Inma Rius, doctora en Historia, Universidad Cardenal Herrera CEU.
Valencia.
La Generalitat Valenciana promulgaba el 4 de julio de 1984, una ley
por la cual se creaba la entidad pública Radiotelevisión
Valenciana (RTTV),
constituyéndose –según se hacía constar- una muestra de la voluntad política de
asumir la responsabilidad contraída de hacer avanzar la consolidación de la
Administración Autonómica, por un lado, y la conciencia de diferenciación como
pueblo, por otro[1]. La creación
de unos medios de comunicación social valencianos eran contemplados, pues,
desde los inicios de la televisión pública autonómica, como uno de los soportes
precisos e inequívocos del desarrollo cultural propio. Con esta Ley, el
ejercicio de la potestad atribuida a la Generalitat Valenciana en el artículo
37 de su Estatuto de Autonomía, se ponía la primera piedra que debía construir
un proyecto comunicativo donde se contemplara el fomento y desarrollo de las
peculiaridades del pueblo valenciano, se facilitara la participación de todos
los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social y se
promoviera las condiciones para que la libertad y la igualdad de los individuos
fuera garantía real y efectiva. Tanto en el fondo como en la superficie de
dicha Ley, se hacía constar una antigua aspiración de los valencianos: la de expresarse y comunicarse en su propia
lengua para lo cual, los medios de comunicación de carácter público constituyen
el soporte idóneo además de la evidencia irreprochable de nuestra voluntad
política, según la expresión del por entonces presidente de la Generalitat,
el socialista Joan Lerma Blasco[2]. Por tanto, Radio Televisión Valenciana se creó como medio para ejercer unas
funciones culturales prioritarias. Además se auguraba que debería impulsar la
comunicación audiovisual valenciana, estimulando la producción y creación, así
como la formación profesional.
De acuerdo con el artículo 4 de la Ley de creación de dicha
televisión, las funciones de gobierno de la misma serían realizadas por tres
órganos: el Director General, nombrado por el presidente de la Generalitat y
que, a su vez, designaría a los directores de radio y televisión. El Consejo de
Administración, integrado proporcionalmente por representantes de los
diferentes grupos parlamentarios, y un Consejo Asesor destinado a permitir la
participación de diferentes sectores sociales en las tareas de gestión y
control, pero que a día de hoy todavía no ha sido creado. Como se deduce de lo
expuesto, el modelo desde su gestación proporcionaba al partido gobernante
–especialmente con una mayoría absoluta- el control prácticamente absoluto del
medio. Como prueba tan solo hay que destacar que el tipo de personas que se
nombran para ejercer la dirección de Canal
9 han sido hasta el momento colaboradores estrechos del propio presidente
de la Generalitat. Fue el caso de Jesús Sánchez Carrascosa, director de TVV entre la primavera de 1996 y
noviembre de 1997, habiendo sido previamente responsable de la campaña
electoral autonómica del Partido Popular (desde 1993 1995) y secretario general de Presidencia tras el triunfo popular
valenciano en 1995[3]. Es el caso,
asimismo, de la actual directora, Genoveva Reig, que había sido jefa de prensa
de Eduardo Zaplana en el Ayuntamiento de Benidorm y anteriormente a su
nombramiento televisivo ocupaba el cargo de directora general de Agenda y
Protocolo de Presidencia en la Generalitat Valenciana.
Televisión Valenciana, como
cualquier otra televisión de titularidad pública de nuestro país, se nutre
económicamente de los presupuestos públicos, en este caso de la Generalitat
Valenciana. Sin embargo, la Ley de Creación de RTVV previó que ésta podía autofinanciarse con los beneficios que
obtuviese de sus actividades, especialmente la publicidad. Este principio la
condenó a seguir el modelo comercial de cualquier televisión privada que
prioritariamente se rige por emitir programas independientemente de su calidad
cultural e informativa, en miras a conseguir incrementar las audiencias que
posibiliten la captación de anuncios. Sin embargo, la autofinanciación nunca se
ha producido, y por mucho que se haya recurrido a programas para ganar un
público suculento, los aportes por la emisión de publicidad nunca han
sobrepasado el 25% del conjunto de los recursos. El resultado es que si en el
último año de la etapa socialista en Valencia, Canal 9 costó 10.485 millones, en el 2002 de la era del Partido
Popular, la cifra aumentaba hasta alcanzar los 50.000 millones[4].
El espectacular crecimiento de la deuda y las pérdidas ha sido imparable acumulándose en el último
ejercicio en 119.253 millones de euros. Hasta 1999 los resultados negativos se
financiaban con ampliaciones de capital, pero posteriormente se cambió al
modelo de préstamos a largo plazo. En el último año, con el cambio de Olivas
por Camps en la Generalitat, el Consell paralizó el aval de 132 millones de
euros que pedía el ente para financiar sus gastos.
