De las radios libres a las emisoras asociativas.

La radiodifusión alternativa en la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra.

Arantza Gutierrez Paz,

 profesora de Comunicación Audiovisual de la UPV-EHU

 

 

El fenómeno de las radios libres no es exclusivo del Estado español, ni mucho menos del País Vasco, pero en ambos lugares tendrá una amplia repercusión en los primeros años de la Transición, dando lugar a un modelo comunicativo  alternativo, que encontró un caldo de cultivo favorable en los colectivos populares de la época.

Importado de una Europa sacudida por el Mayo de 68, el movimiento de radios libres  entró en el estado por Catalunya de manos de Onda Lliure a principios de 1979.  Poco después nacería en San Sebastián la primera emisora libre de Euskal Herria: Osina Irratia. Este modelo comunicativo alternativo pronto se extendería por todo el País Vasco, tanto en el norte —en el Estado francés—, como en el sur, en la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra. Será su desarrollo en estas dos últimas el objeto de la presente comunicación, aunque sin olvidar que el fenómeno tuvo un desarrollo paralelo a ambos lados de la frontera y que hoy en día son muchos los nexos existentes entre emisoras  de los dos lados, quienes participan en proyectos comunes.

Las bases ideológicas de las primeras emisoras libres se sustentaban en varios principios ideológicos, que hoy día siguen vigentes, aunque matizados:

a)     Ocupación libre de las ondas. Esta es una de las características que diferencia a las emisoras libres de las radios piratas o asociativas[1].

b)     El concepto de contra-información frente a lo que denominaban la información oficial. Las radios libres surgieron como alternativa frente a lo que denominaban el monopolio informativo de los grandes medios públicos y privados[2]. Colectivos marginados en otros medios de comunicación —los sin voz —, sus actividades e ideas, tienen cabida en los micrófonos de las radios libres. Insumisos, ecologistas, feministas, antinucleares, son muchos los movimientos sociales que encontraron en estas emisoras un altavoz en los años ochenta.

c)      Creación de vías de participación directa de los y las oyentes. Cada persona se convierte en fuente de información, tanto individualmente como organizada dentro de un grupo. Preconizan, asimismo, una programación horizontal, hecha entre todos y para todos, frente a una parrilla diseñada desde arriba para una audiencia que se valora cuantitativamente y no por su calidad. La radio se integra en el municipio, el barrio, la comunidad…, es parte de ella y sus representantes participan en su diseño. Normalmente es la asamblea quien decide qué programar, cómo financiarse…

d)     Impulso de una cultura “alternativa” frente a las culturas de consumo e institucional. No sólo los grupos sociales más marginados, sino también una cultura que está surgiendo ― la contracultura ― tiene cabida en la programación de las radios libres. El denominado rock radical, el heavy metal y otras expresiones musicales marginales encontraron en las emisoras libres una plataforma que se les cerraba en otros medios, que programaban música más comercial o convencional. Conciertos en gaztetxes·, teatro de calle y alternativo, cine no comercial…, pasaron en muchos casos de las emisoras libres a otros medios, toda vez que la juventud comenzó a consumirlos masivamente.

e)     Utilización de un nuevo lenguaje. Además de la inclusión en su programación de músicas no habituales en otras emisoras, desde el principio existe una necesidad de crear un nuevo lenguaje más acorde con la sensibilidad de los grupos sociales participantes en las radios. Reivindican un lenguaje no sexista, no homófono, no xenófobo, no belicista…, según los grupos promotores o mayoritarios de cada emisora. 

Asimismo, existía en el movimiento de radios libres de Euskal Herria una sensibilidad especial hacia el uso del euskara. Pocas son las radios libres monolingües en euskara en la década de los 80 (Molotoff, de Hernani; Itsuki, de Bermeo; Bost Axola, de Algorta, y Pilula, de Llodio); sin embargo, la reivindicación de la lengua y la necesidad de promocionarla estará presente en la primera asamblea de radios libres, celebrada en Zarautz en 1985. En la misma, se acuerda que las emisoras incluirán en su programación un 30% de contenidos en euskara, aunque pocas de ellas conseguirían alcanzar ese porcentaje.

f)        Reivindicación de la subjetividad y honestidad del informador, frente al mito de la objetividad. En la declaración de principios de muchas emisoras, reconocen no ofrecer una información “neutra”, sino “contaminada” por el sujeto que la ofrece, frente a lo que denominan la hipocresía de la idea de la objetividad[3]. Por ese motivo, apelan a la honestidad de quien informa y condenan la censura y manipulación informativa de los que denominan medios oficiales.

