TELEVISIÓN PÚBLICA Y DEMOCRACIA. EL CASO VALENCIANO

Antonio Laguna, Historiador.

Inma Rius, doctora en Historia, Universidad Cardenal Herrera CEU. Valencia.

 

Los inicios. ¿Para qué una televisión pública autonómica?

La Generalitat Valenciana promulgaba el 4 de julio de 1984, una ley por la cual se creaba la entidad pública Radiotelevisión Valenciana (RTTV), constituyéndose –según se hacía constar- una muestra de la voluntad política de asumir la responsabilidad contraída de hacer avanzar la consolidación de la Administración Autonómica, por un lado, y la conciencia de diferenciación como pueblo, por otro[1]. La creación de unos medios de comunicación social valencianos eran contemplados, pues, desde los inicios de la televisión pública autonómica, como uno de los soportes precisos e inequívocos del desarrollo cultural propio. Con esta Ley, el ejercicio de la potestad atribuida a la Generalitat Valenciana en el artículo 37 de su Estatuto de Autonomía, se ponía la primera piedra que debía construir un proyecto comunicativo donde se contemplara el fomento y desarrollo de las peculiaridades del pueblo valenciano, se facilitara la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social y se promoviera las condiciones para que la libertad y la igualdad de los individuos fuera garantía real y efectiva. Tanto en el fondo como en la superficie de dicha Ley, se hacía constar una antigua aspiración de los valencianos: la de expresarse y comunicarse en su propia lengua para lo cual, los medios de comunicación de carácter público constituyen el soporte idóneo además de la evidencia irreprochable de nuestra voluntad política, según la expresión del por entonces presidente de la Generalitat, el socialista Joan Lerma Blasco[2]. Por tanto, Radio Televisión Valenciana se creó como medio para ejercer unas funciones culturales prioritarias. Además se auguraba que debería impulsar la comunicación audiovisual valenciana, estimulando la producción y creación, así como la formación profesional.

De acuerdo con el artículo 4 de la Ley de creación de dicha televisión, las funciones de gobierno de la misma serían realizadas por tres órganos: el Director General, nombrado por el presidente de la Generalitat y que, a su vez, designaría a los directores de radio y televisión. El Consejo de Administración, integrado proporcionalmente por representantes de los diferentes grupos parlamentarios, y un Consejo Asesor destinado a permitir la participación de diferentes sectores sociales en las tareas de gestión y control, pero que a día de hoy todavía no ha sido creado. Como se deduce de lo expuesto, el modelo desde su gestación proporcionaba al partido gobernante –especialmente con una mayoría absoluta- el control prácticamente absoluto del medio. Como prueba tan solo hay que destacar que el tipo de personas que se nombran para ejercer la dirección de Canal 9 han sido hasta el momento colaboradores estrechos del propio presidente de la Generalitat. Fue el caso de Jesús Sánchez Carrascosa, director de TVV entre la primavera de 1996 y noviembre de 1997, habiendo sido previamente responsable de la campaña electoral autonómica del Partido Popular (desde 1993  1995) y secretario general de Presidencia tras el triunfo popular valenciano en 1995[3]. Es el caso, asimismo, de la actual directora, Genoveva Reig, que había sido jefa de prensa de Eduardo Zaplana en el Ayuntamiento de Benidorm y anteriormente a su nombramiento televisivo ocupaba el cargo de directora general de Agenda y Protocolo de Presidencia en la Generalitat Valenciana.

 

La financiación: razones de la deuda

Televisión Valenciana, como cualquier otra televisión de titularidad pública de nuestro país, se nutre económicamente de los presupuestos públicos, en este caso de la Generalitat Valenciana. Sin embargo, la Ley de Creación de RTVV previó que ésta podía autofinanciarse con los beneficios que obtuviese de sus actividades, especialmente la publicidad. Este principio la condenó a seguir el modelo comercial de cualquier televisión privada que prioritariamente se rige por emitir programas independientemente de su calidad cultural e informativa, en miras a conseguir incrementar las audiencias que posibiliten la captación de anuncios. Sin embargo, la autofinanciación nunca se ha producido, y por mucho que se haya recurrido a programas para ganar un público suculento, los aportes por la emisión de publicidad nunca han sobrepasado el 25% del conjunto de los recursos. El resultado es que si en el último año de la etapa socialista en Valencia, Canal 9 costó 10.485 millones, en el 2002 de la era del Partido Popular, la cifra aumentaba hasta alcanzar los 50.000 millones[4]. El espectacular crecimiento de la deuda y las pérdidas  ha sido imparable acumulándose en el último ejercicio en 119.253 millones de euros. Hasta 1999 los resultados negativos se financiaban con ampliaciones de capital, pero posteriormente se cambió al modelo de préstamos a largo plazo. En el último año, con el cambio de Olivas por Camps en la Generalitat, el Consell paralizó el aval de 132 millones de euros que pedía el ente para financiar sus gastos.

