viejo de don pedro, que çierto le supo mal la çena, y aún se ubiera holgado de auerlo hecho mejor con nosotros. Yo no pude dormir en toda aquella noche pensando mil cosas, lo qual dixe al padre, y me rrespondió que no fuese de alegría y aliuio de la muerte. Estando en todo esto oyinos vnas vozes de allá del profundo de los ualles y vnas lumbres, y venían diziendo; padres, padres, cantero, cantero, que así se dezía el soldado que estaua con nosotros, el qual estaua durmiendo, al qual desperté y le dixe que se aprecibiese, lo qual hizo con todo su mal, y nosotros tomarnos los crucifixos en las manos y encomendándonos al Señor esperamos lo que él fuese seruido hazer de nosotros. Luego, pues llegaron dos prinçipales con sus criados y sus hachos ençendidos diziendo: castillas, castillas en bindoro. Yo, como oy aquello, dixe: ésta es trayción, que nos quieren engañar y sacarnos a esta ora fuera de casa y cortarnos las cabecas. Como esto oyó el soldado, quiso apretar la llaue del arcabuz y matar los mensajeros al tiempo que entrauan por la casilla, lo qual le defendimos y que les dexase acabar sus razones, los quales me pusieron vna carta en las manos que dezía: alonso izquierdo y Villanueua estamos aquí; si son viuos, vista ésta, se vengan, porque el governador nos imbía muy de priesa. Ya V. merced puede sentir el alegría que sentiríamos; y en el mismo punto diximos de rrodillas el te deum laudamus, y acabadas las graçias a nuestro Señor dios, determinamos de no ser más hermitaños, y de ir a ver aquellos ángeles quel Señor nos imbiaua, y así llegé más de media ora más apriesa quel padre, cayendo y tropeçando con la priesa del llegar, donde hallé los soldados que auían prendido con buena maña no sé quantos principales hasta que diesen razón de nosotros, lo qual no quisieron dar al prinçipio, entendiendo aprouecharse todauía de nosotros, entendiendo que aquellos dos castillas se avían escapado solos de minila

            Finalmente, que llegado el padre, y que amaneçía, nos enbarcamos, y asegurados los prinçipales y los indios que no tuviessen temor de que por nuestra causa se haría daño en sus perssonas, nos pareció ir a minila a ver a los padres y a la destruyda minila y a dar las graçias al gouernador, y así llegarnos el día de pascua de nauidad por la mañana, y nos regozijamos en el Señor, contando cada uno lo que le avía pasado, que bien son dignas de notar y saber, máxime lo que dize acontenció a vn Religioso que le dezían; padre, tú nos babtizauas con agua fría, espera vn poco que nosotros te babtizaremos con agua caliente. Y así dize el Religioso que toda vna noche se tubo el agua calentando, aunque él no sabía para lo que fuese, y lo tuvieron no sé quantos días el más aflixido hombre que estubo en su vida, y ansí fue tanto el temor que le causó, que hasta aora no sé si á buelto en sí, pues el [del] padre frai Hierónimo y [de] los demás no digo dellos, porque el padre frai Hierónimo, que será el portador desta, contará allá, si ubiere lugar, todos los trauajos que por acá auemos padesçido. El Señor sea seruido rreçebírnoslo en seruicio y desquento de nuestros pecados. Amén.

            Después de auernos holgado algunos días, fuy a dar los sacramentos a vn rreligioso nuestro, que estaua fuera de minila en otra laguna en frente de la de donde yo estaua y dado su spíritu al Señor porque era muy sieruo del Señor, y enterrado, me boluí por mandado del padre prouincial  a reedificar el monesterio que me avían deshecho, y a atraer la gente que no dexaba destar alborotada, por lo que avía hecho, y lo mismo hizo el padre prior de vindoro, aunque a aquellos quisieron ahorcar media dozena dellos, y por el padre  no se executó lo que tan bien meresçían, más penóles el juez en dineros.

