El caso de Euskaldunon Egunkaria:

Lengua vasca, información y libertad de expresión

 

 


Introducción

El 20 de febrero de 2003, el juez instructor de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ordenó la clausura temporal del único diario que se publicaba desde 1990 íntegramente en euskera, Euskaldunon Egunkaria [=El diario de los vascos; en puridad, de los vascohablantes[1]], a cuyos responsables investigaba por su presunta vinculación con la organización terrorista ETA, de quien afirmaba que controlaba la empresa editora del diario. Con ser una decisión polémica e inusual en la joven democracia española, no era la primera vez que la Audiencia Nacional ordenaba el cierre de un diario, también en el País Vasco y por la misma razón: formar presuntamente parte del conglomerado empresarial controlado por ETA, ya que el 14 de julio de 1998 el juez instructor Baltasar Garzón decretó mediante auto el cese de las actividades del grupo Orain, que editaba el diario Egin [=Hacer]. En ambos casos se produjo un conflicto –que el auto del juez Del Olmo menciona explícitamente– entre la libertad de expresión, un derecho fundamental recogido por la Constitución española de 1978, y la necesidad de adoptar medidas para impedir que ETA, que hasta el momento había asesinado a más de 900 personas, dispusiese de una presunta “estructura plural, legal y alegal, en la que ha incardinado los instrumentos necesarios y útiles para el fortalecimiento y apoyo de su estrategia terrorista”[2]. La decisión planteaba otros problemas jurídicos, como, por ejemplo, si una medida cautelar de este calado, decidida antes de que se hubiese dictado sentencia firme, no suponía de facto, ya que no de iure, la condena de un medio de comunicación a su desaparición –aún más, del único diario que se publicaba en lengua vasca–, y si, incluso de ser finalmente ciertas las acusaciones que se hacían contra determinadas personas, no era desproporcionado clausurar la empresa en la que trabajaban.

            El cierre de Euskaldunon Egunkaria provocó una respuesta mucho mayor que el de Egin, al fin y al cabo considerado por muchos el portavoz de ETA. Se trataba del único diario que, después del breve Eguna (enero-junio de 1937), editado por el Gobierno vasco en plena Guerra Civil, había conseguido publicarse en lengua vasca, cooficial en la Comunidad Autónoma Vasca y en la Comunidad Foral de Navarra (aunque con diferente estatus jurídico), la única no romance de la Península y con un número de hablantes que ronda, según las últimas estimaciones, el 26% de los habitantes del País Vasco. La respuesta no sólo provino de la izquierda abertzale [=”patriota”] es decir, del entorno del denominado MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco), que incluía no sólo a ETA sino al hasta 2002 legal partido político Batasuna (antes denominado Herri Batasuna y también Euskal Herritarrok), así como a otras organizaciones legales o ilegales; también partió del nacionalismo gobernante –en ese momento, y con una exigua mayoría, ocupaban el Gobierno vasco el Partido Nacionalista Vasco, que ha disfrutado, desde la reinstauración de las instituciones autonómicas vascas, de la presidencia; Eusko Alkartasuna, resultado de una escisión en el seno del PNV a mediados de los años 80; e Izquierda Unida-Ezker Batua–, así como de amplios sectores de la cultura vasca y de otros lugares: se puede, por ejemplo, recordar la creación en Cataluña de la plataforma Egunkaria endavant. En el País Vasco, se llegó a celebrar en San Sebastián –el diario tenía su sede en Guipúzcoa, de lejos el territorio histórico más vascohablante– una multitudinaria manifestación a favor de Egunkaria, y la desaparición del único diario en euskera, una aspiración largamente ambicionada y no exenta de polémica en el momento de su nacimiento, se presentó como un agravio y un ataque contra una cultura y una lengua minoritarias.

Es preciso recordar que en julio de 1997 se produjo un radical cambio de rumbo en el nacionalismo gobernante, que hasta entonces había mostrado su lado más moderado, tras el secuestro y asesinato por parte de ETA de un concejal del Partido Popular del municipio vizcaíno de Ermua, Miguel Ángel Blanco, que conmocionó a la opinión pública española y provocó clamorosas manifestaciones de repulsa. A partir de ese momento, el PNV pasó del tradicional autonomismo de que hacía gala a hacer suyas bastantes de las reivindicaciones que también formulaba ETA. En 1998, se firmó, por parte de todas las fuerzas nacionalistas, el pacto de Lizarra (Estella) y ETA declaró una tregua. A partir de entonces, la organización terrorista, que sólo había publicado sus comunicados a través de Egin o de su sucesor Gara [=Somos], comenzó también a remitirlos a Euskaldunon Egunkaria y a Euskadi Irratia, una de las radios oficiales –la que transmite íntegramente en euskera– del grupo EiTB. Rota la tregua –y el pacto de Estella– en 1999, y tras obtener de nuevo el PNV la mayoría (no absoluta) en las elecciones de 2000, el lehendakari Juan José Ibarretxe anunció la presentación de su plan de libre asociación con España, lo que desató el inicio de un absoluto desencuentro entre los partidos nacionalistas vascos y los constitucionalistas (PP y PSOE), la acusación de que Ibarretxe planteaba una secesión encubierta, la creación del Pacto Antiterrorista por parte de estos dos últimos partidos, y la aprobación de la Ley de Partidos Políticos que, en la práctica, supuso la ilegalización de Batasuna, el cierre de sus sedes sociales y la incautación de sus bienes.

            En ese ambiente se produjo el cierre de Euskaldunon Egunkaria, el encarcelamiento de sus responsables –varios de los cuales fueron luego puestos en libertad bajo fianza–, la continuación inmediatamente de la actividad periodística diaria en lengua vasca, desde febrero hasta junio de 2003, bajo la cabecera provisional Egunero –prestada por una publicación de la localidad guipuzcoana de Tolosa–, y finalmente la reanudación definitiva de la presencia diaria de la prensa en euskera tras la creación de una nueva empresa y la puesta en marcha del diario Berria [=Nuevo, pero también Noticia] a partir de junio de 2003.

            El propósito de este texto no es narrar los hechos que hemos aquí expuesto sucintamente (y cuyo desenlace, a la hora de escribir estas líneas, se desconocía al no haberse juzgado los hechos que motivaron el auto y no haberse emitido sentencia alguna), sino, tomando éstos como punto de llegada, y disfrutando ya de una cierta perspectiva histórica, explicar la creación, vida y desaparición del segundo diario en euskera, en la presunción de que ésta resulta insuficientemente conocida por quienes no dominan la lengua vasca, y ante el convencimiento, igualmente, de que lo que sucedió ayer puede explicar algunas cosas de hoy y, quién sabe, tal vez de mañana.

 

1.       Los primeros pasos en pos de la creación de un diario en euskera

 

1.1. Proyectos hasta la Guerra Civil

 

Disponer de un diario íntegramente redactado en lengua vasca ha sido, desde hace mucho tiempo, un anhelo de los vascos de lengua, nacionalistas o no, que sólo muy tardíamente se hizo realidad[3]. La necesidad de un diario en euskera la plantearon, por primera vez de forma explícita, los nacionalistas navarros en 1908, aunque sin predicar con el ejemplo: todas las publicaciones que el PNV puso en marcha o auspició en la que hoy es Comunidad Foral estaban redactadas, en más de un 90%, en castellano. Por su parte, Gregorio Múgica, un excelente escritor y periodista guipuzcoano en lengua vasca que sólo hoy comienza a recibir algo del reconocimiento que merece –no se le conoce adscripción partidista alguna– propuso, en las páginas de su revista Euskal Esnalea [=El despertador vasco], la creación de un periódico diario íntegramente en euskera en 1917.

 

1.1.1. El proyecto de la Academia de la Lengua Vasca

 

Los primeros proyectos serios de crear un diario en euskera datan de la década de 1920. Impulsado por, entre otros, Julio de Urquijo –director de la Revista Internacional de los Estudios Vascos–, el propio Gregorio Múgica y el que luego sería primer director de la Academia de la Lengua Vasca, el sacerdote Resurrección María de Azkue, en 1918 se celebró en Oñate el primer Congreso de Estudios Vascos, en cuyo seno se gestó, inspirada en el Institut d’Estudis Catalans, la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza. De su mano se creó al año siguiente la Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia, otro anhelo de las letras vascas. Uno de sus propósitos fue dotar al euskera, una lengua fragmentada en dialectos y variedades locales, con diversos usos ortográficos –recordemos que se habla también en el sur de Francia–, que los seguidores de Sabino Arana se encargaban de expurgar de toda traza castellana –y, de paso, latina–, de una variedad para usos cultos y convertirla en una lengua de prestigio. Azkue, vizcaíno de nacimiento y lengua, propuso en cambio, siguiendo la práctica de la revista donostiarra Argia y de su director, el también vizcaíno Víctor de Garitaonandia, basarse en el dialecto guipuzcoano, variedad de prestigio desde que en 1729 el jesuíta Manuel de Larramendi redactó la primera gramática del euskera, significativamente titulada El impossible vencido[4], tomando como base para ella, por supuesto, el dialecto que él hablaba. La Guerra Civil impidió que el proyecto llegara a buen término y sólo en 1968 se establecieron por fin las bases para un euskera unificado supradialectal (euskara batua).