Pese a que la media de valencianos que ven la televisión diariamente es muy alta: el 90%, realizando dicha actividad además por espacio de tres horas y media, según un estudio de Sofres del 2001, las dos cadenas valencianas eran seleccionadas por tan solo el 20% de los telespectadores. Dicha tendencia se ha mantenido hasta hoy, de lo que resulta que ocho de cada diez valencianos prefieren otras ofertas televisivas[5]. Canal 9 alcanzaba ese mismo año una cuota de pantalla del 18.7 frente al 21.2, y el 20.6 que en la comunidad valenciana conseguían respectivamente Tele 5, por un lado, y TVE 1 y Antena 3 por otro[6]. Los datos últimos todavía son más desalentadores. En los meses recientes a la elaboración de nuestro estudio (verano del 2004) la parrilla de programación atravesaba el peor momento de su historia, con índices de audiencia que en el último año habían pasado del 18’2 por cien al 14’6 del mes de julio, con una media de siete puntos por debajo de la audiencia valenciana del resto de televisiones: 21’7 (Tele 5), 21’3 (TVE) y 20’7 (Antena 3). La única franja horaria que mantiene hasta ahora sus porcentajes es la de la mañana (el 11%) mientras que sobremesa, tarde, noche y madrugada pierden entre cuatro y cinco puntos. Por lo que respecta a Punt 2, el segundo de los canales de RTVV, la audiencia acumulada en lo que va de año era del 1’9 por cien. Aún siendo tan baja, todavía se observaba un descenso con respecto al share obtenido en 2003 (2%).[7]

Sin la suficiente audiencia irremisiblemente la deuda contraída fue aumentando y mientras el modelo público de televisión una vez más se endeudaba, el presentado por las televisiones privadas, en cambio, arrojaba unos inmejorables resultados[8]. En septiembre de 2004, Antena 3 anunciaba en uno de sus informativos que durante el mes de agosto había conseguido los mejores resultados de audiencia pese al monopolio informativo de la cobertura de las Olimpiadas de Atenas acaparado por Televisión Española. Si bien es cierto, que dicha cadena se nutrió durante los meses de verano de la reposición de algunos de sus programas de mayor éxito, a saber: Aquí no hay quien viva, La sopa boba, y el de mayor audiencia desde hace años, Los Simpson. La reposición de estos últimos lleva produciéndose durante doce temporadas (por ahora), sin que la audiencia hasta el momento presente queja ninguna de ver año tras año –y diariamente- los mismos episodios. Aunque de ello se resulte un empobrecimiento de la oferta, sin duda es una buena forma de ahorrar en los presupuestos para reinvertir en el invierno cuando la audiencia es más fiel y mayoritaria.

¿Es que la eficacia y la racionalidad sólo se puden dar en el marco de la empresa privada? Un análisis más detenido de las partidas que disparan el gasto público de la televisión nos lleva directamente a la producción externa. En TVE, por ejemplo, sus trabajadores han venido denunciando cómo los encargos de empresas foráneas, la de José Luis Moreno era un caso, provoca que un programa se encarezca hasta el doble de lo que sería su coste de realizarse con medios propios. En la Radiotelevisión Valenciana sucede otro tanto. Así, durante la etapa de Sánchez Carrascosa, a la que antes hemos aludido, la privatización de la producción de programas de Canal 9 alcanzó sus mayores cotas hasta el punto de que la partida presupuestada en 1997 para este capítulo, fue superada en 2.000 millones de pesetas. Esto es, el 50% del total de pérdidas que se acumularon en dicho ejercicio, lo que ha venido repitiéndose desde entonces hasta ahora pudiéndose afirmar que cada año Canal 9 es 5.000 millones más cara. En el 2003 el ente público pedía 124 millones de euros en préstamo arrastrando una deuda de más de 360 millones al final del ejercicio[9]. A ello, debemos añadir los 20.000 millones de pesetas que se invierten en comprar programas y derechos, en su mayor parte destinados a productoras externas desaprovechando los propios recursos[10]. Como ejemplos contamos con el programa que dirigía Julián Lago: Panorma d’actualitat, con una audiencia del 3% y un coste de 25 millones de pesetas por emisión. Una cifra elevada de la que tres millones y medio por programa iban destinados al propio Julián Lago. En esa misma tónica nos encontraríamos también con Sánchez Dragó cuyo salario por su programa: Faro de Alejandría (con similar audiencia al anterior) ascendía a los dos millones de pesetas/programa. Tales prácticas que se repiten no sólo en los espacios de ocio, cultura o entretenimiento, han llegado hasta los informativos. Es el caso de la sección Blanques i negres donde en la parte final del informativo se invita a distintas personas destacas de la política, la empresa, el periodismo,... a defender un punto de vista contrapuesto sobre una noticia más o menos relevante del día. La emisión sólo dura dos minutos y medio y por la inclusión de los invitados, ha encarecido el telenoticias. La normalidad aparente con la que se gestionan los dineros públicos en los casos mencionados ha llegado a plantear el rescate de una figura periodística decimonónica: el fondo de reptiles, que en una televisión de marcado signo político es de suponer ha de arrojar –si no un beneficio económico- sí al menos un superávit ideológico.

En esta sintonía, con la polémica arrastrada desde la emisión del primer programa, encontramos a Tómbola, género periodístico inaudito en una televisión pública, especialmente la valenciana si atendemos a sus presupuestos de creación, “nacida para la cultura”. Tómbola supera el 20% de cuota de pantalla, lo que sin embargo queda contrarrestado con su elevadísimo coste: 17.000.000 de pesetas por programa. De esta cantidad el 91% se va en pagar las retribuciones de los invitados y periodistas.