            Yo acabé la casa y hize la mejor yglesia que al en esta isla por ser de tablas, y me fué [fui] a capítulo, donde en el camino me perdí con tormenta con 4 nabichuelos, los dos de los quales traya cargados de comida, porque si los burneyes biniesen sobre minila, tuuiésemos qué gastar algunos días, lo qual todo se [á] perdido, y yo escapé con toda la gente, por la bondad del señor; y en el capítulo me dexaron por prior de tondo, que es çerca de minila, y la primera casa que edifiqué en esta tierra tan cerca de minila, como de sant françisco Sanctiago, que no ay más de un gran rrío en medio. Obra de diez días después del capítulo, en el qual salió prouincial el padre fray Alonso de Aluarado nos mandó al padre prouincial pasado y a mí biniésemos a este campo que tiene çercado el tirano que tengo dicho, y si lo que á pasado desde que los españoles vinieron sobre este tirano, hasta que lo medio desbarataron, quisieren saber, lean esta carta que me escribió vn amigo, que por ventura yrá este año a esa tierra. Yo, viendo que este çerco va tan largo, rogué al padre prouinçial pasado se bolviese a minila por cosas que ay que hazer allá, y que yo me quedaría hasta que el Señor fuese seruido ordenar otra cosa.

            An venido algunos nauíos de china, enbiados por los gouernadores de china para saber deste tirano, y los que en ellos vienen quieren lleuarnos a la china. Podrá ser mandarnos el padre prouincial enbarcarnos al padre prouinçial pasado y a mí, para ver esta tan deseada tierra.

            V. Merced, mis señores padres y ermanos, serán seruidos encomendarnos a dios, en cuyo seruiçio deseo acabar mi inútil bida. Muchos yrán desta tierra, que darán larga Relaçión de las cosas de por acá, en espeçial el padre prior de libón, que es el padre fray gerónimo, el qual, aunque era el más prouechoso Religioso y más neçesario que acá avía, á importunado tanto que no se á podido hazer menos de conçederle lo que tanto avía procurada por uiuir con más quietud en esa tierra, lo qual le conçeda el Señor por su misericordia y a nosotros no oluide. Amén,

            No soy de pareçer ni aconsegaré [aconsejaré] a persona del mundo, aora sea aclesiástico, aora sea secular, y a éste muy menos, benga acá, por los muchos peligros spirituales que ay, y si no ay mucha virtud, pocos dexan de enrredarse en vicios y acabar en mal. Si yo fuere a la china, yo escribiré a las órdenes lo que sintiere y a los señores obispos y Virreyes para que prouean e no den eclesiásticos, porque si el Señor les toca, no bastarán dos ni tres mill eclesiásticos según la tierra es de grande e ynnumerable la gente. Por hallarme en la guerra y no en minila, donde están los mercaderes chinos, no imbío regalo ni muestra de aquella tierra, y por entender está V. merced satisfecha y mis señores padres y ermanas y amigos, de mí deseo no más de suplicar a la misericordia del Señor nos dé en este valle de trabajos su gracia y después la gloria. Amén. Deste campo y rrío de Pangasinán de junio 5 de 1575. El más mínimo y humilde sieruo de V. merced, fray agustín de alburquerque.

            Aunque é andado indispuesto estos días de calenturas, escreví de mi mano lo mismo que aquí va, y pasóse a tomar recaudo la carta, que visto no estava para imbiar, la hize trasladar, y algunas palabras que no se açertaban las ube de enmendar de mi mano.

            También pasó del todo aquella carta de aquel amigo mío, que dezía, en que me rrefería y dezía sabrían el sucesso de la armada que se hizo contra el tirano limahón, y en dos palabras dicho ha que llegó nuestra armada aquí sin ser sentida, y les quemaron todos los nabíos, y entraron en la ciudad que tenía hecha y çercada con muchas y gran-des palmas, y por ocuparse en rrobar no siguieron la victoria ni acometieron el 2° y 3º día, lo qual si ubieran hecho los españoles, se concluyera entonçes, y así á ya más de dos meses que se está fortificando el tirano, porque le dieron lugar los españoles, y á hecho ya 30 fragatas y 2 nabíos grandes, y en pudiendo los echará al agua. No sé quién llevará el gato al agua, porque es mejor en el agua que nosotros, y sabe más ardides y bellaquerías durmiendo que nosotros; así que si no es milagro yo no entiendo como él puede ser vencido, máxime que pelean como hombres desesperados, y an cobrado gran brío con vna emboscada que hizieron, y nos cogieron 5 hombres, de los mejores que avía en el campo, y ahora procuran apocar vno a vno y dos a dos y cinco a cinco. Remédielo la diuina magestad, que yo poco rremedio veo humano, porque el campo no tiene más de hasta tres quintales de pólvora, y el enemigo tiene más de 60 y materiales para hazer más de otros tantos. Todo esto escribo, para que advirtiendo el peligro en todos estados, nos encomiende más a la continua al Señor nos tenga de su mano, lo qual yo hago acá también por vuestras mercedes. De vuestra merced, fr. agustín.

AGI, Patro 24 r° 30