Pese a que la media de valencianos que ven la televisión diariamente
es muy alta: el 90%, realizando dicha actividad además por espacio de tres
horas y media, según un estudio de Sofres del 2001, las dos cadenas valencianas
eran seleccionadas por tan solo el 20% de los telespectadores. Dicha tendencia
se ha mantenido hasta hoy, de lo que resulta que ocho de cada diez valencianos
prefieren otras ofertas televisivas[5].
Canal 9 alcanzaba ese mismo año una
cuota de pantalla del 18.7 frente al 21.2, y el 20.6 que en la comunidad
valenciana conseguían respectivamente Tele
5, por un lado, y TVE 1 y Antena 3 por otro[6]. Los datos últimos todavía son más
desalentadores. En los meses recientes a la elaboración de nuestro estudio
(verano del 2004) la parrilla de programación atravesaba el peor momento de su
historia, con índices de audiencia que en el último año habían pasado del 18’2
por cien al 14’6 del mes de julio, con una media de siete puntos por debajo de
la audiencia valenciana del resto de televisiones: 21’7 (Tele 5), 21’3 (TVE) y
20’7 (Antena 3). La única franja
horaria que mantiene hasta ahora sus porcentajes es la de la mañana (el 11%)
mientras que sobremesa, tarde, noche y madrugada pierden entre cuatro y cinco
puntos. Por lo que respecta a Punt 2,
el segundo de los canales de RTVV, la
audiencia acumulada en lo que va de año era del 1’9 por cien. Aún siendo tan
baja, todavía se observaba un descenso con respecto al share obtenido en 2003 (2%).[7]
Sin la suficiente audiencia irremisiblemente la deuda contraída fue
aumentando y mientras el modelo público de televisión una vez más se endeudaba,
el presentado por las televisiones privadas, en cambio, arrojaba unos
inmejorables resultados[8].
En septiembre de 2004, Antena 3
anunciaba en uno de sus informativos que durante el mes de agosto había
conseguido los mejores resultados de audiencia pese al monopolio informativo de
la cobertura de las Olimpiadas de Atenas acaparado por Televisión Española. Si bien es cierto, que dicha cadena se nutrió
durante los meses de verano de la reposición de algunos de sus programas de
mayor éxito, a saber: Aquí no hay quien
viva, La sopa boba, y el de mayor audiencia desde hace años, Los Simpson. La reposición de estos
últimos lleva produciéndose durante doce temporadas (por ahora), sin que la
audiencia hasta el momento presente queja ninguna de ver año tras año –y
diariamente- los mismos episodios. Aunque de ello se resulte un empobrecimiento
de la oferta, sin duda es una buena forma de ahorrar en los presupuestos para
reinvertir en el invierno cuando la audiencia es más fiel y mayoritaria.
¿Es que la eficacia y la racionalidad sólo se puden dar en el marco de
la empresa privada? Un análisis más detenido de las partidas que disparan el
gasto público de la televisión nos lleva directamente a la producción externa.
En TVE, por ejemplo, sus trabajadores
han venido denunciando cómo los encargos de empresas foráneas, la de José Luis
Moreno era un caso, provoca que un programa se encarezca hasta el doble de lo
que sería su coste de realizarse con medios propios. En la Radiotelevisión Valenciana sucede otro tanto. Así, durante la etapa
de Sánchez Carrascosa, a la que antes hemos aludido, la privatización de la
producción de programas de Canal 9
alcanzó sus mayores cotas hasta el punto de que la partida presupuestada en
1997 para este capítulo, fue superada en 2.000 millones de pesetas. Esto es, el
50% del total de pérdidas que se acumularon en dicho ejercicio, lo que ha
venido repitiéndose desde entonces hasta ahora pudiéndose afirmar que cada año Canal 9 es 5.000 millones más cara. En
el 2003 el ente público pedía 124 millones de euros en préstamo arrastrando una
deuda de más de 360 millones al final del ejercicio[9].
A ello, debemos añadir los 20.000 millones de pesetas que se invierten en
comprar programas y derechos, en su mayor parte destinados a productoras
externas desaprovechando los propios recursos[10].
Como ejemplos contamos con el programa que dirigía Julián Lago: Panorma d’actualitat, con una audiencia
del 3% y un coste de 25 millones de pesetas por emisión. Una cifra elevada de
la que tres millones y medio por programa iban destinados al propio Julián
Lago. En esa misma tónica nos encontraríamos también con Sánchez Dragó cuyo
salario por su programa: Faro de Alejandría
(con similar audiencia al anterior) ascendía a los dos millones de
pesetas/programa. Tales prácticas que se repiten no sólo en los espacios de
ocio, cultura o entretenimiento, han llegado hasta los informativos. Es el caso
de la sección Blanques i negres donde
en la parte final del informativo se invita a distintas personas destacas de la
política, la empresa, el periodismo,... a defender un punto de vista
contrapuesto sobre una noticia más o menos relevante del día. La emisión sólo
dura dos minutos y medio y por la inclusión de los invitados, ha encarecido el
telenoticias. La normalidad aparente con la que se gestionan los dineros
públicos en los casos mencionados ha llegado a plantear el rescate de una
figura periodística decimonónica: el
fondo de reptiles, que en una televisión de marcado signo político es de
suponer ha de arrojar –si no un beneficio económico- sí al menos un superávit
ideológico.