            La pregunta inmediata es si dicha gestión económica de carácter público, se ha realizado así por desconocimiento, por convicción ideológica o por otros fines. Conocer la historia de las empresas que se benefician, el tipo de contratos que se suscriben y los productos que ofrecen arrojaría sin duda luz al caso. Así, por ejemplo, la productora de Ángel Moreno, ha sido una de las principales clientas de Canal 9; en 1997 facturaba al ente público autonómico valenciano 1.695 millones de pesetas por la producción de los programas: Tómbola, En exclusiva, Parle vosté calle vosté (la versión valenciana de Moros y Cristianos que emitiera en su día Tele 5) y En primera persona. Entre enero de 1997 y junio de 1998, Astel Producciones producía para Canal 9 el programa Made in Comunitat Valenciana, así como el espacio infantil Alababalá[11] sin menoscabo para conseguir otros clientes como la Generalitat (el anuncio Feria Empleo 98) o la Feria Muestrario de Valencia con dos publirreportajes. En 1999 Canal 9 tomaba la decisión de incentivar a la productora de A. Moreno con 250.000 pesetas si su programa “estrella”, Tómbola, conseguía superar el 25% de audiencia y 500.000 pesetas si sobrepasaba el 30%. Pero la empresa citada, con todo, es una firma conocida en el mercado audiovisual. Lo que abunda, por el contrario, son empresas recién creadas. En abril de 1998 el diario valenciano Levante EMV desvelaba cómo en la etapa de Jesús Sánchez Carrascosa al frene de TVV, se habían creado diversas empresas con capitales en algunos casos casi simbólicos, al objeto de beneficiase de ese proceso de privatización de la producción de programas. Destaca, por ejemplo, la firma Astel Producciones creada por exdirectivos de Canal 9 ligados al propio Sánchez Carrascosa, productores del programa La aventura del saber. La grabación del mismo se efectuaba en los estudios de Valencia TeVe[12], siendo la Generalitat su principal cliente, con además, una distribución del programa a otras veinte televisiones locales. Noguera de Roig, responsable de la Sindicatura de Cuentas, advertía en un informe de diciembre de 2001 que la situación económica de RTVV era tan preocupante que exigía de forma urgente un plan de viabilidad que atajara el gasto desbocado. Y la solución no fue seguir la recomendación de la Sindicatura de Cuentas, sino reforzar la idea de la privatización. A finales de noviembre de 2002 José Luis Olivas, presidente de la Generalitat respondía a preguntas del PSPV-PSOE sobre los motivos para privatizar Canal 9. En el orden del día debía explicarse los beneficios que reportaría dicha privatización, así como la propuesta del Partido Popular sobre si el Plan Hidrológico acabaría con el déficit hídrico de la Comunidad Valenciana[13]. Asimismo la Sindicatura de Cuentas denunciaba incumplimientos de la normativa, sobre todo en materia de adjudicación de contratos. Tales tramas han desembocado numerosas veces en la sospecha de financiar empresas indirectas, algo que se ha intentado denunciar sin éxito desde el propio púlpito de las Cortes Valencianas. En este sentido, la dirección general de la Competencia de la Comisión Europea tiene en marcha una investigación para comprobar si Canal 9 cumple los requisitos de servicio público establecidos en la Ley de creación o si por el contrario está sirviendo para otros fines. Todo ello salpicado de reiteradas acusaciones de manipulación que el comité de redacción, en primera instancia, y el grupo parlamentario de la oposición más tarde, reiteran con diversos datos de prácticas de censura y consignas que supuestamente la dirección ejerce a favor del Partido Popular, con mención especial a la figura del presidente de la Generalitat. Para terminar de enrarecer las informaciones que al respecto pudieran aclarar tales extremos, y contraviniendo lo estipulado en la ley, se impuso una norma de silencio sobre todo lo concerniente a los contratos para la producción de programas. Ello hace más sabrosa la presa, en tanto en cuanto el silencio conduce directamente a la sospecha de que se oculten tras dichos contratos pactos fraudulentos que justificarían la insistencia en no hacerlos públicos.

            El desbordamiento presupuestario, el caos de gestión y sus efectos, principalmente el encarecimiento de la deuda, desembocó en la idea de la privatización, siendo uno de los puntos electorales de la campaña de 2003. El fantasma de la privatización empezó a sobrevolar hacia octubre de 2002, los titulares periodísticos así lo anunciaban: “El Consell extiende la privatización a toda RTVV y baraja el reparto en franjas horarias”, “El ente no descarta la regulación de empleo”, “RTVV anuncia a su plantilla inmediata y total privatización del ente”, “El proyecto del PP para la privatización de RTVV”, “El Canal és 9 i el volem nostre”, “El Comité de Empresa de RTVV pide una entrevista con Olivas”... El propio Sánchez Carrascosa, en esos momentos propietario y director del rotativo Diario de Valencia, informaba de que Eduardo Zaplana –por entonces en sus últimos años de presidente de la Generalitat antes de dar el salto a Madrid- tenía un plan para privatizar Canal 9 en cuanto la ley se lo hiciera posible. Dicho plan se sustentaría en tres pilares básicos, a saber: Uno: Todo el mundo tiene que salir contento, trabajadores, partidos, empresarios locales, grupos de comunicación, inversores y financieros”. Dos: “Mantener el control de los servicios informativos”. Tres: “Asegurar el puesto de trabajo a los periodistas más conflictivos para garantizar su silencio”. También se afirmaba que “para contar con el apoyo mediático de El País y La Ser en esta operación, la intención de Zaplana era dar entrada a PRISA en el paquete de aspirantes”. Unos aspirantes entre los que se encuentran, además, El Mundo, Zeta, Recoletos, ABC, entre otros, dejando un hueco, asimismo, para los empresarios locales: Fernando Roig, Ballester, Lladró..., los mismos por otra parte que contribuyeron a financiar las ediciones valencianas de El Mundo, la televisión local Valencia TeVe y Diario de Valencia[14].