Para hacer de la vasca una lengua de prestigio, la Academia consideraba indispensable la existencia de un diario en euskera. De hecho, el criterio para nombrar a los primeros académicos de número fue proponérselo a los directores de revistas en euskera o bilingües. En 1919 Azkue y Urquijo mantuvieron algunos tratos con Rafael Picabea, dueño del diario El Pueblo Vasco de San Sebastián. Ante la imposibilidad de crear ese periódico en euskera, Euskaltzaindia se planteó entonces ayudar a los que, aun editándose en castellano, accediesen a publicar una sección en lengua vasca con una cierta continuidad, para lo cual se les subvencionó con 250 pesetas. Poco después, reconsideró Euskaltzaindia su estrategia, y en 1920 creó una oficina en la propia sede de la Academia para nutrir de originales en euskera a los seis diarios de Bilbao que no editaban hasta entonces prácticamente en esa lengua (Euzkadi, del PNV, disponía de una sección diaria desde su creación en 1913) , a los que a cambio se les pedía que contribuyesen a mantener económicamente esa oficina. Respondió la mitad: el católico La Gaceta del Norte y los nacionalistas Euzkadi y La Tarde, que se comprometieron a aportar mil pesetas cada uno. Se sabe poco de esa oficina, pero es seguro que su actividad no se prolongó demasiado.

 

1.1.2.        El proyecto de Lizardi y Argia

 

La siguiente propuesta tuvo más visos de hacerse realidad. Un grupo de amantes de la lengua y la cultura vascas creó en 1921, en San Sebastián, un semanario con apariencia de diario, al que llamaron Argia [=La Luz]. A pesar de la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, consiguieron mantener la publicación puntualmente cada sábado, gracias a que la censura quedó en Guipúzcoa en manos del gobernador militar, Juan Arzadun, vasco de lengua. Al final de la dictadura, en 1929, un joven gerente de una empresa de Tolosa, dirigente del PNV guipuzcoano, poeta y periodista, José María Agirre Lizardi, planteó explícitamente, con cuentas en la mano y a partir de un curso de verano organizado por la Sociedad de Estudios Vascos, la posibilidad de convertir Argia en un diario. Necesitaban unas 140.000 pesetas como capital inicial –aunque se hablaba de dos millones de pesetas como inversión total– y 3.000 suscriptores. Agirre proponía crear una asociación, Erri-Lan [=Trabajo Popular] para un periódico que se llamaría Bai [=]. Al parecer[5], Agirre pretendía remediar la carencia de empleo de la lengua vasca que apreciaba en el resto de los diarios del o cercanos al PNV. Llegó a editar un número de prueba, pero finalmente, en 1930 se desechó el proyecto. A cambio, ese mismo año apareció en San Sebastián el diario filonacionalista El Día, íntegramente redactado en castellano. Al euskera que la doctrina aranista considera elemento definitorio de la raza vasca sólo se le dedicó un espacio diario en la última página.

 

1.1.3. Eguna, primer diario en lengua vasca

 

El primer diario en euskera se publicó durante la Guerra Civil, gracias a la política de incautaciones del Gobierno vasco. Se llamó Eguna [=El Día], y apareció desde el 1 de enero de 1937 hasta la caída de Bilbao, a mediados de junio de ese año. Fue una empresa absolutamente excepcional, gestada por otro periodista y poeta, miembro del PNV y, durante la contienda y hasta su fusilamiento, responsable de comunicación del Gobierno vasco, Esteban Urkiaga Lauaxeta. Fue dirigido nominalmente por Manuel Ziarsolo y lo sostuvieron tres jovencísimos periodistas: Agustín Zubikarai, Eusebio Erkiaga y José María de Arizmendiarrieta, este último sacerdote y luego impulsor del movimiento cooperativo de Mondragón[6].

 

1.2.        La prensa en euskera, de la dictadura franquista a la transición política

 

1.2.1. La supervivencia del periodismo en lengua vasca bajo el régimen de Franco

 

Después, una larga etapa de silencio: varios decretos de las autoridades franquistas impidieron en la práctica la edición de libros y periódicos en euskera, así como la predicación desde el púlpito, las emisiones de radio e, incluso, las conversaciones privadas en la calle, hasta bien entrada la década de los 40. La Sociedad de Estudios Vascos fue prohibida, no así la Academia de la Lengua Vasca, cuya actividad se redujo, sin embargo, hasta el mutismo casi total. Los periodistas y escritores que sobrevivieron a la contienda bélica tomaron el camino del exilio o, si se quedaron, apenas pudieron expresarse. Durante los años 40 y 50, sólo se permitió publicar en el País Vasco alguna revista cultural o religiosa en euskera. Algo cambió en la década de 1960, cuando algunas revistas religiosas (Zeruko Argia, Anaitasuna) comenzaron a convertirse en magacines de información general. A la llegada de la transición, estas revistas, que habían radicalizado en su ideario político al tiempo que lo hacían los sectores de la Iglesia católica de habla vasca, entraron en crisis. Sólo sobrevivió Zeruko Argia [=La luz del cielo] cuya propiedad abandonaron los capuchinos de Pamplona, y que se convirtió, adoptando en 1980 la cabecera de Argia y la forma jurídica de una cooperativa, en la revista semanal de información general que hoy es.

 

1.2.2. El surgimiento de diarios nacionalistas en la transición

 

En aquella década de 1970 surgieron, además, dos diarios de ideología nacionalista, que en poco tiempo se convirtieron en portavoces de sendas formaciones políticas, lo que convierte al panorama periodístico vasco en uno de los pocos de la Europa occidental que dispone de prensa de partido: Egin, portavoz de la izquierda abertzale y pronto órgano oficioso del MLNV, que se comenzó a publicar en 1976, y Deia, cercano al PNV, que inició su andadura en 1977. A pesar de la insistencia del ideario nacionalista, moderado o radical, en otorgar una teórica importancia a la lengua vasca, la presencia de ésta en ambos diarios rara vez sobrepasó, en el mejor de los casos, el 12%, y puede ser calificada de meramente simbólica. El espacio dedicado al euskera, además, rara vez se confiaba a las noticias importantes. Más bien, se reservaba para informaciones sobre la lengua y la cultura vascas, es decir, en cierto modo se retroalimentaba. En el resto de los diarios vascos la presencia del euskera ha sido irregular, alojada, cuando se le ha concedido algún espacio, a suplementos semanales o a algunas noticias de la sección de cultura.

 

1.2.3. La creación de EiTB y la Ley de Normalización del Euskera

 

Hasta ese momento, tampoco la radio concedía al euskera una presencia continua. Radio Popular de Loyola y Radio Popular de San Sebastián, cuya titularidad ostentan los jesuitas, otorgaban bastante espacio a la lengua vasca. En 1976, coordinadas por el entonces periodista José Ramón Beloki, estas emisoras organizaron una maratón radiofónica titulada “24 ordu euskaraz” [=”24 horas en euskera”]. La presencia de la lengua vasca en la cotidianidad de quienes la hablan se garantizó, en cierto modo, tras la aprobación del Estatuto de Autonomía de Gernika, con la creación, siguiendo el modelo de medios de comunicación audiovisuales públicos de España, del ente público de la radio y televisión vascas, Euskal Irrati Telebista (EiTB), mediante la ley 5/1982, y el posterior decreto 157/1982, de creación de Euskal Telebista. Surgieron así las emisoras Radio Euskadi, que retomaba la denominación de la que transmitió desde Francia y Venezuela durante el franquismo[7], íntegramente en castellano y con sede en Bilbao (cuya zona de influencia, considerada de habla no vasca, acoge a prácticamente la mitad de la población de la Comunidad Autómoma), y Euskadi Irratia, que, con sede en San Sebastián (única de las tres capitales vascas que ha mantenido la lengua propia), emite desde entonces únicamente en euskera (su audiencia inicial no llegaba al 10% de los casi 700.000 vascohablantes de entonces). El Gobierno vasco compró además Radio Vitoria, en un momento en que se pretendía atraer Álava hacia el nacionalismo. ETB comenzó sus emisiones en 1983, sólo en euskera (esta lengua había obtenido por primera vez una pequeña cuota de pantalla en el programa informativo regional de Televisión Española en 1975), ya que la ley de creación disponía que sirviese de impulso a la “lengua y cultura vascas”, pero en 1986, subrepticiamente y provocando grandes recelos en sus socios de gobierno del Partido Socialista de Euskadi (PSE), el entonces director del ente, José María Gorordo, decidió poner en marcha otro canal íntegramente en castellano, ETB-2, sin duda para alcanzar a esa gran mayoría de los ciudadanos vascos que desconoce el euskera[8].