 

Los 80, una década libre

 

La primera emisora libre de Euskal Herria fue Osina Irratia, ubicada en el barrio donostiarra de Amara y ligada a un colectivo antimilitarista de la ciudad. El movimiento de insumisión —contrario a la obligatoriedad del servicio militar para los varones de todo el Estado— fue, sin duda, uno de los  que encontró en estas radios una plataforma propagandística muy importante. Así que muchas de estas emisoras nacieron impulsadas por asociaciones locales de insumisos. No fue éste, sin embargo, el único colectivo que se dotaría de un medio de comunicación. En las radios libres confluyeron militantes de diferentes grupos (muchos de ellos precedentes de las  actuales ONGs): ecologistas y antinucleares (Eguzki, Txantxangorri o Gladys), vecinales (Gramola o Iluna), gaztetxes (Hala Bedi), asociaciones culturales (Betekada), o feministas (Otsasko). Como hemos señalado, sólo unas pocas  nacieron ligada a la necesidad de promocionar la propia lengua, tal fue el caso de una de las pocas emisoras libres existentes en Álava, Pilula Irratia, cuya idea partió del euskaltegi· de AEK de Llodio. Pese a la diversidad, se puede afirmar que los integrantes mayoritarios de estas emisoras eran militantes de izquierda, con mayor o menor grado compromiso.

De escasa potencia y muy poca cobertura, estas radios estaban ubicadas en barrios y municipios, en locales de asociaciones vecinales, casas de cultura, gaztetxes, colegios… Se nutrían de trabajadores militantes, no profesionales, en su mayoría ni siquiera vinculados al periodismo, lo cual les preservaba de una excesiva formalidad, pero a la vez supuso uno de los factores que dieron lugar a su posterior crisis. Se autofinanciaban mediante cuotas de socios, venta de pegatinas, camisetas, txosnas· en fiestas… En ningún caso incluían publicidad y, con excepción de alguna ayuda por parte de los ayuntamientos cesión de locales o infraestructura básica como luz y agua—, no aceptaban subvenciones o dinero público, ya que eso podría suponer en gran medida depender, si quiera económicamente, de instituciones o empresas. Como consecuecia, muchas de ellas carecieran de recursos, lo que repercutía en la producción de programas. Eso no fue obstáculo, si embargo, para que se realizaran programas más que dignos (algunos de los locutores y locutoras que hoy gozan de reconocimiento comenzaros sus programas en esas emisoras).

Hasta 1987 surgieron por todos los rincones de Euskal Herria, pero es en la zona del Gran Bilbao y en la ciudad de Pamplona donde proliferaron de manera especial. En la capital vizcaína y alrededores la situación era caótica: en un dial saturado convivían radios libres y piratas, y era difícil distinguir unas de otras. El acceso a las licencias administrativas por parte de algunas emisoras clarificó la situación poco más tarde.

Fueron años convulsos. Los cierres administrativos se sucedían; pero tan pronto como la policía clausuraba una emisora, sus integrantes rompían los precintos y volvían a entrar. En los casos en que se les desmantelaban los estudios, éstos se volvían a abrir una vez conseguidos nuevos equipos, casi siempre  gracias a las aportaciones económicas de la ciudadanía. Este proceso de cierre/precinto-desprecinte/apertura mantuvo vivo el movimiento de las radios libres. La reivindicación de la libertad de expresión acompañaba cada manifestación contraria al cierre de estas emisoras, y era protagonista de portada y artículos de opinión. Por extraño que parezca, la tolerancia posterior fue otra de las razones que influyeron en su declive en los noventa, según reflexionaban las propias emisoras en la revista Ajoblanco[4]. En la Comunidad Autónoma Vasca, el Gobierno de Vitoria tiene la facultad de otorgar las licencias de emisión. En 1987 y 1989 realizó sendos repartos de frecuencias. Algunas de las emisoras piratas de las dos márgenes del río Nervión consiguieron su licencia, pero las que no lo obtuvieron se plantaron y silenciaron sus micrófonos, algunas de ellas definitivamente, poco después de recibir el apercibimiento de cierre por parte del Gobierno Civil (SANTOS DíEZ, 1999). Las radios libres cerraron también en solidaridad con aquéllas, pero poco después hicieron público su deseo de volver a emitir y se colocaron en la zona del dial donde menos molestaban. Desde entonces, la estrategia de permisibilidad frente a la de confrontación debilitó en gran medida la repercusión social del fenómeno.

No fue ese el único factor que influyó en el cierre de muchas de las radios libres. Tal y como señalan Egia y Bayón, uno de las causas de la desactivación del movimiento de radios libres fue la crisis que sufrieron los movimientos sociales a principios de los 90, sobre todo por la falta de motivación de los más jóvenes, que no tomaron el testigo de las luchas de las generaciones anteriores (Egia y Bayón, 1997:124). A la crisis de militancia se le unía, además, el retraso tecnológico, que hizo que estas emisoras no pudieran competir con otros proyectos que comenzaban a surgir como el de las emisoras municipales —incluso algunas se convirtieron en tales, entre ellas Zartako, Itsuki o Mozoillo—.