            Por su parte, el exdirector de Canal 9 y ex jefe de campaña de Eduardo Zaplana, Jesús Sánchez Carrascosa, puso en marcha una sociedad que pudiera optar a la gestión de la cadena televisiva, hasta ahora pública,  en cuyo seno participarían todas las productoras y televisiones locales con una mínima solvencia para esgrimir la valencianía de esta oferta como principal baza para quedarse con Canal 9. De esta forma nacía Astel Producciones y uno de sus fundadores a la vez que ex directivo del ente, Francisco J. Aura Peidró[15], contactaba con los responsables de la cadena local Televalencia para proponerles su entrada en dicho proyecto. Corría el año 2002 y con este movimiento eran ya nueve las televisiones locales que participarían en el asalto a Canal 9, junto a las productoras más potentes del sector audiovisual valenciano[16]. Aura, al que se consideraba emisario de Sánchez Carrascosa ante varios empresarios, explicó el proyecto a los gestores del canal propiedad de los empresarios Ángel Raga y Juan Carlos Gómez Pantoja. El proyecto empresarial que se expuso a Televalencia y a las empresas participantes (Trivisión, Nissa, Andro, Neón Producciones, Tabarca, Estudis Tabalet y la propia Astel, entre otras) consistiría en fijar una participación testimonial en torno al uno por cien por parte de cada productora o canal televisivo (Tele Elx, Canal 55 de Benidorm, Canal 37). Por su parte, la mayoría de las acciones estarían en manos de Valencia TeVe y un socio tecnológico y capitalista como el Grupo PRISA, cuya red de cadenas locales (Localia) emitía ya sus contenidos por Valencia TeVe, en cuyo capital social también participaba[17].

            Al final de todo el recorrido fueron 37 las empresas -entre productoras, televisiones y empresas de doblaje y sonorización-, las que participaron en lo que vino en llamarse Plataforma Audiovisual Valenciana S.A., constituida el 25 de noviembre de 2002 bajo el impulso de Eduardo Zaplana y Jesús Sánchez Carrascosa para pujar por la adquisición de la televisión autonómica valenciana. Éste último se reservaba el puesto de presidente del Consejo de Administración designando a Francisco Aura consejero delegado[18]. En el acuerdo de constitución ante notario, se recogía que Valencia TeVe se reservaba el 60% de la compañía lo que suponía 36.000 acciones, mientras que el resto de acciones se repartía entre todos los socios sin que ninguno de ellos sobrepasara el 1-2% del control de los títulos. El capital social inicial era de 600.000 euros cuyo monto mayoritario corría a cargo de Valencia TeVe pese a su endeudamiento constante desde su nacimiento en enero de 1996[19]. Alimentada por la publicidad institucional desde sus primeros programas de emisión ilegal, el primer año de puesta en antena perdió 91’7 millones de pesetas cerrando ese año con una deuda de 246 millones. Con todo, tanto la Generalitat como el Ayuntamiento de Valencia y la Diputación se volcaron  a la hora de inyectar fondos tanto en forma de dinero como en lo que respecta a la colaboración con medios técnicos facilitados a precio irrisorio por Canal 9.

De pronto parecía como si todo fueran urgencias en relación a este tema, como si la privatización de la televisión pública valenciana fuera una cuestión imperiosa, que en esos momentos se achacaba a los malos resultados que se preveían en las encuestas para las elecciones autonómicas. Si una gran parte de la producción de programas ya se había privatizado y si los informativos –como desarrollamos más adelante- se habían convertido en una especie de gabinete de prensa del PP valenciano[20], ¿qué razón había para la urgencia?, ¿por qué y para qué delegar en manos de una empresa privada la gestión de la televisión y de la radio? Propongamos algunas respuestas. Primera: se deseaba privatizar para evitar que los 50.000 millones de pesetas de deuda que año tras año sigue creciendo. Ello supondría un gran fracaso de gestión del Partido Popular, o quizá no tanto si atendemos a otros valores y a futuros socios. Segunda: privatizar para evitar que se siga criticando la manipulación informativa, aunque ello significaría reconocer tal uso. Tercera: privatizar, finalmente, porque nadie ha puesto encima de la mesa una alternativa mejor, un modelo totalmente distinto[21]. Pero también las posibles respuestas podrían ser más sencillas. Privatizar para no perder nunca el poder de una radio y una televisión que fueron dotadas con los mejores equipos técnicos en su momento. No perderla como instrumento de propaganda, o si se desea, ganarla frente a la posibilidad de un cambio de giro político en el Consell valenciano.

En 2003 el sucesor de Sánchez Carrascosa como director de RTVV desde 1996, José Vicente Villaescusa[22],  ponía sobre la mesa el pliego de condiciones para llevar a cabo la privatización del ente, y sacaba a concurso la contratación del servicio de edición de los informativos, los contenidos audiovisuales y la venta de publicidad, fijando como límite de la concesión el año 2008. Encerrados en un despacho y sin los vocales del PSPV, el 24 de marzo el PP valenciano aprobaba un proyecto que ha terminado recurrido en seis ocasiones ante los tribunales de justicia. Éstos han considerado hasta el momento “nulo y sin efecto” el acuerdo que tomó la dirección de RTVV, en cuyas sentencias se expresa que dicho acuerdo vulnera las normas establecidas en la Ley de Creación y del Tercer Canal. La intervención de los sindicatos llevó a los tribunales el concurso dilatando el proceso –iniciado por Zaplana, aunque materialmente ejecutado por su sucesor J.L. Olivas- hasta ser heredado por Francisco Camps, actual presidente de la Generalitat Valenciana, y contrario a dicho plan de privatización. Pese a todo, José Vicente Villaescusa nunca dejó de defenderlo, lo que –entre otros factores- terminaría por pasarle cuentas.