En esta sintonía, con la polémica arrastrada desde la emisión del
primer programa, encontramos a Tómbola,
género periodístico inaudito en una televisión pública, especialmente la
valenciana si atendemos a sus presupuestos de creación, “nacida para la cultura”. Tómbola
supera el 20% de cuota de pantalla, lo que sin embargo queda contrarrestado con
su elevadísimo coste: 17.000.000 de pesetas por programa. De esta cantidad el
91% se va en pagar las retribuciones de los invitados y periodistas.
La pregunta inmediata es si dicha
gestión económica de carácter público, se ha realizado así por desconocimiento,
por convicción ideológica o por otros fines. Conocer la historia de las
empresas que se benefician, el tipo de contratos que se suscriben y los
productos que ofrecen arrojaría sin duda luz al caso. Así, por ejemplo, la
productora de Ángel Moreno, ha sido una de las principales clientas de Canal 9; en 1997 facturaba al ente
público autonómico valenciano 1.695 millones de pesetas por la producción de
los programas: Tómbola, En exclusiva,
Parle vosté calle vosté (la versión valenciana de Moros y Cristianos que emitiera en su día Tele 5) y En primera persona.
Entre enero de 1997 y junio de 1998, Astel Producciones producía para Canal 9 el programa Made in Comunitat Valenciana, así como el espacio infantil Alababalá[11]
sin menoscabo para conseguir otros clientes como la Generalitat (el anuncio Feria Empleo 98) o la Feria Muestrario
de Valencia con dos publirreportajes. En 1999 Canal 9 tomaba la decisión de incentivar a la productora de A.
Moreno con 250.000 pesetas si su programa “estrella”, Tómbola, conseguía superar el 25% de audiencia y 500.000 pesetas si
sobrepasaba el 30%. Pero la empresa citada, con todo, es una firma conocida en
el mercado audiovisual. Lo que abunda, por el contrario, son empresas recién
creadas. En abril de 1998 el diario valenciano Levante EMV desvelaba cómo en la etapa de Jesús Sánchez Carrascosa
al frene de TVV, se habían creado
diversas empresas con capitales en algunos casos casi simbólicos, al objeto de
beneficiase de ese proceso de privatización de la producción de programas.
Destaca, por ejemplo, la firma Astel
Producciones creada por exdirectivos de Canal
9 ligados al propio Sánchez Carrascosa, productores del programa La aventura del saber. La grabación del
mismo se efectuaba en los estudios de Valencia
TeVe[12],
siendo la Generalitat su principal cliente, con además, una distribución del
programa a otras veinte televisiones locales. Noguera de Roig, responsable de
la Sindicatura de Cuentas, advertía en un informe de diciembre de 2001 que la
situación económica de RTVV era tan
preocupante que exigía de forma urgente un plan de viabilidad que atajara el
gasto desbocado. Y la solución no fue seguir la recomendación de la Sindicatura
de Cuentas, sino reforzar la idea de la privatización. A finales de noviembre
de 2002 José Luis Olivas, presidente de la Generalitat respondía a preguntas
del PSPV-PSOE sobre los motivos para privatizar Canal 9. En el orden del día debía explicarse los beneficios que
reportaría dicha privatización, así como la propuesta del Partido Popular sobre si el Plan Hidrológico acabaría con el
déficit hídrico de la Comunidad Valenciana[13].
Asimismo la Sindicatura de Cuentas denunciaba incumplimientos de la normativa,
sobre todo en materia de adjudicación de contratos. Tales tramas han
desembocado numerosas veces en la sospecha de financiar empresas indirectas,
algo que se ha intentado denunciar sin éxito desde el propio púlpito de las
Cortes Valencianas. En este sentido, la dirección general de la Competencia de
la Comisión Europea tiene en marcha una investigación para comprobar si Canal 9 cumple los requisitos de
servicio público establecidos en la Ley de creación o si por el contrario está
sirviendo para otros fines. Todo ello salpicado de reiteradas acusaciones de
manipulación que el comité de redacción, en primera instancia, y el grupo
parlamentario de la oposición más tarde, reiteran con diversos datos de
prácticas de censura y consignas que supuestamente la dirección ejerce a favor
del Partido Popular, con mención
especial a la figura del presidente de la Generalitat. Para terminar de
enrarecer las informaciones que al respecto pudieran aclarar tales extremos, y
contraviniendo lo estipulado en la ley, se impuso una norma de silencio sobre
todo lo concerniente a los contratos para la producción de programas. Ello hace
más sabrosa la presa, en tanto en cuanto el silencio conduce directamente a la
sospecha de que se oculten tras dichos contratos pactos fraudulentos que
justificarían la insistencia en no hacerlos públicos.