Hasta que llegue la crisis de los 90; las radios libres intentaron constituirse en una verdadera alternativa frente a otros medios de comunicación. Con este fin se reunieron en varias ocasiones, la primera en Zarautz en 1985. Allí nació la idea de crear una Coordinadora de Radios Libres de Euskal Herria, así como una agencia de información alternativa. Esta agencia vería la luz pocos años más tarde. En realidad consistía en un contestador automático donde se grababan convocatorias, informaciones…, que luego recogían las radios para emitirlas. Asimismo, en algunas ocasiones, como la marcha anual contra Lemoiz o la famosa huelga general del 14 de Diciembre de 1988, las emisoras conectaban entre ellas mediante el teléfono y se emitía la información conjuntamente.  Otras veces, el intercambio de cintas era el método elegido para compartir contenidos; ese es el caso de la grabación de los 15 minutos que precedieron al cierre de la emisora Eguzki Irratia de Pamplona con motivo de la visita de los monarcas españoles a la capital Navarra en 1988. Esta cooperación se mantuvo, de manera más irregular que regular, durante los años siguientes.

 

 

 

·        Relación de emisoras libres de Euskal Herria:

Emisora

Localidad

Año de inicio

Estado actual

Aldaba

Durango (Vizcaya)

1986

Cerrada.

Angulo

Irún (Guipúzcoa)

 

Cerrada.

Arlote

Ordizia (Guipúzcoa)

 

Sigue funcionando.

Arraio

Zarautz (Guipúzcoa)

 

Cerrada

Arrakala

Lekeitio (Vizcaya)

1985

Tras varios cierres, sigue abierta.

Arreta

Ermua (Vizcaya)

2004

En marcha.

Azur

Karrantza (Vizcaya)

1986

Cerrada.

Basterra

Laguardia (Álava)

1985

Cerrada.

Basurto Irratia

Bº Basurto (Bilbao)

1986

Cerrada.

Bellari

Oñate (Guipúzcoa)

 

Cerrada

Betekada

Gernika (Vizcaya)

1984

Cerrada.

Bost Axola

Algorta (Vizcaya)

1987

Cerrada a principios de los 90.

Erresistentzia Amara Irratia

Bº Amara Zaharra (Sn. Sn,)

1985

Cerrada.

Eate Irratia

Bº San Jorge (Pamplona)

 

Cerrada

Eguzki

Pamplona

1982

La decana de las radios de Euskal Herria. Sigue emitiendo.

Ekintza I

Barañain (Navarra)

 

 

Eup!

Markina (Vizcaya)

 

No emite, aunque sigue existiendo.

Eztanda

Itumendi (Navarra)

2000

 

Ganbara

Amurrio (Álava)

1982

Cerrada.

Garraxi

Alsasua (Navarra)

 

Emite conjuntamente con Hala Bedi.

Gladys Irratia

Tudela (Navarra)

 

Cerrada.

Gramola

Bº San Inazioi (Bilbao)

1983

Cerrada.

Hala Bedi

Vitoria-Gasteiz

1983

Sigue emitiendo. Fue la primera emisora libre en digitalizar sus estudios.

Hozka Irratia

Legazpia (Guipúzcoa)

 

 

luna Irratia

Bº Santutxu (Bilbao)

1984

Cerrada.

Irola

Bº Irala (Bilbao)

1985

Sigue emitiendo y tiene página web. Emite también en Real Player.

Irrintzi

Astigarraga (Guipúzcoa)

1985

 

tsuki

Bermeo (Vizcaya)

1984

Hoy es emisora municipal.

Itzurun

Zumaia

 

Cerrada.

J. B. Radio

Trapagaran (Vizcaya)

1985

Cerrada.

Kaka Flash

Azkoitia-Azpeitia (Guipúzcoa)

1984

La cerró la policía en 1985.

Karibe

Sestao (Vizcaya)

1985

Cerrada.

Kontakatilu

Oiartzun (Guipúzcoa)

 

Cerrada.

Koska

Algorta (Vizcaya)

2001

En marcha.

Leizaur

Andoain (Guipúzcoa)

 

Cerrada.

Matrallako

Eibar

2001

Recogió el testigo de Pottoka.

Molotoff

Hernani (Guipúzcoa)

1987

Sigue emitiendo.

Mozoilo

Galdakao (Vizcaya)

1980

Emisora municipal. Desde 1987

Ortzadar

Bº Uribarri (Bilbao)

1985

 

Osina Irratia

Bº Amara (Sn. Sn,)

1979

Primera emisora libre de Euskal Herria. Se cerró en los 80.

Otxasko

Bº Txurdinaga (Bilbao)

1985

Cerrada.

Patxa

Usurbil (Guipúzcoa)

 

 

Pilula

Llodio (Álava)

1985

Cerrada.

Pititako I

Santurtzi (Vizcaya)

1986

Ha dejado de emitir en 2004.

Pottoka

Eibar (Guipúzcoa)

1983

Tras haber sido cerrada en diversas ocasiones, volvió a reabrirse con el nombre de Matrallako.

Radio Encartaciones

Zalla

1987

 

Radixu

Ondarroa (Vizcaya)

1986

Sigue emitiendo en la actualidad.

Satorra Irrtia

Tolosa (Guipúzcoa)

1979

Cerrada en 1980 por orden del Gobierno Civil.

Sorgina Irratia

Arrasate (Guipúzcoa)

 

Cerrada.

Sorgine Irratia

Pamplona

1979

En 1980 cambié de nombre (R. Paraíso) y cerró en 1984.