 

Manipulación y censura en Democracia

            Es una constante que el Comité de Redacción de Canal 9 denuncie a la cadena de superficialidad, propaganda y sensacionalismo al servicio de un partido político. Y ya son cuatro las memorias de seguimiento de los informativos que dicho comité viene realizando como demostración de tales aseveraciones. Según estas fuentes la dirección de los informativos se plantea como objetivos el mantener una imagen idílica de la Comunidad Valenciana alejándose de las cuestiones polémicas y ocupándose por el contrario de los asuntos más superficiales. El comité asegura en sus informes, que la manipulación y la censura son práctica constantes llegando en determinados momentos a límites intolerables en una democracia. Se responde a intereses partidistas alejándose del debate social destacando y construyendo la figura del líder del partido mayoritario bajo cuyo control se encuentra Canal 9. Tales planteamientos, ha llevado a una práctica profesional desquiciante, según los miembros del Comité de Redacción que ponen como ejemplo el “despachar en cuarenta segundos una novedad importante sobre el caso Pinochet, mientras el rescate de un gato se narra en dos minutos y medio. La técnica es sencilla: se ocultan las noticias que molestan magnificando los hechos intrascendentes”. Siguiendo esta tendencia toda la parrilla programática de la cadena queda contaminada. El 75 por ciento de los informativos está destinado al fútbol, los sucesos, las fiestas y los asuntos frívolos; hasta quince noticias de sucesos se han llegado a ofrecer en un mismo informativo y sólo una de cada cien noticias está referida a la actualidad política valenciana. El Comité de Redacción de Canal 9 asegura que si las magnitudes macroeconómicas son favorables la acción del presidente de la Generalitat se mostrará como determinante; en cambio, si los datos son negativos éstos se deberán a la influencia de un momento confuso y difícil de la economía en el ámbito internacional.

            Durante el período de gobierno autonómico de Eduardo Zaplana, era chascarrillo irónico habitual entre gran parte de los periodistas el asegurar que Zaplana era un presentador más de Canal 9. Incluso cuando marchó a Madrid para hacerse cargo de un ministerio, siendo sustituido por José Luis Olivas, primero, y Francisco Camps[23], después, Eduardo Zaplana seguía acaparando la mayor cuota de pantalla de los informativos valencianos de su televisión pública. Algunos hasta aseguraron más tarde que tal bagaje le había facilitado el cargo de portavoz del Gobierno. Un informe del Comité de Redacción de Canal 9 elaborado el 13 de julio de 2000, fecha en que se cumplía un año de las últimas elecciones autonómicas, la cadena emitió en un solo día treinta declaraciones del por entonces presidente de la Generalitat y ni una de la oposición. Eduardo Zaplana sumaba 5’3 veces más apariciones televisivas que todos los políticos de la oposición juntos y en tan sólo seis meses alcanzaba un total de 318 apariciones en el Notícies 9, el informativo de la cadena autonómica. Por su parte, el conjunto de los dirigentes del PSPV-PSOE anotaban 31 apariciones y 29 los de Esquerra Unida. Ello supone un desequilibrio absoluto cuando se considera el resultado de las elecciones autonómicas de junio de 1999 en las que el PP obtenía el 48% de los votos, el PSOE, el 34% y EU el 6%.

            Los ejemplos se suceden casi diariamente, para no cansar y cerrar nuestra disertación relataremos el más reciente. Hace referencia al 23 de marzo de 2004 día en el que la cadena interrumpe su emisión para anunciar el nombramiento de Eduardo Zaplana como portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados. Se ofrecieron dos avances informativos obviando por otra parte, la noticia más importante del día: la detención en Valencia de dos presuntos terroristas islámicos. A las 18.20 horas de la tarde y las 19.40 Canal 9 corta la emisión del western El último pistolero[24] para ofrecer sendos avances informativos de dos minutos y treinta y seis segundos con una audiencia del 35% y el 26’1% respectivamente. Se trataba de una hora absolutamente excepcional ya que la cadena emite un avance informativo poco después de las 20 horas para anunciar los temas más importantes de la segunda edición del Notícies 9. Esa tarde sin embargo hubo tres, dos de ellos especiales y centrados exclusivamente en el ministro de Trabajo en funciones. En el tercero, el que consideramos el avance habitual, se incluyó además como noticia de última hora (pese a disponer de la información por las agencias desde las 18,19 horas de la tarde) la detención en Valencia de tres presuntos terroristas islámicos[25]. Pero la manipulación de la información no sólo se ha centrado en destacar al presidente de la Generalitat y al partido que lo sustenta, sino también en desacreditar al líder de la oposición: Joan Ignaci Plá. En un acto con empresarios para explicar la propuesta del PSPV sobre el Plan Hidrológico Nacional la cobertura del mismo por parte de la televisión pública valenciana incluyó una serie de abucheos que según denuncia del PSPV fueron imágenes compradas a TVE. La respuesta del PP fue alegar que se trataba de un intercambio de imágenes entre las dos cadenas además de que la noticia había salido en todos los medios[26].

            Otra de las patatas calientes que arden en las manos de los gestores de Canal 9 es la falta de promoción del valenciano, afrontándose desde la consigna de utilizar los términos más próximos al castellano, huyendo de otros que se consideran peligrosamente catalanizantes como atur (paro), prémer (pulsar/apretar), nombre (número), etc. Y mientras la cadena autonómica catalana TV3 se rige por volcar al catalán toda su parrilla programática en la que incluiríamos gran parte del doblaje de los anuncios, su homóloga valenciana parece pretender justo lo contrario situándose a las antípodas de este planteamiento, alejándose una vez más de los presupuestos legales que la hicieron arrancar como proyecto cultural autóctono.