El desbordamiento presupuestario, el
caos de gestión y sus efectos, principalmente el encarecimiento de la deuda,
desembocó en la idea de la privatización, siendo uno de los puntos electorales
de la campaña de 2003. El fantasma de la privatización empezó a sobrevolar
hacia octubre de 2002, los titulares periodísticos así lo anunciaban: “El Consell extiende la privatización a toda
RTVV y baraja el reparto en franjas horarias”, “El ente no descarta la
regulación de empleo”, “RTVV anuncia a su plantilla inmediata y total
privatización del ente”, “El proyecto del PP para la privatización de RTVV”,
“El Canal és 9 i el volem nostre”, “El Comité de Empresa de RTVV pide una
entrevista con Olivas”... El propio Sánchez Carrascosa, en esos momentos
propietario y director del rotativo Diario
de Valencia, informaba de que Eduardo Zaplana –por entonces en sus últimos
años de presidente de la Generalitat antes de dar el salto a Madrid- tenía un
plan para privatizar Canal 9 en
cuanto la ley se lo hiciera posible. Dicho plan se sustentaría en tres pilares
básicos, a saber: Uno: “Todo el mundo
tiene que salir contento, trabajadores, partidos, empresarios locales, grupos
de comunicación, inversores y financieros”. Dos: “Mantener el control de los
servicios informativos”. Tres: “Asegurar el puesto de trabajo a los periodistas
más conflictivos para garantizar su silencio”. También se afirmaba que “para
contar con el apoyo mediático de El País
y La Ser en esta operación, la
intención de Zaplana era dar entrada a PRISA
en el paquete de aspirantes”. Unos aspirantes entre los que se encuentran,
además, El Mundo, Zeta, Recoletos, ABC,
entre otros, dejando un hueco, asimismo, para los empresarios locales: Fernando
Roig, Ballester, Lladró..., los mismos por otra parte que contribuyeron a
financiar las ediciones valencianas de El
Mundo, la televisión local Valencia
TeVe y Diario de Valencia[14].
Por su parte, el exdirector de Canal 9 y ex jefe de campaña de Eduardo
Zaplana, Jesús Sánchez Carrascosa, puso en marcha una sociedad que pudiera
optar a la gestión de la cadena televisiva, hasta ahora pública, en cuyo seno participarían todas las
productoras y televisiones locales con una mínima solvencia para esgrimir la valencianía de esta oferta como
principal baza para quedarse con Canal 9.
De esta forma nacía Astel Producciones
y uno de sus fundadores a la vez que ex directivo del ente, Francisco J. Aura
Peidró[15],
contactaba con los responsables de la cadena local Televalencia para proponerles su entrada en dicho proyecto. Corría
el año 2002 y con este movimiento eran ya nueve las televisiones locales que
participarían en el asalto a Canal 9,
junto a las productoras más potentes del sector audiovisual valenciano[16].
Aura, al que se consideraba emisario de Sánchez Carrascosa ante varios
empresarios, explicó el proyecto a los gestores del canal propiedad de los
empresarios Ángel Raga y Juan Carlos Gómez Pantoja. El proyecto empresarial que
se expuso a Televalencia y a las
empresas participantes (Trivisión, Nissa,
Andro, Neón Producciones, Tabarca, Estudis Tabalet y la propia Astel, entre otras) consistiría en fijar
una participación testimonial en torno al uno por cien por parte de cada
productora o canal televisivo (Tele Elx,
Canal 55 de Benidorm, Canal 37). Por su parte, la mayoría de las acciones
estarían en manos de Valencia TeVe y
un socio tecnológico y capitalista como el Grupo
PRISA, cuya red de cadenas locales (Localia)
emitía ya sus contenidos por Valencia
TeVe, en cuyo capital social también participaba[17].
Al final de todo el recorrido fueron
37 las empresas -entre productoras, televisiones y empresas de doblaje y
sonorización-, las que participaron en lo que vino en llamarse Plataforma Audiovisual Valenciana S.A.,
constituida el 25 de noviembre de 2002 bajo el impulso de Eduardo Zaplana y
Jesús Sánchez Carrascosa para pujar por la adquisición de la televisión
autonómica valenciana. Éste último se reservaba el puesto de presidente del
Consejo de Administración designando a Francisco Aura consejero delegado[18].
En el acuerdo de constitución ante notario, se recogía que Valencia TeVe se reservaba el 60% de la compañía lo que suponía
36.000 acciones, mientras que el resto de acciones se repartía entre todos los
socios sin que ninguno de ellos sobrepasara el 1-2% del control de los títulos.
El capital social inicial era de 600.000 euros cuyo monto mayoritario corría a
cargo de Valencia TeVe pese a su
endeudamiento constante desde su nacimiento en enero de 1996[19].
Alimentada por la publicidad institucional desde sus primeros programas de
emisión ilegal, el primer año de puesta en antena perdió 91’7 millones de pesetas
cerrando ese año con una deuda de 246 millones. Con todo, tanto la Generalitat
como el Ayuntamiento de Valencia y la Diputación se volcaron a la hora de inyectar fondos tanto en forma
de dinero como en lo que respecta a la colaboración con medios técnicos
facilitados a precio irrisorio por Canal
9.