Aquel mismo año de 1982 en que se creaba EiTB se promulgó la Ley 10/1982, de 24 de noviembre, básica de normalización del uso del euskera. Todo el capítulo tercero está dedicado al uso de la lengua vasca en los medios de comunicación social. Puesto que todos los ciudadanos tienen “el derecho a ser informados por los medios de comunicación social tanto en euskera como en castellano” (art. 22), se conmina al Gobierno vasco a que adopte “las medidas conducentes a aumentar la presencia del euskera en los medios de comunicación social”. De alguna manera, se cumplía así también el precepto del artículo 20.3 de la Constitución española, aunque dicho mandato (“garantizar el acceso de dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España”) se extendía no sólo a los medios de comunicación del Estado, en este caso RTVE, sino a los “de cualquier ente público”. Se respetaba también el Estatuto de la Radio y la Televisión (ley de 10 de enero de 1980). Cómo se entiende esto es una cuestión muy controvertida. Parece claro que el Gobierno vasco y el español se repartieron tácitamente los cometidos y las lenguas[9].

Así las cosas, los esfuerzos gubernamentales se concentraron en ETB, la niña de los ojos de los sucesivos consejeros (y consejeras) de Cultura. Todos los otros sucesivos intentos de potenciar medios de comunicación mediante generosas inyecciones de dinero público han tenido un éxito relativo. En 1985, por ejemplo, a instancias de Euskadiko Ezkerra, el parlamento de Vitoria decide conceder una subvención para que una agencia de noticias produzca algo en euskera (los medios de comunicación se quejaban de que buena parte de la materia prima informativa, los despachos de agencias en definitiva, sólo estaban disponibles en español), subvención que se concede a Vasco Press, aunque Efe, la principal agencia española (por cierto, también una empresa pública) fuese el primer candidato. El experimento, basado en traductores, acabó en 1992 con más pena que gloria.

Para los medios escritos, el ejecutivo y el legislativo vascos se decantaron también por la política de subvenciones, canalizadas a través de las ayudas a la edición en lengua vasca y siempre muy criticadas, sobre todo, esto es lo más paradójico, por sus receptores cuando consideran no obtener lo suficiente. Sólo a finales de los años 80, y dependiente en buena medida de la subvención pública, halló el periodismo en lengua vasca una cierta vía de desarrollo: las revistas locales, sobre todo muy pujantes en Guipúzcoa, donde el uso de la lengua vasca alcanza, como media, el 40% de sus habitantes. Perdido el espacio reivindicativo de antes de la democracia, con un país que mantenía graves problemas políticos y de orden público, las revistas en lengua vasca se estancaron en posiciones inmovilistas. Ya no eran el principal recurso para acostumbrarse a leer en euskera ni de transmisión de valores culturales. Pronto tuvieron que hacer frente a la televisión vasca. Tenían además la feroz competencia de los medios de comunicación en castellano. A medida que las revistas en euskera se escoraban cada vez más hacia la izquierda nacionalista, a medida que se aferraban al militantismo para continuar editando sus cabeceras, iban perdiendo lectores. La única vía posible de salvación era la subvención institucional. En ese asfixiante panorama, sólo Argia sobrevivió.

 

2.       El surgimiento del segundo diario en euskera

 

2.1. Primeras propuestas

 

Mientras tanto, siquiera fuese tímidamente, no faltaban voces que reclamaban la creación de un diario en euskera. En mayo de 1976, un grupo de vascohablantes poco partidarios del euskera unificado –que se resistían, por ejemplo, a emplear la letra “h” –, encabezados por los periodistas guipuzcoanos Santiago Aizarna y Manu Oñatibia (se recurrió incluso a Agustín Zubikarai, el otrora joven periodista de Eguna), habló públicamente de la posibilidad de crear un diario en lengua vasca que se denominaría Erria (en la variedad unificada la forma correcta es Herria). En otoño de ese año, ya habían abandonado el proyecto.

Por esas mismas fechas, algunos periodistas del diario donostiarra La Voz de Euskadi, empresa cooperativa surgida tras el cierre de La Voz de Guipúzcoa, diario de Prensa del Movimiento –el único de España que no tenía déficit–, editaron un cuadernillo, Orria [=La Hoja], que pretendieron, sin éxito, convertir en diario en euskera. La fórmula la emplearían después otros periódicos (Diario Vasco de San Sebastián, Navarra Hoy) con igual fortuna.

En 1982, un periodista de Deia, Mikel Atxaga, propuso editar un diario en lengua vasca de 28 páginas que reuniese los esfuerzos dispersos que se hacían en los respectivos suplementos de Deia, Egin, La Voz de Euskadi y Diario Vasco. A pesar de que la Diputación Foral guipuzcoana prometió destinar 105 millones de pesetas al proyecto, éste se vio con escepticismo y quedó finalmente en agua de borrajas.

            En 1983, las empresas Orain e Iparragirre, editoras de Egin y Deia, respectivamente, presentaron sendos proyectos. El primero planteaba convertir el suplemento en euskera Egunon en un diario, tras realizar una encuesta entre sus lectores que aseguraba que tendría unos 7.000 lectores. La Diputación guipuzcoana prometió 3.750.000 pesetas de subvención, pero el Gobierno vasco hizo caso omiso de la propuesta. La de Iparragirre, que aseguraba poder vender 10.000 ejemplares de un diario de 24 páginas escrito íntegramente en lengua vasca, fue también desestimada.

 

2.2. La intervención del Gobierno vasco

 

2.2.1. Subvenciones a semanarios con apariencia de diarios

 

Estas iniciativas, sin embargo, no cayeron en saco roto. El ejecutivo autónomo entonces presidido por el nacionalista José Antonio Ardanza decidió preparar el camino a la edición de uno o varios diarios en euskera mediante la vía de la subvención a iniciativas privadas. En realidad, éstas, como luego se demostró, no hubiesen sido posibles sin el aporte económico público, así que, más que de subvención, habría que hablar de contribución indispensable a su financiación. Se lanzó una convocatoria pública destinada a aquellas empresas que se aviniesen a publicar un semanario, con apariencia de diario, matutino, de información general, con al menos 32 páginas y que se distribuyese en todo el País Vasco. Deberían contar con, por lo menos, seis periodistas en plantilla, licenciados en Periodismo o con cinco años de experiencia en otro medio de comunicación. Obviamente, la convocatoria se dirigía a empresas ya establecidas. Se presentaron tres: Orain, Iparragirre y Zeruko Argia, empresa editora de Argia. Se concedió a las dos primeras la subvención prevista, no así a la tercera, que desde entonces manifestaría su disgusto y su disconformidad, y que luego desempeñaría un papel crucial en el surgimiento de Euskaldunon Egunkaria.

El semanario que editó Orain se llamó Hemen [=Aquí]. Lo dirigió Joxean Agirre, redactor jefe de Cultura en Egin, y contó con los siguientes redactores en plantilla: Jabotxa Fernández, Eguzki Arrizabalaga, Andrés Gostin, Xabier García Argüello, Joseba Álvarez Forcada y Sergio Basurko. Salía los viernes, el primer número apareció el 26 de septiembre de 1986 y el último el 28 de septiembre de 1990. En 1989 tiraba 3.500 ejemplares.

Por su parte, Iparragirre lanzó a la calle, los jueves, el semanario Eguna [=El Día], que retomaba la cabecera y la numeración de aquel primer diario que apareció durante la Guerra Civil. El subtítulo rezaba, precisamente, Katea ez da eten [=La cadena no se ha interrumpido]. Se lanzó el 5 de octubre de 1986, bajo la dirección de Luis Alberto Aranberri Amatiño. Los periodistas que componían su plantilla provenían, en su mayoría, de Deia: Nerea Azurmendi, Txemi Galarraga, Imanol Unzurrunzaga y el hijo de Agustín Zubikarai, Antton. Vendía, según cifras de 1989, mil ejemplares menos que Hemen, 2.500, y su vida se prolongó hasta el 27 de septiembre de 1990.