En ciento sesenta y cuatro ocasiones, los grupos de la oposición valencianos demandaron la dimisión del director general de RTVV en los últimos ocho años, José Vicente Villaescusa, algo que él mismo recordaba en una intervención en las Cortes Valencianas, antes de dejar su cargo. El 30 de junio de 2004, y contra todo pronóstico tras los largos años de denuncias públicas de sindicatos, medios de comunicación, partidos políticos,... Villaescusa renunciaba a su cargo. Ese día de nuevo Canal 9 dejaba su impronta relegando la noticia en rango de importancia al puesto noveno de su informativo de medio día y al tercero del de la noche. En ellos se defendía su gestión argumentada por el “incremento del uso del valenciano, la promoción de la cultura propia, así como las cifras de audiencia (...)”[27]. La polémica estaba servida y reconocidos zaplanistas se aprestaron a realizar declaraciones tendentes a preservar en sus cargos a Genoveva Reig (Canal 9 y Punt 2) y Jesús Wollstein (Rádio 9  y Sí Ràdio)[28]. Una vez más el largo brazo de Zaplana se negaba a perder su control del ente público. No importaba la deuda, ni la propaganda descarada tantas veces anunciada en la prensa y denunciada en las Cortes Valencianas, ni que el propio Villaescusa fuera imputado de un presunto delito contra los derechos cívicos ciudadanos recogidos en el artículo 542 del Código Penal[29], ni siquiera el escándalo más llamativo y reciente del programa Tómbola, en el que a uno de los invitados se le midió el pene en directo. Las loas al director saliente[30] y al equipo directivo que todavía permanecía en su puesto no se hicieron esperar. Primero fue el portavoz del Partido Popular en las Cortes Valencianas, Serafín Castro, quien manifestaba “la gestión brillante y excelente de Villaescusa”, señalando estar convencido de que el ente seguiría contando con los “grandes profesionales y con el gran equipo directivo”. A éste siguió el presidente de las Cortes Valencianas y presidente del PP en la provincia de Alicante, Julio España, quien resaltaba “su deseo de permanencia del equipo directivo para continuar con la labor de los últimos años (...) Se lo merece y ha conseguido unos resultados espectaculares en la programación”. Cierto que son hasta ahora espectaculares, y que la ironía resultaría demasiado evidente y fácil para hacerla patente. En tercer lugar las agencias de noticias recogían las declaraciones al respecto del diputado del PP en el Congreso y Secretario de Estado mientras Eduardo Zaplana fuera ministro, Fernando Castelló, en los siguientes términos: “El buen hacer del equipo directivo de RTVV hace pensar que continuarán en sus puestos para que no se produzca la ruptura en la marcha ascendente”. Por último, el propio Zaplana decía de Villaescusa ser un excelente director, una persona por la que sentía un gran afecto, y para rematar con un tono castizo añadía: “durante el tiempo que ocupó el cargo del que ahora dimite lo hizo francamente bien”. ¿Aviso a navegantes? ¿Qué haría ahora Camps[31]?

 

¿Cuál es la razón de ser de la Televisión Valenciana?    

Sin duda las razones reflejadas en su estatuto de creación no parecen ser bajo ningún punto de vista, objetivo del ente público autonómico en sus veinte años de vida. Así pues, crear un servicio público de fines culturales y establecer como medidor de su eficacia la rentabilidad económica ha viciado desde sus orígenes la posibilidad de una gestión racional y eficaz. El objetivo de conseguir audiencia a cualquier precio, para obtener una rentabilidad comercial –que no sólo nunca ha llegado, sino que nunca llegará- ha provocado que la programación se alejara a toda velocidad del fin cultural señalado. Es más, programas concretos donde las peleas en directo (Parle vosté, calle vosté, o Tómbola) eran, y son, un claro exponente de agresión a la cultura. Prácticas de fondo de reptiles, dilapidación del erario público en productoras externas para adquirir programas con bajos índices de audiencia, la manipulación propagandística... todo lleva a pensar en la televisión valenciana como un cadáver al que despojar antes de reconvertirlo en una empresa privada a la que seguir sacándole provecho. Lo inteligente de este complicado a la vez que sencillo proceso, es el rédito político que de todo ello se puede sacar, -y se saca- en las sucesivas campañas electorales.

Más allá, pues, de la rentabilidad económica se dio muy pronto otro medidor que tergiversaba su sentido: el valor que supone como instrumento de propaganda, del partido del gobierno autonómico y de su líder. Cualquier medición de contenidos, hecha cualquier día del año de cualquiera de sus tres informativos pone de manifiesto lo evidente sin que tan siquiera hagan falta informes de su Comité de Redacción. No hay más que sumar la cantidad de apariciones, los puntos de vista de la cámara, las opiniones indirectas que se agregan, la jerarquía de presentación... Para convertir Canal 9 en un medio propagandístico, también se ha tenido que  romper con otro de los principios proclamados en su creación: la profesionalización de sus trabajadores. En 1997 una veintena de profesionales eran movidos de sus puestos en los informativos para desplazarlos a secciones ajenas a la información general. Paralelamente se ponía en marcha un proceso de precarización de la nueva plantilla de informativos resultante de esta reconversión, generando en muy poco tiempo un cambio del personal fijo del 75% inicial al 20% resultante. Es sabido, que la debilidad contractual de los redactores constituye uno de los factores de mayor peso en la implantación de los consejos y consignas propios de todo sistema de propaganda. La trampa para el espectador reside, por tonto que parezca, en el fútbol, la meteorología, y las fiestas. Eso es lo que supuestamente ha hecho de Canal 9 la televisión de todos los valencianos, los tres pilares que han generado un signo de identidad (a un club, a las lluvias, heladas, cosechas, o precio de la naranja por poner un caso, y a las Fallas, la Magdalena y las hogueras de Sant Joan, por poner otro). Y ya sea en las noticias políticas, o en las finales de fútbol, o en las riadas o en las fiestas de Valencia, Castellón y Alicante, la televisión nos mostrará la presencia omnicatódica del presidente de la Generalitat.