De pronto parecía como si todo fueran urgencias en relación a este
tema, como si la privatización de la televisión pública valenciana fuera una
cuestión imperiosa, que en esos momentos se achacaba a los malos resultados que
se preveían en las encuestas para las elecciones autonómicas. Si una gran parte
de la producción de programas ya se había privatizado y si los informativos
–como desarrollamos más adelante- se habían convertido en una especie de gabinete
de prensa del PP valenciano[20],
¿qué razón había para la urgencia?, ¿por qué y para qué delegar en manos de una
empresa privada la gestión de la televisión y de la radio? Propongamos algunas
respuestas. Primera: se deseaba privatizar para evitar que los 50.000 millones
de pesetas de deuda que año tras año sigue creciendo. Ello supondría un gran
fracaso de gestión del Partido Popular, o quizá no tanto si atendemos a otros
valores y a futuros socios. Segunda: privatizar para evitar que se siga
criticando la manipulación informativa, aunque ello significaría reconocer tal
uso. Tercera: privatizar, finalmente, porque nadie ha puesto encima de la mesa
una alternativa mejor, un modelo totalmente distinto[21].
Pero también las posibles respuestas podrían ser más sencillas. Privatizar para
no perder nunca el poder de una radio y una televisión que fueron dotadas con
los mejores equipos técnicos en su momento. No perderla como instrumento de
propaganda, o si se desea, ganarla frente a la posibilidad de un cambio de giro
político en el Consell valenciano.
En 2003 el sucesor de Sánchez Carrascosa como director de RTVV desde 1996, José Vicente
Villaescusa[22], ponía sobre la mesa el pliego de condiciones
para llevar a cabo la privatización del ente, y sacaba a concurso la contratación
del servicio de edición de los informativos, los contenidos audiovisuales y la
venta de publicidad, fijando como límite de la concesión el año 2008.
Encerrados en un despacho y sin los vocales del PSPV, el 24 de marzo el PP
valenciano aprobaba un proyecto que ha terminado recurrido en seis ocasiones
ante los tribunales de justicia. Éstos han considerado hasta el momento “nulo y
sin efecto” el acuerdo que tomó la dirección de RTVV, en cuyas sentencias se expresa que dicho acuerdo vulnera las
normas establecidas en la Ley de Creación y del Tercer Canal. La intervención
de los sindicatos llevó a los tribunales el concurso dilatando el proceso
–iniciado por Zaplana, aunque materialmente ejecutado por su sucesor J.L.
Olivas- hasta ser heredado por Francisco Camps, actual presidente de la
Generalitat Valenciana, y contrario a dicho plan de privatización. Pese a todo,
José Vicente Villaescusa nunca dejó de defenderlo, lo que –entre otros
factores- terminaría por pasarle cuentas.
Es una constante que el Comité de
Redacción de Canal 9 denuncie a la
cadena de superficialidad, propaganda y sensacionalismo al servicio de un
partido político. Y ya son cuatro las memorias de seguimiento de los
informativos que dicho comité viene realizando como demostración de tales
aseveraciones. Según estas fuentes la dirección de los informativos se plantea
como objetivos el mantener una imagen idílica de la Comunidad Valenciana
alejándose de las cuestiones polémicas y ocupándose por el contrario de los
asuntos más superficiales. El comité asegura en sus informes, que la
manipulación y la censura son práctica constantes llegando en determinados
momentos a límites intolerables en una democracia. Se responde a intereses
partidistas alejándose del debate social destacando y construyendo la figura
del líder del partido mayoritario bajo cuyo control se encuentra Canal 9. Tales planteamientos, ha
llevado a una práctica profesional desquiciante, según los miembros del Comité
de Redacción que ponen como ejemplo el “despachar en cuarenta segundos una
novedad importante sobre el caso Pinochet, mientras el rescate de un gato se
narra en dos minutos y medio. La técnica es sencilla: se ocultan las noticias
que molestan magnificando los hechos intrascendentes”. Siguiendo esta tendencia
toda la parrilla programática de la cadena queda contaminada. El 75 por ciento
de los informativos está destinado al fútbol, los sucesos, las fiestas y los
asuntos frívolos; hasta quince noticias de sucesos se han llegado a ofrecer en
un mismo informativo y sólo una de cada cien noticias está referida a la
actualidad política valenciana. El Comité de Redacción de Canal 9 asegura que si las magnitudes macroeconómicas son
favorables la acción del presidente de la Generalitat se mostrará como
determinante; en cambio, si los datos son negativos éstos se deberán a la
influencia de un momento confuso y difícil de la economía en el ámbito
internacional.