Los dos diarios que el entonces Grupo Correo, hoy Vocento, editan en la Comunidad Autónoma Vasca reaccionaron igualmente, intentando tomar posiciones en el mercado. El Correo de Bilbao, el más vendido y leido, comenzó a editar los jueves el suplemento Asterokoa, fundamentalmente destinado al público escolar –el que, con el paso del tiempo, habría de incorporarse al de lectores de periódicos–, aunque con contenidos también para adultos, como por ejemplo la columna “Iritziak iritzi” [=“La opinión es la opinión”] que escribía el que luego sería rector de la Universidad del País Vasco, Pello Salaburu[10], mientras que El Diario Vasco, hegemónico en Guipúzcoa, encargó a Félix Ibargutxi el suplemento en euskera Zabalik [=Abierto], que aparecía los viernes.

 

2.2.2. El informe del Gobierno vasco

 

Tras estos cuatro años experimentales, y al cesar de recibir la subvención que les permitía sobrevivir, ninguna de las dos empresas se planteó convertir los semanarios en diarios. Entre los dos ni siquiera llegaron nunca a vender más de 7.000 ejemplares, 3.000 menos que los previstos por el Gobierno vasco. La estrategia de éste –a instancias de una propuesta de todos los grupos políticos del Parlamento vasco– fue encargar en 1988 un estudio a la empresa CIES. Las líneas generales de este estudio aseguraban que había un público lector mayor de quince años capaz de leer fluidamente en euskera –recordemos que la introducción efectiva de la lengua vasca en la enseñanza sólo se produjo tras la aprobación del Estatuto de Gernika–, que ascendía en 1984 a 324.000 personas. De ellos, 200.000 confesaban leer un periódico a diario, lo que suponía aproximadamente el 10% de la población vasca total. De esos 200.000 vascohablantes, el número de quienes afirmaban estar dispuestos a leer un diario íntegramente redactado en lengua vasca se reducía a unos 88.000, pero no todos lo comprarían. El número total de compradores se reducía así a entre 21.000 y 26.000 personas, si bien se veía imposible hacer un diario que complaciese a todos los gustos e ideologías[11], pero también se creía que era un número insuficiente de compradores para mantener más de una iniciativa.

Ése fue el quid de la cuestión. El departamento de Cultura del Gobierno vasco se resistió a hacer públicos los datos del informe, argumentando que primero había que darlo a conocer en el Parlamento de Vitoria, pero Iñaki Uria, periodista de la revista Argia –agraviada por la negativa del ejecutivo autónomo a concederle la misma subvención que habían otorgado a Orain e Iparragirre–, consiguió una copia y dio a conocer los resultados en octubre de 1989. Resaltó algunos datos de ese informe: la mayoría de los potenciales lectores de un diario en euskera eran menores de 35 años (unos 67.000) y, de ellos, 36.000 se declaraban favorables a la izquierda radical. Incluso la mitad de los lectores de Eguna (un 49,4%), semanario cercano al PNV, se declaraba votante de Herri Batasuna. El perfil del lector de un hipotético diario en euskera, se afirmaba en un reportaje de Argia publicado el 15 de octubre de 1989, era joven, guipuzcoano y partidario de la izquierda abertzale.

El informe planteaba, finalmente, tres escenarios posibles. El primero, la publicación de un solo periódico en lengua vasca: bien fuese un diario, nacionalista de izquierdas, que vendiese unos 13.000-16.000 ejemplares; bien un diario de centro, que vendiese unos 14.000-17.000 ejemplares; o bien uno de centro-derecha, que vendiese 10.000-12.000 ejemplares. Un segundo escenario contemplaba la convivencia de dos diarios en euskera, donde uno de ellos debería luchar por crear lectores. El tercer escenario, más improbable, contemplaba la posibilidad de que se editasen tres diarios en euskera, pero sólo tendría asegurada, tal vez, su supervivencia uno de ellos, el de izquierda abertzale, que era el que tendría una masa mayor de lectores-compradores, entre 6.000 y 8.000.

 

2.3. Dos proyectos contrapuestos: Egunkaria Sortzen y el proyecto del Gobierno vasco

 

Casi inmediatamente, un grupo de unas 60 personas, entre ellas varios responsables de la revista Argia, pusieron en marcha la empresa Egunkaria Sortzen S. L. [=Creando el diario, S. L.]. Encabezaron la iniciativa Juan María Torrealdai Nabea, presidente y director de Jakin, revista de pensamiento que primero fue de los franciscanos y en la década de 1980 se hizo laica;  José Miguel Zumalabe Goenaga, de Argia; y José María Auzmendi, jesuita y periodista de Radio Popular de San Sebastián, emisora propiedad de dicha orden. Participaron también activamente otras muchas personas, aunque cabe destacar, por ejemplo, al hoy catedrático de periodismo de la Universidad pública vasca, Iñaki Zabaleta Urkiola, y al entonces profesor asociado de la Universidad del País Vasco, Jesús María Zalakain. Esta empresa mercantil comenzó su actividad en 1990, aunque se fundó a finales de 1989. Hay que recalcar que no se trataba de una empresa establecida que viese la oportunidad de un nuevo mercado, sino de lo que desde un primer momento se calificó como iniciativa “popular”. Jesús María Zalakain dejaba muy clara la postura de la izquierda abertzale a la que pertenece, en el título de su tesis doctoral, que intentaba justificar la oportunidad del empeño: Euskal prentsa herri prentsa da [=La prensa en euskera es una prensa popular][12]. Es más: desde el principio se era consciente de que esa iniciativa popular ocupaba el único espacio posible para un diario en euskera, que, por los pasos dados hasta entonces, hubiese dado la impresión de que se esperaba que viniese de una empresa comunicativa ya establecida.

Como respuesta, y a pesar de que el viceconsejero Iñaki Zarraoa (luego fue director de EiTB) afirmó en un primer momento que el ejecutivo pensaba que un diario en euskera debía ser una empresa privada, el departamento de Cultura del Gobierno vasco, presidido entonces por el nacionalista Joseba Arregi (muy crítico después con su propio partido, el PNV, hasta el punto de verse obligado a llevar escolta tras la ruptura de la tregua de ETA y del pacto de Lizarra, y finalmente desvincularse de él en verano de 2004), ordenó la creación de un grupo de trabajo, presidido por el otrora periodista y más tarde diputado foral de Guipúzcoa y diputado en el Congreso de los Diputados por el PNV, José Ramón Beloki, para que estudiase la posibilidad de impulsar un diario desde el ejecutivo autónomo. Dicho grupo, bajo la supervisión directa del director de promoción del euskera del departamento de Cultura del Gobierno vasco, Josu Legarreta, se presentó públicamente el 4 de abril de 1990. Se invitó a formar parte del mismo a periodistas de los medios más significativos que trabajaban en euskera: Antton Aranburu, de Euskadi Irratia; Jon Basterra, de Egin[13]; Elixabete Garmendia, de ETB; Félix Ibargutxi, del Diario Vasco: Ignacio Irizar, de El Correo; Imanol Unzurrunzaga, de EiTB y antes en Eguna; Pello Zubiria, director de Argia; y el propio José Ramón Beloki, que venía de Deia (antes había estado en Radio Popular de San Sebastián y el 27 de marzo de 1976 había coordinado el especial 24 ordu euskaraz [=24 horas en euskera]). Ambas iniciativas sólo contemplaban un escenario, un mercado donde se publicase un único diario en euskera[14]. Por lo que, claro está, ambas entraron en abierta competencia. El grupo se reunió cada quince días durante tres meses, aunque no sin desacuerdos. Félix Ibargutxi expresó su disconformidad, y no tomó parte en las últimas reuniones, aunque finalmente prestó su firma al informe. El 4 de julio de 1990, Pello Zubiria –que también estaba en Egunkaria Sortzen, y de hecho fue el primer director de Egunkaria– dirigió una carta a José Ramón Beloki en la que presentaba su dimisión. Acusaba a éste y al consejero Joseba Arregi de no haber respetado las reglas del juego y, sobre todo, de no pretender en ningún momento la confluencia con la iniciativa que desembocaría en el nacimiento de Euskaldunon Egunkaria. Si bien, reconocía, “en el futuro cualquier diario tendrá que negociar con los poderes públicos del País Vasco”. Desde el comienzo, la subvención pública se contemplaba como un pilar fundamental para la supervivencia del diario en euskera.