Finalmente quedaría el apartado de la lengua. Muchos achacan a la idiosincrasia cultural valenciana el hecho de que la defensa de su lengua siempre haya estado debilitada por su uso político. ¿Hubiera sido posible una televisión en valenciano sin miras a intentar conseguir más o menos audiencia?, ¿hubiera podido el uso del valenciano en Canal 9 asegurar no sólo una audiencia como lo hizo la TV3, sino además normalizar la lengua y hacerla familiar y asequible al público? Sea como fuere, la ley de creación de la televisión autonómica valenciana recogía el deseo de revalorizar la lengua valenciana por medio de un instrumento tan atractivo como didáctico en el caso de la televisión. En este particular, tal y como hemos constatado, ha quedado abandonada como asignatura, ya ni siquiera pendiente, sino más bien suspendida en todas sus convocatorias incluyendo la de gracia. A su llegada a la radiotelevisión valenciana, José Vicente Villaescusa proclamaba que era su intención construir una televisión “pública, en valenciano, plural y de calidad”. Asumir como propósito los principios fundacionales de RTVV fue aplaudido pese al constatado contrasentido, en un medio que siempre se había visto inmerso en el debate político desde su creación bajo la mano de Amadeu Fabregat. Nada de lo propuesto se cumplió y el valenciano, lejos de ganar presencia en el prime time, siguió relegado hasta hoy a las franjas horarias de menor audiencia, al tiempo que a Punt 2 y su inexorable 1’9% de share. Como anécdota destacar la producción de Ausiàs March, que sólo conservaba en valenciano el título, encargándose a una productora madrileño-sevillana que, por lo demás, consiguió un estrepitoso fracaso lo que no impidió –siguiendo la tónica de la casa- se le encargara otro programa: Boda en 48 horas.

Y 48 horas fue el tiempo transcurrido desde la reciente dimisión de Villaescusa al consiguiente nombramiento de su sucesor. La partida de Villaescusa abrió un panorama breve de optimismo, y muchos vieron –al menos durante 48 horas- que los años de lucha y denuncias por fin cerraban la puerta de la sinrazón. El balance de gestión del PP en la radiotelevisión valenciana, tal y como hemos venido reiterando, no precisaba adjetivos: un director general procesado judicialmente, un gasto público de 150.000 millones de pesetas desde 1995 y una parrilla de programas prácticamente privatizada, acompañaban al creciente endeudamiento. Sin embargo, en el tiempo record de cuarenta y ocho horas el caso volvía a tomar vida. Y así del 30 de junio pasado, al 2 de julio, el debate político y profesional en torno a las televisiones públicas versó sobre un hipotético modelo que preservaría la independencia de estos potentes medios de creación de opinión. Tras cuarenta y ocho horas la decisión tomada por F. Camps puso en duda, una vez más, que pudiera garantizarse la libertad informativa tan esperada. Así al menos lo auguraba el modo en que el Consell optaba –mediante un decreto- a nombrar a su director general, obviando el mecanismo indicado por la Ley de creación de RTVV. Ésta otorga al Consejo de Administración la facultad de proceder a dicho nombramiento. Y tal nombramiento no se hizo esperar más que dos días, Pedro García Gimeno[32], pasaba a ser el nuevo director general suplente, con carácter provisional, alegándose el “vacío legal de la Ley de Creación”[33]. ¿A qué respondía la precipitación del nombramiento?, ¿a una decisión por parte de Camps de no dejar el ente en manos del sector zaplanista? Ésta fue a primera vista la deducción más razonable. Uno de los hombres de confianza del nuevo presidente de la Generalitat, desde que dejara la vera de Zaplana para incorporarse en la última campaña electoral a la vera del propio Camps, ostentaría el cargo. En cambio tanto Genoveva Reig como Jesús Wollstein han permanecido en sus cargos, siendo como son reconocidas piezas políticas del ajedrez particular de Zaplana. ¿Surtió, pues, efecto las llamadas de atención en forma de declaraciones a la prensa de destacados políticos zaplanistas? ¿o todo obedece a las indicaciones que Mariano Rajoy –según rumoreaba la prensa valenciana- le dio a Camps pidiéndole lentitud y discreción en los traspasos de poder del antiguo ámbito de Zaplana al suyo? Aún está por ver.

 



[1] Ley de la Generalitat Valenciana 7/1984 de 4 de julio.

[2] Ibidem.

[3] El 27 de noviembre de 1995 renunciaba a su cargo en la Generalitat y creaba en enero de 1996 la cadena de televisión Valencia TeVe. El 3 de abril era nombrado director de Canal 9 dejando este cargo el 2 de noviembre de 1997 para encargarse, una vez más, de la campaña electoral del Partido Popular valenciano de 1999.

[4] En los diez y nueve meses en los que Sánchez Carrascosa gestionó la Televisión Valenciana acumuló una deuda superior a 4.000 millones de pesetas.

[5] La cadena más vista era Tele 5 (1.535.000), seguida por TVE 1 (1.428.000) y Antena 3 (1.402.000). Fuente IVE: “La Comunidad Valenciana en cifras”, 2001.

[6] Noticias de la Comunicación, núm. 210, enero 2002.

[7] Datos extraídos por BLANCAS, A.I., para el diario Levante-EMV, 1 de julio de 2004.