Durante el período de gobierno
autonómico de Eduardo Zaplana, era chascarrillo irónico habitual entre gran
parte de los periodistas el asegurar que Zaplana era un presentador más de Canal 9. Incluso cuando marchó a Madrid
para hacerse cargo de un ministerio, siendo sustituido por José Luis Olivas,
primero, y Francisco Camps[23],
después, Eduardo Zaplana seguía acaparando la mayor cuota de pantalla de los
informativos valencianos de su televisión pública. Algunos hasta aseguraron más
tarde que tal bagaje le había facilitado el cargo de portavoz del Gobierno. Un
informe del Comité de Redacción de Canal
9 elaborado el 13 de julio de 2000, fecha en que se cumplía un año de las
últimas elecciones autonómicas, la cadena emitió en un solo día treinta
declaraciones del por entonces presidente de la Generalitat y ni una de la
oposición. Eduardo Zaplana sumaba 5’3 veces más apariciones televisivas que
todos los políticos de la oposición juntos y en tan sólo seis meses alcanzaba
un total de 318 apariciones en el Notícies
9, el informativo de la cadena autonómica. Por su parte, el conjunto de los
dirigentes del PSPV-PSOE anotaban 31 apariciones y 29 los de Esquerra Unida.
Ello supone un desequilibrio absoluto cuando se considera el resultado de las
elecciones autonómicas de junio de 1999 en las que el PP obtenía el 48% de los
votos, el PSOE, el 34% y EU el 6%.
Los ejemplos se suceden casi
diariamente, para no cansar y cerrar nuestra disertación relataremos el más
reciente. Hace referencia al 23 de marzo de 2004 día en el que la cadena
interrumpe su emisión para anunciar el nombramiento de Eduardo Zaplana como
portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados. Se ofrecieron dos
avances informativos obviando por otra parte, la noticia más importante del
día: la detención en Valencia de dos presuntos terroristas islámicos. A las
18.20 horas de la tarde y las 19.40 Canal
9 corta la emisión del western El último pistolero[24]
para ofrecer sendos avances informativos de dos minutos y treinta y seis
segundos con una audiencia del 35% y el 26’1% respectivamente. Se trataba de
una hora absolutamente excepcional ya que la cadena emite un avance informativo
poco después de las 20 horas para anunciar los temas más importantes de la
segunda edición del Notícies 9. Esa
tarde sin embargo hubo tres, dos de ellos especiales y centrados exclusivamente
en el ministro de Trabajo en funciones. En el tercero, el que consideramos el
avance habitual, se incluyó además como noticia de última hora (pese a disponer
de la información por las agencias desde las 18,19 horas de la tarde) la
detención en Valencia de tres presuntos terroristas islámicos[25].
Pero la manipulación de la información no sólo se ha centrado en destacar al
presidente de la Generalitat y al partido que lo sustenta, sino también en
desacreditar al líder de la oposición: Joan Ignaci Plá. En un acto con
empresarios para explicar la propuesta del PSPV sobre el Plan Hidrológico
Nacional la cobertura del mismo por parte de la televisión pública valenciana
incluyó una serie de abucheos que según denuncia del PSPV fueron imágenes
compradas a TVE. La respuesta del PP
fue alegar que se trataba de un intercambio de imágenes entre las dos cadenas
además de que la noticia había salido en todos los medios[26].
Otra de las patatas calientes que arden en las manos de los gestores de Canal 9 es la falta de promoción del
valenciano, afrontándose desde la consigna de utilizar los términos más
próximos al castellano, huyendo de otros que se consideran peligrosamente catalanizantes como atur (paro), prémer
(pulsar/apretar), nombre (número), etc. Y mientras la cadena autonómica
catalana TV3 se rige por volcar al
catalán toda su parrilla programática en la que incluiríamos gran parte del
doblaje de los anuncios, su homóloga valenciana parece pretender justo lo
contrario situándose a las antípodas de este planteamiento, alejándose una vez
más de los presupuestos legales que la hicieron arrancar como proyecto cultural
autóctono.
En
ciento sesenta y cuatro ocasiones, los grupos de la oposición valencianos
demandaron la dimisión del director general de RTVV en los últimos ocho años, José Vicente Villaescusa, algo que
él mismo recordaba en una intervención en las Cortes Valencianas, antes de
dejar su cargo. El 30 de junio de 2004, y contra todo pronóstico tras los
largos años de denuncias públicas de sindicatos, medios de comunicación,
partidos políticos,... Villaescusa renunciaba a su cargo. Ese día de nuevo Canal 9 dejaba su impronta relegando la
noticia en rango de importancia al puesto noveno de su informativo de medio día
y al tercero del de la noche. En ellos se defendía su gestión argumentada por
el “incremento del uso del valenciano, la promoción de la cultura propia, así
como las cifras de audiencia (...)”[27].
La polémica estaba servida y reconocidos zaplanistas
se aprestaron a realizar declaraciones tendentes a preservar en sus cargos a
Genoveva Reig (Canal 9 y Punt 2) y Jesús Wollstein (Rádio 9 y Sí Ràdio)[28].