Poco después, el 12 de julio de 1990, el propio consejero y José Ramón Beloki presentaban el proyecto oficial y un número 0 del mismo, que provisionalmente ostentaba la cabecera Egunero [=Cada día]. Con sendos informes sobre el público potencial encargados a Manu Castilla, de EiTB, y Mikel Zalbide, de HABE (organismo dependiente del Gobierno vasco dedicado a la alfabetización y enseñanza del euskera a adultos), barajaban una audiencia máxima de entre 35.000 y 40.000 lectores, y un número de ejemplares –a la venta o mediante suscripción, sobre todo aprovechando la red educativa vasca; “periódico de familia”, llegaron a definirlo– de entre 8.000 y 15.000. La sede central estaría en San Sebastián, con delegaciones en Bilbao y Vitoria, y también en Pamplona y Bayona, asi como corresponsales en Madrid y Bruselas. Dispondrían de una rotativa propia, e imprimirían el periódico, compuesto de varios cuadernillos con especial importancia a la información local, en color, 36-48 páginas en total. No se publicaría los lunes, probablemente tampoco los domingos ni durante las vacaciones de agosto. La principal novedad –previa autorización preceptiva del Parlamento vasco, es de suponer– para ese único diario en euskera era hacerlo depender de EiTB, para lo cual se planteaba una reforma jurídica del ente que permitiese tomar bajo su cargo, en una actuación sin precedentes en el Estado español tras la liquidación de la prensa del Movimiento, un medio de comunicación escrito y dejar abierta la puerta en el futuro para crear o tutelar otros medios de comunicación en euskera. En concreto, planteaban crear, dentro de EiTB, una división denominada Euskararen Multimedia [=El multimedia del euskera].

Mientras tanto, la iniciativa de Egunkaria Sortzen continuaba adelante. Organizaron una campaña popular para presentar el proyecto y recaudar fondos en todas las localidades vascas, vendiendo acciones de entre 5.000 y 500.000 pesetas cada una. Pronto consiguieron 160 millones de pesetas. Toda aportación económica era poca, pues el Gobierno vasco negó cualquier posibilidad de subvención. Los documentos incautados a la dirección de ETA por las fuerzas de seguridad del Estado, dados a conocer en los autos de la Audiencia Nacional emitidos a raíz del cierre de Egunkaria, permiten reconstruir algunos detalles de aquella época. Por ejemplo, que la dirección del grupo terrorista, entonces encabezada por el colectivo Artapalo (detenido en Francia en 1992), veía con buenos ojos “la trascendencia y pronta culminación del proyecto de periódico Egunkaria Sortzen”, según un documento fechado en junio de 1990 y atribuido a José Luis Álvarez Santacristina, responsable del aparato político de ETA en aquellos años. El objetivo: “Fortalecer política e ideológicamente a nuestra base militante y a nuestro entorno social [...] establecer lazos de contacto político y social con todos aquellos sectores sociales, bases de partidos incluidas, con un mínimo de sensiblidad hacia determinadas reivindicaciones del MLNV”, entre las cuales se incluía el euskera[15].

En junio de 1990, Egunkaria Sortzen S.L. participa en la constitución de Egunkaria S.A., que se inscribe en el Registro Mercantil el 26 de septiembre de ese año, con un capital social inicial de 10 millones de pesetas, que en la primera junta general de accionistas se amplía hasta alcanzar los 100 millones de pesetas, repartidos fundamentalmente entre 180 acciones de 500.000 pesetas cada una. En octubre, se contrató a los periodistas que habrían de participar en el proyecto y se hicieron cuatro números 0. Las relaciones con Argia eran evidentes: el consejero delegado de Egunkaria S.A., José Miguel Zumalabe, era a la vez el presidente de Zeruko Argia, S.A.L.; Iñaki Uria era redactor –él había dado a conocer la filtración del informe de CIES para el Gobierno vasco sobre la posibilidad de crear un periódico en euskera– y miembro del consejo de administración de Argia.

A partir de entonces, según la documentación intervenida a diferentes miembros de ETA y dada a conocer por los autos del juez instructor Juan del Olmo, la organización armada mostró un notable interés por la marcha de los acontecimientos. Al activista José Domingo Aizpurua Aizpuru se le intervinieron varios documentos, dos de ellos referidos específicamente a Euskaldunon Egunkaria. El primero data del 26 de octubre de 1990, y aborda “el problema de la dirección” del futuro periódico. Según este documento, la dirección se le ofreció, en primer lugar, a Juan María Torrealdai, que había sido nombrado presidente del consejo de administración y presidente del consejo editorial de Egunkaria S.A., y luego a los profesores de la Universidad del País Vasco Iñaki Zabaleta Urkiola y Jesús María Zalakain –que en 1998 fue detenido, y luego puesto en libertad bajo fianza, por el caso Egin–. Todos rechazaron la propuesta. Aizpurua asegura también que se pensó en Joserra García, periodista de ETB –presentaba un programa sobre bertsolaris–, si bien no ocultaba ciertas reticencias por su cercanía a Euskadiko Ezkerra, “aunque estando totalmente rebotado” y advirtiendo del riesgo de “desmarque de aquí a un tiempo”[16]. Finalmente, el director de Euskaldunon Egunkaria fue Pello Zubiria, que antes lo fue de Argia. Uno de los tres subdirectores –los otros dos eran Nerea Azurmendi y Lucien Etxezaharreta– era Iñaki Uria. A Carmen Guisasola, miembro del comité ejecutivo de ETA, se le intervino, años después, un documento del 12 de noviembre de 1990, en que el que habla del proyecto, “una gran apuesta política”. El primer número de Euskaldunon Egunkaria se vendió en los kioskos el 6 de diciembre de 1990.

A su vez, el departamento de Cultura del Gobierno vasco dio algunos pasos más para presentar un proyecto factible al Parlamento vasco. En 1991 encargó a la empresa Irigoyen & Pérez de Calleja Consultores un estudio que finalmente le fue entregado en abril de ese año[17]. Según ese informe, ese segundo diario en euskera costaría 900 millones de pesetas cada año. Sería tabloide, compuesto por 48 páginas (64 los sábados), en color, familiar y compuesto por textos breves. Por lo que se refería a la distribución, había dos posibilidades: competir en un mercado que ya disponía de un diario en euskera, y no pensar en vender más de 4.000 ejemplares; o bien, ya que la subvención era imprescindible, distribuir gratuitamente 35.000. Cualquiera de las dos opciones suponía la más que posible muerte del otro proyecto, a quien se negaba toda ayuda económica institucional. Este segundo proyecto gubernamental tampoco se concretó.

 

3. La política de subvenciones

 

Las acusaciones de orbitar en torno al mundo del MLNV se sucedieron por parte del Gobierno vasco y de los portavoces del PNV. En comparecencia del entonces consejero de Interior del Gobierno vasco –después fue nombrado presidente del Parlamento de Vitoria–, Juan María Atutxa, ante el legislativo vasco para informar de la detención de dos presuntos miembros de ETA acusados de formar parte de la red de extorsión a empresarios, en 1992, llegó a afirmar que:

Esta intervención ataca, pues, el terror en sus orígenes, en sus fuentes de financiación, y muestra con total claridad el carácter mafioso de ETA y las significativas coincidencias existentes entre esta red y entidades tan importantes para el mundo de Herri Batasuna como su propia Mesa Nacional, el diario Egin, Egunkaria y el sindicato LAB[18].

Atutxa recomendaba, por aquellas fechas y por carta, a sus colegas los otros consejeros del Gobierno vasco que no destinasen dinero de sus departamentos a insertar publicidad institucional en Egin. Otros documentos intervenidos a ETA relacionaban presuntamente a ésta con el diario en lengua vasca. En un informe intervenido a la cúpula de ETA (el colectivo Artapalo) y fechado el 1 de marzo de 1992, al parecer un acta de una reunión de los responsables de los proyectos Udaletxe –los que se referían a empresas legales–, se habla de “la financiación en general de los proyectos”, así como de “situar contactos con personas de empresas, con peso específico en los consejos, por aportaciones de capital procedente de gente afín al MLNV”, entre las que se cita a Egin, Argia y Egunkaria[19].

En contra de todas las previsiones, Euskaldunon Egunkaria, sin competencia en los kioskos, se fue afincando en un mercado, como el del euskera, ciertamente marginal por otra parte. El número de compradores se estabilizó en torno a los 7.000-10.000, editaron un libro de estilo –que, previendo la necesidad de seguir reclamando subvenciones, renunció a hacer público su ideario a través de editoriales– y fueron cumpliendo sus objetivos. No disponía de maquinaria propia, y se tiraba en las instalaciones de Orain, empresa editora de Egin, hasta el cierre de éste. No se publicó nunca los lunes, los sueldos eran menguados y la plantilla corta. Durante la primera etapa –la de la dirección de Zubiria– el alineamiento con las tesis de la izquierda abertzale fue el más evidente de toda la vida del diario.