[8] Las dos principales cadenas privadas, Antena 3 y Tele 5, obtenían en 1999 unos resultados positivos antes de impuestos cercanos a los 44.000 millones de pesetas.

[9] Diario Las Provincias de 26 de noviembre de 2002.

[10] Según recogía la prensa valenciana, productoras creadas con un capital inicial de un millón de pesetas firmaron contratos con TVV por valor de 300 millones.

[11] Este programa constituyó 350 horas de producción repartidas en 175 de programas grabados y 168 en directo.

[12] Cuando en 1997 J. Sánchez Carrascosa cesó como director de TVV desembarcó en la televisión local, Valencia TeVe, promovida aparentemente por su mujer María Consuelo Reyna  (ex directora del diario conservador valenciano Las Provincias) y de inversores valencianos salidos de Canal 9.

[13] Las Provincias, 26 de noviembre de 2002.

[14] El Siglo, núm. 431, 9 de octubre de 2000.

[15] Aura Peidró había sido el responsable de contratación de programas en la Televisión Valenciana.

[16] Todo esto se explica en sucesivos artículos aparecidos en el diario Levante-EMV de 6 y 26 de noviembre de 2002.

[17] Ibídem.

[18] Aura era en esos momentos uno de los socios de Astel Producciones, ex director de Valencia TeVe y ex directivo de Canal 9, al tiempo que gerente del Diario de Valencia. Su destino había quedado, pues, ligado a la propia trayectoria de Sánchez Carrascosa.

[19] Levante-EMV 25 de mayo de 2003.

[20] El 43’2% de las fuentes de los informativos son institucionales.

[21] LAGUNA, A.: “Privatizar RTVV, ¿para qué?”, en Levante-EMV, 22-XII-2002, pg. 5.

[22] Villaescusa llegó al ente en junio de 1996 de la mano de Eduardo Zaplana tras la dimisión de Juan José Bayona (sucesor por muy poco tiempo de Sánchez Carrascosa). En sus ocho años como máximo responsable de RTVV los índices de audiencia alcanzaron sus cotas más bajas, al tiempo que aumentaban las deudas dejadas por el propio Sánchez Carrascosa. En su haber figura la creación del segundo canal autonómico, Punt 2, el Canal Comunitat Valenciana, los centros de producción de Castellón y Alicante y la nueva emisora Sí Ràdio.

[23] El 6 de septiembre de 2002 Francisco Camps logra la “mayoría absoluta” en el informativo Notícies 9: comenzaba la precampaña electoral. El candidato popular a la Generalitat contó con 16 minutos y 15 segundos para explicar, en primera persona, sus propuestas y opiniones en los informativos de mediodía y noche emitidos entre el 6 y el 30 de septiembre. En los sesenta noticiarios analizados de esas tres semanas, Camps tuvo la oportunidad de hacer declaraciones directamente a cámara en veinte y ocho ocasiones, según un informe de los socialistas valencianos.

[24] Programa de mayor audiencia de la cadena esa tarde.

[25] Todos los datos recogidos en Levante-EMV del 25 de marzo de 2004.

[26] Levante-EMV de 28 de noviembre de 2002.

[27] Recogido por la prensa del 1 de julio de 2004.

[28] Genoveva Reig, ex jefa de Prensa del Ayuntamiento de Benidorm mientras lo lideró Zaplana, directora general de Medios de Comunicación de la Generalitat, bajo su presidencia, y directora de TVV desde 1998. Subdirectora del Gabinete de Presidencia del Consell y ex diputada del PP. Por su parte Wollstein fue nombrado el 3 de septiembre de 2003 en su cargo frente a Rádio 9 y anteriormente era contratista del Ayuntamiento de Valencia a las órdenes de Rita Barberá. Marido de la concejal del PP en el Ayuntamiento de Valencia, Marta Torrado, sustituía a Anacleto Rodríguez bajo el argumento de las bajas audiencias de Ràdio 9, quien desde 2001 año en que había accedido al cargo registraba una pérdida de la mitad de los oyentes.

[29] En diciembre de 2002 se dirimió ante el juez su posible incumplimiento de obligación legal de informar debidamente de la gestión económica del ente a su Consejo de Administración, soslayando así la función de control de éste. Información extraída del diario Levante-EMV, 16 de diciembre de 2002.

[30] Según se desprende de las noticias publicadas por los principales diarios valencianos del día del comunicado de la renuncia, a la prensa así como de la propia Agencia EFE, el director general de RTVV “dejaba el cargo tras un ultimátum del Consell, que le dio a elegir entre la renuncia o la inminente destitución” . Información, 1 de julio de 2004.

[31] Villaescusa pasó a comisionado especial del futuro Museo del siglo XIX. Dicho museo no tiene figura jurídica propia y no posee colecciones. Hasta el momento utiliza los fondos del Museo San Pío V, dependiente del Ministerio de Cultura, y de la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Asimismo, el personal con que cuentan las salas abiertas del siglo XIX pertenece a la plantilla del Museo Bellas Artes, titularidad también del Ministerio de Cultura.

[32] Periodista venido de la Agencia EFE y ABC. Inició su actividad en la Administración en el Ayuntamiento de Valencia como asesor del entonces concejal de Unió Valenciana, Társilo Piles, incorporándose a la Generalitat en 1995 colaborando en la campaña electoral facilitándole el cargo de Jefe de Prensa de E. Zaplana. En las últimas elecciones autonómicas pasó a ser el hombre de confianza de Francisco Camps lo que le valió su nombramiento de Secretario Autonómico de Comunicación hasta la fecha del 2 de julio de 2004.

[33] Según explicaciones del conseller de Presidencia Alejandro Font de Mora.