Una vez más el largo brazo de Zaplana se negaba a perder su control del ente
público. No importaba la deuda, ni la propaganda descarada tantas veces
anunciada en la prensa y denunciada en las Cortes Valencianas, ni que el propio
Villaescusa fuera imputado de un presunto delito contra los derechos cívicos
ciudadanos recogidos en el artículo 542 del Código Penal[29],
ni siquiera el escándalo más llamativo y reciente del programa Tómbola, en el que a uno de los
invitados se le midió el pene en directo. Las loas al director saliente[30]
y al equipo directivo que todavía permanecía en su puesto no se hicieron
esperar. Primero fue el portavoz del Partido Popular en las Cortes Valencianas,
Serafín Castro, quien manifestaba “la gestión brillante y excelente de
Villaescusa”, señalando estar convencido de que el ente seguiría contando con
los “grandes profesionales y con el gran equipo directivo”. A éste siguió el
presidente de las Cortes Valencianas y presidente del PP en la provincia de
Alicante, Julio España, quien resaltaba “su deseo de permanencia del equipo
directivo para continuar con la labor de los últimos años (...) Se lo merece y
ha conseguido unos resultados espectaculares en la programación”. Cierto que
son hasta ahora espectaculares, y que la ironía resultaría demasiado evidente y
fácil para hacerla patente. En tercer lugar las agencias de noticias recogían
las declaraciones al respecto del diputado del PP en el Congreso y Secretario
de Estado mientras Eduardo Zaplana fuera ministro, Fernando Castelló, en los
siguientes términos: “El buen hacer del equipo directivo de RTVV hace pensar que continuarán en sus
puestos para que no se produzca la ruptura en la marcha ascendente”. Por
último, el propio Zaplana decía de Villaescusa ser un excelente director, una
persona por la que sentía un gran afecto, y para rematar con un tono castizo
añadía: “durante el tiempo que ocupó el cargo del que ahora dimite lo hizo
francamente bien”. ¿Aviso a navegantes? ¿Qué haría ahora Camps[31]?
¿Cuál es la razón de ser de la Televisión
Valenciana?
Sin duda las razones reflejadas en su
estatuto de creación no parecen ser bajo ningún punto de vista, objetivo del
ente público autonómico en sus veinte años de vida. Así pues, crear un servicio
público de fines culturales y establecer como medidor de su eficacia la
rentabilidad económica ha viciado desde sus orígenes la posibilidad de una
gestión racional y eficaz. El objetivo de conseguir audiencia a cualquier
precio, para obtener una rentabilidad comercial –que no sólo nunca ha llegado,
sino que nunca llegará- ha provocado que la programación se alejara a toda
velocidad del fin cultural señalado. Es más, programas concretos donde las
peleas en directo (Parle vosté, calle
vosté, o Tómbola) eran, y son, un
claro exponente de agresión a la cultura. Prácticas de fondo de reptiles, dilapidación del erario público en productoras
externas para adquirir programas con bajos índices de audiencia, la
manipulación propagandística... todo lleva a pensar en la televisión valenciana
como un cadáver al que despojar antes de reconvertirlo en una empresa privada a
la que seguir sacándole provecho. Lo inteligente de este complicado a la vez
que sencillo proceso, es el rédito político que de todo ello se puede sacar, -y
se saca- en las sucesivas campañas electorales.
[1] Ley de la
Generalitat Valenciana 7/1984 de 4 de julio.
[2] Ibidem.
[3] El 27 de
noviembre de 1995 renunciaba a su cargo en la Generalitat y creaba en enero de
1996 la cadena de televisión Valencia
TeVe. El 3 de abril era nombrado director de Canal 9 dejando este cargo el 2 de noviembre de 1997 para
encargarse, una vez más, de la campaña electoral del Partido Popular valenciano de 1999.
[4] En los diez y
nueve meses en los que Sánchez Carrascosa gestionó la Televisión Valenciana acumuló una deuda superior a 4.000 millones
de pesetas.
[5] La cadena más
vista era Tele 5 (1.535.000), seguida
por TVE 1 (1.428.000) y Antena 3 (1.402.000). Fuente IVE: “La
Comunidad Valenciana en cifras”, 2001.
[6] Noticias de la Comunicación, núm. 210,
enero 2002.
[7] Datos
extraídos por BLANCAS, A.I., para el diario Levante-EMV,
1 de julio de 2004.
[8] Las dos
principales cadenas privadas, Antena 3
y Tele 5, obtenían en 1999 unos
resultados positivos antes de impuestos cercanos a los 44.000 millones de
pesetas.
[9] Diario Las Provincias de 26 de noviembre de
2002.
[10] Según recogía
la prensa valenciana, productoras creadas con un capital inicial de un millón
de pesetas firmaron contratos con TVV
por valor de 300 millones.
[11] Este programa
constituyó 350 horas de producción repartidas en 175 de programas grabados y
168 en directo.
[12] Cuando en
1997 J. Sánchez Carrascosa cesó como director de TVV desembarcó en la televisión local, Valencia TeVe, promovida aparentemente por su mujer María Consuelo
Reyna (ex directora del diario
conservador valenciano Las Provincias)
y de inversores valencianos salidos de Canal
9.
[13] Las Provincias, 26 de noviembre de 2002.