Pello Zubiria dejó la dirección de Egunkaria a finales de 1992. Le sustituyó, brevemente, Iñaki Uria, que permaneció en el cargo hasta el 13 de julio de 1993, sin dejar de ser al mismo tiempo consejero delegado. En un documento intervenido a ETA, fechado en febrero de 1993 y atribuido a un tal Garikoitz, se afirma que “en lo referente al euskera la situación actual es bastante apurada, tienen graves problemas para pagar”, y se informa a la dirección de la banda terrorista de las dificultades para encontrar un nuevo consejero delegado (“lógicamente se prefiere a JMTorr [Juan María Torrealdai] pero él no da ninguna posibilidad de aceptar”) y a la necesidad de buscar asimismo un nuevo director, puesto para el que se pensó en el periodista Imanol Murua y en Xabier Oleaga, que fue director de Egin entre 1990 y 1992.  “Según el procedimiento seguido en el Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional (sumario 18/98)”, indica el auto del juez Juan del Olmo mediante el que se ordena el cierre cautelar de Egunkaria en 2003, “se identifica a la persona que utiliza el nombre orgánico de Garikoitz, para el mantenimiento de comunicaciones encriptadas con los responsables de ETA, como Francisco Javier Alegría Loinaz [...] portavoz de la coordinadora KAS en ese momento”. Xabier Alegría fue detenido y se decretó para él prisión provisional incondicional en febrero de 2003. Era entonces miembro del consejo de administración del diario.

Otro informe intervenido a ETA, de fecha 18 de marzo de 1993, insiste en las dificultades económicas (“para hacer frente a eso se necesita dinero, para reforzar el proyecto”) y plantea acudir “a América en busca de dinero”[20]. La Diputación Foral de Guipúzcoa concedió en 1993 una subvención a Egunkaria. Justo entonces, a finales de 1992 y durante todo 1993, algunas voces se alzaron en el Parlamento vasco pidiendo que se considerase la posibilidad de que el Gobierno autónomo participase accionarialmente en Egunkaria o, al menos, se subvencionase al único diario en euskera, ya que el proyecto propio se había desestimado[21]. A petición del escritor y parlamentario de HB Joxe Agustín Arrieta, Juan María Torrealdai compareció ante la comisión de control parlamentario de EiTB para informar “sobre el euskera y los medios de comunicación del siglo XX”[22]. En octubre de 1993, parlamentarios de Eusko Alkartasuna y de Euskal Ezkerra (creada esta última formación por antiguos miembros de Euskadiko Ezkerra tras integrarse ésta en el Partido Socialista de Euskadi) presentaron formalmente una proposición no de ley, que finalmente se convirtió en un texto transaccional pactado con el PNV, el PSE y el grupo mixto, que resolvía el problema de las subvenciones a Egunkaria y daba por oficialmente cancelado el proyecto institucional. Xabier Markiegi, del grupo mixto (había pertenecido a Euskadiko Ezkerra, y años después desempeñó el cargo de Ararteko o defensor del pueblo vasco) se refirió entonces a lo que él consideraba la cuestión de fondo: “El reconocimiento de las dos libertades: la libertad de la empresa y la libertad del Gobierno”. La libertad de empresa, añadía, 
quiere decir que cualquiera puede montar un periódico, mientras [...] lo haga dentro de la legalidad; y puede elegir ser un periódico, vamos a decir, absolutamente abierto, en cuanto que recoge todas las sensibilidades y todos [...] los planteamientos ideológicos en relación con el euskera, o ser un periódico [...] parcial, como todos los periódicos de prensa escrita que existen editados por empresas privadas[23].
Leopoldo Barreda, representante del Partido Popular en la cámara de Vitoria, también puso sobre el tapete cuestiones relacionadas con el conflicto de derechos, “lo que llamo pérdida de libertad en el marco de lo que llamamos libertad de expresión y libertad de creación de empresa”. Para Barreda, el hecho de que representantes del departamento de Cultura del Gobierno vasco, ocupado por el PNV, hubiesen hablado con representantes de Herri Batasuna, era inaceptable.

En su intervención ante la comisión de Educación y Cultura del Parlamento vasco, el entonces diputado de Euskal Ezkerra Xabier Gurrutxaga indicaba la absoluta necesidad de que se practicasen cambios en la línea editorial de Euskaldunon Egunkaria para que éste mereciese recibir una subvención:

Creo interpretar la voluntad de los grupos firmantes que no se da en ese supuesto de que se dé una ayuda, una subvención, por el mero hecho de que exista un periódico, sino porque el Gobierno entiende que en el contexto de un acuerdo "Egunkaria" cumple una función social, en este caso, la función social de prestar y garantizar el derecho de los ciudadanos a recibir información en euskera y la función social de contribuir a la normalización del uso del euskera en ese ámbito. Es porque existe esa función social como se daría el apoyo financiero[24].

“El diálogo como vía para alcanzar el acuerdo”, indicaba en su intervención Xabier Gurrutxaga[25]. Ese diálogo comenzó, en el verano de 1993, de la mano de varios representantes del PSE guipuzcoano, sector tradicionalmente más vasquista y que contaba con miembros vascohablantes, como Maite Pagazaurtundua. ETA, tan interesada entonces en las evoluciones de Egunkaria como valedor del euskera, asesinó en 2000, con una bomba en la zona universitaria de Vitoria, a quien fue su superior, el ex consejero de Educación del Gobierno vasco, Fernando Buesa, y en febrero de 2003 a su hermano Joseba Pagazaurtundua, jefe de la policía municipal del pueblo guipuzcoano de Andoain. Poco después de hablar con Maite Pagazaurtundua, los representantes de Egunkaria hablaron también con miembros no determinados del PNV[26]. Luis María Bandrés, representante de este último partido, se resistió un tanto, argumentando que el nacimiento de Egunkaria no había sido “normal” ni “cómodo” para el Gobierno vasco. A partir de ese momento, en mayor o menor cuantía, el diario en euskera comenzó a recibir subvenciones, en concepto de ayuda a la edición en lengua vasca, y también se le levantó el veto al que en cuanto a recibir publicidad institucional se le había sometido. Finalmente, Martxelo Otamendi se ocupó de la dirección del diario, que ya no abandonaría hasta su cierre, e incluso después fue nombrado primer director de su sucesor Berria. Desde 1995, fue su subdirector Xabier Oleaga.

A pesar de las advertencias lanzadas en 1993 por algunos diputados del Parlamento vasco[27], el montante de las subvenciones concedidas a Egunkaria fue aumentando con el paso de los años. El cierre del periódico provocó las promesas de apoyo económico por parte de la consejera de Cultura del Gobierno vasco, Miren Azkarate, que finalmente se materializaron, en 2004, con la concesión de 1.029.000 euros a la edición impresa de Berria y 25.200 euros más para su edición digital (www.berria.info), sobre un total de 3,7 millones de euros destinados por ejecutivo autónomo vasco a consolidar el euskera entre los medios de comunicación, un incremento de 350.000 euros (aproximadamente el 10% más) respecto al ejercicio anterior.

 

4.       El cierre: De Egunkaria a Berria, pasando por Egunero

 

La historia de Euskaldunon Egunkaria, como tal cabecera, acabó el 20 de febrero de 2003, cuando mediante auto (el segundo; el primero, del día 19 de febrero de 2003, autorizaba a la Guardia Civil el registro de las instalaciones del diario), como queda dicho, el juez instructor de la Audiencia Nacional decretó el cierre de la empresa y la detención de su director, Martxelo Otamendi, y de los miembros de su consejo de administración Txema Auzmendi, Joan Mari Torrealdai, Xabier Alegria, Iñaki Uria, Luis Goya, Inmaculada Gomila (primera gerente del diario), Fermin Lazkano, así como del primer director del periódico, Pello Zubiria, que había vuelto a Argia, y del que fue subdirector de Egunkaria desde 1995 en adelante, y a la sazón director de comunicación de la Federación de Ikastolas, Xabier Oleaga. Todos, menos Alegria y Uria, fueron puestos en libertad bajo fianza días después. Algunos, como el propio director de la publicación, Martxelo Otamendi, denunciaron haber sufrido torturas. La denuncia fue archivada en 2004 por falta de indicios probatorios. El caso no se ha cerrado. En octubre de 2003, el propio juez Del Olmo ordenó la detención de diversas personas relacionadas presuntamente con la financiación ilegal de Egunkaria[28], la mayoría ligados a la empresa Buruntzape, S.L. Se les acusaba de haber percibido nueve millones de euros en subvenciones y haber ocultado sus beneficios para percibir esas ayudas públicas, llegando a declarar ventas de 220.000 ejemplares anuales cuando en realidad no llegaban a los 90.000[29].

El mundo de la cultura vasca, y las instituciones controladas por los nacionalistas, protestaron airadamente. El Parlamento vasco, presidido por Juan María Atutxa, exigió, con los votos de PNV, EA, IU-EB y SA, la reapertura inmediata del diario. La imagen de los diputados nacionalistas en medio de un pleno leyendo[30] Egunero, el sustituto temporal de Egunkaria, fue el tema del día en todos los medios de comunicación de España. El texto aprobado aseguraba que se trataba de una medida con clara “intención política” y, en nombre de la libertad de expresión e información, acusaba al Gobierno español de relacionar sistemáticamente el mundo del euskera y la violencia. Egunkaria recibió adhesiones de otros lugares de la Península, sin ir más lejos del área lingüística catalana: la de los responsables de los diarios que en una o otra medida emplean el catalán en sus páginas, o la del Col·legi de Periodistes de Catalunya. También recibieron, por ejemplo, la del premio Nobel de Literatura, José Saramago, que, como muchos otros, consideraba que, en todo caso, la decisión de cerrar el periódico debía responder a una decisión firme de los tribunales, y no de un juez instructor.

De forma inmediata, los trabajadores comenzaron a editar, en Internet –la edición digital de Egunkaria también fue clausurada y su URL suspendida– y en papel, un diario provisional (como en su día hicieron los de Egin creando la cabecera Euskadi Información), bajo la cabecera Egunero, la de un diario de pocas páginas que se edita en Tolosa. El número de compradores –habría que saber también si el de lectores– aumentó notablemente. Comenzaron igualmente los trabajos para editar un nuevo diario, y en pocos meses se había reunido un capital suficiente –al que había que unir la promesa del Gobierno vasco de subvencionar el diario en euskera; Miren Azkarate calificó el cierre de “medida de excepción”– para editar Berria. La primera subvención que ha recibido es la mayor de la historia de este periódico y de su predecesor, y es de suponer que sin ella difícilmente se mantendría.

 

5. Conflicto de derechos

 

Por su parte, el juez Juan del Olmo tiene igualmente en cuenta la existencia de la libertad de expresión, derecho constitucionalmente reconocido a todos los españoles, así como el derecho a emplear la propia lengua, reconocido en el artículo 3 de la Constitución, y cómo el cierre de un diario puede dar pie a considerar que estos derechos podrían verse vulnerados. En uno de los primeros autos sobre el caso, el del 25 de febrero de 2003, mantiene que ETA no es sólo una organización que emplea métodos violentos, sino que también se vale de actividades en principio legales:

Se ha adaptado a la realidad social, jurídica y política española, con aprovechamiento del marco democrático [...] con base en una Constitución y un ordenamiento jurídico garantista y protector de los derechos y libertades fundamentales,

para lo cual constituyó un “frente cultural y mediático” (valiéndose de agentes “mediadores”) sin descuidar el aspecto económico-financiero. Para Del Olmo, queda claro

el fortalecimiento de uno de los objetivos terroristas (creación de una estructura informativa en eusquera controlada por la organización terrorista ETA) para facilitar el amparo y difusión [...] del ideario terrorista.

Hay quien, como el asesor para materias audiovisuales –cuyo consejo tuvo también en cuenta, se dice, el lehendakari a la hora de redactar el llamado “plan Ibarretxe”–, el economista Ramón Zallo, en un texto publicado en Gara, sucesor de Egin, considera que los argumentos expuestos en los sucesivos autos constituyen “un cúmulo de documentos indiciarios y con escaso, cuando no nulo, valor probatorio, e incautados en sucesivas detenciones de principios de la década de los 90. Sirven para saber lo que ETA sabía, pero no para imputar delitos a terceros”[31].  Por el contrario, la hipótesis principal del juez instructor de la Audiencia Nacional es que ETA tomaba decisiones sobre el periódico “que sólo corresponden al Consejo de Administración [...] todo ello trascendiendo la actuación de personas concretas, que pueden ser sustituidas o desplazadas a otros cometidos”.

En otro auto posterior Del Olmo hablaba de

una serie de estrategias de movilización tendentes a obtener la aceptación de una determinada población o de forzar la pasividad de esa misma población –o de parte de esa población– (“población de referencia”) en orden a sus fines y proyectos[32].

No ha sido el primero que ha puesto el dedo en esa llaga, la de la identificación interesada de ideología nacionalista, sobre todo radical, y lengua. Aunque tímidamente, también se reabrió, a raíz del cierre de Egunkaria, un debate sobre la importancia real y simbólica de la lengua vasca. Sólo dos ejemplos, ambos extraídos de la prensa en esos días posteriores. El primero, las palabras de Kepa Aulestia, de lengua materna vasca y antiguo dirigente de Euskadiko Ezkerra, a la que llegó tras su militancia en ETA político-militar:

[Aunque] el euskera es patrimonio de todos los vascos, por encima de su ideología, [...] tal consideración es, en realidad, un deseo, porque resulta obligado reconocer que muchos vascos no lo consideran así; al tiempo que otros se obstinan en reducir la lengua a símbolo particular, [con] la indiferencia [...] que suscita un idioma incomprensible del que se puede prescindir”[33].

            El segundo ejemplo proviene también de una persona autorizada, el profesor de Universidad, traductor y miembro del Consejo Asesor del Euskara de la Diputación Foral de Álava, Koldo Biguri:

La estrategia de defensa del euskera (del activismo más radical del vasquismo lingüístico, ligado a la habitual liturgia lingüística del nacionalismo vasco) amenaza con convertirlo en un idioma antipático para la mayoría monolingüe de nuestra sociedad[34].

Más de uno pensó, aunque fueron menos los que se atrevieron a expresarlo públicamente, que si el mercado hubiese permitido la existencia de otros diarios en euskera, el argumento de que el cierre de Egunkaria era en realidad un ataque contra la cultura y la lengua vasca en su conjunto no hubiese sido tan extendido. Y habría que comprobar qué ocurriría si la partida destinada a subvenciones oficiales tuviese que ser repartida entre varias empresas y el mercado sólo dejase sobrevivir por sí mismas a las empresas solventes con criterios de rentabilidad económica. Por el momento, sólo existen indicios[35] de que la empresa editora del Diario Vasco de San Sebastián, de lejos el diario más leído en Guipúzcoa y propiedad del grupo Vocento, estudia desde hace tiempo –hay mercado para ello en una provincia donde el 40% de sus habitantes confiesa emplear el euskera de forma habitual– lanzar una edición en euskera, probablemente no un calco de la que ahora existe sino dotada de una cabecera, una estructura y una redacción propias, aunque pudiera beneficiarse de la traducción de algunas secciones –internacional, por ejemplo– publicadas en Diario Vasco y otros periódicos de Vocento, que Berria, con menos medios económicos, sólo puede cubrir mediante agencias. Ese hipotético diario podría además editarse los lunes y cubrir la información deportiva, tan popular y tan leida sobre todo el primer día de la semana. Faltaría por saber si el cierre de Egunkaria ha tenido alguna influencia sobre la decisión de no publicar, de momento, ese otro diario en euskera, y si la presencia de otro u otros diarios en lengua vasca le restaría cuota de mercado o bien sería(n) comprado(s) y leido(s) por personas que hasta ahora no son clientes de Berria. En buena lógica, no se puede descartar que una de las razones para no editar aún ese diario en euskera sea no someter a más presiones a redacciones informativas ya muy acosadas por la amenaza de ETA. En ese sentido no hay más que recordar cómo el grupo terrorista asesinó, el 24 de mayo de 2001, al gerente del Diario Vasco, Santiago Oleaga.

Por el momento, al menos, existe un par de semanarios de empresas no nacionalistas que sobreviven –también con subvenciones– en el difícil mercado vasco: Zabalik, del Grupo Vocento, y Aldaketa 16, versión en euskera, con un 50% de informaciones propias, de Cambio 16, un empeño dirigido por Gorka Landaburu, periodista a quien un paquete-bomba de ETA amputó varios dedos de la mano en 2002.

 

6. A modo de conclusión

 

En definitiva, la historia de Egunkaria nos muestra las peculiaridades del mercado informativo vasco (sobre todo el que pretende expresarse en lengua propia).

1)       La presencia de la organización terrorista vasca ETA, que de una manera u otra interviene en ese mercado informativo:

a.       Desde luego y para empezar, limitando severamente con sus asesinatos, atentados y amenazas la libertad de expresión de muchas personas, profesionales de la información, lectores y ciudadanos en general.

b.      Es posible, además, que ETA intente influir en el mercado informativo en lengua vasca de otra manera. La lectura de los documentos intervenidos a la banda terrorista y dados a conocer en los sucesivos documentos judiciales demuestran que, cuando menos, siguieron interesadamente las evoluciones del diario en euskera, y que algunos de los nombres que sugerían aparecieron finalmente entre quienes lo dirigieron.

c.       El interés de ETA es espurio, no empresarial, sino ideológico. En este sentido, cabe recordar que, en contra del camino marcado en la época inmediatamente anterior a la creación de Egunkaria, y desde luego del que los poderes públicos impulsaban –que una empresa de las ya establecidas decidiese publicar un periódico en euskera–, la iniciativa popular la tomó finalmente un grupo de nueva creación, a sabiendas, además, de que eso ocupaba completamente el mercado informativo diario en lengua vasca.