[14] El Siglo, núm. 431, 9 de octubre de
2000.
[15] Aura Peidró
había sido el responsable de contratación de programas en la Televisión
Valenciana.
[16] Todo esto se
explica en sucesivos artículos aparecidos en el diario Levante-EMV de 6 y 26 de noviembre de 2002.
[17] Ibídem.
[18] Aura era en
esos momentos uno de los socios de Astel
Producciones, ex director de Valencia
TeVe y ex directivo de Canal 9,
al tiempo que gerente del Diario de
Valencia. Su destino había quedado, pues, ligado a la propia trayectoria de
Sánchez Carrascosa.
[19] Levante-EMV 25 de mayo de 2003.
[20] El 43’2% de
las fuentes de los informativos son institucionales.
[21] LAGUNA, A.:
“Privatizar RTVV, ¿para qué?”, en Levante-EMV,
22-XII-2002, pg. 5.
[22] Villaescusa
llegó al ente en junio de 1996 de la mano de Eduardo Zaplana tras la dimisión
de Juan José Bayona (sucesor por muy poco tiempo de Sánchez Carrascosa). En sus
ocho años como máximo responsable de RTVV
los índices de audiencia alcanzaron sus cotas más bajas, al tiempo que
aumentaban las deudas dejadas por el propio Sánchez Carrascosa. En su haber
figura la creación del segundo canal autonómico, Punt 2, el Canal Comunitat
Valenciana, los centros de producción de Castellón y Alicante y la nueva
emisora Sí Ràdio.
[23] El 6 de septiembre de 2002 Francisco Camps logra la
“mayoría absoluta” en el informativo Notícies
9: comenzaba la precampaña electoral. El candidato popular a la Generalitat
contó con 16 minutos y 15 segundos para explicar, en primera persona, sus
propuestas y opiniones en los informativos de mediodía y noche emitidos entre
el 6 y el 30 de septiembre. En los sesenta noticiarios analizados de esas tres
semanas, Camps tuvo la oportunidad de hacer declaraciones directamente a cámara
en veinte y ocho ocasiones, según un informe de los socialistas valencianos.
[24] Programa de
mayor audiencia de la cadena esa tarde.
[25] Todos los
datos recogidos en Levante-EMV del 25
de marzo de 2004.
[26] Levante-EMV de 28 de noviembre de 2002.
[27] Recogido por
la prensa del 1 de julio de 2004.
[28] Genoveva
Reig, ex jefa de Prensa del Ayuntamiento de Benidorm mientras lo lideró
Zaplana, directora general de Medios de Comunicación de la Generalitat, bajo su
presidencia, y directora de TVV desde
1998. Subdirectora del Gabinete de Presidencia del Consell y ex diputada del
PP. Por su parte Wollstein fue nombrado el 3 de septiembre de 2003 en su cargo
frente a Rádio 9 y anteriormente era
contratista del Ayuntamiento de Valencia a las órdenes de Rita Barberá. Marido
de la concejal del PP en el Ayuntamiento de Valencia, Marta Torrado, sustituía
a Anacleto Rodríguez bajo el argumento de las bajas audiencias de Ràdio 9, quien desde 2001 año en que
había accedido al cargo registraba una pérdida de la mitad de los oyentes.
[29] En diciembre
de 2002 se dirimió ante el juez su posible incumplimiento de obligación legal
de informar debidamente de la gestión económica del ente a su Consejo de
Administración, soslayando así la función de control de éste. Información
extraída del diario Levante-EMV, 16
de diciembre de 2002.
[30] Según se
desprende de las noticias publicadas por los principales diarios valencianos
del día del comunicado de la renuncia, a la prensa así como de la propia Agencia EFE, el director general de RTVV “dejaba el cargo tras un ultimátum
del Consell, que le dio a elegir entre la renuncia o la inminente destitución”
. Información, 1 de julio de 2004.
[31] Villaescusa
pasó a comisionado especial del futuro Museo del siglo XIX. Dicho museo no
tiene figura jurídica propia y no posee colecciones. Hasta el momento utiliza
los fondos del Museo San Pío V, dependiente del Ministerio de Cultura, y de la
Academia de Bellas Artes de San Carlos. Asimismo, el personal con que cuentan
las salas abiertas del siglo XIX pertenece a la plantilla del Museo Bellas
Artes, titularidad también del Ministerio de Cultura.
[32] Periodista
venido de la Agencia EFE y ABC. Inició su actividad en la
Administración en el Ayuntamiento de Valencia como asesor del entonces concejal
de Unió Valenciana, Társilo Piles, incorporándose a la Generalitat en 1995
colaborando en la campaña electoral facilitándole el cargo de Jefe de Prensa de
E. Zaplana. En las últimas elecciones autonómicas pasó a ser el hombre de
confianza de Francisco Camps lo que le valió su nombramiento de Secretario
Autonómico de Comunicación hasta la fecha del 2 de julio de 2004.
[33] Según
explicaciones del conseller de Presidencia Alejandro Font de Mora.