2)       Intervencionismo: Se trata de un mercado intervenido por los poderes públicos. Los medios en euskera no pueden subsistir, según parece, por sí mismos en un mercado libre. El partido en el poder desde la promulgación del Estatuto de Autonomía, el PNV, sólo contempla dos posibles situaciones para los medios en euskera: el englobarlos en el ente público o el subvencionarlos (o no, a discreción, y condenarlos así a estrecheces o, a medio plazo, su desaparición). Las aparentes contradicciones acerca de su postura en cuanto al diario en euskera pueden explicarse si se analiza el nacionalismo en su conjunto y su evolución histórica en los últimos años: todas las facciones del nacionalismo de origen aranista han tratado de obtener siempre el monopolio de facto sobre los medios que aseguran la transmisión del universo simbólico ligado a la lengua vasca. El PNV ha intentado estrangular o favorecer a los medios creados por el entorno de la izquierda abertzale, según conveniencia. El nacionalismo gobernante se arroga así un papel crucial en el mercado informativo en euskera, y se presenta como un agente indispensable para su desarrollo.

3)       Todo el panorama se presenta, debido al fuerte sentido comunitario del nacionalismo vasco de origen aranista, como una discusión “de familia”, donde quienes no son nacionalistas no deben participar, con acusaciones públicas de pertenencia a ETA, más tarde contradichas, por parte del PNV, aunque el hecho de que las primeras subvenciones a Egunkaria contasen con el voto favorable y la iniciativa del PSE y de los miembros de la extinta Euskadiko Ezkerra, mientras el partido de, entonces, Arzalluz se mantenía reticente, indica hasta qué punto las cosas son más complejas de lo que pueden parecer desde fuera.

4)       Hoy por hoy, a las disfunciones creadas por decisiones judiciales, ciertamente excepcionales e impensables en otras comunidades españolas, aunque no exentas de argumentos –a falta de que éstos resulten efectivamente probados, o no, por un tribunal–, y la actitud de confrontación entre las instituciones vascas –al menos, las controladas por los nacionalistas– y las del conjunto de España, disfunciones coyunturales si se quiere, se añaden a otras estructurales y entre todas mantienen el mercado informativo en lengua vasca en una situación que sólo puede ser calificada de anormal, y desde luego escasamente plural.

a.       La lengua vernácula es minoritaria, y además con una concentración de hablantes desigualmente repartida en la geografía vasca, con una variedad estándar muy joven y que arrastra complejos de siglos. Estos complejos y lastres se hallan sin duda acentuados por una muy perniciosa e injusta política en tiempos de la dictadura franquista, aunque ésa no sea la única razón de su situación como lengua en inferioridad de condiciones: en tiempos que el nacionalismo presenta como idílicos, cuando se trataba de territorios gobernados por los fueros propios y sin presencia foránea “española” (hasta la industrialización del siglo XIX, el País Vasco era un territorio que producía emigrantes en lugar de atraer inmigrantes), instituciones como las Juntas Generales de Vizcaya –compuestas sólo por los hidalgos universales lugareños– hicieron del castellano lengua obligatoria, lo que primaba a la ciudad castellanohablante frente a los pueblos vascohablantes. Como decía ya en 1645 Pedro de Dasconaguerre Axular, el escritor vasco clásico por excelencia, “baldin egin baliz euskaraz hanbat liburu, nola egin baita latinez, franzeses, edo bertze erdaraz eta hitzkuntzaz, hek bezain aberats eta konplitu izanen zen euskara ere, eta baldin hala ezpada, euskaldunek berèk dute falta eta ez euskarak” [=”si se hubiesen hecho en euskera tantos libros como se han hecho en latín, en francés o en otras lenguas, también la vasca sería tan rica y cumplida como aquellas, y si así no es, es culpa de los vascos, y no de su idioma”][36].

b.      Monopolización del simbolismo y extrema politización de su uso: Aunque la lengua vasca sólo sea instrumento real de comunicación para poco más de la cuarta parte de la población vasca, la valoración simbólica de la mayoría de la sociedad vasca hacia el euskera es un hecho generalizado. La comunidad nacionalista se ha adueñado o al menos ha intentado monopolizar la administración de ese símbolo. Como consecuencia, se ha producido una extrema politización de su uso. La dejación que otros sectores han hecho del interés por el conocimiento y la defensa del idioma no ha ayudado tampoco a sacar el uso del euskera del ghetto. La barrera que supone su diferencia respecto a las lenguas romances de la Península, que la convierten en incomprensible para quien no la sabe o la estudia en profundidad, y la dificultad de su aprendizaje, mantienen a quienes detentan la condición de custodios linguae como una clerecía inexpugnable, como una comunidad cerrada y opaca, tanto para el resto de los españoles como para la mayoría de los vascos.

5)       Todo ello provoca, por último, un retraimiento de las iniciativas de empresas privadas con un interés fundamentalmente mercantil, y no primordialmente político, que sin duda contribuirían a hacer del mercado informativo en euskera fuese parangonable con el otras culturas y lenguas de España o del resto de Europa.



[1] En vascuence, sólo existe una palabra tradicional para designar a los vascos: euskaldun, literalmente, “que tiene el euskera”. En la mentalidad del vascohablante, al menos cuando utiliza su lengua, un vasco sólo es aquel que habla euskera. Del mismo modo, en puridad el único nombre tradicional para nombrar al conjunto de los vascos no ha sido otro que Euskal Herria, es decir, el pueblo del euskera, el conjunto de quienes lo hablan, más un sustantivo para designar a una colectividad que un topónimo. Esa es la razón de los neologismos Euzkadi y euzkotarrak que inventa Sabino Arana Goiri. Sobre esta cuestión, es más que conveniente leer el artículo de Mitxelena, Koldo: “Los vascos y su nombre”. En: Revista Internacional de los Estudios Vascos, tomo XXIX. San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos, 1984, p. 11-29. Koldo Mitxelena, académico de la lengua vasca, fue quien puso en marcha los estudios de Filología vasca en la Universidad del País Vasco y uno de los creadores de la variedad unificada del euskera.

[2] Auto de la Audiencia Nacional de 25 de febrero de 2003.

[3] Sobre la historia del periodismo en lengua vasca, existe una tesis doctoral, presentada en junio de 1992 por el autor de estas líneas, y que fue luego editada, en forma resumida, en forma de libro: DÍAZ NOCI, Javier, Euskal prentsaren sorrera eta garapena (1834-1939) [=Origen y desarrollo de la prensa en lengua vasca, 1834-1939]. San Sebastián: Sociedad de Estudios Vascos, 1995. Otros textos, en euskera y castellano, sobre el tema puede leerse en mi página web www.ehu.es/diaz-noci.

[4] DÍAZ NOCI, Javier: "Gerra aurreko kazetaritza eta hizkuntz-ereduak", en Anuario del Seminario Julio de Urquijo, Donostia, 1994, p. 791-835.

[5] Aranbarri, Iñigo. Ezinaren laudorioa Tolosan barru. En: Jakin, nº 107, uztaila-abuztua. Donostia, 1998, p. 11-30.

[6] Véase la comunicación que enviamos al VI Congreso Nacional de Historiadores de la Comunicación, celebrado entre los días 3 y 5 de abril de 2003 en Pontevedra. Díaz Noci, Javier: “La comunicación en lengua vasca y la guerra”. En la década de los años 1990, el movimiento cooperativo mencionado puso en marcha la Mondragón Unibertsitatea, un centro privado primero dirigido por el peneuvista Javier Retegi, ex consejero de Industria, y luego por el ex consejero de Educación del Gobierno vasco y miembro de Eusko Alkartasuna, Inaxio Oliveri, que se sepa el único rector de una universidad española que no es ni catedrático de Universidad, ni profesor universitario, ni doctor, ni siquiera licenciado. En el curso 2004-2005, Mondragón Unibertsitatea comenzó a ofrecer la licenciatura de Ciencias Sociales para la Información y la Comunicación, íntegramente en euskera. Coincidió con la puesta en marcha de Goiena, un conglomerado de medios de comunicación locales de la comarca guipuzcoana del Alto Deba (en euskera, Deba Goiena; comprende fundamentalmente los municipios de Escoriaza, Arechavaleta, Mondragón, Vergara, Anzuola y Oñate), una de las zonas donde la lengua vasca, sobre todo usada en formas dialectales –se habla una variedad del euskera vizcaíno, u occidental–, es más pujante.